dilluns, 18 de març de 2013

El final. La historia de Leonor Ávila Amil y Alfonso Sanz Martín, "El Corneta"



La imagen del cruce del acebucho posiblemente sea la última que captaron las pupilas de Alfonso Sanz Martín, "El Corneta",
donde lo mataron el 24 de agosto de 1947


A la salida de la cárcel, Leonor se quedo en Córdoba trabajando de sirvienta. Decidieron que  los abuelos y las niñas marcharan a vivir a Alcolea para poder encontrar trabajo y tranquilidad lejos de las miradas maliciosas y burlonas de algunos vecinos y de la amenaza de que le quitasen a sus hijas. Ya en una ocasión, volviendo de la siega, Leonor se encontró con dos mujeres que se llevaban a sus niñas, sin hacer caso de la madre y disputándose a la mas graciosa, las llevaron a la iglesia y sin más permiso que el que les concedía ser “quienes eran” las bautizaron. Lola, la pequeña era una niña zalamera, divertida y bonita que a sus 5 años no entendía de “rojos” ni de ”nacionales”. La llevaban al casino donde subida en una mesa arrancaba por sevillanas enamorando a todos los que estaban a su alrededor, con una gracia que nadie sabía de dónde salía y una alegría extraña en los tiempos que corrían. Su madre recuerda que siempre estaba hambrienta, pendiente de apurar el plato de su hermana.



Segunda Parte: Cautivos y desarmados.
Tercera Parte: La dura posguerra.
Cuarta Parte:  En el nombre de Dios.