Maryssa Ruiz*. LQSomos. Agosto 2017
El monasterio de Cardeña se localiza a 10 kilómetros de Burgos y fue uno de los campos de concentración más importantes de la zona donde el franquismo encarceló a un gran número de defensores de la República así como a presos de nacionalidad extranjera que quedaron en poder de las Fuerzas sublevadas.
En este templo del horror fueron encarcelados más de 10.000 prisioneros, a pesar de ser un lugar preparado solo para albergar 1.200 presos, lo que supuso que estas personas vivieran en unas pésimas condiciones en las que se hacían presentes las enfermedades a consecuencia de la falta de higiene. A estos esclavos se sumaron unos casi 1.000 brigadistas internacionales procedentes de hasta 40 naciones y cuya misión era venir a España a luchar por la libertad derrocando al fascismo pero que, desgraciadamente, muchos acabaron fusilados, destinados a distintos campos de concentración o entregados a la GESTAPO en Francia.
Fueron los soldados presos del frente norte los que ocuparon primeramente este lugar que se encontraba en unas condiciones deplorables debido a que había sido abandonado por los capuchinos de Toulouse en 1924. En Los últimos meses de 1937 y con la derrota de la campaña del norte (Bilbao el 19 de Junio, Santander el 26 de agosto, Gijón el 21 de Octubre del 1937) empezaron a llegar detenidos asturianos, cántabros y vascos.
El edificio quedó dividido en varias partes: El ala norte, la cual estaba en peores condiciones y era realmente asqueante subsistir en tal ocupación, se destinó de dormitorio para los presos y las alas sur y oeste que fueron destinadas a los soldados de servicio. Este monasterio fue testigo mudo de cómo preparaban a los presos para los batallones de trabajo, de cómo los humillaban y torturaban a base de golpes y carencia de alimentos, de cómo llegaban presos extranjeros a los que el franquismo consideraba `peligrosos´ siendo tratados de una forma denigrante golpeándolos sin piedad y de cómo una vez más la justicia murió en manos de quien se convirtió en el verdugo de la dignidad.
El monasterio de Cardeña se designó en abril de 1938 como el lugar donde se encontraban todos los presos de nacionalidad extranjera que habían quedado en manos de las fuerzas sublevadas. A principios de septiembre de 1938 habría en este lugar unos 697 prisioneros extranjeros de los cuales 479 eran brigadistas, 174 marineros procedentes de barcos apresados y hundidos y 44 civiles. Franco utilizó a los presos extranjeros como moneda de cambio elaborando las primeras listas para intercambiarlos a base de americanos, ingleses y cubanos.
Este campo de concentración se conoce como uno en los que más trabajos esclavos han realizado sus prisioneros ya que eran tratados como a siervos sin ningún tipo de miramiento y aprovechándose al máximo de ellos para ejercer los pesados trabajos que les exigían, tanto fuera como dentro de la cárcel. Se formaron 17 batallones de trabajadores a los que se les empleó en la construcción de distintas obras del monasterio y alrededores además de ejercer los trabajos que les exigían mediante las solicitudes de mano de obra que recibían de la diputación. Los presos desempeñaban diversas tareas en construcciones de la zona, para lo que tendrían que salir de su lugar de encarcelamiento pero siempre vigilados y teniendo terminantemente prohibido el hablar con ningún civil. Muchos de ellos fueron fusilados intentando huir o simplemente incumpliendo la orden de no acercarse a nadie que no fuesen sus compañeros pues debían de cumplir la orden directa de `agachar la cabeza, no responder y trabajar´.
El preso Sabin Garminde, afirmó: “solíamos salir de 8 a 12 y de 3 a 7 a las afueras, con dirección a Burgos, donde se hacía una carretera con dirección a Gamonal. Unos 800 acarreábamos piedras a mano. Cada vez traíamos 3 o 4 piezas de kilo. Hacíamos al día 8 o 10 viajes cada uno. Otros 150,las plegaban. Otros rompían las piedras con porrillos de mango largo, otros, con porras mayores. Otros con picos y palas abrían zanjas para asentar las piedras. Hacíamos al día de 10 a 12 metros de carretera.”
Este es otro lugar que vio cómo el poder de una banda de criminales destruyó la tan anhelada democracia.
¡Ni olvido ni perdón!
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