dissabte, 13 d’agost de 2016

17 de agosto: 80 años de las bombas lanzadas sobre San Sebastián por el acorazado España y el crucero Cervera.


http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2016/08/13/vecinos/san-sebastian-bajo-las-bombas



San Sebastián bajo las bombas

POR JAVIER MINA - Sábado, 13 de Agosto de 2016 - Actualizado a las 06:09h
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  • Barricada anarquista en la calle Pedro Egaña
El 17 de agosto se cumplen 80 años de las bombas lanzadas sobre San Sebastián por el acorazado España y el crucero Cervera. Ambos buques, acompañados tal vez por el destructor Velasco -la única fuente que lo identifica en la zona es Manuel Chiapuso-, se presentaron el día mencionado ante la costa donostiarra con el objetivo -presunto o principal- de bombardear los fuertes de Guadalupe, San Marcial y San Marcos para favorecer y facilitar la progresión de las tropas de Beorlegui estancadas a las puertas de Irún.
El periódico Frente Popular, cabecera recién creada por la Comisaría de Información, abrió el número del día 18 de agosto con grandes titulares: “Los barcos piratas España y Cervera desarrollan su ataque contra San Sebastián”. Porque esa parecía la auténtica misión de los buques de guerra, ya que lanzaron varias bombas sobre la ciudad causando destrozos en el Muelle, así como cerca del Asilo de Zorroaga de donde, por fortuna, habían sido evacuados los niños acogidos en él. No obstante, el rotativo concedía que podía tratarse de daños colaterales: “Era tan brutal la trayectoria que al espíritu peor pensado no le es dable admitir que se intentara quitar la vida a unos infelices niños que no tienen más amparo y tutela que la del pueblo en general sin distinción de matices”.
Sin embargo, al día siguiente Frente Popular rectificará su opinión cuando levante acta del segundo bombardeo producido el día 18: “Los barcos piratas enfilaron sus obuses hasta la ciudad misma para desmoralizar a la población civil, para ahogar en sangre inocente la altivez rebelde de un pueblo que prefiere perder la vida a someterse. No fueron errores de tiro, fueron disparos asesinos sobre una población indefensa”. Porque hubo tres muertos así como 31 heridos. Las bombas de 250 kilos cayeron en todos los barrios de la ciudad y destruyeron la Casa de Maternidad sita en el alto de Aldaconea dañando asimismo un chalet en Miraconcha.
Las andanadas del Cervera se reanudaron el 22 de agosto y se repetirán hasta el 25 causando daños pero no víctimas. Francisca Anabitarte, vecina del caserío y sidrería Pellizar en el barrio de Intxaurrondo recuerda el silbido de un obús que pasó por encima de su cabeza, obligándola a agacharse. Fue un gesto instintivo porque el proyectil volaba demasiado alto buscando el fuerte de Ame-tzagaña. Pues bien, a Pellizar irían a parar dos obuses sin explotar que, una vez despojados de la espoleta por unas manos tan inexpertas como temerarias, fueron vaciados del explosivo -“Un polvo amarillo que sacaron mis hermanos con martillo y cincel”, recuerda Francisca- a fin de aprovecharlo para encender los fogones. Y es que había un auto oficial que iba recogiendo las bombas que no habían explotado y el conductor era conocido de la casa. El anarquista Manuel Chiapuso habría sido testigo de los bombardeos del 17 y 18 de agosto cuando regresaba en coche del frente a toda velocidad: “La entrada en la ciudad bajo las salvas mortíferas del Velasco fue accidentada. Hendían los aires silbidos de obuses y explosiones sordas. Instantes dramáticos para los habitantes. Los coches no se detuvieron y proseguían la carrera vertiginosa. Desde el Paseo de la Concha, distinguían los fogonazos del barco de guerra que bombardeaba la ciudad”. El propio Chiapuso señala que un obús del Velasco atravesó la villa donde se confeccionaba el periódico de la FAI Crisol sin que hubiera que lamentar víctimas.
Muchos son los testimonios acerca del bombardeo, pero existen dos bastante curiosos. Y poco conocidos, porque proceden del bando nacional. El primero se refiere tangencialmente a Donostia, ya que se centra fundamentalmente en Hondarribia. Lo aporta Ramón Sainz de los Terreros, cuyo corazón estaba con el Alzamiento. Como a tantos madrileños, la guerra le sorprendió veraneando en Hondarribia. El entonces ingeniero retirado pudo evitar la redada seguramente por viejo, a diferencia de su hijo José Luis, un estudiante que fue encarcelado en el fuerte de Guadalupe por fascista.
