dilluns, 27 de desembre del 2021

El franquismo final también reprimía con dureza.

 https://elpais.com/babelia/2021-12-27/el-franquismo-final-tambien-reprimia-con-dureza.html


Un libro rescata a los más de 6.000 presos políticos condenados por Tribunal de Orden Público de la dictadura y por cuya amnistía luchó la oposición democrática

Toma de posesión del presidente del Tribunal de Orden Público, José Francisco Mateu Canovés, en 1968.
Toma de posesión del presidente del Tribunal de Orden Público, José Francisco Mateu Canovés, en 1968.


El Tribunal de Orden Público, conocido por su acrónimo TOP, creado en 1963 y desaparecido el 4 de enero de 1977, un año largo después de muerto Franco, permanece todavía, como un rescoldo de la memoria, en el recuerdo de los españoles de hoy, que fueron jóvenes en los últimos años de la dictadura.

Para los nacidos en democracia, sin embargo, ese acrónimo ha dejado de tener su significado original y se le ha asociado a otros muy diversos, incluso de carácter comercial, lo que revela los agujeros negros que padece la memoria democrática de los españoles y la dificultad de articular una memoria común de mínimos en torno a valores democráticos y de rechazo a las imposiciones de fuerza y a la dictadura.

Juan José del Águila, con su obra El TOP. La represión de la libertad(1963-1977), segunda edición ampliada de una primera publicada en 2001, hace una aportación esencial, incluso única, a esa memoria democrática raquítica y devaluada. Desvela con datos y documentación abundante, tras alternar durante años su oficio de juez de lo social con horas de investigación en archivos históricos y judiciales, la ingente labor represora llevada a cabo por el Tribunal de Orden Público en la etapa final del régimen de Franco.

En primer lugar, pone al descubierto la burda maniobra de aquel régimen al pretender blanquear, con el ojo puesto en EEUU y Europa, la represión política que ejercía, mediante un órgano judicial formalmente incardinado en una justicia ordinaria ya de por si excepcional en una dictadura. De hecho, el nuevo Tribunal pasó a ejercer, por otros procedimientos, la misma tarea represora que desde la Guerra Civil retuvo para si la justicia militar.

Ese camuflaje no podía ocultar que el TOP era y actuó como un tribunal especial, con jueces y fiscales propios y con mejor retribución, con una policía judicial propia, la Brigada Político-Social, con competencia exclusiva en delitos de naturaleza política, con garantías procesales restringidas y un derecho de defensa limitado y condicionado a que no se le ocurriera al defensor hacer preguntas, bajo el riesgo de desacato, sobre posibles torturas o malos tratos sufridos por su defendido en los calabozos de la Brigada Político-Social.

La investigación de Juan José del Águila hace saltar también por los aires la tesis de que el franquismo fue en sus últimos años, y mientras Franco agonizaba, una dictadura paternalista y tolerante. El solo dato de la existencia de quinientos sumarios abiertos al desaparecer el TOP el 4 de enero de 1977, bastaría para mostrar la falacia de esa tesis.

El autor sufrió en su persona la represión del TOP. Primero como militante del Partido Comunista de España y después como defensor ante ese Tribunal, al oponerse a que fueran juzgadas en rebeldía, sin las mínimas garantías, dos jóvenes antifranquistas a las que defendía. A pesar de padecer cárcel como preso político en dos ocasiones, su obra no refleja atisbo alguno de victimismo.

Las 559 páginas de El TOP. La represión de la libertad (1963-1977) constituyen un almacén de datos, documentos y análisis sobre la actuación represora de este tribunal especial: 9.164 procesados identificados por su nombre y apellidos en un apéndice de la obra; 6.348 condenados por sentencia firme a un total de 11.711 años de prisión y que padecieron cárcel durante meses o años como presos políticos (varios centenares todavía estaban en la cárcel, en la madrileña de Carabanchel principalmente, cuando murió el dictador en noviembre de 1975), y 50.714 ciudadanos sufrieron molestias y presiones con citaciones o apertura de diligencias que finalmente eran archivadas. Una función del TOP, no menos importante que la de juzgar, era infundir temor y mostrar que estaba vigilante en estrecha conjunción con la policía política de la Brigada Político-Social.

La obra de Juan José del Águila también ofrece rigurosos cuadros analíticos sobre la procedencia socio-profesional, estado civil, fecha y lugar de nacimiento y edad de los represaliados por el TOP, arrojando luz sobre cuales fueron los sectores sociales -obreros, estudiantes, profesionales diversos...- más combativos de la oposición antifranquista en los últimos años de la dictadura.

