dilluns, 6 de gener del 2020

EL BARRANCO DE LA BARTOLINA, PRIMER LUGAR DE MEMORIA DEMOCRÁTICA DECLARADO EN ARAGÓN




EL BARRANCO DE LA BARTOLINA, PRIMER LUGAR DE MEMORIA DEMOCRÁTICA DECLARADO EN ARAGÓN

por MEMORIA ARAGONESA
EL BARRANCO DE LA BARTOLINA, PRIMER LUGAR DE MEMORIA DEMOCRÁTICA DECLARADO EN ARAGÓN
EN ESTE ESPACIO, SITUADO EN CALATAYUD, PERDIERON LA VIDA MÁS DE 400 PERSONAS, AHORA CONVERTIDO EN UN VERTEDERO NO PERMITE LA EXHUMACIÓN E IDENTIFICACIÓN DE VÍCTIMAS. CON ESTA DECLARACIÓN, EN EL LUGAR SE EXPLICARÁ LO OCURRIDO EN LA ZONA DURANTE LA GUERRA CIVIL Y LOS PRIMEROS AÑOS DE LA DICTADURA.
ARAINFO REDACCIÓN | 2 ENERO, 2020
Un año después de la aprobación de la Ley de Memoria Democrática de Aragón, el Departamento de Educación, Cultura y Deporte ha comenzado la declaración de lugares de memoria democrática, que se integran dentro del patrimonio cultural aragonés. Esta declaración obligará a la titularidad de estos lugares a trabajar con el departamento competente en su promoción y en materia de patrimonio cultural, además de a difundir su localización e interpretar lo sucedido en estos espacios, en colaboración con las entidades locales del entorno y, en su caso, con las universidades y entidades memorialistas de Aragón. El primero de estos lugares que se va a declarar es el Barranco de la Bartolina de Calatayud, lugar donde se estima que entre 400 y 500 personas fueron fusiladas durante la Guerra Civil y la posterior dictadura.
Esta declaración se hace ahora como un medio de dignificación de las víctimas para que la ciudadanía conozca qué sucedió en la zona. Como las Fosas de Caudé, en el sur de Teruel, o el Pozo de Ventafarinas, en los confines orientales de La Litera oscense, el Barranco de la Bartolina se ha convertido en un símbolo de la represión que acompañó a la Guerra Civil.
La legislación aragonesa define este tipo de lugares como “aquel espacio, construcción o elemento inmueble cuyo significado histórico sea relevante para la explicación del pasado de Aragón en términos de participación, defensa y lucha a favor de la democracia frente a la intolerancia y la dictadura en el marco histórico de la Segunda República española, la Guerra Civil y la dictadura franquista”. Y, así, el barranco de la Bartolina inaugura estas declaraciones como lugar que fue de fusilamiento masivo en la comarca de Calatayud durante la Guerra Civil.
Con esta concepción del barranco como lugar de memoria democrática se atiende asimismo una petición de la Asociación ARICO (Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido), que había mostrado su interés en que este punto de la geografía aragonesa tuviera esta protección especial. Esta asociación se encargó de hacer una prospección para tratar de encontrar restos humanos allí, sin éxito, después de que una obra municipal en 1999 utilizara esta tierra en la construcción de un vertedero, imposibilitando la exhumación de los que allí perdieron la vida. Por este motivo, los familiares de las personas fusiladas en el Barranco de la Bartolina tuvieron que asumir que sus parientes quedarían sepultados para siempre.
El pasado noviembre tras un año sin contestación ARICO Memoria Aragonesa junto con las familias de las y los fusilados en el Barranco de la Bartolina, presentaron en el Registro del Gobierno de Aragón, una carta a la atención de Marisancho Menjón Ruiz, Directora General de Patrimonio Cultural, solicitando una respuesta urgente a la solicitud que presentaron en abril de 2019.
El Barranco de la Bartolina fue un lugar de fusilamiento masivo en la comarca de Calatayud durante la Guerra Civil. El emplazamiento de la fosa común figura en el mapa de fosas del Ministerio de Justicia, así como en la página del Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés. Según un estudio realizado por el historiador Nacho Moreno Medina en el marco del proyecto ‘Amarga Memoria’, y tal y como recoge de testimonios orales, este lugar, en el que se pudo asesinar a entre 400 y 500 personas, era el lugar de fusilamiento de gente de toda la Comarca de Calatayud, que en el año 1936 englobaba muchos de los pueblos de los antiguos partidos judiciales de Calatayud, Ateca, Daroca y L’Almunia.
Familiares recordando a las víctimas en el Barranco de la Bartolina. Foto: Miguel Ángel Capapé (ARICO).

600 olvidados en Neuengamme: españoles deportados al campo nazi de Hamburgo.

https://www.lavozdelarepublica.es/2020/01/600-olvidados-en-neuengamme-espanoles.html?fbclid=IwAR3fvkvJP7o0RXNw4lYpji4IJzeL7DdZ28ifRhxU1laKYZiOHTvU3S-Kyig




 

600 olvidados en Neuengamme: españoles deportados al campo nazi de Hamburgo: Muchos de los presos estaban considerados como “extranjeros indeseables” y no aparecían entre las víctimas del Tercer Reich que publicó España en el BOE

MARTÍN IBARROLA. EL CONFIDENCIAL.- Bautista Muñoz durmió con una lámpara encendida hasta el día de su muerte, como si aquella luz ahuyentara los recuerdos del campo de concentración de Neuengamme. Tenía 23 años cuando lo detuvieron en la Francia ocupada. Mucho después le contaría a su hija que los Kapos de las SS entraban en el barracón por la noche, señalaban a alguien y se lo llevaban. A veces despertaba sobresaltado, imaginando que cogían a su hermano mientras él dormía. Bautista es uno de los miles de españoles deportados a campos de concentración del Tercer Reich. Tras décadas de olvido y silencio, poco a poco sus nombres empiezan a ser recuperados. El Gobierno español publicó recientemente una lista con más de 4.000 españoles que pasaron por campos de concentración. El nombre de Bautista no estaba entre ellos. Él es uno de los olvidados de Neuengamme.

La antigua fábrica de ladrillos de Neuengamme, construida a 30 kilómetros de Hamburgo, ostenta el dudoso récord de ser el campo de concentración más grande del noroeste de Alemania. Sorprendentemente, a día de hoy no existe una lista oficial de los españoles que pasaron por allí. “Nos pusimos en contacto con el museo del campo y nos enviaron un documento con 600 entradas. Algunos eran nombres y otros números de chapa. Había muchos fallos, pero al menos teníamos la información”, explica el historiador de la Universidad Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, Antonio Muñoz, quien también colabora con The Arolsen Archives (ITS).

