La escritora Selena Millares reivindica la figura de José Almoina, olvidado y víctima del exilio republicano, en la novela Al calor de tu nombre.

Madrid-
¿Cobarde, oportunista, traidor? ¿Acaso un "miserable", como él mismo escribió en un libro demoledor contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo? José Almoina fue, sin duda, un olvidado. También una víctima del exilio republicano.
Ya había sido represaliado por sus ideas políticas antes del golpe del 36, por lo que este funcionario de Correos lucense tuvo que dejar atrás Benavente y aceptar un traslado forzoso a un pueblo de Jaén. Luego, tras el estallido de la guerra civil, huyó hacia Asturias, aunque su mujer, Pilar Fidalgo, fue encarcelada en Zamora, una experiencia que reflejó en el libro Una joven madre en las prisiones de Franco. Almoina consiguió liberarla tras un canje con los franquistas y, tras llegar a Francia, embarcaron rumbo a la República Dominicana. En realidad, sin capacidad de elección: se fueron adonde pudieron.
n Santo Domingo comienza a darle clases al hijo de Trujillo y trabaja como profesor en la Escuela Diplomática y en la Facultad de Filosofía, hasta que es designado secretario personal del dictador. Negarse habría puesto en peligro su vida, la de su mujer y la de sus cuatro hijos, justifica Selena Millares, quien ha recuperado su figura en la novela Al calor de tu nombre (Plaza y Janés).
Es más, la escritora canaria defiende que aprovechó su cercanía a Trujillo para denunciar la dictadura a nivel internacional. Ahora bien, por prudencia firmó con el seudónimo de Gregorio R. Bustamante el libro Una satrapía en el Caribe: historia puntual de la mala vida del déspota Rafael Leónidas Trujillo. Entonces ya había conseguido instalarse en México, pero era consciente de que los esbirros del dictador seguían sus pasos.
No rechazó el encargo de escribir una loa al sátrapa, Yo fui secretario de Trujillo, por lo que también fue denostado, aunque habría que tener en cuenta que Almoina buscaba salvar el pellejo propio y el de los suyos y que, más allá de un libro elogioso, la ironía y la hipérbole encerraban una crítica sutil. "Era una burla. Hay tal cantidad de exageraciones que te partes de risa", comenta la autora de Al calor de tu nombre. No todo el mundo supo leer entre líneas, lo que provocó que el republicano gallego no fuese rehabilitado años después ni por el PSOE, que lo había expulsado del partido.
De Franco a Trujillo
"La leyenda negra comienza en España, porque era un orador extraordinario que electrizaba a las masas y arrastraba a muchísima gente, así como un gran idealista en el que creía mucha gente y que generaba odio en sus enemigos políticos y en los caciques", explica Selena Millares, quien subraya que en la República Dominicana también suscitó celos, envidias y desconfianza entre los exiliados españoles por su meteórica carrera y por su erudición, de ahí que fuese designado preceptor de Ramfis Trujillo.
También contribuyó a la campaña de desprestigio el historiador dominicano Bernardo Vega. "Él construyó la leyenda negra de una manera deliberada y con mucha saña porque era hijo de uno de los cortesanos de Trujillo denunciados por Almoina y un cómplice de su corrupción y depravación, pues no solo era un sanguinario y asesino, sino también un depravado sexual que violaba a niños y niñas para violarlos", critica la escritora canaria. "Y todo eso nos lleva a desestimar su opinión y a considerar un bulo sus acusaciones de impostor o mercenario".
"José Almoina huyó de Franco y se encontró a un Hitler llamado Trujillo que había sometido a su país al terror y que pretendía llevar el modelo de imperialismo nazi al Caribe. Almoina fue valiente porque aprovechó su situación de secretario obligado de Trujillo para conseguir toda la información posible y denunciar al dictador, trabajar para la resistencia y entregar a la OEA informes confidenciales", añade la autora de Al calor de tu nombre (Plaza y Janés).
