divendres, 2 de gener del 2026

El franquismo, según los objetos, cartas e imágenes de los republicanos exiliados

 https://www.elconfidencial.com/el-grito/2025-12-30/franquismo-cuerpo-errante-republicanos-exiliados_4273027/

La exposición El cuerpo errante. Exilio español 1939-1975 desvela enigmas, atraviesa correspondencias, abre puertas y acerca el oído a las voces de los exiliados


UUna carta, una prenda o una fotografía. Aquello que, a priori, podría parecer banal forma parte sustancial de la memoria del exilio. Son fragmentos cotidianos, preservados en el tiempo, que actúan como resistencias silenciosas: documentos íntimos que guardan identidad, historia familiar, nostalgia, pérdida y esperanza. Un patrimonio que permaneció escondido durante décadas en el interior de algunos armarios, en el fondo de los baúles, en el doblez de los cajones o desterrado en los desvanes de otros países.

En este caso concreto, son objetos que narran a los republicanos españoles exiliados tras la guerra civil: civiles, militares, mujeres y niños que huyeron a Francia, México, Argentina, Venezuela o Cuba. Fue uno de los mayores éxodos de la historia de nuestro país. “Es una memoria que, en el fondo, pertenece a todos los españoles y que nos permite pensarnos como sociedad de una manera muy elocuente”, apunta Jorge Moreno Andrés, comisario de la exposición El cuerpo errante. Exilio español 1939-1975 junto a Julián López García. Se puede ver hasta el 14 de febrero en Casa de América.

Más de 15 años lleva investigando el proyecto Mapas de Memoria de la UNED, al que pertenecen los comisarios, sobre la violencia política. Esto les ha permitido aglutinar innumerables historias, objetos y documentos. “Aunque a los documentos de los archivos accedemos a través de las distintas instituciones que los contienen, el trabajo de un antropólogo es, sobre todo, desplazarse a los lugares donde están las personas, hablar con ellas y generar grados de confianza suficientes para que decidan dejarte sus objetos valiosos y exponerlos. Son objetos que tienen una fuerza diferente a cualquier otro”, detalla el comisario.

En una labor casi detectivesca, viajaron a casas para reunirse con familiares y hallar historias que condensaran su propósito: contar el exilio desde las pequeñas cosas. Tocaba después trasladar esa emoción al visitante. “Este es el gran reto que tiene la exposición: cómo haces que esa emoción que tú has sentido cuando te han contado esas historias o cuando te han mostrado determinados objetos la pueda sentir un visitante. Por eso hemos jugado a sorprender al espectador, que tiene que poner el cuerpo de una manera distinta en cada una de las salas”, explica Jorge Moreno Andrés.

“En una sala tiene que jugar a entender que las apariencias engañan y que una imagen que muestra una carta que dice una cosa, en realidad, significa la contraria. Jugamos también a que el espectador atraviese con su cuerpo el tiempo de cuatro décadas de cartas escritas por una madre a su hijo, a que atraviese fronteras y a que abra armarios para mirar las cosas pequeñas. Ese gesto de abrir lo va a interpelar de una manera mucho más intensa que si se le muestra en una serie de vitrinas. Eso hace genuina a esta exposición, en la que también queremos que el espectador se siente y ponga el oído en un altavoz para enterarse de qué dice esa mujer que le está contando algo. Otro gesto es deambular como si fuéramos niños por un desván”.

Cuando uno se abandona al recorrido de dos plantas, con tres salas en cada una, que conforma la muestra es imposible no rendirse al puro juego. Se va generando un nudo de emociones que aprietan con la interacción. “Esos seis gestos que proponemos en cada una de las seis salas ofrece una relación distinta con el pasado, al que se accede por distintas vías”, dice el comisario.

En la primera sala de la exposición, algunos documentos que entraron o salieron de España disfrazados de otra cosa revelan, en su reverso, las claves que permitieron su circulación. Son objetos que juegan al camuflaje. A continuación, uno tiene que atravesar un pasillo hecho de letras o una vida hecha palabras: más de 1.500 cartas que una madre envió a su hijo exiliado se descuelgan del techo. María Fernández Grandizo escribió a su hijo Manolo Laguna, exiliado en México, una carta semanal durante 40 años. Estas cartas, con el paso del tiempo, cambiarán a cintas de cassette: grabaciones de audio que una mujer ya anciana y ciega quiere seguir enviando para que la conversación no acabe nunca.


La siguiente sala simula una tienda de souvenirs que muestra la imagen amable de la España de los sesenta o setenta a través de postales donde aparecen monumentos, paisajes típicos o rostros alegres de turistas. Pero al atravesar la tienda y colocarnos en su interior, observamos la “cara b” de esas imágenes. No son postales cualquiera, sino las enviadas a Radio España Independiente, la emisora creada por el Partido Comunista contra el régimen. En este espacio también encontramos tres audiovisuales que nos hablan de otros paisajes y rostros: el encuentro con los exiliados en el país del destierro, o el difícil regreso a España buscando casa, amigos o muertos.

La segunda planta ordena tres salas dedicadas a la memoria. En la primera, unos pequeños armarios de madera de color blanco colgados de la pared nos invitan a abrir sus puertas, como quien accede a un secreto, para contemplar auténticos tesoros en su interior. Aquí encontramos algunos de los objetos ocultados: una fotografía cosida, una carta escrita en una sábana, esquelitas recibidas desde la cárcel, un papelito con las fechas en que murieron los seres queridos, un diario con la última voluntad, un hatillo encontrado en el bolsillo de un fusilado, un libro infantil elaborado en la cárcel como regalo para un hijo de 5 años o una medalla con un mensaje grabado. Son algunas de las pequeñas cosas desgastadas que, escondidas en el exilio interior de España, mantenían la imagen viva de lo que el franquismo quería hacer desaparecer.

Para poder escuchar con claridad los testimonios que se ofrecen en el siguiente pasillo, uno tiene que sentarse en cada uno de los seis bancos situados delante de seis imágenes de mujeres y pegar el oído a cada uno de los altavoces de pie que allí aguardan. Son las voces femeninas que han tejido, tejen y tejerán la artesanía que es la memoria, los relatos que hablan de cosas pasadas, no por interés histórico, sino porque muestran los afectos y la actitud que dan sentido y dignidad a una vida.

La exposición termina en un desván que, en este caso, no es un lugar de olvido. Allí observamos lo que acumularon los exiliados a lo largo de una vida: las cosas que traían de España mezcladas con todo aquello que fueron adquiriendo en el lugar de acogida. Hay cuadros de las Fallas de Valencia junto a símbolos festivos mexicanos, juguetes hechos por exiliados en los años 40 con otros herederos de la tradición mexicana, recetarios donde la cocina chilanga se mezcla con la manchega, y libros y materiales escolares, no solo de las instituciones republicanas, sino también de la tierra de acogida. Historias de las pequeñas cosas. Materialidad y memoria.