dijous, 13 d’octubre del 2022

El relojero de Langreo, una vida clandestina bajo el franquismo

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El ugetista Andrés Arcos vivió ocho años con la identidad falsa de Vicente Quílez en Asturias porque le buscaban en La Mancha para matarlo

Arcos en su taller de relojería, antes de la guerra.

Arcos en su taller de relojería, antes de la guerra. /FAMILIA ARCOS

Fueron decenas los asturianos que pasaron por el campo de concentración francés de Argelès-sur-Mer, donde languidecieron cientos de miles de republicanos exiliados tras la derrota de 1939. Ahí están el ugetista Eduardo Fernández, (consuegro de Belarmino y Pura Tomás), el poumista langreano Ignacio Iglesias Suárez, el cenetista (y héroe de la Resistencia francesa) gozoniego Cristino García, los comunistas Juan Ambou y Aquilino Gómez, el pintor y dibujante gijonés Germán Horacio o el poeta llanisco Celso Amieva, que se refirió a aquella atroz lengua de playa como "este sin piedad limbo de arenisco".

El memorial que recapitula en esta pequeña ciudad del Rosellón la peripecia de los republicanos cuenta como gestora con la agente cultural parisina Olga Arcos, antigua asesora y consejera en el Parlamento europeo, el Senado y la Asamblea nacional franceses, muy interesada en la historia de la guerra y el exilio republicano, de la represión franquista y la recuperación de la memoria democrática. Todo ello por razones familiares. Y es que es nieta de Andrés Arcos (1902-1981), un republicano exiliado en Francia que tuvo una especial relación con Asturias. Acabada la guerra, este dirigente de UGT y del PSOE albaceteño, organizador del levantamiento de 1934 en la capital manchega, vivió en Sama de Langreo y Mieres, junto a su mujer y sus hijos, bajo la identidad falsa de Vicente Quílez Navarro, con el apoyo de los socialistas de las Cuencas. Arcos era relojero, y de los buenos, por lo que pudo ganarse la vida, aunque a finales de 1948 tuvo que huir a Francia ante el riesgo de ser detenido.

De aquellos tiempos duros se acuerda su hijo, Andrés Arcos Sánchez (1939), residente hoy Perpiñán, delegado de UGT y uno de los organizadores del crucial congreso socialista de Suresnes. Era solo un niño en aquel entonces. Hoy, a sus 83 años, recuerda sobre todo la exposición de los cadáveres de guerrilleros por las calles de Sama y el hambre de la postguerra.

Andrés Arcos hijo aprendió de su padre la solidaridad, y también la minuciosidad del oficio de relojero. Su padre pertenecía a la pequeña burguesía albaceteña y tenía una relojería en la calle Mayor, la gran arteria de la capital manchega. A principios de los años veinte, le llamaron a filas, al Regimiento del Rey, y terminó en el norte de África, donde acabó pasando dos "milis" a pesar de haber pagado por servir solo diez meses. "Se oponía a la injusticia y eso le valió que le alargasen el servicio militar, ya era un rebelde", cuenta su hijo. De ahí que cuando regresó, en 1925, se afiliase a las Juventudes Socialistas, a UGT y más tarde al PSOE. "Hizo lo del 34 y lo pagó caro. Organizó la entrega de armas. Fue a buscarlas a Éibar y las guardó en su almacén. Pero hubo un chivatazo y terminó detenido. Le dieron bastantes palizas, le condenaron a muerte, pero revisaron su caso y le rebajaron la pena a una larga condena de cárcel", explica Andrés Arcos hijo.

"La Policía envió su camisa llena de sangre a su madre, lo que la mató en el acto. Él inició luego una huelga de hambre, en protesta por la mala calidad y la escasez de la comida en la cárcel, que duró 17 días. La dejó a petición de su abogado, José Prat (diputado socialista por Albacete), que temía que acabase muriendo", cuenta. Entre todo este sufrimiento hubo sin embargo un episodio feliz, ya que Andrés Arcos conoció a la que un año después sería su esposa, Mariana Sánchez Puchades, hija de ferroviarios de Alcázar de San Juan. Como cuenta ella misma en una pequeña biografía, tenía 17 años y acudió con una amiga a visitar al padre de ésta, encarcelado, "por simpatía por la causa".