Una obra, en fin, sobria en sus consideraciones y objetiva y documentada en los hechos, aunque cabe adivinar la desazón del autor al indagar en la actuación de los jueces y fiscales que sirvieron en el TOP, su capacidad de retorcer el Derecho y su falta de escrúpulos en constituirse en pieza esencial de la maquinaria represora de un régimen en cuya cúspide había un personaje que se proclamaba la Ley y la fuente de la Ley.

Si las fuerzas políticas acordaran alguna vez, por una iniciativa poco menos que milagrosa, crear algo así como un Museo de la Memoria Democrática, en el que, por ejemplo, figurara por derecho propio y en primer lugar la Constitución de 1978, Decretos Gubernativos y Acuerdos Parlamentarios sobre el reconocimiento y resarcimiento de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura, testimonios orales y documentación gráfica sobre la ardua recuperación de restos de las víctimas arrojadas en fosas comunes, El TOP La represión de la libertad (1963-1977) merecería ocupar una vitrina especial.

Su exposición quizás sirviera para recordar a los españoles de hoy, incluidos los que todavía viven a cobijo del franquismo familiar y quienes se empeñan en reavivar las cenizas del franquismo sociológico como el partido VOX, que una España que niega las libertades y persigue y encarcela a quienes pretenden ejercerlas, como la que documenta e historia la obra El TOP. La represión de la libertad (1963-1977), no es la mejor de las posibles, sino la que ha de helar el corazón del españolito que viene al mundo, en verso imperecedero de Antonio Machado.

El régimen dictatorial del que fue también víctima el gran poeta, acabaría, cuarenta años después, como empezó: reprimiendo y encarcelando a los nuevos españoles que querían libertad y democracia, con instrumentos represivos menos expeditivos que los Consejos de Guerra (aunque no renunciara a ellos en ocasiones, con pena de muerte incluida), pero igual de coactivos y lesivos, como el llamado Tribunal de Orden Público, mas conocido y recordado por sus innumerables víctimas por su acrónimo TOP.


El TOP La represión de la libertad (1963-1977). Juan Jose Del Águila. Fundación Abogados de Atocha y Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, 2021. 559 páginas. 18 euros.


Más información



El trabajo forzado con el que el franquismo construyó parte de las vías de tren de España.

 https://www.eldiarioar.com/sociedad/trabajo-forzado-franquismo-construyo-parte-vias-tren-espana_1_8611920.html


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Marta Borraz

elDiario.es —

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Las vías de tren en España tienen pasado franquista. Lo que hoy es un sendero acondicionado para caminantes y ciclistas entre Alcañiz (Teruel) y Tortosa (Tarragona), una de las llamadas Vía Verdes, fue en su día una de las líneas ferroviarias que se construyeron por orden de Franco. Nada recuerda en sus más de 100 kilómetros de longitud cómo y quiénes la levantaron. El ferrocarril del Val de Zafán que circulaba por ahí, como se le denominaba, es parte del trazado que ya no se usa para este fin, pero la historia del tren no es solo un relato de desaparición acelerada desde los años 90, también de cómo el franquismo se aprovechó de la mano de obra de los vencidos en la Guerra Civil para extenderlo.

Cuando los republicanos retiraron a las mujeres del frente en la Guerra Civil

Cuando los republicanos retiraron a las mujeres del frente en la Guerra Civil

Aunque apenas es conocida esta faceta del sistema represivo de la dictadura, fueron miles los presos y prisioneros que trabajaron en el ferrocarril desde 1938 hasta finales de los años 50 alzando y reconstruyendo puentes, túneles y vías: por varias aún pasan los trenes, algunas se han convertido en Vías Verdes y otras tantas están desmanteladas. Han tenido que pasar más de tres décadas desde la muerte de Franco para que una iniciativa lo reconozca a nivel público a través de una página web sobre memoria histórica ferroviaria, presentada hace algunos meses por Renfe y el Ministerio de Fomento.

El proyecto ahonda en la represión del franquismo a los ferroviarios y se acerca al trabajo forzado usado en estas obras civiles, consideradas de gran importancia para la dictadura. Además de una exhaustiva base de datos, la web incluye un mapa en el que se pueden ver en qué vías. "Eran obras de tres tipos; la prioridad al principio fueron las reparaciones de las líneas destrozadas por la guerra, también hubo ampliación de doble vía y apertura de nuevas líneas", explica el historiador y profesor de la Universidad Pública de Navarra, Fernando Mendiola.


