dimarts, 8 d’abril de 2014

CeAQUA. Querella argentina. 08/04/14. Varios artículos.

CeAQUA

Link to CeAQUA


Posted: 07 Apr 2014 03:02 PM PDT
El 10 de abril tendrá lugar en la Audiencia Nacional la vistas pública sobre la extradición de Juan Antonio González Pacheco. El 3 de abril fue la de Jesús Muñecas Aguilar. Ambos torturadores deberían llevar juzgados decenas de años, pero la justicia española volverá a encubrirlos, negándonos a sus víctimas el derecho a la justicia frente a crímenes de lesa humanidad que ni prescriben ni pueden ser amnistiados.
Ni las víctimas de los torturadores están presentes, ni sus voces han podido oírse.
En defensa del principio de justicia universal, la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CeAQUA), haremos un acto el día 9 de abril donde los testimonios y las palabras que faltan en esas vistas, verdaderas farsas para librar de toda culpa a los esbirros del franquismo, serán la voz de la verdad, la voz de las víctimas y represaliados.
CeAQUA_Acto_dia_9
Posted: 07 Apr 2014 02:48 AM PDT
Josu Agirrezabalaga (Ondarroa, 1945) denuncia haber sido torturado en 1976 por el excapitán Muñecas, que ayer compareció en la AN y al que no guarda odio
Josu Arrizabalaga
donostia – Jon Arrizabalaga (Ondarroa, 1943) interpuso una querella contra el excapitán Muñecas por torturar en 1968 a su hermano Andoni (1941), fallecido en 1984. Una causa a la que otros dos hermanos, Mikel (1956) y Josu, que denuncian haber sido torturados en 1976, se suman. El día en el que Muñecas comparece en la Audiencia Nacional, Josu, que reside en Zarautz, recuerda en euskera cómo fueron aquellos años.
¿Cómo se suman a la causa?
-Cuando se puso en marcha el caso de Andoni, no había testigos. Nuestro hermano Jon llevó el caso a Argentina y nos dijeron a ver si mi hermano Mikel y yo, que habíamos sido torturados, presentábamos otra querella. Dijimos que sí. Hicimos todo el papeleo y fuimos al notario para relatar cómo fuimos torturados Mikel y yo.
Dice que no hay testigos de lo ocurrido en 1968 con Andoni, pero usted sí que pudo visitarle.
-Sí, vi a Andoni en el cuartel de Zarautz. Lo vi con mi ata. Lo detuvieron en Ondarroa, pero lo trajeron a Gipuzkoa, donde estaba declarado el estado de excepción y tenían posibilidad de retenerlo más tiempo. La familia no sabíamos ni dónde estaba. Yo era fraile en el convento de los benedictinos de Lazkao. No estoy del todo seguro si fue a través del capitán de Ondarroa o qué, pero nos dijeron que estaba en Zarautz. No sabíamos si viniendo a Zarautz lo íbamos a encontrar.
¿Cuánto tiempo tardaron en hallarlo?
-Ocho días. Primero se lo llevaron al cuartel de Ondarroa. Fuimos a ver si estaba. Que allí no, pero no nos dijeron nada. De ahí a la semana, mi aita y yo -vestido con la sotana-, junto con un amigo de Andoni, fuimos en coche a Zarautz. En la puerta del cuartel había un guardia joven. Nos identificamos y nos dijo que esperáramos. El cuartel estaba en Etxe Zabala, donde están las oficinas municipales en Kale Nagusia. Nos quedamos enfrente, en el parque de Torre Luzea, donde ahora está el busto de Baserri. A los 15 minutos, apareció el capitán Muñecas.
¿Qué les dijo?
-Que entráramos. Subimos las escaleras de la izquierda, luego un pasillo a la derecha y nos metieron en un cuarto que daba a la calle. Allí estaba Andoni, sentado. Le dijeron que se levantara, estaba esposado. ¿Ha visto la cara de Unai Romano? Pues más o menos estaba así. Tenía la ropa llena de sangre. Estaba, según dijo mi aita, con la misma ropa con la que salió de casa. Abatido. Recordarlo es bastante duro… Muñecas nos dijo: “Esto es lo que ocurre cuando no colaboran”. Estuvimos un rato con Andoni, Muñecas dijo un par de frases más y fuera. Luego lo llevaron a Martutene, pero lo volvieron a sacar, que no lo solían hacer, y lo torturaron…
¿Qué buscaba Muñecas?
