dijous, 2 de gener de 2014

BLAS DE OTERO Y LA CENSURA ESPAÑOLA DESDE 1949 HASTA LA TRANSICIÓN POLÍTICA. PRIMERA PARTE: DE ÁNGEL FIERAMENTE HUMANO A EN CASTELLANO.


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BLAS DE OTERO Y LA CENSURA ESPAÑOLA DESDE 1949 HASTA LA TRANSICIÓN POLÍTICA. PRIMERA PARTE: DE ÁNGEL FIERAMENTE HUMANO EN CASTELLANO.

LUCÍA MONTEJO GURRUCHAGA(UNED – Madrid)

(Artículo publicado en: Revista de literatura, Tomo 60, n.º 120, 1998, pp.491-516.)







         En plena guerra civil, en 1938, se promulga la Ley de Prensa que se aplicará sin interrupción hasta que en 1975 se produzca la transición política y se restaure la democracia. Las modificaciones que en ella se produjeron durante casi cuatro décadas fueron mínimas aunque su aplicación se inclinó hacia cierta tolerancia con el paso de los años y los cambios que en la sociedad se iban produciendo. Todas las publicaciones tenían que pasar este mecanismo de control; sólo las dependientes de la Iglesia estaban exentas de este requisito1. En el reverso del dictamen que los censores debían emitir para cada uno de los libros, figuraban las siguientes normas: “¿Ataca al Dogma?, ¿A la Iglesia?, ¿A sus Ministros?, ¿A la Moral?, ¿Al Régimen y a sus Instituciones?, ¿A las personas que colaboran o han colaborado con el Régimen?”. Estos eran los preceptos fundamentales, que ponían en práctica con meticulosidad y empeño, para atajar la propagación de determinadas ideologías, evitar cualquier ataque a la religión católica, las tradiciones y la moral, y velar así por la difusión y el sometimiento al sistema político instituido. Los autores y los editores tenían que asumir estas disposiciones, acatarlas con respeto y naturalidad, o buscar las estrategias para eludirlas; de otra forma, corrían el riesgo de que la obra fuera mutilada, denegada su publicación o secuestrada.         Este sistema de inspección, que afectó de una u otra forma a todos los géneros literarios, dificultó la expansión de la industria editorial y cultural en general; tenían que pasar censura tanto las publicaciones que se editaban en el territorio nacional, como las que se pretendía importar.         Algunos autores sufrieron los efectos de la censura de forma reiterada y con resultados trascendentes; otros, sin embargo, reducen su alcance. Carlos Barral apunta que las decisiones de los censores debían quedar absolutamente en secreto y que “de la Censura no se podía hablar. No se podía hablar claramente ni siquiera con los encargados de aplicarla. Y, por supuesto, airear su existencia hubiera constituido un desafío de peligrosas consecuencias"2. José Manuel Caballero Bonald, que sufrió también sus efectos, manifestaba en una entrevista el 10 de julio de 1975, que incluso en los últimos momentos de la dictadura franquista le habían suspendido cinco conferencias y “lo último que me prohibieron fue la presentación de La arboleda perdida (1959), de Alberti. Así andamos todavía”3. Sin embargo, Francisco Brines declaraba en 1967 que los poetas habían tenido menos complicaciones que sus compañeros, por lo que “poetas de obra muy valiosa no han sufrido ninguna contrariedad de esta clase. Los peores librados han sido los dramaturgos y los creadores de cine”4. Frente a este juicio optimista constatamos los graves inconvenientes que soportaron poetas de la importancia, por ejemplo, de Blas de Otero, que declaraba en 1976, finalizada, por tanto, la dictadura franquista: “La censura es un obstáculo terrible, capaz de condicionar, coartar y, en ocasiones, hasta de hacer callar. Además, la censura genera la autocensura... La censura fue aprendiendo a leer y resultó que el poeta que tuviera interés por publicar en España se encontraba con el problema de que, si escribía tal y como las palabras le iban saliendo, aquello se convertía en algo impublicable. No había otra solución que la obligada de corregir los poemas... Se acaba por adquirir una práctica muy eficaz en sus argucias”5, ardides que iremos viendo a lo largo de este trabajo y que, tanto él como otros muchos creadores aprendieron y fueron perfeccionando durante largas décadas para poder publicar, casi siempre con mutilaciones, en su país.                  Blas de Otero soportó el acoso de la censura desde el principio de su creación. Fue muy castigado por este órgano de control, que no sólo le tachó y suprimió versos y poemas completos, le entorpeció la publicación de distintas obras – tanto individuales, como volúmenes colectivos –, sino que llegó a denegarle la publicación de una de ellas sin posibilidad de recurrir la sentencia6. Salvo en los poemas de su etapa de formación7, sufrirá sus efectos desde la publicación de su primer libro, con el que concursó al Premio Adonais en 1949. Uno de los miembros del jurado adujo motivos de heterodoxia religiosa y Ángel  fieramente humano fue, por tanto excluido8. Unos meses más tarde fue publicado por la editorial Ínsula9.         La solicitud de edición va firmada por Enrique Canito – director desde su fundación en 1946 hasta 1982, tanto de la colección como de la revista Ínsula – en el impreso tipo10 y, acompañada del original de Ángel fieramente humano, fue presentada a censura el 23 de diciembre de 1949 donde se le asignó el expediente número 6296-49. Está archivado en el AGA (Archivo General de la Administración) en Alcalá de Henares y contiene, entre otros documentos, una carta de José Luis Cano11 de presentación del libro, dirigida a Juan Beneyto12 cuatro días más tarde, que por su interés reproduzco a continuación:
“Querido amigo:
         Como sabes, Ínsula ha comenzado a publicar una colección literaria, cuyo primer volumen, Ocnos de Luis Cernuda, se publicó ya con éxito. Ahora queremos lanzar el segundo, también de poesía, un libro del joven poeta bilbaíno Blas de Otero, cuyo título, tomado de Góngora, es Ángel fieramente humano. Del interés y méritos del libro sólo te diré que Dámaso Alonso, que nos lo ha recomendado con entusiasmo, quiere hacer él la crítica del libro en nuestra revista. No creo que el libro tenga ninguna “pega” desde el punto de vista de la censura. Pero por si acaso cae en manos de algún censor que ve cosas donde no las hay, o interpreta erróneamente algún poema, me atrevo a rogarte que si tal cosa ocurriese, y el libro sufriera alguna objeción, lo leas tú personalmente, para tener la seguridad de que el libro pueda salir sin mutilaciones, siempre enojosas en un libro de poesía de tan gran interés como este.         El libro fue presentado a Censura hace días, y el número del recibo correspondiente es el 6.296.         He preguntado en Ínsula si han recibido para reseña un ejemplar de tu libro “Orígenes de la ciencia política en España”, y me dicen que la editorial no ha enviado el libro. ¿Puedes indicarlo tú a la Editorial, y si es posible que envíen dos ejemplares?         Muchas felicidades para 1950, y un abrazo de tu buen amigo”.
         En el informe que acompañaba al expediente, un jefe de lectorado de firma ilegible escribe estas palabras: “Pase al lector n.º 6”, que firma claramente con el nombre de José Grijalbo y emite el 3 de enero el siguiente informe, que transcribo fielmente: “Las poesías de este libro están escritas de una forma tan estrabagante, que al limitado criterio del lector, le es difícil apreciar, si el nombre de Dios que constantemente aparece en ellas, es para venerarle o al contrario; por lo que llamo la atención sobre los que figuran en las páginas 20, 21, 22, 25, 32, 39, 58, la estrofa acotada en la página 65 y la acotada en la 25”. Los poemas amorosos, que van desde “Tántalo” hasta “Luego” crean dudas en el censor, por tanto, que señala también como problemático el soneto “Tú, que hieres”.
         Al día siguiente, alguien, que rubrica con un garabato, añade en el margen izquierdo de este informe las frases siguientes: “Sin trascendencia las tachaduras, excepto la de la página 65 que se mantiene”13. El día 5 de enero, la Inspección de Libros, con firma ilegible del Director General de Propaganda, escribe a Ínsula la carta siguiente:
         “Vista su instancia de 22 de diciembre ppdº en la que solicita la correspondiente autorización para la publicación de la obra de D. Blas de Otero titulada Ángel fieramente humano.