Principales obras ferroviarias hechas por trabajadores

forzados (1938-1957)

Tendido de doble vía

Reparaciones

Nuevas líneas

Obras en estación

Alsasua

Vega de Pas

Ribaforada

S. Juan de Zuera

San Juan Abadesas

Tudela-Veguín

Salvatierra

Zaragoza

Bandeira

Port Bou

Pedrosa de Valdeporres

Puigcerdá

Villafría

Figueres

Ripoll

Castejón

Girona

Manresa

Soria

Puebla de

Cortes

Lleida

Valladolid

Sanabria

Ariza

Valdepilas

Barcelona

Aranda de Duero

Tarragona

Bustarviejo

Ascó

Arcos Jalón

Alcañiz

Baides

Tortosa

Guadalajara

Madrid

Teruel

Alcudia

El Grao

Aranjuez

Toledo

La Puebla

Sagunto

Mérida

Don Benito

Badajoz

Zafra

Alanis

Alcolea

Sevilla

Bobadilla

Gaucín

Jimena de la Frontera

Algeciras

FUENTES: memoriahistoricaferroviaria.org y Miguel Muñoz, historiador de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles

Mendiola y Juan Carlos García-Funes, investigador también en la Universidad de Navarra, han buceado en archivos, expedientes y memorias de los presos para elaborar una base de datos sobre el tipo de obras, número de trabajadores y fechas en las que se llevaron a cabo. Un artículo de Mendiola y la tesis doctoral de García Funes han servido de fuente para confeccionar el mapa. Según las cifras que manejan, en los últimos meses de la Guerra Civil, el trabajo en el ferrocarril suponía el 7,1% del realizado por prisioneros de guerra; en 1939 y 1940 se llegaron a emplear 9.000 trabajadores que se mantuvieron "cerca de los 3.000" hasta 1945 y a partir de entonces cayeron por debajo de los 500.

Buena parte de los trabajos se concentraron en el noreste y centro de la península y algunos fueron obras directamente en las estaciones. Hubo reparaciones en Sevilla o Extremadura, Tarragona, Barcelona o Girona y varios tramos de doble vía en la línea Madrid-Zaragoza. En nuevas líneas destaca la finalización de la que enlazaba Madrid y Burgos, hoy en desuso; o el ya mencionado ferrocarril del Val de Zafán, que se convirtió en estratégico para el Ejército franquista: "Tuvo un papel clave en la Batalla del Ebro porque era una vía fácil de suministro de armamento, víveres y soldados a pocos kilómetros del frente", cuenta Mendiola.

Trabajo para españolizar a los rojos

Quienes trabajaban en el ferrocarril fueron prisioneros de guerra, sobre todo durante los primeros años, y presos condenados a las cárceles franquistas. De ellos se benefició tanto el Estado (Renfe a partir de 1941 y antes las dos grandes empresas ferroviarias españolas que se integraron en la operadora) como las empresas constructoras intermediarias a las que les adjudicaban las obras. El sistema de trabajo se organizaba en base a una doble modalidad: por un lado, estaban los batallones de trabajadores, que no eran campos de concentración pero sí dependían del sistema concentracionario y por otro, los destacamentos penales.

En estos últimos estuvieron miles de presos a los que se les aplicó el Sistema de Redención de Penas por el Trabajo, una forma de responder a la masificación de las prisiones en la posguerra, pero que iba mucho más allá. Su ideólogo fue el jesuita José Agustín Pérez del Pulgar, que fundamentó este proyecto de represión ideológica en la doctrina cristiana. Así, por medio de una orden publicada en el BOE, el régimen creó en octubre de 1938 el Patronato de Redención, que él mismo dirigió, y que apuntaba como finalidad a la "mejora espiritual de las familias de los presos y de estos mismos" mediante "la ingente labor de arrancarles el veneno de las ideas de odio y antipatria".

La teoría en la que se basaba la explica la investigación Arqueología de los destacamentos penales franquistas en el ferrocarril Madrid-Burgos: el caso de Bustarviejoen la que han participado varios historiadores: a través de la redención "el prisionero salía de su estatus de rojo antiespañol [...] y recobraba el espíritu nacional perdido", detallan. "En las instituciones de confinamiento y represión se escenificaba de forma práctica el orden creado [por el franquismo]: la existencia de una España y una anti-España, la españolización y depuración de los rojos, y la redención cristiana por el trabajo".

