dissabte, 26 de març de 2016

El peculiar parque bicéfalo de La Minilla


http://www.eldiario.es/canariasahora/la_taberna_del_puerto/parque-La_Minilla-Pepa_Luzardo_6_498760121.html



El parque lleva el nombre de Alberto Hernández Suárez,  Inspector Jefe de al Guardia Municipal de la ciudad en el año 1936, fusilado por el franquismo
Parque de La Minilla. (ALEJANDRO RAMOS)
Parque de La Minilla. (ALEJANDRO RAMOS)
Exprimiendo el espíritu metafórico hasta más allá del horizonte, lo que me parece más cercano a la cabeza de un parque es su nombre. Algo siempre me ha dicho desde el interior que, en el inconsciente colectivo, el nombre está colocado sobre la testa. Como la boina, la gorra, el sombrero y hasta la pulida calva. Y, aunque los vocablos que nos representan quedan escritos en gruesos tochos del Registro Civil, desde los más remotos tiempos, en nuestra cultura los recien nacidos no se incorporaban de hecho al mundo hasta que sobre su cabeza se volcaba el agua bautismal, se acostaba el nombre, se derramaba la vida, porque ésta cobraba entidad al formalizarse la relación con Dios. En aquellos entonces, tenían cerca el Jordán y allí hacía su trabajo Juan el Bautista. Posteriormente, al extenderse el cristianismo – entre otras razones gracias a lo razonable que fue Constantino. No entiendo por qué en Grecia lo corrieron a gorrazos unos cuantos coroneles – al extenderse la cristiandad, digo, y no estar tan avanzada la ingeniería como para establecer cientos de miles de afluentes del río sagrado en todas las direcciones planetarias, se inventaron las pilas bautismales. Y ya no fue necesario meterse en río alguno. De ahí, el nombre de pila que, supongo, será alkalina en el caso de la monarquía española, que sigue importando agua desde Palestina para bautizar a sus hijos y usa las arenas de aquel río para tener sepultadas las botellas de buen vino de cara a las cenas con el black card López Madrid, ahora residente en la city de Londres por aquello de poner tierra de por medio o pies en polvorosa. Miguel Ríos, natural de Al Andalus, que no tenía nada que ver con las explotaciones fluviales, lo vio así: “... en el río aquel, tú y yo y el amor que surgió de los dos ...”. Yo, aunque nací en el alto Pirineo, casi en la misma tangencia con Francia, afortunadamente no fui bautizado en el río Garona – La Garonne – que nace en España y desempoca en las Galias. Me hubiera quedado congelado y, probablemente, en vez de llamarme Jorge me hubiesen puesto Kalise. Por cierto, y la cuestión viene a cuento, una vez uno de mis hijos me dijo muy serio: “Papá, yo he tenido mucha suerte por nacer el día de mi cumpleaños”. Y ahora pienso que también tuve esa suerte y que él, pese a su corta edad, es uno de los surrealistas más inteligentes que conozco. Cosas de los Batista. Hasta en Cuba estuvimos de dictadores cuando aún no se vendían en los chinos camisetas del peor algodón con la cara del Che estampada, ni iban los más verracos y feos de España a jinetear por el Malecón y sus alrededores e incluso a buscar esposa o concubina. Quisiera ser un pez para mojar mi nariz en tu pecera … Aquí mojo y allí mojito.
¡Vaya!¡Qué casualidad!
Aunque hay un inmenso bestiario desde bi a policéfalo, en la Mitología griega no hay parques con dos cabezas, obviamente. Asimilar cabeza a nombre ha sido una convención literaria para referirnos al parque al que nos queremos referir y entrar en él como caballeros, no como canchanchanes, toletes, chichones y asimilados. Bien. Pues, aunque ustedes no lo crean, el parque tiene dos nombres mayores y uno menor de circulación restringida: Parque de La Minilla, Parque de Alberto Hernández Suárez, Inspector Jefe de la Guardia Municipal y Parque de Pepa.
Si usted le dice a un taxista: “Lléveme al parque de La Minilla”, lo hará enseguida y sin problema alguno. Quizá, con algunos profesionales tenga problemas si el encargo es ir “al parque de Pepa” y, finalmente, la cosa se pondrá muy cruda si a dónde usted pretende llegar es al parque Alberto Hernández Suárez.
