dilluns, 17 de juny de 2013

Soledad Arroyo: ''Sor María se creía Dios, y lo era para los adoptantes''


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15/06/2013 - Ángeles F. Maira / El Progreso (Lugo)
La periodista investigó el caso de los niños robados al saber que su hermana, a quien creía muerta, podía ser una de las víctimas
¿Qué la llevó a investigar a fondo el caso que da título al libro que recientemente publicó, ‘Los bebés robados de sor María’?
Una casualidad. En noviembre de 2010 estaba en casa con gripe viendo ‘Espejo público’ y salía el caso de una señora que decía que le habían robado a su hijo, algo que no me parece excepcional (estas noticias son cíclicas y pasan sin más), salvo por el parecido con la experiencia de mi propia madre cuando tuvo a su primer hijo. La llamo y le digo que ponga la tele para que vea el caso de la señora que había parido en la maternidad donde ella había tenido a mi hermana mayor. Me quedé muerta cuando mi madre me soltó: «Si yo siempre he pensado que me la robaron». En casa no era un secreto que mi hermana había muerto, pero cuando yo ese día hablo con mi madre me tiro cuatro meses en shock por el relato brutal sobre como se produjo todo.
¿Qué le contó?
Mis padres eran analfabetos. Acababan de llegar de su pueblo y estaban solos en Madrid. Mi madre, que tenía 20 años, se quedó sola en el hospital, porque a mi padre lo mandaron a casa. En el parto, a mi madre se le sientan encima de la barriga, le sacan a la niña, se van corriendo y le dejan la placenta dentro (después tuvo que ingresar otra vez, con una septicemia que casi la mata). Por la mañana, al llegar mi padre, le dicen que la niña nació muerta. Fue todo muy macabro.
¿No reclamó el cadáver?
Claro, querían enterrarla y, como mi padre se estaba poniendo un poco bruto, lo amenazaron con llamar a la Guardia Civil. Y como era el año 1964...
Entonces decide ponerse en marcha.
Sí, pero al buscar datos nos encontramos con todos los problemas que denuncian los que están en nuestro mismo caso, con que no hay documentación, que esta ha desaparecido... Por fin dimos con un dato según el cual la causa de la muerte de la niña era hidrocefalia. Un ginecólogo me confirmó que entonces morían por esta causa muchos niños en el parto, ya que no se hacía una cesárea. Entonces comprendí que esto avalaba las sospecha de mi madre. Ella había parido de forma natural, como a sus otros dos hijos. En el caso hipotético de hidrocefalia leve habría que hacer autopsia y a mi hermana, supuestamente, la enterraron cinco horas después sin hacérsela. Todo fue muy macabro.
¿Cómo afrontó la investigación?
Tuve que elaborar todo esto a retazos, porque para mi madre fue como abrir una herida que ya estaba cerrada. Empecé a investigar en plan particular y, entonces, mi madre me llama un día al trabajo alarmada ante toda la gente que había en el Registro Civil pidiendo documentación para encontrar a sus hijos. Me consiguió teléfonos y entonces comprendí que no estábamos solos y que aquello tenía una dimensión mucho mayor de lo que se contaba en los medios. El paso siguiente fue contactar con Antonio Barroso y Enrique Vila, que se estaban movilizando. Era noviembre y, en enero, 261 personas presentábamos una demanda civil en la Fiscalía General de Estado, ante Conde-Pumpido.
¿Ya estaban organizados?
Era una asociación incipiente que estaba creciendo con casos de adoptados, hijos falsos que aparecen como biológicos en la documentación pero que se ha demostrado con el ADN que no lo son... Compruebo que es algo muy gordo y lo conté en mi trabajo. Mi jefe me preguntó si estaba segura, ¡costaba trabajo creerlo! No obstante, tuve su apoyo y el de mis compañeros.
¿Cómo aparece sor María en su vida?
En un encuentro de afectados, en la Comunidad de Madrid, en una sesión donde se votaba una moción que después el PP echó para atrás. Allí conocí a Rocío, quien me dijo al presentarse: «Me llamo Rocío y soy una niña robada». Le pregunté cómo lo sabía y me dijo: «Porque sor María estaba por medio». Yo no había oído hablar nunca de ella, pero entre los adoptados se sabía que había participado en la entrega de miles de niños nacidos en Santa Cristina. Al mismo tiempo, por facebook, una mujer me cuenta que la religiosa le había robado a su hijo en ese hospital. Era María Luisa Torres y yo flipé con su historia.
¿Qué le contó?
Tenía una hija, esperaba otra y estaba en proceso de separación, en una situación difícil. Alguien le dijo que sor María ayudaba a las embarazadas, así que se dirigió a ella. Pero cuando nació la niña se la quitó diciéndole que o se callaba o le quitaba también a la otra, ya que era asistente social. Yo la titulé la historia increíble. Poco después, en Antena 3 se produce el reencuentro de María Luisa Torres con su hija, a la que localizó a través de pruebas de ADN. Ahí me di cuenta de que todo era verdad. La niña había sido vendida, pero los padres creían que sufragaban los gastos de la madre biológica. La monja les hacía creer que sus padres no querían a esos niños. Entonces empecé una investigación con aquellas historias que había ido recopilando y que acaba con la entrevista a sor María.
