divendres, 10 d’agost de 2018

Los terribles campos de concentración franceses en Argelia: el Transahariano.


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Vicente regresó con su recuerdo a pasar las navidades con Nieves, su mujer, 73 años después de morir en un campo de concentración francés en Argelia. Allí se quedó el olvido que lo había mantenido oculto en una sepultura recóndita de aquel país desde otras navidades de 1940. Su familia logró la proeza de traérselo con la fuerza del cariño y de su propio esfuerzo.

En la víspera de Nochebuena de 1940, Nieves Gisbert Puig, la mujer de Vicente Mataix, recibió una escueta carta en la que el cónsul de Francia en Alicante le comunicaba el fallecimiento de su esposo en el campo de concentración de Bouarfa, Argelia,por enfermedad. Acababa de cumplir 31 años y estaba preso, empleado como mano de obra esclava por el gobierno francés para la construcción del Transahariano. Años más tarde, en 1944, sus compañeros de cautiverio le construyeron una tumba como homenaje y mandaron una fotografía de recuerdo a la viuda. Vicente, el pasajero 416 del Stanbrook, había logrado embarcar en Alicante rumbo a Orán el 28 de marzo de 1939. Buscaba la libertad y la vida, halló la prisión esclava y la muerte.

Las imágenes de unas tumbas en medio del desierto insertadas en un documental de TVE sobre los que murieron construyendo el Transahariano, y la fotografía de la tumba, movieron a la familia Mataix a contratar una agencia de detectives para averiguar el lugar exacto donde se encontraba. Tras cinco años de investigaciones, la agencia localizó la tumba de Vicente en un cementerio cristiano abandonado de Bouarfa, a 500 km al sur de la ciudad marroquí de Nador. El hallazgo permitió la repatriación de los restos hasta Banyeres de Mariola y cumplir el sueño de poder enterrarlos junto a los de su mujer, fallecida en 1994. 

Vicente trabajaba de panadero en Banyeres y en la huida tras el triunfo de los sublevados, dejó sola a Nieves con dos niños pequeños: María, nacida en agosto de 1936, y un bebé de apenas dos meses. La tragedia fue doble para Nieves, que a sus 28 años tuvo que sumar a la pérdida del marido el dolor de tener que separarse de uno de sus hijos para que no se muriera de hambre. Dejó a María, que tenía 4 años, al cuidado de un hermano de ella que no tenía hijos. "La posguerra fue muy dura para las viudas de los perdedores", lamenta su nieto, Josep Vañó, aclarando que su abuela, a la que nunca vio reír, jamás habló de aquello. Hasta Bouarfa viajaron Josep Lluís, Antoni y otra de las nietas de Vicente con el objeto de tramitar la exhumación internacional, que culminó el 14 de diciembre de 2013 con el entierro en su pueblo y que, tramitada administrativamente como una repatriación de restos, no contó con ninguna subvención pública.