         Esta Dirección General de Propaganda a propuesta del Servicio correspondiente, ha resuelto: trasladarle el referido texto, para que suprima lo indicado en la página 65.
         Una vez así realizada a petición y previa la presentación de nuevas galeradas, con la supresión hecha, se procederá por esta Dirección, a extender la Tarjeta de autorización definitiva.”
                     Por tanto, todas las tachaduras y objeciones que el censor había puesto a los poemas amorosos desde “Cuerpo de la mujer”, hasta “Luego”, “Hombre” y “Canto primero”, acaban reduciéndose a estos cuatro versos del largo poema “Serena verdad”:
          “Ah, ya el cuerpo, la alcoba rosa y cálida,cuerpo de la mujer, alma de oro,en evidencia pone a Dios: le veoencarnado, hecho dulce criatura.”
         El propio Beneyto le anuncia a José Luis Cano que la obra ha podido ser al fin autorizada con “una sola supresión” que es, sin embargo, fundamental porque distorsiona completamente el poema que, de tema amoroso, se transforma en religioso. Al llevarse a cabo la edición tuvo que suprimir el cuarteto y poner en su lugar una larga línea de puntos suspensivos14.
         Sólo unos meses de distancia separan la publicación de Ángel y Redoble de conciencia. El novelista Luis Romero, que mantenía con el poeta vasco una relación amistosa y vivió de cerca los acontecimientos que provocaron la denegación del premio “Adonais” a Ángel fieramente humano, le sugiere que con este segundo libro “podría concurrir, como desquite al veredicto de Adonais, a otro premio recién creado en Barcelona – el premio Boscán – que yo como barcelonés y sin otro respaldo que mi voluntad de que así fuera, le garantizaba en cuestión de independencia”15. Este libro, continuación del anterior en sus temas y en sus formas, ganó en 1950 el premio Boscán otorgado por el Instituto de Estudios Hispánicos16. La solicitud del permiso de publicación tiene fecha de 28 de septiembre de 1950 y debía remitirse a Madrid para su supervisión. (El centralismo era una de las máximas del Régimen franquista). El número de expediente es el 5365-50 y contiene la siguiente carta de José Pardo, Delegado Provincial de Educación en Barcelona, dirigida a Juan Beneyto el 8 de noviembre:
         “Con fecha de 20 de septiembre último y por expedición de esta Delegación Provincial nº 214, fue remitida a esa Delegación General, en solicitud del permiso de edición y circulación, la obra original de D. Blas de Otero titulada Redoble de conciencia. Como sea que dicha obra es la favorecida con el “Premio Boscán”, otorgado por el Instituto de Estudios Hispánicos de Barcelona, quien tiene gran interés en su edición, mucho te agradeceré, querido Beneyto, procures que el trámite de su autorización sea lo más rápido posible.”
            Beneyto le contesta el 24 diciéndole que el libro ha sido autorizado y  se ha remitido la correspondiente tarjeta el día 16.
         El original escrito a máquina, que se encuentra archivado en el AGA junto al expediente, no tiene ninguna tachadura, ni el más mínimo rastro del lápiz rojo o azul, y alguien escribió las siguientes palabras en la portada de cartulina de color malva: “Premio Boscán 1950”. Me atrevería a decir que, al ir amparado por un premio oficial concedido por una institución de prestigio y tramitada por un funcionario del Ministerio de Educación, la obra no fue leída o lo fue de una manera superficial.
         Este libro contiene alguno de los poemas que ya le habían dado y le seguirán dando a Blas de Otero bastantes problemas cada vez que pretenda incluirlos en alguna antología, como “Déjame” y “Plañid así”. El soneto “Déjame” había aparecido por primera vez en Espadaña17. Crémer lo colocó a toda plana y Víctor G. de la Concha señala que aquellos versos (“Me haces daño, Señor. Quita tu mano/ de encima. Déjame con mi vacío,/ déjame. Para abismo, con el mío/ tengo bastante. Oh Dios, si eres humano,/ compadécete ya, quita esa mano/ de encima. No me sirve. Me da frío/ y miedo. Si eres Dios, yo soy tan mío/ como tú. Y a soberbio, yo te gano./ Déjame. ¡ Si pudiera yo matarte,/ como haces tú, como haces tú ! Nos coges/ con las dos manos, nos ahogas. Matas/ no se sabe por qué. Quiero cortarte/ las manos. Esas manos que son trojes/ del hambre, y de los hombres que arrebatas”) fueron el detonante que, junto a otras audacias protagonizadas por la revista, precipitó su fin. Crémer tuvo que presentarse y defenderse ante un tribunal eclesiástico de lo que consideraron “flagrante herejía” y “publicar una nota aclaratoria y de rectificación en el diario católico”18.
         Según avanza la década de los cincuenta, los problemas de Blas de Otero con la censura se agudizan. Se ha ido produciendo una evolución crucial en su vida y en su obra: ha sustituido su fe religiosa por una preocupación existencial de origen metafísico, primero y después, por una preocupación por el hombre en su destino colectivo. Nuevos temas y nuevas formas que culminarán esta evolución en Pido la paz y la palabra (1955). Con esta obra inaugura la etapa histórica o social, que se prolongará con En Castellano (1959) y Que trata de España (1964) cuya poesía será testimonio del hombre en un tiempo y en un espacio histórico ya. El código religioso se refleja también en esta trilogía temática, pero como paratexto con el que establece, por lo general, relaciones de incompatibilidad: ironía, parodia, cita refutada. Se va a producir, en esta segunda etapa una desacralización del código religioso, que refleja la evolución de ese hombre nuevo, que después de una experiencia de hombre creyente y pasando por una larga etapa de dudas e interrogaciones, va a acogerse a otra doctrina basada en la filosofía de la praxis. Pido la paz y la palabraha sido considerado como el libro más comprometido del autor; denuncia en él una situación concreta, refleja el momento histórico y social que vivía España y lo hace, además, con un lenguaje conciso, escueto, y una expresión desnuda.
         Este libro se gesta en unos años cruciales para el poeta. En 1952 sale de España por primera vez, y vive en París casi un año y medio en el entorno de los exiliados españoles comunistas. Asume entonces la interpretación marxista de la historia y consagra su obra a un determinado ideal de justicia y solidaridad. Un libro que refleja estos ideales, no parecía fácil que consiguiera la autorización de la censura para su publicación. Sin embargo, fue publicado en Torrelavega, por ediciones Cantalapiedra19. El editor tuvo serias dudas de la viabilidad del proyecto. El profesor Julio Neira demuestra, por medio de cartas – que el poeta y los editores mantuvieron durante todos aquellos meses necesarios para sacar el libro adelante – y otros documentos, que el libro fue sometido a autocensura; mutiló, suprimió, alteró y disfrazó versos para eludir la acción censora, lo que unido a la ayuda que le prestan amigos y conocidos que mantenían relaciones con personas cercanas al régimen fascista, consiguieron que el libro pudiera editarse sin tachaduras20.
         Aurelio García Cantalapiedra presenta la solicitud de edición el 10-9-55, para un volumen de 80 páginas y 500 ejemplares. Se le asigna el expediente n.º 4680/55, que se encuentra también en el Archivo General de la Administración e incluye los siguientes documentos:
-         El informe del censor con esta frase acuñada: “Nada fundamental que oponer a esta colección de poemas”, firmado por Miguel Piernavieja – lector especialista según reza la nómina de censores de 1954 que recoge Abellán21 – de fecha 15-9-55.
-         Un poema manuscrito del autor. Se trata del poema “Muy lejos”22.-         La tarjeta de autorización de fecha 21-9-55.
-         Un ejemplar del volumen publicado, que se entrega el 21-12-55.