El testimonio directo del padre dice acerca del día 17: “A primera hora de la mañana nos sorprendieron a todos unos cañonazos retumbantes (…). Pronto se supo su procedencia: el Cervera y el España estaban bombardeando Guadalupe (…). El estampido inicial, horrísono, seco y con estridencia metálica, hacía temblar puertas y cristales; después quedaba en el aire una vibración como la del trueno (…) y al final, el sordo estallido de la granada”. Sainz de los Terreros reconstruyó lo vivido por su hijo el mismo día en su condición de preso en Guadalupe: “El 17 de agosto a las siete de la mañana, el España estaba a la vista, y temiendo que su ataque no se haría esperar, mandaron formar a los presos en el patio y, apuntándoles constantemente con fusiles y pistolas, les hicieron saber que les iban a sacar de dos en dos, a la explanada superior, conminándoles a que obedecieran en silencio y sin protesta, porque, si no, les pesaría. El intento era evitar el bombardeo exhibiendo los rehenes”. Ajeno a cábalas y especulaciones, el Españacañoneó el fuerte. Para entonces, los milicianos ya habían dado la contraorden de poner a buen recaudo a los escudos humanos. De modo que los impactos -veinte, asegura el cronista- causaron destrozos aunque no víctimas. Éstas se producirían como consecuencia de los subsiguientes fusilamientos como represalia. Así, entre el 25 de agosto y el 4 de septiembre, desfilarían ante el paredón 18 reclusos de Guadalupe.
El segundo testimonio lo proporciona el alférez Laviga, que navegaba a bordo del Cervera y llevaba un diario. En la entrada correspondiente al 17 de agosto, se lee: “A las seis de la mañana tenemos Igueldo por el través. El España nos ha dado los objetivos y a las ocho de la mañana hemos abierto fuego contra San Marcos (…). Era un efecto bien extraño el que me hacía el torreón del Casino de Igueldo. Recuerdo aquellas noches en la montaña rusa. En otro tiempo el aire cortándonos la cara en su descenso más rápido y abajo la farola dando sus destellos. Es un recuerdo que no rima con los cañonazos de hoy sobre Urgull. Estoy seguro de que los que tengo ahí saben que estoy abordo y se han llevado alegría al ver el barco”. Laviga cuenta que el 17 se dirigieron hacia el Este batiendo el fuerte de san Marcos y, por la tarde, el de Guadalupe, pero antes habrían disparado -asegura- sólo contra Urgull, que les había cañoneado “muy bien en dirección, muy corto el primero y el segundo en la estela”. De sus palabras parece deducirse que las bombas sobre Donostia habrían sido “accidentales”, cosa que no se compadece con la visión de quienes las sufrieron: “Por la tarde -dice Frente Popular- hicieron los barcos piratas unos treinta disparos más. Uno de ellos fue a caer sobre las obras del nuevo Hospital, cerca del Asilo de Zorroaga. Un buen objetivo a lo que se ve. O dejar sin hospital a los necesitados de San Sebastián o con un despiste de puntería colocar una bomba sobre los pobres niños que, faltos de apoyo material, están acogidos al Asilo de Zorroaga”. Algo de eso se olían en el Cervera, si no es que lo buscaron: “Me ha parecido -escribe Laviga- que al comandante no le hacía ninguna gracia tirar contra ese objetivo. Está tan cerca de las demás casas que con una dispersión normal es imposible asegurar que solamente caerán los proyectiles en el Kursaal. Avial estaba pálido como un muerto: ‘¿Qué te pasa, Perico?’, ‘Nada, chico; no me hace la menor gracia que le tiren al Kursaal. A menos de trescientos metros vive mi novia y estoy viendo que le va a caer en su casa un pepino’. Luego se ha dirigido a Juanito Romero y le ha pedido que procure que no le caigan muy largas las salvas. Hemos tirado cinco o seis. Al mediodía hemos salido para Gijón”.
Misión cumplida. ¿Para qué meterse en zarandajas éticas? Algunos sectores políticos de la ciudad cañoneada también dejaron aparcada la moral. En efecto, sensibilizados por el bombardeo aéreo del 13 de agosto y su correspondiente toma de represalias, que se saldó con el fusilamiento de ocho militares sublevados, amenazarían el día 17 con volver a fusilar rehenes si el España y el Cervera continuaban el bombardeo. Dejada momentáneamente en suspenso, la medida se hizo efectiva el 18. Pasada la medianoche un consejo de guerra condenaba a muerte a cinco militares. Manuel de Irujo, secundado por Miguel Amilibia, solicitó el indulto aunque sin suerte. La ejecución de los cinco inculpados se produjo el mismo día 19 de agosto. Y ahí acabó todo.
El bombardeo naval de San Sebastián y de la costa guipuzcoana fue parco en bajas. Los proyectiles causaron tres muertos, elevándose el total de víctimas mortales a treinta como consecuencia de los fusilamientos subsiguientes a modo de represalia. La memoria histórica está hecha de eso, aunque hay que señalar que la mayoría de representantes políticos manifestó su repulsa por la ejecución de rehenes. Luego, vendrían las purgas de signo contrario trayendo más luto.Escritor y periodista