Con el triunfo del Frente Popular, Andrés Arcos quedó libre. España se deslizaba de forma inexorable hacia la guerra civil, con una violencia incesante. Como indica Elena López Martínez en El Babel de La Mancha, el 16 de marzo del 36 se produjo uno de los episodios más "candentes", "cuando desde los locales de Acción Católica en la calle Gaona se abrió fuego contra Arturo Cortés (azañista y primer gobernador civil de Albacete en la República) y Andrés Arcos (ugetista y afiliado de la Federación Provincial Socialista de Albacete). Al día siguiente la izquierda protestó contra estos atentados en una manifestación reprimida por la fuerza pública, lo que encendió todavía más los ánimos de los más exaltados que acabaron prendiendo fuego, entre otros sitios, a la iglesia de San Juan Bautista, actual catedral".

Durante la guerra, Arcos fue concejal de Albacete y formó parte del Tribunal de Urgencia en representación del PSOE hasta que se incorporó al Cuerpo de Carabineros, en la jefatura de Transportes en Murcia. "Su principal tarea era la vigilancia de las carreteras y contaba que tuvo mucho que intervenir. Albacete era la base de las Brigadas Internacionales. André Marty, el comunista mandando a España por Stalin, le dio mucho que hacer", rememora su hijo.

Durante la guerra, en el 37, nació su hija Juanita. Albacete sufrió hasta diez bombardeos por parte de los nacionalistas, uno de los cuales, el 19 de febrero de 1937, dejó 150 muertos. Con Mariana de nuevo embarazada, y en pleno hundimiento del régimen republicano, la familia tuvo que huir a Valencia, a casa de parientes, y donde nació Andrés hijo el 22 de marzo de 1939, solo una semana antes de la entrada de las tropas franquistas en la capital levantina. Urgía huir, puesto que, casi con toda seguridad, Arcos sería llevado ante el pelotón de fusilamiento. Sin embargo, se produjo algo crucial.

Mariana lo contaría luego en su memorial: "Teníamos que partir en el barco a las tres de la tarde, pero yo no pude, por las consecuencias del parto. Cuando mi marido vio a su pequeño hijo, se echó a llorar, porque sabía que el futuro que podía darle no era muy alegre. Renunció a embarcarse y se quedó con nosotros en Valencia. Mi tía (Esperanza, que acabaría en un campo de concentración francés) cogió el barco y me dejó con una sirviente para ayudarme y algo con lo que vivir por dos o tres meses". Comenzaba así una peripecia de incertidumbre y miedo que se prolongó nueve años. Tres meses después del fin de la guerra, cuenta Andrés Arcos hijo, su padre se refugió en el consulado de Suecia en Valencia, pero tuvo que huir cuando el nuevo gobierno comenzó a presionar para desocupar las legaciones diplomáticas.

Un primo valenciano de Arcos le facilitó su nueva identidad, la de Vicente Quílez Navarro, también una cartilla de racionamiento y un salvoconducto, con el que inició "su peregrinaje", primero al País Vasco, a San Sebastián y Éibar, luego a Asturias, recalando primero en Mieres. La familia le siguió poco después. En la capital del Caudal se dedicó a su oficio de relojero, pero un problema con su patrón le obligó a marcharse a Sama de Langreo.

ESTANCIA EN MIERES

"Me acuerdo de Asturias como si fuese ayer, no había coches, los chiquillos estábamos en la calle. Hasta que alguien se preguntó por qué no íbamos a la escuela. Recuerdo haber ido a dar clases a casa, creo, de una hermana de Manuel Llaneza. También de ver bajar del monte a los maquis muertos. Los exponían en la calle dos o tres días, como escarmiento. También me acuerdo de que los maquis mataron en revancha a un hombre, "El Pantuso". Incluso hice de correo, sin saberlo, con seis años. Me acuerdo de haber llevado un sobre con dinero a un capataz de la mina, mes y medio antes de que mi padre se marchase. Creo que era para la caja de resistencia. En el 47 la cosa se puso muy caliente. Mi padre no pudo más que reunir lo que pudo y marcharse a Francia. En Asturias lo pasó muy mal. No hizo más que perder peso", relata Andrés Arcos hijo.