       De 1956 a 1959 Blas de Otero reside en Barcelona23, en el entorno del grupo  de poetas catalanes en lengua castellana que entonces se está fraguando. Acude a sus tertulias y reuniones acompañado de su amigo José Agustín Goytisolo. Tiene entre manos su libro En castellano, compuesto también por poemas arraigados en la circunstancia española del momento, pero no ve la forma de franquear la barrera de la censura. Sus amigos de Barcelona le sugieren que no lo arriesgue – piensan que no es el mejor momento – e intente la publicación de poemas menos comprometidos.
         El 11 de diciembre de 1957, Alberto Puig Palau – editor y amigo del poeta, le proporcionó en la editorial durante algún tiempo un trabajo no excesivamente estricto, que le aportaba pequeños ingresos para poder seguir dedicándose exclusivamente a la creación24 – solicita autorización para reeditar los dos primeros libros de Blas de Otero – Ángel fieramente humano Redoble de conciencia. Se le asigna el expediente n.º 5785-57 y está archivado, como todos los demás, en el AGA. El primer lector rellena el apartado de ANTECEDENTES con estas palabras: “Ángel fieramente humano. Expdte 6196-49. aut 24-4-50. Redoble de conciencia, S.A.” y tramita el informe “al lector Don F”, que cuatro días más tarde, emite el siguiente veredicto: “Colección de poesías en estilo moderno. Excepto los poemas: “Basta”, pág. 52; “Lástima”, pág. 62 y “Plañid así”, pág. 69, que me parecen irreverentes, los demás creo que se pueden publicar”. “Lástima” era el nuevo título que Otero había dado al soneto “Déjame” – que ya había producido una catástrofe al publicarlo en Espadaña, aunque pasó inadvertido cuando se publicó en Redoble de conciencia – y para protegerlo, además de cambiarle el título, le añadió la siguiente cita de San Juan de la Cruz, que dio pie al nuevo título: “Cosa de grande maravilla y lástima que sea aquí tanta la flaqueza e impureza del ánima que siendo la mano de Dios de suyo tan blanda y suave, la sienta aquí grave y contraria”25.
         Blas de Otero, al tener noticia del inesperado recrudecimiento censorial, escribe al Excmo. Sr. Director General de Información la siguiente carta:
         Blas de Otero, autor de Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia, atentamente expone:
         Que habiendo presentado a la correspondiente censura dichos libros, para una segunda edición de ambos en un volumen, fueron señaladas a suprimir las páginas 52, 62 y 69, o sea los poemas titulados “Basta”, “Déjame” y “Plañid así”.
         Es natural dado el criterio a aplicar, la supresión del segundo de dichos poemas, “Déjame”, que, por otra parte, es profundamente religioso y con expresiones análogas a las que pueden encontrarse en la Biblia o en algunos de los místicos.
         En cuanto a los otros dos poemas, “Basta” y “Plañid así”, mas bien creemos se trata de una inexacta interpretación. En efecto, el soneto “Basta”, no sólo no es ni  remotamente heterodoxo, antes al contrario, más bien incluso apologético. Pues la situación que presenta será dada en el caso de no existir Dios:
         Imagine mi horror por un momento         que Dios, el solo vivo, no existiera...         ..........................................................         Entonces ¿para qué...?
         Creemos sinceramente que nada se puede objetar a dicho soneto aun desde el ángulo más estricto, antes bien, como decimos, la conclusión que se obtiene del mismo es netamente ortodoxa, y aún más, apologética.
         Respecto al tercer poema, “Plañid así”, viene a concurrir algo parecido que con el anterior, pues todo él no es otra cosa que una invocación a lo alto, puesto en boca de las niñas; expresiones como:
         las niñas de las escuelas públicas ponen el grito en el cielo,         pero parece que el cielo no quiere nada con los pobres,         queda corregida inmediatamente:
                                                              No lo puedo creer,         debe de haber algún error...
         Confiamos sea apreciada la buena fe e intencionalidad de estos poemas, “Basta” y “Plañid así”, autorizando en consecuencia su inclusión en el libro.
                                                      Madrid, 19 de febrero de 1958
Excmo. Señor Director General de Información. Madrid.
          El 31 de marzo, el editor solicita la ampliación de esta reedición, pide autorización para añadir 48 poemas más y envía las galeradas unos días más tarde. En el sobre que contiene el expediente, hay tres grupos de poemas escritos a máquina, en papel cebolla y cogidos con una grapa. Dos contienen los poemas de sus primeros libros y en el tercero, remitido con posterioridad, ha escrito Blas de Otero de su puño y letra: “Para añadir a Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia. Título generalAncia”. Con este grupo de poemas añadidos podía haberse editado un libro nuevo, pero creyeron que sería más fácil conseguir la autorización si se pedía como 2ª edición de libros que ya habían recibido la tarjeta de la Sección de Inspección y se habían publicado. Se anuncia, además en la portada, que llevará como prefacio el estudio que Dámaso Alonso había dedicado a la poesía del bilbaino26; para que el apoyo de un poeta, crítico y lingüista de su prestigio pudiera facilitar la aprobación. Pero a pesar de estas estrategias, hay determinados poemas – referidos todos ellos a conceptos religiosos – que vuelven a chocar contra los postulados del censor.
         El 16 de abril, el censor F. Aguirre añade las siguientes líneas en el informe: “Adiciones: Los versos continúan con el mismo carácter ultramoderno que la colección anterior. En la galerada 144 no encuentro nada que se oponga a la moral o al Dogma. En la galerada 156 creo que debe de reformarse el verso rayado en color rojo, pág. 27, por parecer inconveniente.
            Lo demás, creo que puede publicarse. La galerada 168, en el mismo estilo que las anteriores, creo que puede ser publicada”.
         Los inconvenientes, por tanto, afectan a los siguientes poemas: “Plañid así”, “Tierra firme”, “Basta” y “Lástima”; tres de Redoble de conciencia y uno de Anciapropiamente dicho. La publicación de “Plañid así” queda suspendida hasta que se reforme o suprima la parte final del último verso, y esta es la modificación que el poeta introduce:
“Están multiplicando las niñas en alta voz,
yo por ti, tú por mí, los dos
por los que ya no pueden ni con el alma,
cantan las niñas en alta voz
a ver si consiguen que de una vez las oiga Dios.
(...)
y todas a la vez entonen en alta voz
yo por  ti, tú por mí, los dos
por todos los que sufren en la tierra sin que les haga caso Dios”.
que se convierte en:“por todos los que sufren en la tierra despachurrando el contador27.
                El soneto “Tierra firme” atrae, también, la atención del censor, que tachó con lápiz rojo el último endecasílabo del primer cuarteto, y exigió su cambio o supresión. Blas de Otero decidió suprimirlo, de modo que a simple vista se advierte que el soneto está cojo. Este es el cuarteto:                            “Puedo esperar, pegarme a mi esperanza                             como un papel lanzado contra el suelo,
                              
lo mismo que un papel de caramelo
                             
que lamiera ese Dios que no se alcanza.”
         La tarjeta de autorización se firma el 8 de agosto y así ve la luz Ancia28 después de una prolongada espera de ocho meses. El editor entrega para depósito el 23 de septiembre de 1958, como era preceptivo, cinco ejemplares de la obra con las rectificaciones y anulaciones acordadas. Sin embargo, constatamos que figuran los poemas “Basta” y “Lástima” completos tal y como habían salido en Redoble de conciencia ¿Quiere esto decir que las explicaciones del poeta surtieron efecto? En el expediente no hay ningún otro documento que nos despeje esta incógnita. En abril de 1959 recibirá el Premio de la Crítica por Ancia.
            La editorial A. Corazón solicita en diciembre de 1971 para su colección Visor, la autorización para una segunda edición de Ancia29 y en uno de los ejemplares depositados vemos que ya no se recoge que es edición de libros anteriores, no consta en la portada – sino en el interior – que incluye un prólogo de Dámaso Alonso y se reponen los versos suprimidos o mutilados.