Como ya adelantó El Confidencial hace un año, Alemania pidió ayuda a varios historiadores locales para encontrar a los familiares de las víctimas españolas y devolverles los objetos robados por los nazis. La mayoría de estas posesiones pertenecían a presos de Neuengamme. La URV publicará la lista actualizada y corregida de los deportados el próximo enero. De momento llevan unos 500 nombres verificados.Mauthausen, un drama español: vecinos de las 50 provincias murieron en campos nazisA. A.Exactamente 4.427 españoles que murieron en campos de concentración nazis, según una exhaustiva lista publicada por el Ministerio de Justicia

Según el historiador de la URV, 10.000 españoles fueron deportados a campos de concentración del Tercer Reich. Hubo también otros 40.000 trabajadores forzados, que Alemania reconoce desde los años 60 como víctimas del nazismo.

El Gobierno español quiso recordar el pasado agosto a las personas fallecidas en Mauthausen y otros campos de concentración nazis y publicó 4.427 nombres en el Boletín Oficial del Estado. Se trataba de una transcripción literal de las actas de deceso que el Ministerio de Excombatientes francés entregó a las autoridades españolas en los años 50. Lamentablemente, la lista incluía los errores de los documentos originales y excluía las investigaciones académicas más recientes, obviando víctimas como, precisamente, las de Neuengamme. Tampoco consultaron el Memorial que los historiadores Benito Bermejo y Sandra Checa publicaron en 2006 con apoyo del Ministerio de Cultura, donde enumeraban alrededor de 9.000 nombres de españoles deportados a campos nazis. Según la historiadora Ana Garcia-Santamaría, parece que ni siquiera tuvieron en cuenta el Journal Officiel Republique Français (el BOE francés). «Hasta el pasado octubre, Francia había reconocido como muertos en deportación a 4.882 republicanos, mientras que el BOE solo reconocía a 4.427. ¿Por qué no cruzaron las bases?», explica a El Confidencial.

El Ministerio de Justicia indica a este periódico que recibieron alrededor de 300 alegaciones particulares sobre la lista publicada. El boletín en cuestión ha sido retirado de internet para verificar las alegaciones, confirmar la identidad de los fallecidos e inscribirlos definitivamente en el Registro Central.

Las historias que contamos a continuación fueron descubiertas a raíz de diferentes investigaciones particulares y aún no han recibido un reconocimiento oficial.

El cocinero nazi y la leche del gato

Cuando Bautista Muñoz y Evaristo Rebollar fueron detenidos en Francia, los nazis daban sus últimos coletazos, el rumor de un desembarco aliado alimentaba la esperanza de los maquis y las fuerzas de la resistencia plantaban cara en las calles de París. Bautista había nacido en Talavera de la Reina, luchó en el bando republicano y cruzó la frontera junto a su hermano Francisco para evitar ser fusilado. Evaristo se crió en un pueblito pesquero de Asturias, pertenecía a la CNT y se infiltró en el bando nacional para pasarse después a las líneas enemigas. Huyó al país galo con una pena por deserción. El 21 de mayo de 1944, los tres subieron al convoy 1.214, rumbo a Neuengamme.

La historiadora Ana García-Santamaría, que lleva cinco años investigando la deportación y ya ha localizado una docena de familiares por su cuenta, explica que aquel tren transportaba a más de 200 presos españoles. “La mayoría eran excombatientes de la Guerra Civil, estaban curtidos en la resistencia y militaban en movimientos comunistas, anarquistas y antifascistas”. Muchos habían sido etiquetados como ‘extranjeros indeseables’ por la policía de la Francia ocupada y usaban identidades falsas. El convoy en cuestión estaba formado por 20 vagones de dimensiones claustrofóbicas: 9,60 metros por 4 metros, y 3,60 metros de alto. Menos de cuarenta metros cuadrados donde se hacinaban hasta un centenar de personas. En total, 2.004 prisioneros de 17 nacionalidades diferentes. Casi la mitad moriría a lo largo de los siguientes meses.

«El viaje hasta Neuengamme duraba tres días y no les dieron agua en todo el camino. Rotaban alrededor del vagón para que todos pudieran acceder a la ventana y chupar los barrotes. Los que se caían al suelo morían, así que se sujetaban unos a otros para dormir pequeñas siestas de pie”, explica Balbina Rebollar, hija de Evaristo.

Su padre era bajito, por lo que tenía todavía más dificultades para respirar. «Me contó que en el tren había un joven alto que hablaba en otro idioma y se caía constantemente sobre él”. Cada vez más asfixiado, Evaristo lo empujaba y le daba codazos, hasta que el otro exclamó «¡me cago en la madre que te parió!». Al parecer, el joven era vasco y las únicas palabras que conocía en castellano eran insultos. Como cada nacionalidad cuidaba de los suyos, los españoles se turnaron para sujetarlo y dejarle descansar. “Mi padre solo lamentaba que no le hubiera insultado antes. Quizá así habría sobrevivido. Murió antes de llegar al campo”.

Durante una parada, los presos suplicaron a los alemanes que les dieran algo de beber y estos señalaron a un bidón de orín. Cuando su padre le contó esta historia, Mayu Muñoz aún era joven y no pudo evitar una expresión de repugnancia. “¡Qué asco! ¿No se os ocurriría beber de ahí?”. La hija de Bautista tiene aquel momento grabado en la memoria, pues su padre bajó la mirada y solo dijo, “la gente se volvía loca”.

Una vez en Neuengamme, Bautista y Francisco no se separaron en ningún momento. Ambos eran ebanistas, un oficio muy cotizado en el campo, por lo que tenían acceso a áreas reservadas. Los hermanos aprovechaban las horas de trabajo para robar peladuras, restos de comida y la leche que dejaba el cocinero a su gato. Luego repartían el botín entre los presos más debilitados, como un chico que estuvo a punto de morir en la cama del barracón.

