dissabte, 13 d’agost de 2016

El Misterio del Abrigo Flecha.


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jueves, 11 de agosto de 2016



Para quienes piensan que los misterios en arqueología son cosa de pirámides egipcias e iglesias templarias, aquí está nuestro refugio de tropa en la Ciudad Universitaria. Un lugar intrigante donde los haya. Al acabar la excavación, el aspecto que presentaba la estructura era, claramente, el de una flecha ¡Una flecha apuntando al enemigo además!

La verdad es que, a primera vista, la forma es muy poco funcional, porque limita el espacio disponible y además lo hace difícil de ocupar ¿Podría ser un polvorín? La planta sigue siendo extraña en tal caso.

Pero el misterio no se queda ahí. En el suelo del abrigo apenas aparecieron objetos: algún casquillo perdido de Mosin Nagant y - esto es lo más sorpredente - un crucifijo. Por los remates en flor de lis es posible que se trate de un recuerdo de las misiones populares, frecuentes en el primer tercio del siglo XX.



Esta extraña estructura tuvo una corta vida. En un momento indeterminado, quizá a comienzos de 1938, se amortizó con tierra, piedras y basura. Sobre el antiguo refugio se construyó otro, este ya con forma y dimensiones convencionales. El suelo del nuevo abrigo estaba a más de un metro por encima del anterior y sobre este aparecieron las típicas trazas de la guerra: latas, vidrios, munición, la mayor parte asociadas a un hogar.

No sabemos a qué obedeció esta reorganización del espacio, pero sí sabemos que no afectó solo a esta estructura. La trinchera de comunicación original que se encontraba junto al refugió también se amortizó y se cambió ligeramente su trazado. Es posible que en este caso fuera debido a los aluviones que colmataron la zanja original. Al discurrir por una vaguada, la trinchera se rellenaría de arena traída por la lluvia -en 1937 igual que en la actualidad. 


El final del abrigo también es extraño. En el acceso acodado, sobre el suelo de uso, aparecieron docenas de cartuchos y casquillos de Mosin Nagant. Es el único sitio de todos los excavados en la Ciudad Universitaria donde aparece abundante munición -y en buena medida intacta. En el resto es muy poco habitual encontrarla, porque se reciclaba tanto durante la guerra como después. Los cartuchos, además, aparecieron asociados a una caja de Mosin llena de agujeros con bordes astillados, lo que indica que se trata de disparos o explosiones.


No es la primera vez que encontramos algo así. Hace años excavamos un fortín republicano en Abánades (Guadalajara) en el que casi exclusivamente aparecieron vainas de Mosin deformadas y reventadas. Una cantidad enorme. En este caso, pudimos identificar la posición de una caja de cartuchos que detonó y lanzó los proyectiles en todas direcciones. No sabemos si alguien prendió fuego a la munición al acabar la guerra para librarse de ella o por pasar el tiempo. Lo mismo pudo suceder en la Ciudad Universitaria. Quizá la caja explotada y la munición deshecha es el testimonio de unos niños que decidieron encender (peligrosos) fuegos artificiales. O quizá de un soldado que se despidió así de las trincheras, después de dos años y medio de aburrimiento, frío y miedo.

Los misterios arqueológicos, al contrario de lo que vemos en algunos programas televisivos, no suelen resolverse fácilmente. A veces nunca se resuelven. Tampoco importa.