-Estoy convencido que quería ahondar nuestra herida, que por eso nos dejó pasar. No sé si le obligaron a decirnos dónde estaba, pero no reconocíamos a Andoni. Por el cuerpo y la ropa sabíamos que era él, pero estaba irreconocible. Lo tuvieron colgado un par de días, por los pies… Aquella imagen no se me ha ido de la cabeza.
Años después, usted denunció una situación similar.
-En el 76, creo que el 11 de abril, el domingo de Ramos. Entonces vivía ya en Zarautz, en Itsas-Mendi, pero todavía no tenía teléfono en casa. A las 6.00 horas, vino a casa un amigo muy conocido, Anjel Lertxundi (el escritor), diciendo que habían llamado desde nuestra casa de Ondarroa para que me avisara de que se habían llevado a mi hermano Mikel y que me buscaban. No lo tomé demasiado en serio, Andu se fue a su casa… Hacia las 8.30 horas, empezaron a tocar el timbre. Al principio no les abrimos. Ellos, que traían a Mikel, no sabían exactamente dónde vivía. Mikel sabía el barrio, pero no dónde vivía yo. Los guardias no le creían. A la media hora, dando vueltas, Mikel reconoció mi coche. Entraron en varios portales y luego en el nuestro. Abrí y me pusieron la pistola, me esposaron y nos llevaron al cuartel de Ondarreta, en Donostia.
¿Qué pasó?
-Había un gran revuelo. Creo que aquel día, ETA mató algún guardia civil (el agente Miguel Gordo García murió electrocutado tras intentar retirar una bandera conectada a un cable de alta tensión). Rápido, me llevaron abajo, al patio. Había unas escaleras, como de piedra. Al frente, estaba la zapatería que tenían. A la derecha, una puerta verde, la de la carpintería.
¿Le llevaron allí?
-Sí. Había un par de jóvenes dentro, uno de ellos el que luego ametrallaron, el ondarrutarra Angel Etxaniz. Arriba no vi a Muñecas, ahí sí. Había otro guardia civil bastante famoso, bajito y moreno. Luego me dijo Etxaniz que aquel era Hidalgo, que había sido capitán en Gernika. Antes de entrar, con un gran cabreo, cogió un martillo y me golpeó en la cabeza. Con más rabia y cuando me iba a volver a dar, alguien le agarró del brazo.
¿Y ya dentro?
-Lo primero que me hicieron, como a otros, fue desnudarme. Te quedas indefenso y sin dignidad. Impotente. A mano derecha había una pequeña bañera, de las de escalón. Con agua negra, podrida. Me envolvieron en la manta, me ataron y me metieron la cabeza. No perdí la consciencia del todo, pero tragué mucho. A punto de ahogarme, me sacaron y me dejaron tirado. Cuando me recuperé, me quitaron la manta y me pusieron colgado de las esposas en una viga.
¿Cuánto tiempo?
-Quizá hora y media. Se pierde la noción del tiempo. Durante meses no sentí las muñecas, que no tenían protección. Todo el peso lo tuve en las muñecas. Mientras tanto, el capitán me hacía muchas preguntas. Al comienzo, me dijo que si no decía nada, acabaría como Andoni. El cuerpo, colgado, estaba muy tenso. Al rato, me bajaron, me vistieron y salí.
¿Habló con Etxaniz?
-Un guardia preguntó si nos conocíamos. Le dijo que me diera un consejo. “Di todo lo que sepas”. Ahí dices todo. Luego uno me llevó un café con leche y me llevaron a la zapatería, muy cerca. Lo peor fue cuando empecé a escuchar los gritos de Mikel. Fue muy fuerte. Había oído mil veces lo que era, pero hasta que no lo pasas, no sabes lo que es la tortura en una situación así. No se tiene ni idea. Sé lo que es, quien no lo ha pasado no lo sabe. Muchas veces me acuerdo cuántas veces escucharía Martxelo Otamendi testimonios de tortura. Hasta que no lo sufrió, no supo qué era.
¿Y qué decía el capitán Muñecas?
-Hidalgo, muy caliente, me pegó con el martillo, pero Muñecas, ni cabreado ni nada. Tenía un aplomo… Me quedé sorprendido de cómo una persona puede torturar fríamente, él mismo daba… No es que ordenara a otro, sino activamente. ¿Cómo era posible que hubiera una persona que tratara con semejante frialdad a una persona que estaba atada? No podía ni imaginar que pudiera haber gente así.