Recuerda a su padre siempre con su maletín de relojero, que fue el que le permitió ganar un exiguo sueldo durante aquellos de hambre. Su esposa Mariana, diría más tarde que no habían pasado hambre, que ella había arrimado el hombro con trabajos de costura. "De lo que más me acuerdo es de un muñeco mecánico que me hizo mi padre. Otro día fuimos los dos en bicicleta a Sotrondio y arregló un reloj de campana de esos grandes, me dejó impresionado. Era un excepcional relojero. Podía desmontar un reloj y volver a montarlo con los ojos cerrados, como si no fuese nada. Si algo aprendí de él fue la puntualidad y cumplir con la palabra dada", cuenta el hijo. "Las pasamos canutas. Mi padre era deportista, delgado, y eso le ayudó a soportarlo. Hemos pasado hambre. Nos ha faltado de todo. Mi padre era fumador y sufría por no poder fumar, porque no tenía dinero para tabaco, hasta el punto de que desarrolló una úlcera de estómago, que tuvieron que traerle de Bélgica unas pastillas. El sufrimiento le comió por dentro. Que no pudiésemos ir a la escuela, que pudiesen ir a por él en cualquier momento... Tuvo mucha suerte. Fueron a por él en Valencia, y después en Alcázar de San Juan, a casa de mis abuelos".

Vicente Quílez/Andrés Arcos puso un anuncio en "El Socialista" años después, en 1957, preguntando por un compañero de Sama, Restituto Varillas. Andrés Arcos hijo, a través de amigos masones (como él) de Gijón, ha podido saber que Varillas era un maestro con el que su padre debió cruzó la frontera camino de Francia, a finales de 1948, una empresa de lo más arriesgado en aquellos tiempos. Fue primero a San Sebastián y el 17 de diciembre de ese año logró cruzar la frontera por Elizondo (Navarra). Llegó a Bayona y después a Lyon, donde trabajó en una fábrica. A las dos semanas arribó a París, donde se estableció trabajando en la Casa M. Henri de La Roque, en el 13 de la calle de Béarn, por más de 22 años. No abandonó su militancia política y perteneció a las secciones de la UGT y del PSOE de París (Seine), representando a esta última como delegado suplente en el VII Congreso del PSOE en el exilio celebrado en 1958. "Cuando llegó a París tuvo que hacerse reconocer por los que ya estaban allí. Los diputados exiliados Eduardo Martínez Hervás y Maximiliano Martínez constataron que efectivamente se trataba de Andrés Arcos y pudo regresar a la UGT y al PSOE", explica su hijo. La familia que había quedado en Asturias se reunió con él un poco más tarde. Según su hijo, tuvo que reclamarlos a través de la ONU.

En Francia, padre e hijo vivieron vidas de militantes. "Vivíamos ocho en dos habitaciones en París. Aún así, mi padre acogía a todo el que llegaba de España, siempre había un plato dispuesto y le daba tabaco y dinero. Esa solidaridad la he aprendido. Decía: ‘Prefiero equivocarme que cometer un error’, un pensamiento socialista. Pero mi padre tuvo que sufrir en Francia mucho racismo", explica. De lo que pasó en España, su padre tenía una visión muy concreta. "Era un soñador, un idealista. Pero los que como él perdieron la guerra habían perdido el sentido de la realidad. Eran incapaces de ver otra cosa que el ideal, la República, la tierra para quien la trabaja. Aquella guerra se podía haber evitado. Podíamos haber ganado de otra forma. Tuvieron que decir adiós a su vida anterior", indica.

Andrés Arcos hijo siguió los pasos de su padre: con 14 años entró en las Juventudes Socialistas, con 16 en la UGT, con 20 en el PSOE. En París, compartió militancia con figuras como Carmen García Bloise o Fernando Gutiérrez. De aquellos primeros años en Francia recuerda sobre todo los llamados campos escuela, donde recibió educación política por parte de personalidades esenciales del socialismo, como Indalecio Prieto, Belarmino Tomás o Rodolfo Llopis. "Venían asturianos, andaluces, entre ellos Felipe González, Alfonso Guerra, Yáñez", evoca.