“Cuando me lo contó por teléfono no podía creerlo. Le dije, ay Mayu, ese chico va a ser mi padre”, rememora emocionada Balbina. Hasta entones ambas desconocían que sus historias estaban entrelazadas. Evaristo había sido destinado a uno de los 85 subcampos exteriores que Neuengamme. Le tocó una antigua mina de sal a la que llegaban en camión y donde arrastraban pesadas carretillas. El padre de Balbina estaba tan famélico que su muslo tenía el mismo grosor que el tobillo. Él siempre contaba que sobrevivió gracias a dos hermanos ebanistas que le llevaron la leche del gato del cocinero. “Mayu y yo no podíamos parar de llorar. Increíble, ¿verdad? Era la primera vez que hablábamos. Una vez le pregunté a mi padre si querría volver a ver a alguien de aquella época. Me dijo que solamente a aquel hombre que le salvó la vida”.

El contrabandista de café y las monedas de oro

El padre de Antonio Amigo era el mayor de cinco hermanos y el ojito derecho de su madre. Vivía en Cortegana (Huelva), un pueblo de casas blancas situado a pocos kilómetros de la frontera con Portugal. Antonio aprovechaba los senderos ocultos para pasar café de contrabando. “Un solo hombre cargaba hasta 40 kilos. Él era listo, así que llevaba a las bestias y traía hasta 200 kilos. Cuando el padre de Antonio murió, él se convirtió en el cabeza de familia. Vivían una situación complicada y necesitaban ese dinero”, explica su sobrino Félix Gómez. “Una noche le avisaron de que iban a ir a por él y se escapó. Debieron de denunciarlo por celos, porque no estaba metido en temas políticos”.

Antonio cruzó la frontera y acabó en Burdeos, desde donde enviaba cartas a través de la Cruz Roja. Atrás dejó a una mujer embarazada y una familia rota. Su otro hermano había sido requerido por el bando nacional y murió a causa de las heridas de guerra. Félix asegura que, de haber podido volver, lo habría hecho. “Quería muchísimo a su madre”. Francesca soportó con estoica firmeza la estigmatización y las constantes redadas en su casa. Había quedado sola, a cargo de tres hijas, con un hijo muerto y otro huido.

Un día apareció en el pueblo un tal Gómez que traía consigo la maleta de Antonio. Entre las posesiones había una carta de despedida en la que recalcaba la importancia de sus zapatos. Debajo de la suela encontraron tres monedas de oro. Su sobrino cree que fue el último intento de ayudar a la familia antes de que lo apresaran. Francisca asumió con profunda tristeza que aquella maleta era el certificado de defunción de su hijo. “Vivía vestida de negro, siempre de luto. Antes de morir pidió que la enterraran en tierra, sin nichos ni cruces. Si no sabía dónde estaba su hijo tampoco quería que nadie supiera donde estaba ella”, explica Félix. Su hijo Jorge Gómez aclara que solamente descubrieron el trágico final de Antonio cuando el profesor Ángel del Río investigó su historia. Además, este año se enteraron de que el ITS guardaba las pertenencias que los nazis robaron a su tío abuelo en Neuengamme: un reloj y una pluma. “Nos lo enviaron por correo y no tuvimos que pagar nada. ¿Cómo puede ser que Alemania costee los gastos de envío de los objetos y nuestro propio gobierno no nos ayude a buscar a nuestros familiares?”.

El falangista que bailaba tangos en París

Cuanta más información acumula Pilar, menos cree conocer a su padre. Se llamaba Blas Antón y era de Burgos. “Luchó con el bando nacional y lo hirieron en la batalla del Ebro. Todos creíamos que al terminar la guerra se fue a Francia con la División Azul, pero el Archivo Militar de Ávila no tiene constancia de ello, lo cual es extraño, pues la Falange sí que extendió un pasaporte a su nombre”. Las peripecias de Blas en el país galo resultan desconcertantes. Él contó a su familia que ganó un concurso de tangos en París y que pasó una temporada internado en un campo, aunque no dio más detalles.

“El historiador Antonio Muñoz encontró a mi hermana a través de la esquela de mi madre y nos dijo que en Alemania tenían los objetos de mi padre. ¡Que había estado en un campo de concentración! Ya no sé ni qué pensar. Si se cambió de bando a mitad de partida, si era un espía, si le cogieron por casualidad…” Su nombre y dos apellidos figuran también en un archivo de republicanos que fueron represaliados.

¿Cómo puede ser que Alemania costee los gastos de envío de sus antiguas pertenencias y nuestro propio gobierno no nos ayude a buscar a nuestros familiares?

“Nosotras sabemos que cuando volvió a España la Falange fue a buscarlo para ofrecerle un cargo. Le hubiera venido bien, pero él no aceptó porque, según sus palabras, no había luchado por eso”. Conoció a su mujer en Barcelona, se casaron y tuvieron dos hijas. El viernes 13 de marzo de 1964, cuando Pilar tenía 10 años y él 45, murió por una angina de pecho. “Yo le recuerdo muy alegre. Tenía carácter, eso sí. Le gustaba cenar fuera y bailar con mi madre, quedaba con amigos, fue presidente de una peña taurina de Barcelona… Apuraba la vida, como si supiera que iba a morir joven. Y así fue”. La semana pasada Pilar recibió emocionada un paquete de Alemania que contenía el reloj y el anillo de Blas. “Normalmente la gente sabe más o menos la historia de sus padres. Yo solo quiero conocer la del mío”.

La carta misteriosa y las burlas de la comandancia

Miquel Obradors era de Navás (Barcelona), estaba casado con Neus Argemí y tenía una única hija, Margarida. Las nietas investigan ahora la vida del abuelo al que nunca conocieron. Lo único que sabían era que un día dejó de escribir correspondencia desde Francia. Asumieron que había muerto en la guerra o que había iniciado una nueva vida en América, como tantos otros exiliados españoles. Para su sorpresa, en mayo de 2018 el Ayuntamiento de Navás les comunicó que la investigadora francesa Irma Bousquet se había puesto en contacto con ellos y quería saber si Miquel Obradors tenía descendientes en el pueblo, pues el ITS guardaba sus últimas posesiones: una cartera y varias fotos.

“Irma Bousquet hizo un trabajo de detective para encontrarnos y siempre le estaremos muy agradecidas. Nunca hubiéramos imaginado que después de tantos años, volveríamos a saber algo de nuestro abuelo y, sobre todo … ¡que su cartera hubiera estado guardada en un campo nazi!”, reconoce una de las nietas. Al parecer, después de la Guerra Civil, Obradors escapó a Francia, fue detenido y deportado al campo de tránsito de Compiègne. Desde allí lo enviaron al subcampo de Neuengamme en Bremen-Farge y trabajó en el Búnker Valentín, la mayor base de submarinos de Alemania.