¿Qué le sugiere la salida del excapitán Muñecas de la Audiencia Nacional, cubriéndose la cara con un paraguas?
-Cuando torturó a Andoni, tendría unos 26-27 años… He escuchado que él ha dicho que no conocía a Andoni, pero debe recordar muy bien aquellos momentos, porque cuando fuimos a Zarautz a ver a Andoni, entré al cuartel con sotana. Lo nuestro no fue aislado, sino sistemático. No debería demostrar quien ha caído en sus manos que fue torturado, sino al revés.
¿Confía en que la causa avance?
-Estoy dispuesto a cualquier cosa. Ahora, con lo que ha sido, a Muñecas no le deseo ningún mal, ni le odio, ni nada. Lo respetaré como persona, pero, claro, quiero justicia y que reconozcan, tanto él como el Gobierno, que aquí se ha hecho un uso sistemático de la tortura. Nuestros casos son conocidos quizá por la querella o la canción Itziarren semea, pero hay otros miles de casos.
¿Qué le diría al excapitán Muñecas si lo tuviera delante?
-Le preguntaría si se acuerda de Andoni. Si se acuerda de mí. Solo le diría que reconociera lo que ha hecho, que recuerde bien qué ha hecho.
Posted: 07 Apr 2014 02:31 AM PDT
MADRID — José María Galante was a leftist college student when he was handcuffed to the ceiling of a basement torture chamber, his body dangling in the air. A police inspector laughed and taunted him, striking martial arts poses before repeatedly kicking and beating his face and chest.
The man who Mr. Galante says tortured him was an infamous enforcer of the Franco dictatorship in the 1970s, widely known as Billy the Kid for his habit of spinning his pistol on his finger. So Mr. Galante was startled last year when he located the man — living in a spacious apartment less than a mile from his own neighborhood in central Madrid.
“How did I feel when I saw him for the first time? We got you now, you bastard,” Mr. Galante said, adding: “I agree with the idea of reconciliation. But you just can’t turn the page. You have to read that page before you turn it.”
This week, Mr. Galante is again planning to see Billy the Kid, whose real name is Antonio González Pacheco. This time, it will be at a hearing at Spain’s National Court, where Mr. Galante and other victims are, for the first time, seeking to prosecute Mr. Pacheco in a case that is reopening the country’s painful Francoist past and threatening the political pact that helped Spain transition from dictatorship to democracy.

Spain’s democratic transition has been a source of national pride, a period that saw political rivals make compromises credited with allowing a new country to emerge. The public wistfulness for that lost political spirit was evident last month with the death of Adolfo Suárez, the prime minister who guided the country in those early years.
But the grand bargain that allowed this transition was a complicated one. After Franco’s death in 1975, a sweeping amnesty law absolved everyone — leftists and right-wing Francoists — and encouraged a kind of collective forgetting in the name of reconciliation. The belief was that Spain could prosper only by looking to the future, not the past.
For victims like Mr. Galante, this meant the door to justice was slammed shut. For more than 40 years, Spanish courts have refused to hear these cases, citing the amnesty law. So Mr. Galante and others have taken their complaints to Argentina, invoking the legal principle of universal jurisdiction under which certain crimes, because of their magnitude, transcend borders. An Argentine judge is now seeking the extradition of Mr. Pacheco and another individual accused of torture. Mr. Pacheco’s hearing on April 10 in Madrid is to decide whether to grant the request.
Spanish courts are usually reluctant to extradite Spanish citizens. But whatever the outcome, the Argentine case is stirring up old demons in Spain. Critics say Spain must confront its past and even push aside the amnesty law. Others warn that doing so could lead to a slew of prosecutions, even reaching the country’s elite.
Today, Spanish politics, business and law are still sprinkled with people who have direct or indirect links to the Franco regime. Last week, a lawyer for the victims asked the Argentine judge to bring charges against five former ministers from the Franco era.
“I just don’t think it would be good for the country,” said Ramón Jáuregui, a lawmaker with the opposition Socialist Party, who opposed Franco during the 1970s but is reluctant to break the amnesty pact. “We don’t know where it starts and where it finishes. If we take someone who was a torturer in 1970, why aren’t we going to go after some ministers in Franco’s government who are still alive? Why not the courts? Where do we set the limit?”