En esos campamentos les enseñaban a trabajar en la clandestinidad, y recuerda algunos viajes a Bilbao desde Biarritz para dejar propaganda, que dejaban volar a la llegada de algún autobús. "No nos pillaban. A los comunistas les gustaba que les pillasen", asegura. La familia Arcos terminó instalándose en Suresnes, en el área metropolitana de París, y Andrés hijo, secretario de organización de la Agrupación de Francia Norte, tuvo un papel crucial en la organización del famoso congreso socialista que encumbró a Felipe González. Fernando Gutiérrez, presidente de honor de la Agrupación Socialista de París, lo explicaba hace unos años: "Nos tocó la organización del XIII Congreso, el famoso congreso de Suresnes. Con la ayuda de compañeros del Partido Socialista Francés, como Robert Pontillon, alcalde de la ciudad de Suresnes, y Pierre Mauroy, secretario del Partido Socialista Francés. La colaboración de los hermanos Andrés y Juanita Arcos nos fue muy eficiente. Toda la Agrupación se volcó para ayudar, cosa que nos parecía normal y natural".

A finales de los sesenta y principios de los setenta, a Andrés Arcos hijo también le cupo entrar de forma clandestina para reorganizar el PSOE en la zona de Levante. "Un gran amigo de mi padre, Justo Martínez Amutio, que había sido gobernador civil de Albacete durante la guerra civil, me dio las llaves, los contactos para reorganizar a los socialistas de Valencia y Albacete", cuenta. Se acuerda de aquellas reuniones de "barbudos" en casa de su suegra, en los estertores del franquismo.

Andrés Arcos padre regresó a España antes de la muerte de Franco, para cuestiones de herencias. Iba también de vacaciones a aquella España que poco tenía que ver con la que había dejado años atrás. A donde nunca regresó fue a Asturias, la tierra en la que vivió durante ocho años bajo una identidad falsa, siempre con la espalda abierta por el temor a ser descubierto, pero que le permitió sobrevivir cuando era buscado al otro lado de España.

Lucas Marco: “No s’exhumarà mai, l’última fossa”.

 https://www.vilaweb.cat/noticies/lucas-marco-mai-no-sexhumara-lultima-fossa/


Entrevista al periodista i escriptor Lucas Marco, que acaba de publicar un recull d'articles sobre memòria històrica al País Valencià


Autòpsia d’un país (Sembra Llibres) és un artefacte literari que explica la major part de les intervencions en matèria de recuperació de la memòria que s’han fet aquests darrers anys al País Valencià. L’autor és Lucas Marco, llicenciat en sociologia i ciències polítiques, i màster en història contemporània i món actual. Treballa de periodista a la delegació valenciana d’Eldiario.es i és allà on ha publicat aquests reportatges.

Al llibre, hi juga un paper molt destacat i central tot allò que té a veure amb les exhumacions de fosses d’afusellats i represaliats pel franquisme. Perquè és la part més vistosa, la més dura del punt de vista humanitari, però també perquè és en aquest període quan han culminat processos començats uns quants anys enrere. Hi ha tantes fosses, al País Valencià!

Amb tot, s’hi parla de com van ser els primers anys del franquisme, quan el règim encara mantenia relacions amb el nazisme, o qui van ser els protagonistes de la repressió encarnada en la brigada político-social.

Les autòpsies es fan als cossos morts. El nostre país és mort?
—No és mort, però al llibre hi destaca molt la part forense, tot el procés de l’exhumació de les fosses. Hi ha una anàlisi sobre com la repressió franquista ha afectat unes quantes generacions al País Valencià. Una psiquiatra francesa, Janine Altounian, d’origen armeni, ha analitzat com el trauma de la violència política, sobretot l’exercida en massa, afecta unes quantes generacions. No solament la de les víctimes.

Continuant amb l’analogia, el periodista és el forense de la societat?
—El periodista no deixa de ser-ne el cronista. Podríem dir que els forenses serien els estudiosos que aporten noves claus i noves investigacions sobre com va ser la repressió franquista al País Valencià. Per exemple, es nota molt en qüestions de gènere i repressió franquista, o un reportatge sobre un estudi que va fer el catedràtic emèrit de la Universitat d’Alacant Glicerio Sánchez Recio sobre la depuració del Tribunal Suprem en la postguerra. Són aspectes que quedaven un poc coixos. I crec que és important que el periodisme en faça un seguiment i conte totes aquestes novetats bibliogràfiques que moltes vegades queden en l’àmbit acadèmic o de la universitat.