Investigando la historia de su abuelo, las nietas encontraron una carta misteriosa en la casa de una prima lejana. Obradors parecía disgustado. Alguien se había hecho pasar por un familiar y había escrito falsedades sobre su mujer, asegurando que se dedicaba a la mala vida. La comandancia de su grupo leyó la carta y, en lugar de apoyarle, se mofaron de él. “El abuelo pedía que no le escribieran por las vías oficiales para evitar las burlas. Me sorprendió, porque yo siempre había pensado que entre los exiliados había empatía y camaradería. No esperaba este tipo de actitudes. Tampoco supimos quién escribió aquellas falsedades. Lo más probable es que fuera la venganza de un viejo conocido que quería hundirlo moralmente”.

Su abuela Neus tenía 35 años cuando enviaron la “maliciosa” carta. Su madre, 13. Ambas sufrieron una política conocida popularmente como «pacto del hambre», por la cual se privaba de trabajo a los familiares de los exiliados. “Mi abuela y mi madre vivieron en la miseria durante años, trabajando en las viñas y recibiendo la ayuda puntual de otros familiares. Ojalá esto sirva para comprender mejor el contexto histórico y las dificultades por las que pasaron”.

Esperando al tío Cinto

Ma Dolors Fossas tiene 74 años y aún recuerda la maleta marrón que guardaban en su casa de Gerb, un pequeño pueblo catalán de Os de Balaguer. Su madre siempre decía lo mismo. “Si algún día viene un señor en busca de la maleta, acogedlo, porque es mi hermano. Marchó durante la guerra y no sabemos nada”. Jacinto Justribó era el pequeño de la familia. “Le llamaban Cinto y tenía el porte de una estrella de cine. No superaba los treinta años, tenía novia y trabajaba como taxista. Pensamos que marchó para no ir a la guerra, porque no era soldado ni estaba metido en cosas políticas”, relata ahora su sobrina. Los padres de Ma Dolors tenían un bar y una tienda en la casa del pueblo. “Estábamos abiertos todos los días del año, salvo un domingo, la fiesta mayor del Cristo de Baladier. Mis padres trabajaban desde las seis de la mañana hasta altas horas de la madrugada. Siempre había gente en casa, por lo que la relación familiar era mínima. Además, solían venir los guardias civiles a tomar algo, por lo que tampoco hablábamos de mi tío”.

Cuando crecieron descubrieron que además de la maleta había una carta dirigida a su familia. Nada de eso ha sobrevivido al paso del tiempo, pero Ma Dolors recuerda de memoria el mensaje de su tío: “Nos han subido a un tren hacia Alemania. No sabemos dónde vamos exactamente. Cuando llegue, os escribiré. Si esta carta llega a buenas manos, mandadla a la siguiente dirección”. La sobrina cree que Jacints lanzó la maleta por la ventana del tren. También asumió que su tío estaba muerto, pues el día que salió de Francia una explosión sepultó un convoy de presos. Este año, la historiadora Ana García-Santamaría contactó con su hija y les comunicó que el archivo de Arolsen guardaba un anillo de su tío. Su sobrina cree que se trata del mismo anillo con el que planeaba casarse con su novia. Ochenta años después, la familia ha recibido con emoción las noticias de su tío desaparecido, aunque todavía quedan muchas incógnitas por resolver. Antes de marchar, Cinto dejó algo de dinero en casa, “para cuando vuelva”. La hermana de Ma Dolors aún guarda los billetes de la república, esperando quizá que un señor vuelva de Francia en busca de la maleta.

Los familiares, unidos en WhassApp

El historiador Antonio Muñoz ha descubierto la carta que mandó un español desde Neuengamme a su familia. En el sobre pueden verse los sellos del Deutsches Reich con la cara de Hitler. Es la única correspondencia conocida en ese campo. El preso se llamaba Pedro Picazo y mandaba saludos a su familia. Su nombre no aparece en la lista oficial del museo, pues es una de las cien personas que solamente tienen número de chapa y la fecha de nacimiento. También ha encontrado el registro de fallecidos de Neuengamme del 1 de enero de 1945, con 22 fallecidos metódicamente apuntados desde las tres y media de la madrugada hasta las 8 de la mañana. A las 5.00 horas escribieron el nombre José Masanell Torrabadella, un catalán de Suria que murió por “debilidad cardiaca”, es decir, por agotamiento. A falta de ayuda institucional, los investigadores como Muñoz han desarrollado el ingenio detectivesco para encontrar nuevas pistas.

Este verano una docena de familias crearon un grupo de WhatsApp y decidieron fundar la nueva Amical de Neuengamme, con miembros de diferentes origen y sesgo ideológico. La asociación, que saldrá a la luz este mes, pretende visibilizar las penurias por las que pasaron. También desearía localizar a más familiares y organizar un homenaje a los deportados el próximo mayo, aprovechando los 75 años de la liberación del campo. En el grupo se preguntan ahora si algún museo o institución estará interesado en exponer los objetos que conservan, como el traje de rayas del padre de Mayu.

Precisamente, el actual cónsul de Hamburgo, Pedro Villena Pérez, asegura a El Confidencial que estará encantado de recibirlos en el campo y confiesa que no tenía constancia de deportados españoles.

La historiadora Ana García logró entrevistar hace pocos meses al nieto de Ernesto Baulo, el fundador de la antigua y extinta Amical de Neuengamme. Igual que tantos españoles exiliados, murió asentado en Francia, donde trabajó como redactor jefe de la revista Hispania. “La inmensa mayoría de nosotros creímos (…) que una vez aplastadas las potencias del Eje podríamos volver al país de origen. Lógicamente debía ser así, pero como en política la lógica no existe, los exiliados españoles continúan veintitrés años después del triunfo de los Aliados errando por los cuatro puntos cardinales del planeta”, escribía en un artículo de los años 60. “Si queremos conocer la historia de esta gente hace falta cruzar datos de archivos internacionales y hacer un seguimiento de cada caso. Ese trabajo no puede depender de personas que trabajan en su tiempo libre, sino de un equipo grande y bien financiado”, reivindica Ana García-Santamaría.

Poco a poco, nombre a nombre, conocemos las vidas de aquellos que, muy a su pesar, escribieron uno de los capítulos más cruentos de nuestra Historia.