Vamos por partes porque, aunque la cosa parece que cosa no tiene, sí la tiene y muy curiosa. El parque de La Minilla se llama así porque está en el barrio de Las Palmas de Gran Canaria del mismo nombre. Nada que objetar. La Minilla: “Topónimo con el que se conoce un moderno sector de la ciudad, situado en los lomos altos de los antiguos Arenales , a partir del también antiguo cauce delbarranco del Carbón , tributario del barranco de La Cantera que desaguaba en El Confital , cauce sobre el que fue construida la actual Avenida de Escaleritas. La denominación dada a la finca de La Minilla , donde se construiría el Cementerio del Puerto en los primeros años del siglo XX , es probable que surgiera debido a la existencia en el subsuelo de algún tubo volcánico o mina de agua”. Y punto. El mismo lugar es conocido también como 'el parque de Pepa', porque fue esta señora, primero de Alianza Popular y luego del Partido Popular, la que lo inauguró cuando – aún la ciencia no ha podido explicarlo - logró acceder a la Alcaldía de la capital con mayoría absoluta, para desaparecer después aplastada también por otra mayoría absoluta, la del socialdemócrata Jerónimo Saavedra. Eso sí que es alternancia stricto sensu. Finalmente, nos encontramos - no de manera sencilla ya que un ciprés lo oculta prácticamente – un cartel metálico azul que, colocado en la tapia del Cementerio del Puerto que linda con el parque, dice: 'Parque de Alberto Hernández Suárez. Inspector Jefe de la Guardia Municipal'. ¿Y quién es ese señor comentará un caballero? “Primera noticia, dirá una señora”.
Fusilado por la represión franquista
Pues para saber de don Alberto Hernández Suárez, no me ha quedado otro remedio que acudir a la Historia. Y es el historiador Alberto Anaya el que cuenta que el grancanario, Brigada de graduación e Inspector Jefe de al Guardia Municipal de la ciudad en el año 1936, supo en horas cálidas y el día previo al golpe de Estado del 18 de julio de 1936 que el general Francisco Franco Bahamonde y otros colegas estaban preparando un cambio en España a tiro limpio. Y dice textualmente Anaya: “ Tras el levantamiento en Marruecos, el día 17 de julio, el gobernador civil Antonio Boix Roig, junto a agentes de la Guardia Civil se refugiaron en el Gobierno Civil, situado en Triana. El inspector se presentó en la Comandancia Militar, donde se le dijo que volviese a su puesto. Precisamente desde allí salió la orden para que Boix Roig abandonase el Gobierno Civil y se entregara a los golpistas, bajo amenaza de bombardear el edificio, cosa que se negó a hacer en un principio, pero que hubo de acatar finalmente. En una nota deLa Provincia, bajo el título de La guardia municipal hace acto de sumisión, se asegura que Hernández Suárez se puso a las órdenes "del movimiento salvador", pero, de haber sido así, no habría sido detenido, juzgado y ajusticiado sólo tres meses después, condenado a muerte por un Consejo de Guerra”. De cajón. El caso es que l os fascistas crearon “una estructura represiva en torno a un Juzgado Central de Responsabilidades Políticas que se completaba con Juzgados en cada Región Militar. Así el BOE del 5 de junio de 1939 crea el Tribunal de Responsabilidades Políticas de Canarias, teniendo el mismo su primera sede en la calle Castillo, número 4 y, posteriormente, a partir del 11 de septiembre en la Alameda de Colón, 3. El citado Boletín Oficial nombra la estructura administrativa y cargos que compondrán el Tribunal, a saber: Presidente: Pedro Sáenz Vallejo (Comandante de Infantería). Suplente: lndalecio Muñoz Castillo (Comandante de Infantería). Paralelamente se crea una Juzgado lnstructor de Responsabilidades Políticas, nombrando juez a Fernando Vázquez Méndez, teniente de complemento y abogado y, secretario a Juan Santana Henríquez, sargento de Ingenieros. La sede del citado juzgado estará ubicada en la calle Doctor Déniz, número tres. Por supuesto a lo largo de los años cambiaría notablemente la composición descrita, por ejemplo en 1940 es nombrado Juez lnstructor Manuel Poladura. El volumen de las sentencias dictadas debió ser elevado. Para demostrarlo puede servir como botón de muestra el número de las que hubo entre la primavera de 1939 y principios de 1940, que se aproxima a las 420. Entre ellas, cabe destacar aquéllas que hacen referencia a personas ya fallecidas, incluyendo fusilados por consejo de guerra, a los que no obstante la citada circunstancia se les impondrán multas que deberán hacer efectivas sus familiares. Destacar, entre estos casos los de: Manuel Reina Pérez, Práctico del Puerto, fallecido en el momento de la sentencia; Alberto Hernández Suárez, brigada que fue inspector jefe de la Policía Municipal, fusilado en Consejo de Guerra y Primitivo Pérez Pedraza, Sindicalista de afiliación socialista, embarcado en el vapor Dómine los primeros días de septiembre de 1936 y, al parecer, arrojado al Tajo. Todos ellos serán condenados a pagar diversas multas en las causas 149139; 21139 y 154139, respectivamente”.