El llibre el conformen tot d’articles i reportatges publicats al vostre diari, però llegits l’un darrere l’altre dibuixen un país que no té ganes de morir-se, però sembla que va amb respiració assistida.
—És evident la influència negativa del franquisme. En qüestions com ara les fosses, que era una qüestió pràcticament humanitària, hi havia una pressa, en sentit biològic i genètic, per a fer les exhumacions. I, per una altra banda, hi ha una fornada de nous investigadors interessats en aspectes que potser per la dificultat d’accés als arxius havia quedat un poc desdibuixada. Per exemple, la violència durant la transició, alguns aspectes de la repressió franquista com la brigada político-social de la policia. Crec que és important de divulgar els estudis, les investigacions, les noves tesis doctorals. Crec que és positiu perquè, malgrat els impediments per a accedir a la documentació, la gent es busca la vida per traure aquests aspectes més desconeguts d’aquell període.

Aquesta erupció d’estudis sobre fets concrets de la repressió, de la memòria, és un fet exclusiu del País Valencià, o és més generalitzat?
—Imagine que deu passar alguna cosa semblant a tot arreu. Sí que crec que moltes vegades, i no solament ara, quan tracta qüestions de memòria, el periodisme ha pecat d’una certa romantització. És fonamental consultar els experts i consultar l’acadèmia per evitar eixe fenomen i explicar les coses de manera seriosa i documentada. En l’aspecte més cridaner, que són les exhumacions de les fosses, el perill és que tape la resta de la repressió. Perquè la repressió franquista fou molt profunda, en aspectes com la vida quotidiana i en aspectes que van més enllà dels afusellaments, que és la part més cridanera perquè té aquest component familiar, hi ha el component humanitari…

Són articles llargs, reportatges de cap de setmana, en una època en què es llegeix molt poca premsa. Publicar-los en forma de llibre és una manera de fer-los perdurar?
—Vaig veure que tenia una certa lògica agrupar-los per les qüestions que havia tractat. Sobretot la postguerra, que és un període que m’interessa molt. Les fosses i les exhumacions, però també la part sobre els òrgans repressius. I sí que és cert que el paper és una manera d’agrupar els temes i de donar-los una lògica. Tenint en compte els baixos índex de lectura generals, les qüestions de memòria històrica tenen prou interès. No sé si és pel perfil d’Eldiario.es, però es nota pel temps de lectura i per les mètriques. No ho tenia gaire clar quan vaig començar a treballar-hi.

La societat té necessitat d’obrir calaixos per aquesta sensació que ens han amagat, i potser ens amaguen, tantes coses.
—Supose que sí. Aquests dies que hem fet presentacions del llibre, sí que m’han arribat comentaris positius de gent vinculada al món de l’ensenyament secundari i universitari que trobava a faltar llibres no tan especialitzats, en un to més divulgatiu. Potser sí que era un buit que hi havia. Cal omplir-lo i, a més, no s’acaba ací. L’altre dia, en una presentació, es debatia què fer quan s’acabara d’exhumar l’última fossa i jo deia que realment això era un parany perquè no s’exhumarà mai, l’última fossa. N’hi ha moltes que no són localitzades!


—És una cosa que es va alimentant. Si ho mires amb perspectiva i et compares amb països com França i Alemanya, veus que allí s’ha fet una faena molt més profunda que no ací. Per exemple, l’estudi monogràfic de la brigada político-social el va començar de manera pionera Antoni Batista, el periodista i escriptor català, a mitjan anys vuitanta. Després l’hem continuat Pablo Alcántara, que és un historiador que va fer la tesi doctoral i ara ha editat un llibre basat en la tesi, i jo, ací, al País Valencià, amb l’estudi que vaig fer amb la beca Josep Torrent de la Unió de Periodistes. Si ho penses bé, és una cosa inaudita en uns altres països. Si veus la bibliografia que hi ha a França sobre el règim de Vichy, és increïblement àmplia. Alemanya no la conec tant, però imagine que també. I crec que aquestes mancances d’ací tenen a veure amb les restriccions per a accedir als arxius i les fonts documentals.

