dissabte, 17 de juny de 2017

MEMORIA / FLORENTINA. Francisco Pimentel.




(Publicado en Ronda Semanal el Sábado 17.06.2017)

Conocí a Florentina en Sevilla en 2013 en una de las reuniones que la ONU había organizado para recabar testimonios sobre las víctimas y desaparecidos del franquismo.

Florentina es de Córdoba y al igual que todos los que habíamos acudido desde todos los puntos de Andalucía ella es familiar de los que el fascismo nazi-franquista asesinó e hizo desaparecer en fosas comunes o en cunetas.

Hace unos días me llegó la noticia del fallecimiento de su madre Rocío Borrego Cobacho a la que la agresión de los terroristas militares de Franco sobre Córdoba dejó huérfana a la edad de 5 años junto con 3 hermanos más también de corta edad.

Rocío fue una de las personas que inspiraron a Garzón en la causa de la Memoria, dedicando íntegramente el punto decimoquinto de su famoso auto “Causa contra los crímenes del franquismo” al caso de su madre Ana Ricarda Cobacho Cañete “Ricardita”, la abuela de Florentina.

Ana, la madre de Rocío y abuela de Florentina, vivía en Jauja, un pueblo de Córdoba, donde ejercía de maestra alfabetizando a mujeres y jornaleros y promoviendo la construcción de una escuela pública para la zona. También tenía una pequeña tienda.

Rocío había iniciado en 1999 una batalla legal para aclarar qué sucedió con su madre que había sido arrestada por la Guardia Civil en Noviembre de 1936 y después nada más se supo.

Pero ahora Rocío ha fallecido sin saber donde está el cuerpo de su madre igual que tantos hombres y mujeres que se están muriendo sin que hayan encontrado ni enterrado dignamente a sus familiares.

Rocío Borrego Cobacho, junto a sus tres hermanos y decenas de miles de represaliados, vivió la pesadilla del hambre, la humillación y la desmemoria que los vencedores les habían reservado en el gigantesco campo de concentración en que se convirtió España durante tantos años. 

Rocío es ejemplo de una generación de españolas, aquellas mujeres con todo en contra, sometidas, despojadas de los avances que consiguieron sus antecesoras y que no se recuperarán en muchas décadas. Mujeres que ya ancianas, apenas llegaron a intuir lo que se hizo con ellas y con sus padres. 

Rocío Borrego Cobacho ha muerto sin saber con certeza que fué del cuerpo de su madre Ana Ricarda Cobacho (Ricardita), pero se va con el cariño indudable de quienes la conocieron y nuestro compromiso de mantener viva la memoria de lo que sucedió, la verdad, la justicia y la reparación. 

Ahora su hija Florentina Rodríguez Borrego, nuestra querida amiga compañera y camarada Flori, y nosotros mismos seguimos en el empeño de encontrar, exhumar, identificar y enterrar con todos los honores a nuestros mejores ciudadanos que murieron a manos de los peores por querer una sociedad de libertad, igualdad y fraternidad.

Francisco Pimentel 
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