dimecres, 15 de març de 2017

EL INFIERNO FRANQUISTA, LA PRISIÓN DE VALDENOCEDA

https://documentalismomemorialistayrepublicano.wordpress.com/2017/03/13/el-infierno-franquista-la-prision-de-valdenoceda/



Valdenocedaword pressEl jienense Pedro Muñoz Pulido nunca conoció a su hijo José. Su esposa aún no había dado a luz cuando le detuvieron. Pero sí llegó a enviar una carta desde la provincia de Burgos preguntando por él. Esa fue la pista que hizo que su nieto, Emilio Muñoz, contactara con la Asociación de Familias de Valdenoceda después de escuchar en la radio que se habían encontrado cuerpos de asesinados entre el 38 y el 43 por aquella zona. Las pruebas de ADN confirmaron que su padre yacía en la segunda fila del cementerio de presos de Valdenoceda (Burgos), desde el 21 de marzo de 1941. Sus restos serán enterrados ahora junto a los de su mujer, en el cementerio de Salar, en Granada.
Valdenoceda es un pequeño pueblo burgalés a orillas del río Ebro, perteneciente a las Merindades y dentro del partido judicial de Villarcayo, donde se levantó una fábrica de seda. La historia negra de Valdenoceda y de la propia fábrica comienza con el inicio de la guerra civil, cuando se habilitó unos de los penales más inhumanos de la dictadura franquista. Unos 3.000 presos llenaron la prisión durante los años de su existencia, cuando la capacidad del espacio era de 300. Penal infecto, fábrica de horror del franquismo y lugar de represión: “De comida, un caldo aderezado con una sola alubia se convertía en el primer y único plato del día. La alubia siempre estaba podrida y alojaba un gorgojo en su interior. Por la tarde, media sardina y un pequeño trozo de chocolate”. La práctica totalidad de los presos de los que se tiene noticia “fallecieron” de “colitis epidémica” o “tuberculosis”. Por debajo de la prisión pasaba el río, una vez que se constituyó en prisión las zonas inferiores del edificio se utilizaban como celdas de castigo, cuando el agua subía el preso quedaba cubierto hasta la cintura o el cuello. Así los tenían durante horas por “delitos” como no cantar el Cara al Sol o no formar bien la fila. En Valdenoceda no fusilaban, los dejaban morir de hambre. “Valdenoceda fue una prisión de exterminio donde mandaban a los presos de otras cárceles a morir” dijo Isaac Arenal uno de los pocos supervivientes de aquel penal, en Marzo de 2010, cuando entregó los restos de algunos de sus compañeros republicanos a sus familiares.
En funcionamiento entre 1938 y 1943, en ese periodo fallecieron y fueron enterrados por sus compañeros más de 150 presos republicanos por hambre, frío y enfermedades, hay casos de prisioneros que fallecieron por palizas. Muchos procedían de Burgos, pero también de Palencia, Álava, Cantabria, Madrid, Zaragoza, Ciudad Real o Jaén. Los condenados llegaban a Valdenoceda tras un juicio sumarísimo, y una vez allí comenzaban sus penurias. Desde Jaén ha acudido Juana Gutiérrez a recoger los restos de su abuelo, Pedro Blanco, que fue detenido en su pueblo, la localidad jienense de Villanueva de la Reina, y murió en 1941 en Valdenoceda. Además fueron asesinados el padre y el tío de Juana, por ser republicanos, y a su madre le raparon media cabeza y la pasearon por el pueblo mientras le tiraban piedras.
Habla Ernesto Sempere Villarrubia: “Mi padre, era católico, liberal-conservador, amaba la libertad de pensamiento, religión, reunión, asociación, y la necesidad de preservar valores como la familia, la libertad de culto, la Constitución y la soberanía e independencia de España. Presidía en Ciudad Real y su provincia el Partido Radical Socialista. En 1937 comandó el 36 Batallón de Obras y Fortificaciones del Ejercito Republicano. Luchó en varios frentes de Córdoba, Badajoz y en la defensa de las minas de Almadén. Fue hecho prisionero al finalizar la Guerra Civil, “juzgado”, condenado a muerte y fusilado en Ciudad Real en la madrugada del 17 de julio de 1940. Por mi parte, en Febrero de 1940 fui juzgado por una parodia de tribunal militar de urgencia y condenado a veinte años y un día por “adhesión a la rebelión”. Fui trasladado a la prisión de Valdenoceda (en el norte de Burgos), un penal que nunca habíamos oído nombrar y que ya nunca olvidaríamos. A los tormentos del hambre, el frío, los parásitos, las ratas, las enfermedades engendradas por la desnutrición y el conocimiento de los fallecimientos que diariamente se producían, a más de un incierto porvenir.


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