Encara ara és complicat?
—Sí. D’una banda, per la normativa, i això és un debat que ara és molt viu. És molt restrictiva, la norma, i hi ha molts documents sotmesos a secret encara. Però també hi ha una gran manca d’inversió. Una despreocupació per part de totes les administracions per a finançar correctament els arxius, perquè hi haja personal. I no crec que siga una cosa dissenyada o conspirada. Pense que és desinterès, no saber que els arxius són molt importants. I ho són no solament per a l’acadèmia, sinó per als afectats, per als descendents de les víctimes. És un fenomen molt comú veure que busquen documentació sobre els seus estimats represaliats o afusellats i no saben com gestionar-ho. Em crida l’atenció veure com n’estan, de col·lapsats, els arxius públics.

En quin sentit, col·lapsats?
—Quan vas a un arxiu com ara el Centre de la Memòria Històrica de Salamanca, o l’Arxiu del Regne a València, tenen maneres pròpies de funcionar. Per exemple, a l’Arxiu de Defensa, a Madrid, que és molt important perquè hi ha els sumaris de la postguerra, quan sol·licites les còpies, tarden molt a donar-te-les. I no és culpa dels arxivers, que ajuden. Però és intolerable que en un país democràtic l’accés a la documentació o tinga entrebancs legals o tinga entrebancs pràctics, de col·lapse.

En tot cas, tant els impediments legals com els físics sí que depenen d’una voluntat política de posar mitjans per permetre l’accés als documents. Si no s’ha fet, és perquè no interessa.
—En el cas del País Valencià, és curiós perquè no crec que el Botànic tinga res en contra que la gent puga accedir a la documentació. Tant si són investigadors com descendents, però sí que crec que hi ha hagut desinterès. Hi ha molts expedients penitenciaris que encara no s’han catalogat, que no se sap on són. Com a excepció, el Grup per a la Recuperació de la Memòria Històrica de Castelló va aconseguir que la subdelegació del govern espanyol i el Ministeri de Defensa digitalitzaren els sumaris de les víctimes castellonenques. Però no s’ha fet en la resta del territori.

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Entre els repressors de què parleu, hi destaca la figura de Roberto Conesa. Alguns dels seus deixebles encara són actualitat per fets molt recents de les clavegueres.
—Respon a allò que m’ha anat interessant més. Quan comence a escriure el llibre sobre la brigada político-social, veig aquest buit sobre la postguerra, i crec que és un període molt interessant del qual encara es poden rescatar testimonis, i s’han de rescatar. Una cosa que m’agrada destacar és el fet d’haver-nos preocupat de demanar l’expedient de Roberto Conesa, que és un personatge molt important en la història de la repressió franquista que havia emergit en produccions literàries, com ara les d’Almudena Grandes i en alguna novel·la de Semprun. Era un personatge significatiu. Quan es van complir vint-i-cinc anys de la seua mort, el mateix dia, vam sol·licitar a Interior l’arxiu, perquè és el que marca la normativa. Crec que és important que un diari es preocupe de traure a la llum eixe document, que és important que es divulgue, i que pot obrir noves vies d’investigació per a gent més especialitzada en l’àmbit universitari.

Simplement professionalitat. A les comissaries, encara hi ha restes d’aquella brigada i per això és tan difícil d’accedir encara als arxius?
—Probablement en deu ser un component. Però és complex. Entenc que un estat tampoc no pot despullar-se d’una manera obscena i que cal un cert control. Pense que el component del desinterès és considerable. A l’arxiu d’Interior caldria més transparència perquè no tenim accés ni tan sols al catàleg. Sense això, no podem saber ni què hi ha. És complex i entenc que hi ha una manca de finançament. La cosa anirà avançant, segurament. Grans historiadors, com ara Angel Viñas i Paul Preston, ja han protestat. A mi em preocupa eixe desinterès al País Valencià per part d’un govern progressista que no ho ha tingut com una prioritat.