Fuente → informeraxen.es

Los franquistas convirtieron la plaza de toros de Valencia en campo de concentración al finalizar la guerra civil.


https://movimientopoliticoderesistencia.blogspot.com/2020/01/los-franquistas-convirtieron-la-plaza.html?fbclid=IwAR3S8L9mqHJ8_vAMH19wUf5fszYBW11qsrxDJv81jiWvebWmwm9yEiEdPn8


SÁBADO, 4 DE ENERO DE 2020


Una foto, solo una foto queda de un hecho desconocido para la mayoría de valencianos. La plaza de toros de la ciudad se convirtió al final de la Guerra Civil Española en un campo de concentración improvisado para opositores del régimen franquista que acababa de vencer en la contienda.

Sucedió en abril de 1939 y, aunque no existe ninguna placa que lo recuerde, la foto que ilustra este artículo muestra el único recuerdo visual que queda de aquella atrocidad: prisioneros hacen cola en el margen derecho de la imagen, mientras decenas de presos se agolpan en los balcones del coso.

«Los detenidos lanzaban a la calle papelitos con su nombre escrito para contactar con sus familias», explica a eldiario.es el historiador Ricard Camil Torres. El periodista Carlos Hernández de Miguel, autor de Los campos de concentración de Franco (Ediciones B, 2019), detalla en ese reportaje que el de la plaza de toros fue uno de los 296 campos que hubo por España en aquel periodo y se calcula que pasaron unas 10.000 personas, todos hombres. La mayoría de los detenidos son combatientes y miembros del Ejército republicano.

¿Qué hacían con los presos en estos campos de concentración? El coronel Antonio Aymat, jefe de la Columna de Orden y Policía de Ocupación de Valencia, proclamó en el diario Avance que los soldados del Ejército de la República debían «pasar por el campo de concentración para ser clasificados».

«Los que estáis en Valencia, debéis acudir a la Plaza de Toros, donde se os dará de comer con rancho en frío y se formarán distintos trenes para trasladaros a los lugares de clasificación», explicaba Aymat en el citado periódico.

Julián Sanz y Mélanie Ibáñez, historiadores, detallan que la capacidad de la plaza se quedó pequeña en apenas unos días y que varios trenes partieron con hasta 6.000 detenidos fuera de la ciudad. Se trató de un campo de concentración provisional y de corta duración; una prisión temporal que supuso el inicio del encarcelamiento y represión para muchos republicanos.

https://valenciasecreta.com/la-plaza-de-toros-de-valencia-un-campo-de-concentracion/

dissabte, 4 de gener del 2020

De la Maternidad de Elne a los campos de concentración extremeños.

https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/de-la-maternidad-de-elne-a-los-campos-de-concentracion-extremenos


PUBLICADO
2020-01-02 12:06

Las instituciones democráticas están obligadas a preservar los lugares de la memoria. En Extremadura aún quedan lugares que no acaban de ser reconocidos como tales, a pesar de que ya existe una ley autonómica al respecto.