         Aunque en 1958 En castellano estaba ya terminado, Blas de Otero no ve la forma de salvar la censura y este fue el verdadero motivo de la publicación de Ancia, en tanto se le obligue a guardar inéditos, esperando una ocasión más propicia, los poemas recién escritos. Este libro, de gran condensación verbal y en cuyo título ya anuncia el poeta que hablará sin ambages, a cara descubierta y sobre los temas que considera urgentes y acuciantes, ha sido considerado su libro más político, un libro experimental en el que ensaya un nuevo ritmo, empleando técnicas vanguardistas que refuerzan – en el camino ya emprendido – las posibilidades expresivas del lenguaje poético. Bien seguro de su importancia, no está dispuesto a renunciar a su publicación.
         Comprende poemas escritos entre 1951 y 1959; un 27% entre finales de 1958 y principios del 5930. Por tanto, no sólo incluye los escritos a partir de la publicación de Pido la paz y la palabra en 1955, sino, también, anteriores. La solicitud de edición y el manuscrito original lo presenta en Barcelona el editor y poeta, amigo de Blas de Otero, Joaquín Horta el 12 de julio de 1958. Se le asignó el expediente n.º 3359-58. Un mes más tarde, el Ministerio de Información y Turismo, Dirección General de Información, sección de Inspección de Libros, remite al editor el manuscrito censurado con la siguiente carta-tipo:
       “Vista su instancia de fecha 12-7-58 y en relación con el expediente que se cita al margen.
         Esta Dirección General de Información, a propuesta del Servicio correspondiente, ha decidido:
         Resolver dicha solicitud, en las condiciones indicadas en la Hoja adjunta.
         Dios guarde a Vd. muchos años.
                                                        Madrid, 13 de agosto de 1958
EL DIRECTOR GENERAL DE INFORMACIÓN
         La firma es ilegible y en la Hoja adjunta se dice lacónicamente: NO PROCEDE SU PUBLICACIÓN.
         El único rastro que este libro ha dejado en el AGA es la ficha de entrada; el expediente ha desaparecido. El original, tal y como fue devuelto, me ha sido cedido para su estudio por Sabina de la Cruz, especialista en la obra oteriana y mujer del poeta hasta su muerte.
         El volúmen que se presentó a censura consta de treinta y cuatro poemas. De ellos, nueve fueron íntegramente tachados por el lápiz rojo del censor, doce parcialmente mutilados y sólo trece fueron respetados en su totalidad. Pero el libro ya había pasado autocensura; el poeta no presentó el original completo, sino que reservó la tercera parte. Tras cotejar detenidamente el original que se presentó a censura y la edición, que unos meses más tarde se llevó a cabo en París, constatamos que Blas de Otero suprimió en él más de quince poemas que podían acarrearle graves problemas, y alteró algunos versos en los poemas incluidos. Es más, en la copia mecanografiada que fue denegada, en la primera página – que añadió a modo de solapa – aparecen de su puño y letra, escritos con posterioridad, los títulos de aquellos poemas que pertenecían a En castellano, pero no envió a la censura.
         Todas las modificaciones que el poeta llevó a cabo fueron sobre vocablos con referencias políticas y religiosas. Su ideal de justicia y solidaridad, y su fe en la interpretación marxista de la sociedad, basada en la justicia y la dignidad para todos los hombres, le empujan a denunciar lo que había que callar. El poema “Poética”, por ejemplo, termina con estos versos:
“Apreté la voz.
Como una mano
alrededor del mango de un cuchillo
o la empuñadura de una hoz”.
         En la edición de París31 y en las posteriores, restituye el vocablo original – “martillo” en lugar de “cuchillo” –, que aludía, evidentemente, a los símbolos comunistas del trabajo, lo que no pasó desapercibido para el censor, que lo enmarcó con el lápiz rojo.
         Algunas tachaduras resultan tan pueriles, que es difícil imaginar lo que podían encerrar de peligroso. Dice el poeta en “Aire libre”:
“(...)
También me gustan los camiones grises
y muchísimo más los elefantes.
Besar tus pechos,
echarme en tu regazo y despeinarte,
tragar agua de mar como cerveza
amarga, espumeante.
Todo lo que sea salir
de casa, estornudar de tarde en tarde,
escupir contra el cielo de los tundras
y las medallas de los similares,
(...)
         Era el quinto manuscrito que Blas de Otero entregaba a la censura y poseía ejemplos sobrados del comportamiento de este cuerpo de inspectores. Tenía, por tanto, que mantener un difícil equilibrio entre recato y osadía y aprovechar las posibilidades expresivas del lenguaje poético en sus múltiples formas, por medio de deslizamientos semánticos, rompiendo los artificios de la previsibilidad, la linealidad del verso o del discurso, o la unidad del vocablo, creando palabras al margen de las convenciones del sistema o liberando los enlaces sintácticos. Construir un verso plurisotópico, sometido a distintos niveles de codificación, pone a prueba al creador, pero exige también un lector modelo. Encontrar los procedimientos que mantengan la tensión y el equilibrio, aseguren la eficacia estética y no aumenten la dificultad de la recepción, era tarea ardua. Estas técnicas desorientan a los censores, dificultan su trabajo y, a veces, consiguen que el poema eluda el control gubernamental.
         En los últimos versos del poema anterior aparece una falta de concordancia en los géneros de “los tundras” y “los similares”, pero aún restableciendo este error los sustantivos no tienen sentido. Lo tienen si acudimos a determinados componentes morfosintácticos y contextuales que nos aporten la coherencia semántica, pues bajo “los tundras” se esconden “los curas” y bajo “los similares”, “los militares”, los unos y los otros “similares” en su comportamiento32. Sabina de la Cruz cuenta que Blas de Otero leyó este poema a un grupo de amigos en Zamora, en el verano de 1954, con la variante “curas” y “militares” con gran susto de los oyentes33. Estas variantes sólo se conservan en la edición de La Habana34, porque aunque surgieron de un acto de autocensura, para el poeta tomaron carta de naturaleza poética. El censor debió pensar que se trataba de cultismos, arcaísmos o neologismos y los versos pasaron. El texto quedó así para siempre; había tomado para el autor entidad estética al funcionar en el texto y pensó que eran evidentes la denuncia a parte de la iglesia y sus ministros, y al ejército como fuerzas represoras que sostenían la dictadura.
         Pero Blas de Otero nunca pensó que el lápiz rojo iba a detenerse en estos dos versos inocentes: “Besar tus pechos,/ echarme en tu regazo y despeinarte”. Inicialmente se detienen en el primero y lo enmarca – debió ser para él un ataque a la moral y las buenas costumbres –, pero tampoco se libró el segundo, que seguramente fue tachado por impúdico y atrevido35.
         Uno de los poemas de este libro llevaba el extraño título de “Caniguer”. Es un largo poema y estos son algunos de sus versos:
(...)Vizcayaárbol que llevo y amo desde la raízy un día fue arruinado bajo el cielo
Ved aquí las señalesesparcid los vestigiosel grito la iragimientecon el barabayel toro cabreado directamente oídira escarnio ni diosoh nunca nuncaoh quiero que no se traspapelenel cuello bajo la piedrala leche en pleno rostro el dedode este niñooh nunca ved aquíla luz equilibrando el árbol                                            de la vida”
            Pero “Caniguer” es un anagrama. Bajo él se escondía el nombre prohibido de la ciudad vasca de Guernica, bombardeada el 26 de abril de 1937 por los aviones alemanes de la Legión Cóndor. El poema estaba dedicado a Picasso – dedicatoria que autocensuró en las primeras ediciones – y era un homenaje al cuadro del mismo nombre encargado por el gobierno de la República al pintor malagueño en enero de 1937 y en junio pudo ya ser expuesto por primera vez en París, en el Pabellón de España con ocasión de la Exposición Universal. El crimen disparó de inmediato su inspiración artística al darse cuenta de la trascendencia de la tragedia. El poema de Otero reconstruye las visiones surrealistas y las abstracciones figurativas del cuadro, mediante técnicas vanguardistas como la eliminación de la puntuación ortográfica, la depuración de lo superfluo o la repetición de los símbolos míticos del cuadro – el grito, la ira, el toro, el niño –, lo que suscita en el lector las mismas violentas emociones que experimenta al contemplar el cuadro.