Mientras Almoina era repudiado o caía en el olvido, Jesús Galíndez pasaba a la historia y protagonizaba una novela de Manuel Vázquez Montalbán. "Sin embargo, no era un héroe sino un traidor, pese a su tristísimo final", matiza Selena Millares, quien lo califica como un doble o triple espía que trabajaba para el FBI, la CIA y el Gobierno vasco en el exilio, infiltrándose en grupos de republicanos para después pasar toda la información de los opositores. Los motivos fueron analizados por Manuel de Dios Unanue en el libro El caso Galíndez.
"En cambio, cuando Rafael Leónidas Trujillo se enteró de que Galíndez estaba escribiendo contra él, le pidió a Almoina un nuevo favor: que escribiera contra el delegado del Gobierno vasco en Nueva York. Almoina, que era de una enorme nobleza, se negó. Consciente de que iba a morir por decirle que no al dictador, escribió su testamento", comenta la escritora. Seis meses después, un coche lo atropelló en Ciudad de México y, a continuación, fue tiroteado por sus ocupantes.
José Almoina y Pilar Fidalgo son la encarnación de "una familia rota por la guerra y el terror político", explica Selena Millares, quien en su novela los retrata como una "pareja cervantina", porque “ella era pragmática y realista y él, un idealista tan extremo, osado y quijotesco que a veces resultaba un visionario, un loco y un insensato".
"La leyenda negra fue fabricada por muchos enemigos —caciques españoles, exilados resentidos, cortesanos del dictador y los descendientes de todos ellos—. Sin embargo, también hubo mucha gente que quiso y admiró a Almoina: en Galicia se le recuerda como un orador extraordinario; en Benavente hay aún un núcleo de intelectuales que lo defiende con pasión y que ha mimado su memoria y reeditado algunos de sus libros; en República Dominicana lo deben querer tanto que, cuando pedí un libro sobre historia del trujillismo en una librería que se preciaba de vender solamente libros dominicanos, me dieron enseguida el libro de Almoina, es decir, lo consideraban uno de los suyos, un dominicano; en México, cuando murió, se produjo una gran conmoción, los medios lo compararon con Lorca como escritor asesinado por el fascismo; en la España franquista, en cambio, solo hubo silencio", concluye la autora de Al calor de tu nombre, que pide que sea rehabilitado en nuestro país.
Víctima del exilio republicano
José Almoina Mateos (Lugo, 1903 - México DF, 1960) fue "una víctima del exilio republicano" que no eligió su destino y un hombre que sufrió la persecución política e hizo todo lo posible por sobrevivir, cree su biógrafo Xurxo Martiz. Frente a la imagen de traidor o colaborador, el autor del libro Exilio (A Nosa Terra) lo presenta como un hombre solo, amenazado y sin respaldo político, cuya memoria quedó injustamente manchada, hasta el punto de que el PSOE todavía no lo ha rehabilitado como militante "por negrinista", cuando sí lo ha hecho con el propio Juan Negrín.
"Él fue al país que lo acogió, por lo que no le quedó más remedio que ir a la República Dominicana. Luego financió con el escaso dinero que tenía la edición de un libro contra la dictadura de Trujillo y después escribió por encargo Yo fui secretario de Trujillo, una obra vergonzosa en la que se ríe del dictador. Eso no es colaborar, sino instinto de supervivencia", cree Xurxo Martiz, quien recuerda que Almoina rechazó otros encargos de la dictadura dominicana porque tenía que cobrarlos en la isla y "sabía perfectamente que si iba allí no saldría vivo".
El investigador cree que el motivo de su asesinato no fue rechazar escribir sobre Galindez, sino la publicación de Una satrapía en el Caribe. "Desde que llega a México, toda la vida fue un sinvivir pensando que en cualquier momento lo iban a matar, como así fue", concluye Xurxo Martiz, quien se pregunta: "¿Cómo un funcionario de Correos es nombrado diplomático en Francia del Gobierno republicano?" o "¿cómo consigue intercambiar a su mujer por la familia de un general franquista?". Pendiente de unas investigaciones más profundas que quizás ofrezcan unas respuestas, su biógrafo cree que "pesó mucho su condición de masón".



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