Todo comenzó con muerte
Si el primer nombre, y ahí sigue la placa, de nuestro parque fue el de un Inspector Jefe de la Guardia Municipal, fusilado por oponerse al golpe de Estado contra la República, no parece nada raro que los descendientes de la dictadura franquista colocarán de tapadillo un pequeño monolito con una inscripción en placa de bronce que señala – escribo de memoria – algo así como “Parque de La Minilla, inaugurado siendo alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria doña Josefa Luzardo Romano”. No obstante, el 24 de Marzo de 2010, con motivo de la conmemoración del 150 aniversario de la creación de la Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria, se rindió homenaje con ofrenda floral a Alberto Hernández Suárez en el cementerio donde, en una de sus paredes, si no la acaban de quitar, está la placa que señala que el conocido como Parque de La Minilla es 'su' parque, aunque se hayan hecho obras y modificaciones en el diseño.
Parque de La Minilla. (ALEJANDRO RAMOS)
Parque de La Minilla. (ALEJANDRO RAMOS)
La construcción del Cementerio que linda con el parque también se inició con muertes. Cuenta la Historia que el Ayuntamiento había decidido realizar una investigación y que “e l objeto de la pericia era determinar la constitución del terreno para saber si aquel sitio fue en su tiempo finca o playa. Ya se habían hecho cuatro catas en los terrenos indicados y se había dado comienzo á la quinta. Tenían una profundidad de cuatro metros. Cuando la cata se hallaba casi a su término se encontraba en ella trabajando Ignacio Suárez Montesdeoca, de 19 años, vecino de San Bernardo; Manuel Bolaños Pérez, de 24 años, natural de Tejeda y vecino de San Bernardo, y Valentín Suárez Montesdeoca, hermano del primero. La trepidación producida por el paso del tranvía hizo mover las arenas que cayeron sobre los infelices trabajadores dejando sepultados a Ignacio Suárez Montesdeoca y Manuel Bolaños Pérez, Valentín Suárez Montesdeoca quedó medio sepultado y con vida. El suceso impresionó grandemente a aquel vecindario. El tránsito por la carretera se paralizó totalmente. Después de grandes esfuerzos se pudieron extraer los cadáveres de los infelices obreros”.
Un pulmón tranquilo
El Parque de Alberto Hernández Suárez, Inspector Jefe de la Guardia Municipal, el Parque de La Minilla y el parque de Pepa, tres parques distintos y un sólo parque verdadero, es hoy un pulmón para la zona de inicio de Escaleritas y para el barrio de La Minilla. Aunque tuvo problemas durante un tiempo, está bastante cuidado y al lugar llevan los residentes sus perros con gran civismo. De modo que es difícil ver una caca despistada, aunque por lo que he observado existen serias dificultades para impedir que canes de todas las razas apoyen la pata en el monolito de Pepa y dejen ahí su pipí. Desconozco si para marcar territorio o como peculiar acto de homenaje.
Parque de La Minilla. (ALEJANDRO RAMOS)
Parque de La Minilla. (ALEJANDRO RAMOS)
Es un parque tranquilo al que se suma la tranquilidad del camposanto colindante y sus cipreses elevados hacia el cielo. Y, según comentan los jóvenes que por allí van, “es estupendo porque no hay mataos fumando droga. Pepa Luzardo siguió una tesis muy famosa que el hoy ministro en funciones José Manuel Soria comunicaba siempre a sus concejales de Parques y Jardines: “Los parques tienen que tener muy pocos árboles, porque los drogadictos se esconden detrás de ellos”. Ciertamente, en dos zonas habilitadas al efecto, muchas personas de todas las edades hacen ejercicio. Y bastantes señoras, acompañadas de un entrenador personal. A mi boxer Bob le encanta pasear por el césped, tanto por la mañana como por la noche y, realmente, es una agradable apertura de mente caminar la zona si uno se dedica como un loco a buscar palabras para construir textos. Los niños también lo pasan en grande jugando en unos lugares acotados. Con columpios, castillo y toboganes. Cuando anochece, llegan algunas parejas de adolescentes a besarse y declararse amor eterno, lo que me hizo pensar que todos los parques que en el mundo son y han sido tienen en la mente recuerdos de infinitos y profundos romances. Nuestro parque, pese al ojo avizor del inspector Alberto Hernández, también tiene sus amores. Todos, excepto uno, pertenecen a la intimidad y el anonimato. Ahora les cuento aquí al lado ...

El 'remake' de Gara y Jonay

Existe por ahí, como San Borondón, una leyenda que nadie se cree pero que a todo el mundo le gustaría creer. Se trataría de la historia de amor entre Gara y Jonay, princesa y principe guanches, que deciden suicidarse ante la oposición de sus familias a que se unan. La leyenda estaría ligada al Parque Nacional de Garajonay, en la isla de La Gomera. Sin embargo, nadie ha logrado demostrar que la historia fuera cierta sino más bien todo lo contrario. Garajonay significa Roque Alto en idioma bereber.