         Sin embargo, sólo tres versos fueron tachados del conjunto (“y un día fue arruinado bajo el cielo/...el toro cabreado directamente oíd/...ira escarnio ni dios”), lo que da idea de la fina percepción, sensibilidad y agudeza del censor para detectar lo peligroso, que para él se circunscribía en palabras malsonantes y dioses disminuidos en sus poderes por una minúscula. El título original y la dedicatoria los repuso el poeta por primera vez en una edición llevada a cabo fuera de España36.
         En algunos de los poemas que Blas de Otero reúne en el original que presenta la censura, arremete abiertamente, con una actitud casi suicida, contra el propio órgano represivo que tenía que otorgarle la aquiescencia para la publicación. Así lo hace en dos de ellos; uno es el titulado “No salgas, paloma, al campo” y el otro, “Segunda vez con Gabriel Celaya”.
         Escribe en el primero:
“Sé muchas cosas y otras que me callo.Cómo decir españa, patria,libre.(Espumalibre. Violentascarcajadas.Andajaleo, jaleo.No dejan ver lo que escriboporque escribo lo que veo.Sé que Castilla es ancha.Cómo decir añil, ayer,morada.Anda, jaleo,jaleo,... lo que veo con los ojosde la juventud y el pueblo.”
         Este ataque directo a la censura, que le obliga a silenciar la falta de libertad en la España de su tiempo, lo cursa formalmente con un verso corto, concentrado, escueto y directo, apoyándose en el Cancionero – al que acudirá con frecuencia desde Pido la paz y la palabra – y en expresiones coloquiales, de desenfado en esta ocasión. Bajo el sustantivo "“espuma”, se esconde “España”37, y el color morado de la bandera republicana, símbolo de las  libertades perdidas en 1939, ha dejado paso en el presente, al azul, color que representa a los falangistas. No quedaron en pie, como era de esperar, ni la mitad de estos versos.
         En “Segunda vez con Gabriel Celaya”38, dice Blas de Otero en la segunda estrofa:
(...)“Hoy,Sencillamente, hablemos. Tú me dicesque escriba, que publique. Te equivocas.Escribo cuanto quieroy cuanto puedo.Publico, qué caray, lo que me dejan”
         Otero, sin tapujos, le dice a su amigo Celaya cuál es su situación y, por supuesto, la estrofa entera la eliminó el censor. La denuncia directa a la represión ejercida por la dictadura franquista, no podía hacerse pública de ninguna manera, al menos en el interior del país, ya que no podían acallar las denuncias que se hacían en el exterior. En un artículo que aparecía en Londres en estos mismos días, se denunciaba el caso del poeta bilbaíno con estas palabras: “Ahora, mientras escribo, la censura ha arremetido contra los poetas, escogiendo a Blas de Otero como su primera víctima. En un volumen colectivo, dos poemas de su último libro Ancia han sido tachados. Después, una reimpresión de su libro anterior (Pido la paz y la palabra) ha sido prohibida, y se impide asimismo la publicación de una nueva colección (En castellano). Ninguno de  sus libros de los últimos seis años, de contenido social, puede adquirirse en España. Ha tenido que ser publicado en Buenos Aires”39.
         Hay una prosa en este libro, titulada “Papeles inéditos”, que fue íntegramente censurada40. Es esta:
         “Si ahora cambio de tema, si dejo a un lado el papel y la pluma al otro, si entro en el mundo y salgo en el periódico, es únicamente por dar una vuelta al evangelio, pues al final he comprendido que aprovecha más salvar el mundo que ganar mi alma.
         Muy interesante su problema, señor mío, es asombroso lo que sabe Blas de Otero de sí mismo. (Salero, el que tú tienes en las manos. Seguramente, tendrá usted su pisito en el cielo, con su queridita alma, y su queridita...).
         Conozco el truco. Mas ahora, dejando a un lado el cartón y al otro la trampa, salgo del alma y entro en el mar, únicamente por publicar con el ejemplo lo que ya silencié en los papeles.”
         Blas de Otero había intentado ya su publicación en la revista Acento cultural, Málaga, núm. 4, febrero de 1959, junto a otros poemas, todos ellos correspondientes a En castellano. El director, Carlos Vélez, tuvo que retirar la mitad por imposición de la censura41. La ruptura de expresiones fijas y lexicalizadas son la base de esta prosa. Dislocando semánticamente estas expresiones, su percepción común o trivializada alcanza un valor inédito. La forma elogiosa que subyace bajo la ironía encubre un juicio negativo que no logra confundir al censor que descubre, sin embargo, la denuncia del comportamiento hipócrita de una sociedad determinada hacia unos subvalores morales y religiosos.
         El poemilla “Quisiera ir a China/para orientarme un poco”, tan cercano a las greguerías de Ramón de la Serna, lleva el siguiente epígrafe: “Tan grande el encanto de sus montes y ríos... M.”. Bajo esta inicial se esconde Mao Tsé-tung, a quien no hubiera sido posible nombrar en la España de la década de los cincuenta42. (El uso de iniciales o nombres de pila escondiendo los apellidos delatores fue práctica frecuente). Deja constancia el poeta en este poemilla de sus inclinaciones y filiación ideológicas. Por supuesto, el lápiz rojo lo fulminó.
         Mientras En castellano está sufriendo esta criba, Blas de Otero acude a homenajes, conmemoraciones y está presente en los actos poéticos más  representativos, además de seguir escribiendo incansablemente nuevos poemas. En marzo de 1959 participa en París en el homenaje que organiza la universidad de la Sorbona, en representación de los escritores españoles, en conmemoración del XX aniversario de la muerte de Antonio Machado. Unos días antes había asistido a los actos celebrados en Collioure ante la tumba del poeta. Entre los días 18 y 25 de mayo de este mismo año participa en las “Jornadas Poéticas” de Formentor. En las fotografías que reúnen a los pequeños grupos afines, aparecen José Agustín Goytisolo, Barral y Gil de Biedma junto a Blas de Otero y, a veces, con Gabriel Celaya. Blas de Otero protagoniza una célebre controversia con Carles Riba sobre la calidad poética del lenguaje coloquial, respaldando con su autoridad, ante un Congreso internacional, una de las teorías estéticas que meses después se integrarían en el prólogo de la antología de Castellet, Veinte años de poesía española43.
         Blas de Otero es un poeta universalmente reconocido. Recibe premios nacionales e internacionales, el de la Crítica en 1958 por Ancia, en 1962 el Fastenrath de la Real Academia española y un año después el internacional Omegna Resistenza en Italia. Sus poemas se traducen a distintas lenguas y es una presencia ineludible en los foros poéticos y en las más importantes antologías de diferentes tendencias y criterios. Se recogen muestras de todas sus obras en más de cincuenta antologías, desde laAntología Consultada de la joven poesía española, editada en 1952 por F. Ribes, la Antología del Segundo Congreso de poesía (Salamanca, Diputación Provincial, 1953), Veinte poetas españoles (1955), de Rafael Millán; la Antología de la nueva poesía española (1958) de José Luis Cano o Poesía Spagnola del Novecento de Oreste Macri44. Está entregado a la creación en cuerpo y alma, se reclama su presencia en jurados, se editan sus obras fuera de España y desarrolla una gran actividad reflejada no sólo en las obras publicadas en una década, sino en sus conferencias y viajes, acudiendo allá donde se le reclama, lo que muestra la estima y consideración por su persona y su obra.
         Aunque En castellano tuvo que ser publicado en Francia, lo hizo en una de las más importantes editoriales, la Pierre Seghers, y en la edición bilingüe, preparada por el gran hispanista Claude Couffon. Su presentación en febrero de 1960 en la Librería Española de París constituyó un importante acontecimiento editorial y político45. Algunos importadores intentan introducir esta y otras obras en las distintas ediciones que se habían realizado fuera de España, con resultados no siempre satisfactorios, pero por la frontera, en forma clandestina van entrando ejemplares escondidos en las ropas de los amantes de la poesía  y de la libertad.
         En el Archivo General de la Administración hay dos expedientes con números correlativos – 3648 y 3649 – ambos de 1961, que corresponden a dos solicitudes de importación. La primera corresponde a la edición que en 1960 había llevado a cabo Losada, en Buenos Aires, de Ángel fieramente humano  y Redoble de conciencia. El censor hace referencia al expediente 5785-57 y escribe: “Canciones poemáticas, predominando el tipo metafísico, sentimental y amoroso. PUEDE AUTORIZARSE”, con fecha 24-6-61. La firma es clara: M. de la Pinta Llorente46.