Frío y hambre en los barracones

A un batallón, en concreto al Batallón de Soldados Trabajadores 95, perteneció Isaac Arenal, que combatió en el Ejército Republicano. Fallecido en 2013, dejó escritas sus memorias en las que relata su paso por distintas líneas. En ellas hace referencia "al trabajo diario, muy pesado" tras caminar "con nuestros picos y palas al hombro" para llegar "al tajo", pero también apunta a la "resistencia pasiva" que varios comenzaron a hacer para boicotear el trabajo. Sobre las condiciones, asegura que "la comida era escasa y mala" a base de patatas y agua; y "entre el hambre y el frío pasó el invierno" de 1942, narra sobre el tiempo que estuvo en Arcos de Jalón (Soria).

"El día a día estaba marcado por una disciplina muy dura, humillaciones continuas, castigos físicos y extras y condiciones materiales muy penosas", explica Mendiola. En estos batallones había unos 500 o 600 prisioneros vigilados por soldados escolta y al mando de oficiales que dependían del Ejército y "normalmente" se iban trasladando de un sitio a otro, como en el caso del Batallón de Soldados Trabajadores 95 en el que estuvo Isaac Arenal. Además de por Arcos de Jalón (Soria), el batallón pasó entre 1942 y 1946 por otros ocho puntos más, entre ellos Alsasua (Navarra) o Algeciras (Cádiz) hasta su disolución en Lora del Río (Sevilla).

En el caso de los destacamentos penales, en los que estaban presos a los que se les aplicaba la otra modalidad de trabajo forzado (el Sistema de Redención de Penas), eran una especie de "barracones organizados en torno a un patio que solía tener una cruz o una bandera" y que "se iban asignando por tramos de vía", señala la historiadora Alicia Quintero, que ha estudiado los destacamentos de la línea ferroviaria Madrid-Burgos. El objetivo "era tener a pie de obra a los presos" a los que mantenían "en una situación muy precaria".

La memoria de Bustarviejo

A diferencia de los batallones, los destacamentos penales eran fijos y en algunos se han llegado a documentar la existencia de chozas en las que estaban las familias de los presos. Es el caso de Bustarviejo, un pueblo de Madrid en el que el franquismo usó mano de obra forzada para terminar la línea Madrid-Burgos.

Actualmente sin servicio, fue una de las más numerosas, en las que más presos utilizó el régimen franquista, pero su origen se remonta a la dictadura de Primo de Rivera, explica Quintero: "Comenzó como parte de un plan para crear ferrocarriles directos, un proyecto megalómano como era tendencia en los dictadores de la época, pero solo se construyó desde Burgos hasta el Valle de Lozoya, así que el tramo que faltaba fue retomado por Franco. La dictadura le puso muchos recursos, hay que recordar que Burgos había sido sede de la Junta de Defensa Nacional".

Junto a otros historiadores y arqueólogos, Quintero comenzó en 2006 a estudiar el destacamento penal de Bustarviejo y allí encontraron las chozas alrededor del destacamento. "Eran chozas de dos metros cuadrados en las que vivían las mujeres y los niños y que revelan cómo el sistema penitenciario también lo sufrieron las familias", describe la historiadora.

Hoy el destacamento penal de Bustarviejo es uno de los pocos yacimientos históricos que se conservan y ha sido recuperado y habilitado para convertirse en un monumento a los republicanos que trabajaron en él, un ejercicio de memoria que contribuye a saldar la deuda histórica ferroviaria que aún hoy sigue arrastrando España.

[Mapa elaborado por David Velasco]

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La destinació incerta dels objectes de les fosses de la repressió franquista: proves de crims prescrits.

 https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/memoria-democratica/destinacio-incerta-dels-objectes-les-fosses-repressio-franquista-proves-crims-prescrits_132_8609272.html


26 de diciembre de 2021

Roba trobada a les fosses del cementeri de Paterna.

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El fotògraf Eloy Ariza acumula 15 discos durs amb material gràfic sobre les faenes d’exhumació de fosses del franquisme que desenvolupa l’associació Arqueoantro. Entre la fotografia forense, que retrata els cossos desenterrats, i la fotografia documental, que abasta el procés arqueològic, apareixen nombroses imatges d’objectes trobats en les fosses. “És una cosa que la societat també ha de conéixer, quins objectes portaven aquestes persones que venien de la presó”, explica a elDiario.es Ariza. 

Els estris més variats, des d’efectes personals fins a notes i munició, es conserven en alguns casos a causa de la saponificació (un procés vinculat a l’alta humitat que afavoreix la conservació dels cossos) que permet un estat de preservació excepcional.