El pasado verano la compañía de unos buenos amigos y un anhelo particular me llevaron por les chemins de La Retirada, los senderos y lugares que siguieron entre finales de enero y mediados de febrero de 1939 el medio millón de refugiados españoles que huían del avance de las tropas sublevadas en España tres años antes. El recorrido más entrañable fue el de la Côte Vermeille, la costa situada en la región de la Occitania francesa en los Pirineos orientales, entre Argelès-sur-Mer y la frontera española del Alto Ampurdán. Antes de entrar en Francia visitamos la tumba de Walter Benjamin en Port-Bou y el memorial que, como homenaje, diseñó el escultor israelí Dani Karavan por encargo del gobierno alemán, desde donde se puede observar el mismo mar y el mismo cielo mediterráneo que vio el filósofo antes de suicidarse el 25 de septiembre de 1940, cansado tras siete años de exilio, perseguido por los nazis.
En la lápida que se alza sobre su sepultura se puede leer, en alemán y en catalán, un texto del propio Benjamin, extraído de su Tesis de la Filosofía de la Historia“No hay ningún documento de la cultura que no lo sea también de la barbarie”. 
Aquellas tierras, abovedadas de azul por un único e indivisible cielo que no conoce fronteras, vieron pasar hace poco más de 80 años al que Francia llamó “el ejército de las alpargatas”, hombres, mujeres y niños que, huyendo de la barbarie y creyendo que serían recibidos como los defensores de la democracia, serían tratados muy mal por el Gobierno francés, recluidos en los centres d´hebergement, campos inicialmente de refugiados que después se convirtieron en campos de internamiento, disciplinarios, de castigo y de agrupamiento de trabajadores extranjeros. Dichos centros fueron improvisados sobre las playas, entre las alambradas y el mar, establecidos en cuarteles, fortalezas templarias o levantados en el interior de algunos pueblos, a modo de zoológico con sus jaulas, a donde muchos franceses acudían con sus hijos e hijas para ver a les démons rouges, nombre dado por El Vaticano para calificar a los republicanos españoles, cuyos máximos representantes, con el papa Pío XI a la cabeza, habían aconsejado que no se enterrara en los cementerios franceses a los exiliados fallecidos en los campos. Muchos niños y niñas se sorprendían al ver que aquellos demonios no tenían rabo.
Los campos de concentración creados en Francia en connivencia con el nazismo, en los que fueron encerrados entre otros los exiliados de la guerra civil española, fueron improvisados sobre las playas, entre las alambradas y el mar, en cuarteles, fortalezas templarias o en el interior de algunos pueblos
El primero en levantarse fue el de Argelès-sur-Mer. Llegó a albergar hasta 80.000 personas en calidad de prisioneros. Los refugiados tenían que hacer agujeros en la arena y enterrarse en ella para protegerse del frío, de la lluvia y del terrible viento de la Tramuntana. Entre los muchos poetas que nos dejaron testimonio vivo de aquel campo y de las penurias en él pasadas está el olvidado Agustí Bartra y su Cristode los 200.000 brazos.
Ahora, tanto tiempo después, los veraneantes comen moules frites en los chiringuitos y disfrutan del sol en primera línea de playa, justo donde se situaba la conocida Avenue Deladier, la franja paralela a la orilla del mar destinada a letrina colectiva, bautizada con el nombre del entonces Primer Ministro,  Édouard Deladier, jefe del Gobierno francés, del Partido Radical Socialista (centro-izquierda), quien no tardaría en reconocer al Gobierno de Franco y mandar como embajador a España a Petain, significado y leal colaboracionista de la Alemania nazi. Los olores de entonces, en aquella kilométrica letrina bañada con la marea de la tarde, no tenían nada que ver con los de la brisa marina que ahora amodorra a los despreocupados bañistas que toman el sol tumbados sobre sus toallas. Agustí Bartrá dejó escrito lo que solían cantar mientras hacían sus menesteres frente al mar:
Si me quieres escribir,
ya sabes mi paradero:
en el campo de Argèles,
primera línea de mierda…
A este campo le sucedieron otros muchos, donde los españoles fueron apriscados como ganado durante más de un año. Los mismos refugiados señalan que eran clasificados en machos, hembras y crías. El 9 de marzo de 1939, la Comisión de Hacienda presentó a la Cámara de Diputados Francesa el Informe Vallière, donde se señalaba que en ese momento había en el sur de Francia 440.000 refugiados españoles. De ellos, 68.000 eran niñas y niños.
A la entrada de las playas, donde se situaba el acceso a los campos, siempre suele haber un monumento, una placa, algún humilde memorial. Son los lugares de la memoria, Les Lieux de Mémoire, nombrados así por el historiador francés Pierre Nora y que forman parte de la identidad francesa, en este caso una forma de evidenciar de modo arquitectónico y monumental la vergüenza que debe sentir todo francés al recordar la humillación a que sometió su Gobierno a los refugiados españoles que huían del fascismo: todo documento de la cultura lo es también de la barbarie.
En ese momento había en el sur de Francia 440.000 refugiados españoles. De ellos, 68.000 eran niñas y niños
Muy cercana a la playa de Argelès-sur-Mer está la Maternidad Suiza de Elna. Una carreterita apenas transitada, sendereada de villas típicas del Rosellón francés, conduce a un edificio precioso que parece salido de un cuento de hadas. Se ha escrito mucho y se sigue escribiendo sobre la Maternidad de Elna, el hogar para mujeres embarazadas que abrió Elizabeth Eidenbenz (conocida por las españolas como la señorita Isabel), con ayuda de la Cruz Roja Suiza. El 7 de diciembre de 1939, hace ahora 80 años, nació el primer bebé. Desde aquel día y hasta 1944, fecha en que fue ocupada por los nazis, nacieron 597 niños y niñas, en un primer momento de madres españolas de los campos de refugiados cercanos (Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Barcarès y Rivesaltes), y después de madres judías perseguidas por los nazis y las milicias francesas colaboracionistas.
En las referencias sobre este lugar destaca el libro La Maternidad de Elna, de Assumpta Montellà i Carlos, algunos catálogos esenciales, como el de Alicia Alted Vigil y Dolores Fernández Martínez, Tiempos de exilio y solidaridad: la Maternidad Suiza de Elna (1939-1944), y el excelente volumen de Tristan Castanier Femmes en exil, mères des camps: Elisabeth Eidenbenz et la Maternité Suisse d'Elne (1939-1944). A los documentales se suma La luz de Elna, película de 2017 dirigida por Silvia Quer.
La Maternidad de Elna fue el oasis de paz en medio del infierno del exilio republicano y la ocupación fascista de Francia. Eduardo Pons Prades recogió en su libro Los niños republicanos el testimonio de muchos exiliados en los campos franceses. Las autoridades galas prohibían actuar a los centenares de médicos españoles que se encontraban entre los mismos refugiados. En el campo de Gurs, donde estaban recluidos los interbrigadistas, no había a mediados de marzo ni un termómetro. Las enfermedades que diezmaban a los españoles eran la disentería, la neumonía, la fiebre tifoidea, la tuberculosis y en algunos casos la lepra. También hubo casos de tiña y sarna, y era muy frecuente la ulceración de la piel, la inflamación de los ojos y la garganta debido a las tempestades de arena que la Tramuntana originaba. En aquellas condiciones, el 95% de los niños y niñas que nacía en los campos no sobrevivía a los primeros días de vida. 
Las autoridades galas prohibían actuar a los centenares de médicos españoles que se encontraban entre los mismos refugiados
En el catálogo de la UNED, editado por Alicia Alted Vigil y Dolores Fernández Martínez, encontramos las declaraciones de Nicolás García y Annie Pezin (La maternidad suiza, un deber de memoria). Nicolás García, nieto de republicano español preso en Argelès, fue alcalde de Elna durante 13 años, entre el 2001 y el 2014. Su alcaldía le permitió llevar a cabo todas las acciones posibles para que el castillo Bardou, el palacete de tres plantas comprado por quienes no conocían que aquello había sido una maternidad que salvó la vida de 600 niños, se viniera abajo, fuera derruido o condenado al olvido.