Spain’s government is already facing growing pressure from the United Nations. Pablo de Greiff, a United Nations special rapporteur, said Spain “lagged behind” other European countries in addressing its recent past. He said Spain’s government had done too little to help victims of the Franco era, and recommended setting aside the amnesty law so that prosecutions could go forward, either in Argentina or in Spain.
“Some problems do not go away,” Mr. de Greiff, the special rapporteur on the promotion of truth, justice, reparation and guarantees of non-recurrence, said in an interview. “They cannot be swept under the rug. People, not surprisingly, do not forget.”
Franco was a contemporary of Hitler and Mussolini, though his dictatorship lasted until the 1970s and his legacy is more complicated, and contested. Not far from Mr. Pacheco’s apartment, the National Francisco Franco Foundation serves as the watchdog of the Franco legacy. The small office is like a time capsule from the dictatorship: Portraits of Franco hang on the walls, while a small display offers souvenir Franco T-shirts and other memorabilia.
“Since the Catholic Kings, Franco was in power the longest, and with the most public support,” said Jaime Alonso, the foundation’s spokesman and second in command. “He had great popular support until his death — despite what the propagandists maintain.”
Mr. Alonso, a lawyer, argues that Franco was not a dictator and scoffs at evidence of forced labor and postwar atrocities. “What is happening now is the need the left has to delegitimize history,” Mr. Alonso said.

Most historians agree that Franco oversaw a regime that trampled civil liberties and often ruled by fear and with impunity.
For several years, private associations led by the descendants of Franco victims have pushed for the exhumation of mass graves from the Spanish Civil War and the dictatorship. In recent years, it was revealed that thousands of infants were abducted from Republican families and placed in institutions or adopted by families loyal to Franco.
Controversy also surrounds the Valley of the Fallen, the massive mountaintop shrine where Franco is buried along with 30,000 others. Franco called the shrine a symbol of reconciliation. But scholars now say that some of the interred are Republican soldiers who were put there without their families being notified.
In 2008, Judge Baltasar Garzón, a crusading magistrate known for stirring up controversy, opened an inquiry to investigate crimes against humanity during the Franco era. Within two years, Judge Garzón’s investigation was shut down after a right-wing group (represented by Mr. Alonso of the Franco Foundation) filed a lawsuit accusing him of overstepping his judicial authority.
Eventually, Spain’s Supreme Court removed him from the bench after finding that he had wrongly used illegal wiretapping in a different case — a finding that his supporters say was politically motivated. “In my case, it was an example of killing the messenger,” Judge Garzón said in an interview. “What they don’t understand is, yes, the transition was fine — at the time of the transition. But they don’t understand that now, the government is not allowing access to the truth, to justice.”
One of the lawyers in the Pacheco case, Carlos Slepoy, said that the Spanish authorities have sought to derail his prosecution, too, even as depositions have been taken at Argentine embassies around the world. Groups of Spanish victims have flown to Argentina to provide testimony.
“Initially, there were two families and a few human rights organizations that set this in motion,” Mr. Slepoy said. “Now, there are 350 lawsuits, innumerable depositions and a huge public support movement.”
Ángel Llorente, an official with Spain’s Ministry of Justice, said the government was cooperating with the Argentine judge and has allowed the extradition process to continue. Mr. Pacheco and his lawyers could not be reached for comment, despite repeated efforts. He has not spoken publicly about the torture allegations against him.
Mr. Galante, the man accusing Mr. Pacheco of torture, has already testified in Argentina about his experiences in the 1970s — a period when the abuses of the dictatorship had supposedly ended. He was arrested several times for protesting and joining an illegal anti-Franco student union. In custody, Mr. Galante said, he was beaten on his genitals and subjected to a form of water boarding.
“Billy the Kid had such a sense of impunity,” he said. “He never thought he would get caught. He didn’t ever think about getting information. He just wanted to beat people up.”
Last year, Mr. Galante and others began their search for him. They discovered he had founded a private security company. Later, a contact provided a copy of his national identity number, which helped them discover that he had competed in the New York City Marathon and a half marathon in Madrid.
Finally, they found his address, not far from Bernabéu Stadium of the Real Madrid soccer team. “We did what he used to do with us: A bunch of us would stand in the neighborhood, and if we spotted him, we would follow him,” he said. “The first time we saw him, he was running. We had to pretend we were running, too.”
Patricia Rafael and Brenda Yastremski contributed reporting.