         La segunda solicitud de importación corresponde a Con la inmensa mayoría47. El censor (27) emite el siguiente informe: “Sin antecedentes. Una colección de magníficos poemas. Pese a una temática disímil y heterogénea, el vértice de un buen número de canciones de España, y varias tienen un carácter  político grave”.  Marca con  el  lápiz  rojo  la  página 97 y escribe a continuación:  “ Se titula la canción ‘La va buscando’ y reza así”:
“Dos espumas frente a frente.Una verde y otra negra.Lo que la verde pujaba,lo remejía la negra.La verde reverdecía.Rompe, furiosa, la negra.
Dos Españas frente a frente.

Al tiempo de guerrear,
al tiempo de guerrear,se perdió la verdadera.       Aquí yace      media España.Murió de la otra media.
         Y continúa diciendo el censor: “Esta es la más grave del libro. En otras poesías se acusa este tema, y no faltaba la ‘brutal’ España”. Este poema llevaba como epígrafe la siguiente cita de Alfonso X el Sabio, Primera Crónica General de España, “...España sobre todas es adelantada et más que todas preciada por lealtad. ¡Ay España!, non ha lengua nin ingenio que pueda contar tu bien. Pues este reino tan noble... fue derramado et astragado en una arremesa por desavenencia de los de la tierra que tornaron sus espadas en sí mismos unos contra otros...; et perdieron í todos, ca todas las ciudades de España fueron presas...”.
         El epígrafe le da pie para apoyar en él la repetición de nuestra historia, la lucha fratricida, junto con las sabias palabras del Cancionero y las premonitorias de Larra. Como consecuencia se deniega la importación del libro en la misma fecha del expediente anterior.
         Como se ha podido observar, son diez años de lucha con la censura, que a cada nuevo libro responde de forma más enérgica, se vuelven drásticas las resoluciones, las decisiones irreversibles. Ya no es posible apelar, intentar un acuerdo o alegar interpretaciones equivocadas. A Blas de Otero le ofrecen distintas editoriales y de diversos países la posibilidad de publicación, pero esto le obliga a claudicar de su deseo más ardiente: publicar en su país, en España. En carta a José Luis Cano (1963) confiesa literalmente refiriéndose a En castellano: “la censura lo prohibió, y por eso apareció en París”. En un poema “Impreso prisionero” de Que trata de España (1964) denuncia el contrasentido de escribir en España y publicar en Francia, en estos versos:
“¡Ira de Dios, espanto de los siglos venideros!Habloen español y entiéndese en francés.¡Oh qué genial trabucamientodel diablo!¿Hablar en castellano? Se prohibe.Buscar España en el desiertode diecinueve cegadores años.Silencio.Y más silencio. Y voluntad de vidaa contra dictadura y contra tiempo.”
         Sin embargo, y como veremos en un próximo artículo, continuación de este, seguirá sufriendo los efectos de la censura de forma contundente hasta la transición política; es más, a partir de 1975 figuran en el Archivo General de la Administración catorce solicitudes de publicación – “Consultas Voluntarias” en el argot del Ministerio de Información y Turismo, Sección de Ordenación Editorial – correspondientes a antologías, nuevas ediciones o primeras impresiones de obras de Blas de Otero, que se prolongarán hasta 1981.
OBRAS CITADAS
ABELLÁN, Manuel L., Censura y creación literaria en España (1939-1976), Barcelona,   Península, 1988.
ALONSO, DÁMASO, “Poesía arraigada y poesía desarraigada”, Poetas españoles contemporáneos, Madrid, Gredos, 1952, 345-358.BARRAL, CARLOS, Los años sin excusa, Barcelona, Barral, 1986.
CANO, JOSÉ LUIS, Los cuadernos de Velintonia, Barcelona, Seix Barral, 1986.
COHEN, J. M., “Since the Civil War. New Currets in Spanish Poetry”, Encounter, XII, 2 (febrero 1959): 44-53.
CRUZ, SABINA DE LA, Blas de Otero. Contribución a una edición crítica de su obra, Madrid, Universidad Complutense, 1983. – , “Notas biográficas de Blas de Otero”, Al amor de Blas de Otero, ed. José Ángel Ascunce, Actas de las II Jornadas Internacionales de Literatura: Blas de Otero, Universidad de Deusto, sede San Sebastián, 1986, 21-35.
        , “Los poetas del grupo catalán y Blas de Otero”, Ínsula, 523-524 (julio-agosto 1990), 17-19.
CRUZ, SABINA DE LA y LUCÍA MONTEJO, Blas de Otero. Poesía escogida, Barcelona, Vicens Vives, 1995.
GARCÍA DE LA CONCHA, VÍCTOR, La poesía española de 1935 a 1975, vols. I y II, Madrid, Cátedra, 1987.
GARCÍA DE NORA, EUGENIO, “Recuerdos y secretos oterianos”, Al amor de Blas de Oteroop. cit., 79-93.
MONTEJO GURRUCHAGA, LUCÍA, “Las limitaciones de expresión en España durante las décadas cincuenta y sesenta: el ejemplo de dos antologías poéticas”, Epos, Fac. de Filología, UNED, vol. XII, 1996, 277-295.
NEIRA, JULIO, Blas de Otero. Correspondencia sobre la edición de “Pido la Paz y la palabra”, Madrid, Hiperión, 1987.
NÚÑEZ, ANTONIO, “Encuentro con Francisco Brines”, Ínsula, 242 (enero, 1967), 26.
RIERA, CARME, La escuela de Barcelona, Barcelona, Anagrama, 1988.
ROMERO, LUIS, “Evocación de Blas de Otero”, Blas de Otero. Study of a Poet, edited by Carlos Mellizo y Luise Salstad, University of Wyoming, Department of Modern and Classical Languages, Laramie, Wyoming, 1980: 75-82.
RUBIO, FANNY, Las revistas poéticas españolas (1935-1975), Madrid, Turner, 1976.
SUNÉN, LUIS, “ Blas de Otero con los ojos abiertos”, Reseña, XIII, 91 (enero 1976): 17-19.
VILLANUEVA, TINO, Tres poetas de posguerra: Celaya, González y Caballero Bonald, London, Tamesis Books Limited, 1988.


1 Para una información detallada sobre los cambios de nombre y organismos gubernamentales de los que dependía la sección de censura, de los trámites a seguir para pasar este control – impresos, solicitudes y requisitos – y conseguir la autorización, véase mi artículo “Las ´limitaciones de expresión` en España durante las décadas cincuenta y sesenta: el ejemplo de dos antologías poéticas”, Epos, Fac. de Filología, UNED, vol. XII, 1996, 277-295.
2 Los años sin excusa, Barcelona, Barral, 1978, 148.
3 Entrevista incluida en el libro de TINO VILLANUEVA, Tres poetas de posguerra: Celaya, González y Caballero Bonald, London, Tamesis Books Limited, 1988, 358.
4  ANTONIO NÚÑEZ, “Entrevista con Francisco Brines”, Ínsula, 242, enero de 1967, 26. Es posible que esta declaración fuera la única que Brines podía hacer en esta fecha, ya que no ignoraba las dificultades que estaban sufriendo algunos de sus amigos poetas.
5  LUIS SUÑÉN, “Blas de Otero con los ojos abiertos”, en Reseña, XIII, 91, Madrid, enero 1976, 17.
6  Tres solían ser los dictámenes comunes: “se autoriza la publicación”, “se autoriza con las supresiones señaladas en páginas...”, y “se deniega”.
7  Consideramos su etapa de formación la que comprende lo publicado hasta la aparición de su primer libro Ángel fieramente humano (1950). Son poemas de adolescencia y juventud, que van apareciendo en distintos periódicos y revistas desde 1953, y el folleto Cántico Espiritual (1942) en honor de San Juan de la Cruz. Para una información detallada de este período puede verse el volumen Blas de Otero. Poesía escogida, edición de Sabina de la Cruz y Lucía Montejo, Barcelona, Vicens Vives, 1995.