Cuando Nicolás García asumió la alcaldía de Elna no sabía nada de lo que había ocurrido en aquel palacete donde solía jugar con otros niños del pueblo durante su infancia. La Maternidad había sido cerrada y requisada por los nazis, quienes se instalaron en ella entre abril de 1944 y mayo de 1945. Después se había ido deteriorando poco a poco, abandonada a su suerte, convertida en palomar para los cazadores y lugar de saqueo. A principios de los años 90 una parte del edificio se derrumbó. Se hubiera venido abajo del todo si no la hubieran comprado un matrimonio que tampoco conocía su pasado. Finalmente, el interés de quienes habían nacido allí (decenas de mujeres descendientes de españolas llevaban el nombre de Elna), unido al tesón del alcalde, lograron que el edificio fuera comprado por el municipio, que tardó poco en restaurarlo y abrirlo al público tal y como en su día estaba.
Cuando Nicolás García asumió la alcaldía de Elna no sabía nada de lo que había ocurrido en aquel palacete donde solía jugar con otros niños del pueblo durante su infancia
En palabras del alcalde Nicolás García, extraídas del catálogo de Alted y Fernández, el proyecto de la Maternidad Suiza de Elna se sustenta sobre cuatro pilares:
La memoria,con un espacio dedicado a la historia de Elisabeth Eidenbenz y del edificio como oasis en medio de la guerra.
Los archivos,como un centro de recursos dedicado a la maternidad.
La educación y la reflexión, como un lugar de acciones pedagógicas, punto de encuentro, investigación sobre lo que tiene que ver con los Derechos Humanos.
La vida y la acción, convirtiendo parte del lugar en un albergue humanitario para madres con niños en cortas estancias de rehabilitación, con el fin de intentar ayudarles a recuperarse de situaciones familiares o sociales muy difíciles.
El tesón de este alcalde y de la asociación DAME (Descendientes y Amigos de la Maternidad de Elna), hizo que en abril de 2012 la Maternidad fuera inscrita como Monumento Histórico por la CRPS (Comisión Regional de Patrimonio Histórico), a título de Memorial. Posteriormente, en 2013, la CNMH (Comisión Nacional de Monumentos Históricos) le otorgó la calificación de Monumento Histórico, dándole la categoría de nacional e internacional.
Como afirma Nicolás García, “en la red de la memoria tenemos que ser los testigos en vez de ser conservadores”. Y como se dice en el mismo catálogo, más adelante, el concepto de “lugar” es más amplio que el de monumento.
No hace falta ir tan lejos para encontrar lugares de memoria. De tarde en tarde suelo pasear por la carretera del canal que va desde Montijo hacia Torremayor, en la provincia de Badajoz. En la margen izquierda quedan los restos de lo que fue la 2ª Agrupación de las Colonias Militarizadas de Montijo, un eufemismo para denominar el campo de concentración fascista para presos republicanos entre 1939 y 1946. Cerca de 1.500 de los llamados esclavos de Franco llegaron a estar recluidos, trabajando en la construcción del canal en condiciones infrahumanas. Un camino, denominado de las colonias, recuerda el trasiego de aquellos presos.
En Montijo quedan los restos de lo que fue la 2ª Agrupación de las Colonias Militarizadas de Montijo, un eufemismo para denominar un campo de concentración fascista para presos republicanos entre 1939 y 1946. Cerca de 1.500 de los llamados esclavos de Franco llegaron a estar recluidos allí
Sin embargo, el lugar sigue siendo de propiedad privada y es imposible el acceso. Varios mastines custodian la entrada. Han sido numerosas las personas a título particular y asociaciones o partidos políticos a título colectivo –desde Izquierda Unida, Podemos y la Asociación para la Recuperación de Memoria Histórica de Extremadura (ARMHEx)- los que han pedido que sea declarado lugar de memoria. El último intento parecía ser el definitivo. El 6 de octubre de 2016, el Pleno de la Asamblea de Extremadura aprobó con los votos a favor de PSOE y de Podemos, y con la abstención de PP y Ciudadanos, instar a la Junta de Extremadura para que se declarara el conjunto Bien de Interés Cultural, con categoría de Sitio Histórico.
A día de hoy y a pesar del tiempo transcurrido dicha petición está varada en el puerto del olvido. En la Junta nadie sabe nada, y el Ayuntamiento de Montijo, por lo que le toca, accede únicamente a poner una sencilla placa de reconocimiento –que no acaba de poner- en un parque abandonado, apenas transitado, lejos de un lugar céntrico como es la plaza del pueblo, remodelada hasta la saciedad, donde hay diversas placas que señalan el carácter histórico de la casa consistorial y de la Casa del Navegante. Ninguna de ellas indica que esos lugares sirvieron de cárcel de donde salieron muchos de los 120 montijanos y montijanas republicanos para ser asesinados por los fascistas a partir de septiembre de 1936. Ninguna hablará en la plaza del pueblo a sus propios vecinos y vecinas de los presos de las colonias. No se hará pedagogía con la memoria.
Este campo de concentración extremeño sigue siendo de propiedad privada y es imposible el acceso. Varios mastines custodian la entrada. Y aunque se aprobó instar a la Junta para que se declarara el conjunto Bien de Interés Cultural, la Junta no lo ha hecho.
Salvo honrosas excepciones, da la impresión de que la memoria histórica a veces es incómoda para quienes están obligados a salvaguardarla, a pesar de que hace ya meses que entró en vigor la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Extremadura (BOE de 13 de febrero de 2019), en cuyo articulado se establece todo lo referente a los llamados lugares de memoria (Capítulo III). A menudo la Ley sólo echa a andar cuando son asociaciones o personas quienes exigen e insisten en su desarrollo, y no las mismas instituciones municipales o autonómicas, que es de quienes debería partir la iniciativa. Acontece por lo general como en el caso de Montijo, donde no existe la más mínima referencia espacial a lo que sucedió en el pueblo durante la Guerra Civil y durante la posguerra (salvo un monolito en el cementerio) y donde, de ponerse alguna placa, se hará en un lugar apartado. Parece que a la corporación municipal, actualmente del PSOE, le da reparo recordar la historia y a los paisanos que defendieron la legalidad democrática, como si temiera ofender, tantos años después, a quienes todavía siguen justificando a los asesinos o quitándole hierro a los crímenes que cometieron, quienes no mostraron jamás ningún gesto de paz, piedad o perdón.
A menudo la Ley sólo echa a andar cuando son asociaciones o personas quienes exigen e insisten en su desarrollo, y no las mismas instituciones municipales o autonómicas, que es de quienes debería partir la iniciativa
Desde la carretera del canal de Montijo se puede ver tras las colonias, todavía, la hilera de eucaliptos que a principios de los 40 del pasado siglo sembraron los hermanos Demetrio y Francisco Luengo Bote, presos republicanos nacidos en Logrosán que se dedicaban a mantener la granja agrícola que abastecía al campo de concentración. Forman parte del lugar, de la memoria, aunque la vista del paseante no conozca que son también, como dijo Walter Benjamin, signo de la barbarie. Al mismo tiempo que Elisabeth Eidenbenz salvaba la vida de 600 niños en cunas improvisadas con cajas de tomate en la Maternidad Suiza de Elna, en un lugar hoy reconocido que sirvió como oasis de paz a cientos de mujeres (así lo definió ella misma cuando recibió la Medalla de los Justos), en Montijo se levantaban los muros de un campo de concentración sólo para hombres, esclavizados y torturados durante siete años. La Maternidad es un lugar preservado por la memoria; el campo de concentración parece estar preservado por el olvido.
Como escribió Walter Benjamin en el ensayo de donde se extrajo su epitafio, “el pasado lleva un índice oculto que no deja de remitirlo a la redención. ¿Acaso no nos roza, a nosotros también, una ráfaga de aire que envolvía a los de antes? ¿Acaso en las voces a las que prestamos oído no resuena el eco de otras voces que dejaron de sonar?”
Hacer oídos sordos a tales voces es traicionar a la historia de quienes murieron por dar la alerta frente a la barbarie.