Pero si no existió para ese precioso entorno natural el amor de los dos jóvenes príncipes, para el Parque de La Minilla, Parque de Alberto Hernández Suárez, Inspector Jefe de la Guardia Municipal y parque de Pepa, tres parques distintos y sólo un parque verdadero sí aconteció una leyenda ligada a él. No fueron los historiadores los encargados de recogerla sino los periodistas de la revista Intervíu.
Ahora que son tiempos de memoria histórica y la política está detenida – en la cárcel, no, en el tiempo - viene bien revisitar el reportaje firmado en la citada revista por Carlos Suárez el 25 de septiembre de 2006, aunque el amor que refleje no tenga el glamour de Los Puentes de Madison o Memorias de Áfricani la intensidad dramática de Romeo y Julieta de William Sheakespeare.
No me extenderé porque lo mío no es la pink media, pero, al haber dinero público en juego, la leyenda necesita su isla, su ciudad, su parque y los carnés de identidad correspondientes. Comenzaba así:
“Forman una pareja bien avenida. Ella es Pepa Luzardo, alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria; él es Ángel Castanedo, delegado en Canarias de la división de Medio Ambiente de Fomento de Construcciones y Contratas”. Todo apuntaba a que una preciosa historia de amor estaba por escribirse. Pero, no. Probablemente, se rompió el amor de tanto usarlo y el reportaje de Intervíu no es que pasara al odio, pero si del love al bussiness. De modo que señalaba entonces: “Poco tiempo tardó la alcaldesa, tras recibir el apoyo de sus conciudadanos en las municipales de 2003, en revisar los contratos que el Ayuntamiento tenía suscritos con FCC Medio Ambiente. Las revisiones fueron muy generosas. Así, según fuentes municipales, en el caso de las tareas de recogida de basuras, el contrato, que suponía un millón de euros al año, aumentó en dos revisiones consecutivas en 650.000 euros. Pero esto fue un apaño temporal: a finales de 2004 se adjudicó por concurso el contrato para el nuevo periodo. El ganador fue el proyecto de FCC Medio Ambiente, que se aseguró unos ingresos anuales de 2.234.000 euros hasta 2012. El nuevo contrato supuso 584.000 euros de aumento. No fue la única revisión. El contrato de mantenimiento de playas y litoral fue también automáticamente revisado y aumentado en un 50 por ciento, según las mismas fuentes. Luego, al convocarse el concurso para el nuevo periodo, y tras un largo y penoso proceso, FCC, que había presentado la oferta más cara, se llevó el gato al agua… y 12 millones de euros en los siguientes cinco años. También revisado y aumentado desde 4.200.000 euros hasta casi siete millones fue el contrato de limpieza viaria, el más sustancioso de todos los que tratan de limpieza o mantenimiento en la ciudad. La misma suerte corrieron los contratos de mantenimiento y limpieza de colegios, por valor de 4.770.000 euros al año –si bien en este caso FCC fue la única empresa en concurso–, y el de limpieza de dependencias municipales, que estaba ya en manos de FCC cuando llegó la alcaldesa. De esta manera, Castanedo va a presentar ante sus jefes de Madrid unas cuentas de resultados como nunca antes le había brindado el Ayuntamiento de Las Palmas: al menos 85 millones de euros de negocio, con contratos que se prolongan por varios años, en un caso hasta ocho, y a una media de hasta 23 millones por año.
La competencia ha permanecido en silencio ante el proceso. Sólo en una ocasión, Talher, una empresa que había perdido uno de los concursos más importantes jamás dirimido en la historia de la ciudad, se atrevió a elevar la voz: “La Junta de Gobierno Local se ha apartado y ha prescindido de las prescripciones establecidas en el pliego de bases, llegando incluso a rozar el comportamiento de dichos órganos el ilícito penal”. Con esta dura acusación se expresó Talher en un escrito de impugnación dirigido al Ayuntamiento cuando supo que las empresas Fomento de Construcciones y Contratas y Hermanos Santana Cazorla habían ganado el mantenimiento de parques y jardines, que les garantizaba ingresos de 75 millones de euros en seis años. El airado escrito –que recogió en septiembre de 2004 el diario digital Canarias Ahora–, sorprendía por su crudeza en un ámbito en el que las manifestaciones públicas de este tipo son prácticamente inexistentes. El vaso se había colmado”.
Ha pasado el tiempo y siguen los muertos en silencio en el Cementerio del Puerto. Y sigue la política con sus casos y cosas, los cipreses con sus ramas, el césped donde corren perros y niños y el espacio abierto al cielo haciendo respirar a un gran barrio. El parque de La Minilla, que tiene nombre de alcaldesa de derecha monarco-continuista y de inspector de policía republicano fusilado. Un parque que, como todos, tuvo su historia de amor.