Quan l’equip aconsegueix identificar un cos mitjançant l’anàlisi de l’ADN i els familiars de les víctimes estan localitzats, se’ls donen els objectes que hagen aparegut. Per contra, la normativa legal no estableix clarament la destinació, de moment incerta, dels objectes sense un amo identificat. Simplement es reinhumen juntament amb les restes òssies de la víctima sense identificar. 

El fotògraf és autor, juntament amb l’antropòloga Andrea Moreno i l’arqueòleg Miguel Mezquida, d’un treball acadèmic centrat en les faenes d’exhumació en les fosses del cementeri de Paterna publicat en la revista SAGVNTVM. Papeles del Laboratorio de Arqueología de Valencia sobre el “repte que suposa la gestió, la conservació i la divulgació d’aquesta materialitat”. 

En una superfície de 1600 metres quadrats, l’espai cementerial conté 154 fosses documentades amb més de 2.200 represaliats, “una cartografia sense parangó en territori valencià i espanyol”, escriuen els tres especialistes. Així doncs, “les autoritats franquistes van gestionar les fosses del cementeri de Paterna d’una manera menyspreable”, afirmen els especialistes de Arqueoantro. Es tractava, al mateix temps, d’“amagar els seus cossos” i de “visibilitzar la seua mort”. 

Els autors han traçat una tipologia dels objectes trobats en les fosses, des de munició i lligams a les mans, fins a la roba, incloent-hi el calçat o la roba interior dels afusellats. També estris dels fumadors (pipes, encenedors o paquets de tabac), documents en paper, artesania carcerària i fins i tot objectes de culte, com ara medalles, escapularis, rosaris o aliances de noces. 

 “Tampoc sabem quina és la solució, fem una crida perquè es valoren aquests materials des del punt de vista científic i acadèmic”, diu l’antropòloga Andrea Moreno, que precisa que la reivindicació és que “es tinga en compte la potencialitat d’aquests objectes de memòria per a un repertori de les institucions públiques museístiques que s’encarreguen de custodiar la cultura i el patrimoni”. 

Entre els objectes documentats en els arxius del fotògraf Eloy Ariza destaca la roba dels afusellats: “Són imatges xocants de la indumentària de les persones exhumades”, afirma Moreno. La munició també permet als arqueòlegs obtindre “proves irrefutables des del punt de vista científic que demostren els crims massius i la deshumanització de les víctimes en el tractament que se’ls va donar”, postil·la l’antropòloga. 

Uns crims esdevinguts durant la postguerra i més enllà que, segons la jurisprudència espanyola, estan prescrits. A Paterna, epicentre de la repressió franquista, hi hagué afusellaments fins al 1956, segons els estudis de l’historiador Vicent Gabarda. Una de les troballes més impressionants que ressenya l’estudi és el paper en què Manuel Lluesma Masiá, executat el 29 de desembre de 1942, deixa per escrit les seues dades. “Deixe fills”, diu el paper. 

Participació de “civils o paramilitars”

L’estudi publicat en la revista SAGVNTVM ressenya la munició, tant projectils de fusell com de pistola, usada pels escamots d’afusellament al Terrer, l’espai pròxim al fossar, sense cap senyalització hui dia, que servia per a cometre els crims i del qual a penes es manté dreçat un mur. La munició serveix als especialistes d’Arqueoantro per a establir l’ús diferenciat de l’armament (el fusell per a l’afusellament i l’arma curta per al tir de gràcia) i l’origen segons els cossos de seguretat de la dictadura encarregats del terror, així com la participació de “civils o paramilitars”.

El protocol d’actuació en les faenes d’exhumació estableix que els efectes personals de trobats en cossos sense identificar es reinhumen conjuntament. Es tracta, recorden els autors de l’estudi, de “peces amb un significat rellevant per a la memòria contemporània pel fet de ser una cultura material que ens parla del nostre passat recent, de la violència d’estat i de la repressió”. “Però també”, afigen, “dels processos de transmissió de la memòria, de la por, del silenci, de la desmemòria i fins i tot de la vida i la identitat d’aquestes persones”. 

Els objectes sense amo identificat queden així “surant en uns llimbs”. “No té cap sentit”, argumenta l’estudi, “recuperar pantalons, sabates, camises, cinturons, botons, sivelles, llapis, culleres, pipes, carteres, anells i un llarg etcètera d’objectes personals i quotidians, si una vegada exhumats no són sotmesos a processos científics i professionals de neteja, documentació, inventari, catalogació, consolidació preventiva i restauració”.