2 DE GENER DE 1940 El règim franquista anuncia el tancament del camp de concentració d'Horta.

https://www.elnacional.cat/ca/efemerides/marc-pons-regim-franquista-anuncia-tancament-camp-concentracio-horta_456324_102.html


Marc Pons
Foto: Diputació de Barcelona
Barcelona. Dijous, 2 de gener de 2020
1 minut



Tal dia com avui de l’any 1940, fa 80 anys, en el context dels mesos immediatament posteriors a l’ocupació franquista de Catalunya i a la conclusió de la Guerra Civil espanyola (1936-1939), el capità general Orgaz Yoldi —que es feia anomenar Jefe de los Servicios de Ocupación— ordenava la clausura del camp de concentració d’Horta, a Barcelona, la dispersió dels seus reclusos i la seva definitiva “clasificación en función de sus responsabilidades. Aquell camp va ser situat als pavellons en construcció que, posteriorment, serien les Llars Mundet “que solo están empezados e inservibles (...) por tanto, casi inhabitables”. Va ser amb el Palau de les Missions de Montjuïc i la Fàbrica de Cànem del Poble Nou, un dels tres grans camps de la ciutat.
La població reclusa d’aquell camp estava formada, bàsicament, per presoners de guerra republicans; i en menor mesura per persones que havien comès alguna acció “indecorosa (com per exemple “no saludar al paso de la bandera”); o exiliats que havien retornat confiant que “la justícia de Franco”, tal i com divulgava la propaganda franquista, els acolliria com “hijos pródigos que regresan a la Patria”. La investigació historiogràfica revela que els reclusos d’aquell camp malvivien en condicions infrahumanes, mentre esperaven que l’aparell repressiu del règim els redirigís als Batallones de Trabajo dispersos arreu del territori estatal. En alguns casos se’ls va dirigir a camps de concentració de la França ocupada i l’Alemanya nazi.
El camp de concentració d’Horta i els altres vint camps a Catalunya o els més de cent seixanta a la resta de l’estat espanyol estaven inspirats en els camps de concentració alemanys habilitats pel règim nazi abans de l’esclat de la II Guerra Mundial (1939-1945). Alguns historiadors han assenyalat Paul Winzer, cap de la Gestapo a Espanya, com l’arquitecte dels camps de concentració franquistes. La funció d’aquests camps era la de disposar de mà d’obra esclava per a construir obres civils (preses d’embassaments, canals, línies de ferrocarril o aeroports); retenir, investigar, classificar per responsabilitats  i adoctrinar els presoners; i afusellar aquells que l’aparell repressiu franquista considerava “irrecuperables”.

Las asociaciones memorialistas de Aragón consiguen exhumar a 42 víctimas del franquismo en 2019


https://www.aragondigital.es/2019/12/30/las-asociaciones-memorialistas-de-aragon-consiguen-exhumar-a-42-victimas-del-franquismo-en-2019/




Las exhumaciones se han llevado a cabo en nueve fosas comunes
Las asociaciones memorialistas de Aragón han llevado a cabo una campaña de exhumaciones en el territorio aragonés durante 2019 y, aunque algunas de ellas han resultado por el momento fallidas, como los casos de Malpica de Arba u Orés, han podido excavar nueve fosas comunes y exhumar a un total de 42 víctimas de la represión franquista.
El día 14 de diciembre, un equipo multidisciplinar compuesto por los arqueólogos Javier Ruiz y Nacho Piedrafita y la historiadora Cristina Sánchez y varios voluntarios inició los trabajos arqueológicos de localización de una fosa común en el cementerio de Malpica de Arba, antiguo municipio de las Cinco Villas que desde 1970 forma parte de la localidad de Biota (Zaragoza).
Esta intervención corre a cargo de la Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido (Arico) y del Colectivo de Historia y Arqueología Memorialista Aragonesa (Chama), contando con la colaboración de la Asociación Batallón Cinco Villas y la Asociación Charata de Uncastillo. Ha sido financiada gracias a una subvención concedida a Arico por la Comarca de Cinco Villas, contando en todo momento con la total colaboración del Ayuntamiento de Biota.
Resultados de la campaña
En primer lugar, se ha trabajado en la investigación histórica y la documentación de una serie de muertes violentas mediante la consulta documental en diversos archivos y Registros Civiles, así como con la recogida de testimonios orales. En este caso resultaba necesaria esta investigación previa, pues el Mapa de Fosas de Aragón (www.sipca.es), elaborado por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón entre los años 2007-2010, no recoge esta fosa común.
A raíz de testimonios orales recogidos se establecieron dos posibles puntos para la localización de la fosa común. En primer lugar, los familiares la situaban en el interior del cementerio de Malpica de Arba, junto a la caseta ubicada en la esquina suroeste del mismo. Por otra parte, el testimonio oral de un testigo directo de los fusilamientos lo situaba en el exterior del camposanto, cerca de su esquina nordeste.
Los trabajos de campo se han llevado a cabo de manera ininterrumpida entre los días 14 a 21 de diciembre de 2019, hasta que las condiciones meteorológicas adversas impidieron continuar. En este tiempo se han realizado cuatro sondeos manuales y con metodología arqueológica dentro del recinto del cementerio, tanto en la zona señalada por los testimonios familiares como en otros puntos del pequeño camposanto. Todos los sondeos han dado resultado negativo, ya que únicamente se han detectado enterramientos ordinarios en ataúd y sin evidencias óseas de muerte violenta.
Debido al testimonio que situaba el enterramiento clandestino en las tapias del cementerio, cerca de la esquina nordeste del mismo, en esta zona se realizó una excavación en extensión de una superficie de aproximadamente 300 metros cuadrados, dando también resultado negativo. Aquí se realizó una excavación mecánica con una excavadora mixta con cazo de limpieza bajo supervisión arqueológica, documentándose únicamente estratos geológicos no alterados por la acción humana.
Resultados de 2019
Este mismo equipo ha dado por finalizada en Malpica de Arba la campaña de exhumaciones de fosas comunes del presente año. Desde el verano han trabajado para diferentes asociaciones memorialistas (Arico, Asociación Batallón Cinco Villas, Asociación Charata de Uncastillo, Colectivo de Historia y Arqueología Memorialista Aragonesa, Círculo Republicano de Huesca y Pozos de Caudé) en ocho intervenciones en diferentes puntos de la geografía aragonesa como el cementerio de Pomer (Zaragoza), el cementerio de Las Mártires de Huesca, el cementerio municipal de Alcañiz (Teruel), el cementerio viejo de Orés y el cementerio de Malpica de Arba en las Cinco Villas.
Todas estas intervenciones han sido posibles gracias a las subvenciones concedidas a estas asociaciones memorialistas por parte de la Diputación Provincial de Zaragoza, la Diputación Provincial de Huesca o la Comarca de Cinco Villas; además de por la colaboración de los diferentes ayuntamientos implicados, así como por la adjudicación por parte del Ministerio de Justicia de un contrato menor directamente a un miembro de este equipo para la localización de fosas en el cementerio municipal de Alcañiz.