8 Parece ser que Florentino Pérez Embid – director general de Información y de quien dependía la censura de libros en aquel momento – lo vetó para el Adonais. Véase al respecto el libro de José Luis Cano,Los cuadernos de Velintonia, Barcelona, Seix Barral, 1986, 40.
9 La editorial Ínsula se fundó al amparo de la revista de crítica literaria homónima. La poesía ocupó en esta colección un lugar principal, pero abarcó los demás géneros y no se limitó a editar obras de autores españoles. Se inició con la reedición de Ocnos, de Cernuda y acogió obras muy representativas de la nueva poesía española de aquellas décadas.
10 En aquel momento llevaba el membrete de la Secretaría Popular, Delegación Nacional de Propaganda, Sección de Censura de Publicaciones y dirigida al Ilmo. Sr. Delegado de Propaganda. En él había que detallar las características del libro que se pretendía publicar: autor, título, editor, número de páginas y número de ejemplares.
11 José Luis Cano, cuya importante labor de crítico, antólogo y biógrafo –conocida por todos–, conjugada con la creación de su intensa labor poética, asumía en aquellos momentos, entre otros cargos, el de Secretario de Ínsula.
12 Juan Beneyto Pérez, ligado al falangismo y con importante participación en sus órganos de expresión, ejerció cargos relevantes: fue Director General de Prensa, Director General de la Escuela Oficial de Periodismo y Presidente del Consejo Nacional de Prensa. Ocupó la cátedra de Ciencias Políticas en la Universidad de Madrid; fue también profesor de la Escuela Judicial y Subdirector de los cursos de Periodismo de la Universidad Menéndez y Pelayo de Santander, entre otros. Escribió más de una docena de libros sobre determinados aspectos políticos y jurídicos.
13 Este expediente y otros muchos que iremos viendo, ponen en evidencia la escasa o nula formación de algunos censores, el anonimato en el que se movían, su agrupación en jerarquías y estamentos, la falta de respeto y poco crédito con que se trataban, ya que sin ningún miramiento se permitían cambiar los juicios emitidos por sus subordinados.
14 Los puntos suspensivos eran síntoma, para los lectores medianamente avezados, de que había habido una supresión por imposición de la censura. Su uso fue una práctica común; unas veces por obligación, otras por elección de los autores, que salvaban así su responsabilidad de creadores.
15 LUIS ROMERO, “Evocación de Blas de Otero”, Blas de Otero, Study of a Poet, edited by Carlos Mellizo & Luise Salstad, University of Wyoming, Department of Modern and Classical Languages, Laramie, Wyoming, 1980, 79.
16 Prolongación del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, se creó a finales de los años cuarenta en Barcelona. Como alternativa a los Adonais convocó – a partir de 1949 – los premios Boscán.
17 Espadaña, León, núm. 47, 1950, 95. Esta revista, autorizada por la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda en mayo de 1944, tenía como artífices a Victoriano Crémer, Antonio G. de Lama y Eugenio de Nora. En ella se llevó a cabo la controversia entre tremendistas y rehumanizadores, por un lado, y garcilasistas y neoclásicos por otro. Encabezó la rehumanización poética y contribuyó a la progresiva recuperación del grupo poético del 27. Se vinculó a Neruda, Valery, y Aragon, dedicó un número de homenaje a César Vallejo y fue vehículo en el paso de la rehumanización hacia el compromiso.
18 La poesía española de 1935 a 1975. De la posguerra a los años oscuros. 1935-1944, vol.I, Madrid, Cátedra, 1987, 481. EUGENIO DE NORA en “Recuerdos y secretos oterianos”, Al amor de Blas de Otero, ed. José Ángel Ascunce, Actas de las II Jornadas Internacionales de Literatura: Blas de Otero, Universidad de Deusto, sede San Sebastián, 7-11 de abril de 1986, 91, corrobora que este soneto contribuyó a la desaparición de Espadaña.
19  Esta colección, con sede en Santander y con el nombre de uno de sus propietarios, hizo una apuesta por la poesía joven. A lo largo de la década de los cincuenta reeditó el poemario Los muertos de José Luis Hidalgo, una antología de José Hierro, Metropolitano – el primer libro de poesía de Carlos Barral – y Conjuros, de Claudio Rodríguez. Consiguió un rápido prestigio a pesar de publicarse lejos de los escasos y habituales circuitos de poesía y aportó a la ciudad un valor cultural que contribuyó al desarrollo de otras editoriales.
20  Blas de otero. Correspondencia sobre la edición de Pido la paz y la palabra, Madrid, Hiperión, 1987.
21 MANUEL L. ABELLÁN, Censura y creación literaria en España (1939-1976), Barcelona, Península, 1988, 287-288.
22  Este poema apareció por primera vez en Platero, Cádiz, núm. XXIV, 1954, 12, donde había sido respetado y figuraba íntegro a pesar de que llevaba la siguiente cita evangélica: “Así también vosotros por fuera os mostráis justos a los hombres; mas por dentro  estáis llenos de hipocresía e iniquidad” (Mt, 23,28). Sin embargo, creyeron que en esta ocasión y formando parte de un libro, no pasaría la censura. SABINA DE LA CRUZ, en su Blas de Otero. Contribuciones a una edición crítica de su obra, Madrid, Universidad Complutense, 1983, 997, señala que las circunstancias hacían aconsejable suprimir la cita e incluir el poema autógrafo aunque la lectura se viera muy dificultada, ya que, un poema referido a Bilbao que denuncia una sociedad hipócrita preocupada sólo por las apariencias, que practica una religión de conveniencias y en la que se produce la explotación del hombre por el hombre, sería difícil que pasara sin tachaduras. La revista Platero pudo editarse hasta octubre de 1954 y a juicio de FANNY RUBIO –Las revistas poéticas españolas (1939-1975) Madrid, Turner, 1976, 61 – tuvo las condiciones necesarias para reunir a los distintos sectores de la poesía y con su estela juanramonina abrió paso tanto a la tendencia existencial , como a la surrealista, y a la testimonial y comprometida. Blas de Otero publicó en ella en varias ocasiones desde 1951 a 1954. (Algunos de estos poemas, como el titulado “Así es” (Platero, VIII, 1951), los sonetos “Qué extraño carrusel de cristal rojo” (Platero, IX, 1951) y “Negra delgada” (Platero, XVI, 1952), no los recogerá en ninguno de sus libros).
23  Véase al respecto el artículo de SABINA DE LA CRUZ, “Los poetas del grupo catalán y Blas de Otero”, en Ínsula, 523-524, julio-agosto, 17-19.
24 Ibidem, 17. Bajo el mecenazgo de Alberto Puig Palau (como señalan CARLOS BARRAL, Los años sin excusa, Barcelona, Barral, 1978, 83 y CARME RIERA, La escuela de Barcelona, Barcelona, Anagrama, 1988, 70), se trasladará a vivir a la calle Milanesado. Es frecuente que Blas de Otero deje rastros en sus poemas del lugar o la fecha en que fueron escritos. En el poema “Caniguer” que antes de su integración en En Castellano, apareció en Papeles de Son Armadans, núm. IX, diciembre de 1956, 295, escribe al pie: “Milanesado, 32. Barcelona”.
25  De los comentarios en prosa de San Juan de la Cruz a “En una noche oscura”, libro II, Cap. V de Noche oscura del alma.
26  “Poesía arraigada y poesía desarraigada”, en Poetas españoles contemporáneos, Madrid, Gredos, 1952, 345-358.
27  El verso primitivo pudo ser repuesto en la antología Expresión y reunión, Madrid, Alfaguara, 1969. Con esta expresión imprevista, esta relación incongruente, que utilizará en otras ocasiones, está llamando la atención al lector avezado sobre las intervenciones señoriales que se están produciendo. Se puede añadir el mismo procedimiento en una de las prosas de Historias fingidas y verdaderas.