¿Cómo fue el proceso?
Encontré a una comadrona que me contó cosas alucinantes, pero que no quiere dar la cara porque tiene miedo. Coincide con otros testimonios de personas que consideran a sor María muy poderosa. Le tenían miedo porque amenazaba con cosas que verdaderamente podían hacer daño. Después tiré del hilo durante una investigación de tres años y fijé mi objetivo en sor María, que es la piedra angular. Con suficientes datos para saber que va a ser imputada, me voy a verla y le hago una entrevista que ha salido mil veces en Antena 3.
¿De qué material disponía?
Sabía de la existencia de un libro azul donde lo apuntaba todo: la lista de padres adoptivos, como movía a los niños de tal manera que las madres biológicas no sabían si sus hijos estaban vivos o no. Yo digo que era como una trilera que movía los hilos de Santa Cristina a su antojo. Descubrí que dormía a las madres con pentotal sódico y la forma en que entregaba los bebés a las familias. Ya no me quedaba más que ir a por ella.
¿Cómo consigue entrevistarla?
Fui con una madre, Lali Carrasco, a la que le había dado un niño. Sor María no lo recordaba con claridad, pero al decirle que su hija quería conocer a sus padres biológicos la historia le cuadra. Hablamos con ella más de tres cuartos de hora, pero no reconoció nada.
¿Qué impresión le causó?
Era una religiosa muy flamenca a sus 86 años, con la cabeza muy entera. Planteó el encuentro con nosotras como una partida de ajedrez. Era una gran estratega y llevó la conversación por donde le interesaba. Yo vi a una persona con una soberbia impresionante, que en ningún momento mostró ni un atisbo de arrepentimiento. Ante nuestras pesquisas insistía en que preguntásemos a los médicos, que ellos sabrían. No reconoció haber hecho nada mal. Cuando Lali le recuerda el momento en que le puso a la niña en sus brazos sonrió con una gran candidez, disfrutándolo. Ahí comprendí que, en el fondo, sor María se sentía Dios. Daba niños a quien no podía tenerlos y, para ellos, la monja era Dios.
DE CERCA
Los comienzos
Soledad Arroyo (Madrid, 1965) es licenciada en Periodismo por la facultad de Comunicación de la Universidad Complutense de Madrid .
Televisión
Ha trabajado en Televisión Española y Antena 3, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera.
Durante más de una década se ha dedicado a la elaboración de reportajes para diferentes programas, como ‘Al filo de la ley’, ‘Cita con la vida’ o ‘Espejo público’, a cuyo equipo fundacional perteneció.
Presentadora
Estuvo 13 años al frente de varios espacios de noticias de la cadena privada. Desde 2004 trabaja como reportera en la redacción de noticias.
Investigación
En 2010 comenzó una intensa labor de investigación y seguimiento de la causa de los bebés robados en España.
Tras fallecer sor María se han conocido nuevos casos
En este país hay muchas sor marías, y no solo religiosas. Hay médicos, comadronas... personas que trafican con seres humanos y que hay que ir a por ellas. No se pueden ir de rositas. En Huelva es un escándalo, igual que en Valencia, el País Vasco o Barcelona. No podemos dejar que esto quede en el olvido. Un país no puede permitir que esto siga ocurriendo, que haya víctimas que son de hoy porque el Estado no las ayuda. Es algo que no se puede tolerar.
¿Cómo va su caso personal?
Nosotros denunciamos en Fiscalía y se archivó por falta de pruebas, como le ha ocurrido a muchas personas. Yo me puse a investigar y no he podido encontrar nada por ningún sitio. Creo que mi hermana lleva los apellidos de otras personas y que, a día de hoy, no sabe que la estamos buscando, porque si lo supiera ya nos hubiera encontrado. En todos los bancos de búsqueda está nuestro ADN.
¿Ha perdido la esperanza?
Yo no la pierdo, pero hay poco más que nosotros podamos hacer. Los casos de reencuentro que se han producido es porque las dos partes se están buscando. Yo no me canso de decir que los adoptados deben buscar sus orígenes, aunque sea para saber si son o no robados.
¿De qué forma lo vive su madre?
Intento protegerla mucho, ya tiene 72 años y ha llevado esa carga sola durante muchos, ya que enviudó con 35 años. Ella me pregunta cada poco. A los mayores les genera una ansiedad tremenda.
Una vez muerta sor María, ¿qué espera de su libro?
Los casos que recoge demuestra que se han robado niños y que han sido muchos. Sor María se ha ido sin ser juzgada, pero espero que mi libro sirva para demostrar que esas madres que denunciaron el robo de sus hijos no estaban locas. Es muy dramático, porque muchas veces la relación no se recupera. Los hijos quieren a los padres que conocen.