- Por esta colonia de Fuerteventura pasaron un centenar de encarcelados por su orientación sexual
- El Gobierno le concede el estatus de Lugar de Memoria Democrática en un emotivo acto de reparación
El franquismo lo mantuvo durante décadas en secreto, un olvido que se ha mantenido también en democracia. Pero la Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, un campo de concentración franquista para miembros del colectivo LGTBIQ+, se convierte ahora en un lugar de recuerdo y memoria.
En el centro de Fuerteventura, una zona desértica cercana al antiguo aeródromo militar de la isla, se levantó en 1954 esta colonia destinada específicamente a hombres homosexuales. Ese mismo año se modificó la Ley de Vagos y Maleantes para incluir a los "desviados sexuales" o "violetas", a los que se les equiparaba con "proxenetas" y "rufianes".
La ley definía la homosexualidad como un "estado peligroso" y se preveía para las personas atraídas por su mismo sexo el destierro y la cárcel en las recién creadas colonias agrícolas, en las que además debían permanecer separados de los demás reclusos. Tefía se convertía así en el principal centro de reclusión de los homosexuales en España, quienes sufrieron especialmente la violencia del aparato represor de la dictadura.
"A Tefía solo le faltaban los hornos crematorios"
"Por ser maricón na más. Única y exclusivamente por ser maricón [...] Te metían aquí sin juicio ni condena de un tribunal", contaba Octavio García, quien estuvo internado durante 16 meses a sus 21 años. "¿Tú sabes lo que son 16 meses? Eso te transforma, te estropea la mente. Allí no había nada más que cargar piedras" recordaba García, ya fallecido.
El historiador y activista LGTBIQ+ canario Miguel Ángel Sosa le entrevistó para su novela Viaje al centro de la infamia, en la que relataba el infierno de este lugar, y que luego inspiró la serie Las noches de Tefía. "A Tefía solo le faltaban los hornos crematorios. El resto: las palizas, las humillaciones, la violencia, el dolor, eran el pan de cada día, aparte del hambre y la miseria", relata Sosa, recogiendo el testimonio de García.
Por Tefía pasaron un centenar de presos en los 12 años en los que funcionó, entre 1954 y 1966. Estaban condenados a entre uno y tres años de internamiento, tiempo durante el cual realizaban trabajos forzados para convertir aquel lugar árido en un terreno cultivable.
Los internos, vigilados y sometidos a malos tratos de forma habitual, trabajaban de sol a sol y dormían hacinados en pabellones en condiciones insalubres. Octavio García recordaba, por ejemplo, que los guardas les hacían marchar y a cada paso les pegaban con una fusta o un palo. "Yo por las noches me pongo a pensar y se me saltan las lágrimas", decía décadas después.
Un lugar de "reeducación" y una advertencia al resto de la sociedad
¿Con qué objetivo? Tefía "significaba la reeducación, apartar de la sociedad todo lo que se considera defectuoso, inmoral, insano", algo que se entiende en el contexto del franquismo, "un régimen nacional católico, donde hay una fusión entre lo político y la moral religiosa", explicaba Sosa en el programa de RNE Wisteria Lane.
En la misma línea se expresa la activista feminista Silvia Jaén. En una sociedad "muy homófoba y tránsfoba", Tefía era símbolo que permitía decir advertir a la población: "Ojo, no te salgas del corsé porque si no te llevamos".
Las condenas llegaban por los motivos más peregrinos: "Simplemente por ser homosexual, tener algo de pluma o intentar ligar en un parque", enumera Sosa.
Visualmente, Tefía se diferenciaba de una cárcel en que no necesitaba altos muros y alambradas para evitar que los presos huyeran. Su propio emplazamiento: aislado en medio del desierto, sin apenas carreteras y lejos de los principales centros de la población de la isla, hacía casi imposible la huida.
El sufrimiento no terminaba con el fin de la condena. "Las condiciones en las que retornaban a su vida después eran muy duras", explicaba en RNE Desirée Chacón, presidenta del colectivo LGTBIQ+ Altihay de Fuerteventura. "Primero, porque tenían penas de extrañamiento. No podían volver a su zona de vida durante muchísimos años y, por supuesto, volvían como personas vergonzantes".
Declarado lugar de memoria
Tefía funcionó hasta que en 1966 el régimen se abrió al turismo y sustituyó la Ley de Vagos y Maleantes por la de Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que ya no castigaba la condición de ser homosexual, sino a quienes ejercían actos de homosexualidad.
En 2024, cuando se cumplía medio siglo de la inclusión de los homosexuales en la Ley de Vagos y Maleantes, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, visitó el lugar, que calificó de "un sitio de ignominia y vergüenza", y anunció que se declararía como lugar de memoria.
Este viernes culmina esta declaración con un acto de homenaje en Tefía a las víctimas de la Colonia y un reconocimiento a la lucha del colectivo LGTBIQ+, uno de los más perseguidos en el franquismo. En la ceremonia se entregarán diez declaraciones de reconocimiento y reparación, tanto a víctimas de este centro como a representantes de la lucha del colectivo.
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