28  En el conjunto de poemas pertenecientes a Ansia que entregó a la censura, se encuentran algunos, que formaban parte de “Parábolas y Decirse” – “Labio con labio en forma de salida”, “Revelación”, “Parabolilla”, “Parábola del poeta estancado”, “INRI” – que, finalmente, no incluyó y que siguen, por tanto, inéditos. Algunos de estos poemillas confirman lo que la crítica ha señalado en alguna ocasión: la influencia de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna.
29  De Ansia se han hecho sucesivas ediciones; en la 8. ª ED. de la Colección Visor de 1992, se recoge que la 1. ª la realizó AP. editor, Barcelona y la 2. ª Visor en 1972, que sigue reeditando periódicamente esta obra.
30  Tomo estos datos de SABINA DE LA CRUZ, Blas de Otero. Contribución a una edición crítica de su obra, os. Cid. , 148.
31  Se edita En castellano, con el título Parlar CLAI, ED. bilingüe, traducido y prologado por Laude Couffon, Pierre Seghers, Paris, 1959. Un año más tarde es publicado por la Universidad Autónoma de México y casi al mismo tiempo en Buenos Aires por Losada, Con la inmensa mayoría: (Pido la paz y la palabraEn castellano). La cuarta edición la llevará a cabo también Losada en 1962, reuniendo en un solo volumen los cuatro libros de Blas de Otero (Ángel fieramente humanoRedoble de concienciaPido la paz y la palabra y En castellano) con el título general de Hacia la inmensa mayoría.
32  No es la primera vez que recurre a este tipo de soluciones expresivas para salvar el control de la censura. Recuérdese, por ejemplo, el soneto “Ecce Homo” de Ancia en cuyo verso 13 dice el poeta :”¡ Retira, Oh Tú, tus manos asembrinas”. En 1963, en la antología Esto no es un libro, Editorial Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, 1963, repone el adjetivo primitivo, “asesinas”, pero a partir de esa fecha lo sustituye por la propuesta alternativa, “asembrinas”, que dejó como definitiva.
33  Blas de Otero. Contribuciónop. cit., vol. II, 1096.
34  Que trata de España, La Habana, Editora del Consejo Nacional de Cultura. Editorial Nacional de Cultura, 1964, 1.ª parte: Libro I, Pido la paz y la palabra; Libro II, En castellano; 2.ª parte: Libro III,Que trata de España.
35  El Ministerio de Información y Turismo, del que en este momento dependía la Inspección de Libros, se creó en 1951, y se confió esta cartera a Gabriel Arias-Salgado, que la ocupó hasta 1962. Hombre caracterizado por su ortodoxia doctrinal y política, y su inquebrantable lealtad a Franco, en su tiempo la censura se aplicó con dureza. Aludiendo a su celo por la salvaguarda de la moralidad, se comentaba en ciertos círculos: “Con Arias-Salgado todo tapado”. El inmovilismo fue la nota dominante de su política informativa.
36  Sin embargo, este poema – aunque sin dedicatoria – había aparecido íntegramente en la revista Papeles de Son Armadans, dirigida por Camilo José Cela, Palma de Mallorca, núm. IX, diciembre de 1956. La primera vez que el poema vio la luz, tal y como había sido creado, fue en su antología Esto no es un libro, Universidad de Río Piedras, Puerto Rico, 1963. No sólo se repone el título, sino también el canto del “Gernikako arbola”, símbolo de la patria vasca, que lo encabeza y su traducción castellana, que resultan imprescindibles para entender el poema en su complejidad. Así lo hace notar también Claude Couffon en la edición de París (1959) en una nota a pie de página: “Le chène de Guernica, symbole des libertés basques”.
37  Este poema había aparecido por primera vez en Papeles de Son Armadans, núm. 27, junio de 1958, pero con algunas variantes, que corresponden a cambios por autocensura: “Espada” por “España”, “añil” por “azul”, “molada” por “morada”. “España” puede, por tanto, ser suplantada por “espada” o “espuma”, tal y como figura en el primer verso de “La va buscando” de En castellano: “Dos espumas frente a frente”, en clara alusión a los bandos enfrentados en nuestra guerra civil. Estos disfraces bajo los que en apariencia parecen recomponerse fácilmente las palabras solapadas, se le escapan a un lector no iniciado. Nos encontramos con palabras sencillas que se ven arrastradas por expresiones indirectas, que organizan y modelan el nivel semántico, apto sólo para un lector ideal.
38  Es contestación al poema de Celaya “Segunda carta a B. de Otero” incluido en Las cartas boca arriba.
39  J.M. COHEN, “Since the Civil War. New Currents in Spanish Poetry”, Encounter, Londres, 12, núm. 2, febrero 1959, 53. No era la primera vez que la prensa extranjera denunciaba esta situación. A este respecto se pueden ver: Romancero della resistenza spagnola, ed. Dario Puccini, Feltrinelli, Milano, 1960, y “Demain L´Espagne”: “Anthologie del l’espérance”; “Notes sur la condition d’écrivain en Espagne”, “Le rideau du silence” (en conmemoración del 20 aniversario de la Guerra Civil), en Esprit, núm. 242, septiembre 1956.
40  No es la primera prosa oteriana. Varias aparecieron ya en Ancia, y seguirán repartiéndose por todos o casi todos sus libros hasta converger en un libro completo escrito en prosa, Historias fingidas y verdaderas, publicado en 1970.
41  Tomo estos datos del SABINA DE LA CRUZ, Blas de Otero. Contribución..., op. cit., II, 1063.
42  En la edición que cinco años más tarde se lleva a cabo en La Habana, se tituló “Oriente” y falta la cita de Mao. Las relaciones que por entonces mantenían los mandatarios de estos países no debían pasar por sus mejores momentos, y Blas de Otero tuvo que autocensurarse también en un país socialista.
43  SABINA DE LA CRUZ, “Los poetas del grupo catalán...”, art. cit., 17.
44  Sin ánimo de exhaustividad citamos algunas de las más relevantes, que tuvieron ediciones sucesivas y fueron de tirada cuantiosa, como: Poesía española. Antología, ed. Jorge Campos, Madrid, Taurus, 1959; Hispánia, Hispánia..., XX százándi spanyol Költok versei, ed. András Laszló, Európa Kònyvkiadó, Budapest, 1959; Poetry of This Age (1908-1958), ed. John Michael Cohen, Arrow Books, Londres, 1959; Romancero della resistenza spagnola, ed. Dario Puccini, Feltrinelli, Milano, 1960;  Veinte años de poesía española (1939-1959), ed. José María Castellet, 1960; Antología de la poesía española e hispanoamericana, de J. M. Valverde, Renacimiento, México ,1962; Poetas españoles contemporáneos. Antología y análisis estilístico, ed. Matías Rafide, Fondo Editorial Educación Moderna, Santiago de Chile, 1962; El tema de España en la poesía española contemporánea, ed. José Luis Cano, Revista de Occidente, Madrid, 1964; Antología bilingüe de la poesía española moderna(traducciones al inglés), ed. Helen Wohl Patterson, Madrid, Instituto de Cultura Hispánica, 1965; Antología Literaria Española Contemporánea, ed. F. Lázaro Carreter y E. Correa, Anaya, Salamanca, 1965; Chants pour l’Espagne: 1907-1965, ed. François Martorell, Club des amis du livre progressiste, Paris, 1966; Poesía española contemporánea. Estudio y antología (1939-1965), ed. Manuel Mantero, Barcelona, Plaza & Janés, 1966 y tantas otras.
45  SABINA DE LA CRUZ, “Notas biográficas de Blas de Otero”, Al amor de Blas de Oteroop. cit., 21-35.
46  Miguel de la Pinta Llorente, nacido en Valladolid en 1909, agustino, censor eclesiástico, dedicó gran parte de su vida al estudio de la Inquisición y sus procesos más importantes, con obras como un Manual de historia de la Inquisición. Las cárceles inquisitoriales españolas (1949), Ortodoxia y heterodoxia (1961), o Procesos inquisitoriales contra la familia de Vives (1965).
47  Se trata de la edición que Losada llevó a cabo en Argentina en 1960. El libro recoge Pido la paz y la palabra y En castellano, pero con el nuevo título no se había presentado a la censura.