Veieu el perill que, si un dia hi ha un govern no progressista, es torne a tapar tot?
—La memòria és molt impregnada a la cultura, les xarxes, les associacions de víctimes de les fosses i a l’àmbit acadèmic. Però l’experiència d’Andalusia demostra que el perill de la involució és real. Cal reconèixer que a principi dels anys vuitanta, el cas més evident és el de Vicent Gavarda, hi hagué gent que sense recursos i en una època perillosa va optar per encetar aquestes investigacions, que van ser pioneres. Eren pocs i van fer el que van poder. La investigació tant acadèmica com divulgativa és un continu, no té fi. Durarà dècades i continuarà vigent. Però és una pena que en aquestes dues legislatures no s’haja agilitzat l’accés a les fonts documentals i tampoc no s’haja treballat molt a localitzar més fonts, perquè aquest és el sentit d’anar nodrint els arxius públics.

Una part molt central del llibre té a veure amb el llarg procés de les exhumacions, que comencen molt abans de l’obertura de les fosses i s’acaba molt de temps després.
—Em crida molt l’atenció la complexitat que té una exhumació i com de poc s’ha contat seriosament. Això inclou gent molt especialitzada de l’àmbit de l’antropologia forense que s’encarrega de l’ADN, de l’arqueologia, de la història i, fins i tot, relacionades amb la imatge per tota la tasca de documentació, tant dels cossos com dels llocs i de les tasques. S’ha contat poc. Crec que en periodisme pequem d’arribar a una fossa, enganxar un familiar i contar la història, a vegades molt romantitzada, de com ha estat eixa experiència. Allí hi ha moltes coses a explicar.

Heu emprat dues voltes l’expressió romantització, relacionada amb l’obertura de les fosses.
—Quan dic romantitzades no ho dic tant per les històries humanes que hi ha en els processos d’exhumació com per l’enfocament que moltes voltes fan del passat alguns mitjans d’una línia editorial progressista o d’esquerres. Segons això, a vegades es podria pensar que no hi havia violència en la part republicana, o que a l’estiu de l’anarquia del 1936 no hi va haver iconoclàstia i violència descontrolada, que també forma part de la nostra història. Però sí que és cert que sobre les fosses i les exhumacions m’agrada molt escriure reportatges sobre les dones que coordinen les associacions. Solen ser la següent generació o dues generacions després de les víctimes, i s’han buscat la vida en termes pràcticament detectivescos per localitzar més familiars. Això no solament té un component humà interessant, i un component pràcticament detectivesc o periodístic. Això demostra com l’estat i les institucions democràtiques postfranquistes han fallat. Aquesta gent ha hagut de recórrer a les pàgines grogues, a les xarxes socials, als padrons municipals… per localitzar uns altres familiars i informar-los que estava en marxa el procés d’exhumació. I fins i tot, en alguns casos han localitzat familiars que són a l’estranger. Això s’ha de divulgar i donar-li el valor que té.

Per acabar l’entrevista, reprenem el símil del principi: quines són les conclusions de l’informe forense a l’autòpsia del país?
—Una conclusió important és que al País Valencià, que va ser un dels últims territoris que van caure en mans del franquisme, i per haver estat València la capital de la república durant menys d’un any, acumula històries molt interessants. I això es veu molt, sobretot a Alacant i València, en la postguerra. Hauria de ser prioritari de rescatar eixes històries. Sobretot perquè té molt de mèrit i és molt digne per part de la gent que es va jugar el tipus en eixa etapa tan tèrbola. El mínim que podem fer és recuperar-la. El període inicial de franquisme és molt peculiar. La dictadura és molt a prop del nazisme i el feixisme italià i és interessant recuperar eixa visió. I te’n dic un exemple concret: el reportatge que vaig fer arran del descobriment de dos historiadors locals de Manises que catalogaven l’arxiu local de la Falange i van trobar un document sobre una visita oficial de les joventuts hitlerianes femenines a València i a més localitats. La gràcia del reportatge és mostrar com uns historiadors locals que cataloguen per amor a l’art es troben un document interessant i es pot estirar el fil en la col·laboració entre el nazisme i el franquisme, que encara és molt desconegut. En uns altres països de democràcia més consolidada, seria inaudit, aquest desconeixement.