diumenge, 16 d’octubre de 2016

En el 76è aniversari de l'afusellament d'En Lluís Companys, President de la Generalitat de Catalunya..



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Procés i execució del president Lluís Companys

Després de l’entrada de les forces franquistes a Barcelona i consumada així la desfeta republicana en la Guerra Civil, Lluís Companys, el president de la Generalitat de Catalunya, va exiliar-se a França el gener de 1939. Aviat, però, el 13 d’agost de 1940, va ser detingut per les forces del govern alemany a la localitat de Baule-les-Pins (Bretanya). Els alemanys mai van considerar-lo com un refugiat de guerra que s’havia exiliat de l’Espanya franquista, sinó com un criminal fugit d’un règim amic del nazisme i, en conseqüència, se li va aplicar l’extradició. Així, Companys va ser conduit cap a Madrid, als calabossos de la Direcció General de Seguretat, on va ser víctima de diverses vexacions i tortures.
El 3 d’octubre va ser traslladat al castell de Montjuïc de Barcelona per ser sotmès a un Consell de Guerra sumaríssim per rebel·lió militar, un judici que va estar ple d’irregularitats. La voluntat de Companys d’autodefensar-se no li va ser admesa i va declarar-se totalment responsable de la seva actuació pública, com a dirigent polític i com a president de la Generalitat, tot assumint la de tots els seus col·laboradors, d’abans, de durant i de després de la guerra. La sentència a mort era inevitable i el 15 d’octubre de 1940, cap a dos quarts de set del matí, al fossar de Santa Eulàlia del Castell de Montjuïc, el president Companys va ser afusellat. De cara a l’escamot, format per soldats d’infanteria, va pronunciar les seves darreres paraules: “Per Catalunya!”. El president de Catalunya havia estat assassinat. Naixia el mite del president màrtir.
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Lluís Companys i Jover
Reproduïm els fets sobre la detenció el consell de guerra sumaríssim i l’execució de Companys a través de dos documents del moment: l’Informe sobre Lluís Companys i Jover que va realitzar el Consolat alemany a Barcelona i un fullet que la FORCA (Fuerza Obrera Organizadora Reaccionista Catalana y Antifascista) va repartir clandestinament a la ciutat de Barcelona.
Informe sobre el procés i execució de Lluís Companys i Jover realitzat pel Consolat alemany a Barcelona (15 d’octubre de 1940):
Procedente de la Dirección General de Seguridad, llegó hace unos quince días el que durante el período rojo fue presidente de la Generalidad de Cataluña. En esta ciudad debía incoarse el procedimiento correspondiente y verse el Consejo de Guerra que lo juzgase.
Durante la semana pasada se llevan a efecto las diligencias correspondientes, formulando sus conclusiones provisionales tanto el fiscal como el defensor. Se señaló el día de ayer para la celebración del Consejo de Guerra.
Durante los breves días en que se procedió a recoger los datos necesarios y se han practicado las oportunas diligencias, Companys ha permanecido alojado en un departamento situado en el castillo de Montjuich, próximo a la verja del rastrillo de la Plaza de Armas de dicha fortaleza. Como únicas visitas ha recibido las de sus dos hermanas residentes en esta ciudad, siendo atendido debidamente por los servicios de la prisión. En sus conversaciones se ha mostrado tranquilo y resignado ante su próximo fin. Se ha quejado del trato recibido en los calabozos de la Dirección General de Seguridad, así como en la Prefectura de Policía de París. Decía que se le había exhibido como a una fiera o ejemplar raro […].
La sala está atestada. Asisten unas trescientas personas, en su mayoría jefes y oficiales del Ejército. Hay algunos jefes y elementos de Falange, así como paisanos, perfectamente controlados. También concurren hasta una docena de señoritas.
Companys aparece sentado en el banquillo, siendo su aspecto normal si bien demacrado, ofreciendo su semblante un color terroso. Viste traje claro y calza alpargatas.
Previa a la venia del presidente, comienza el instructor a leer el apuntamiento que, aunque algo extenso, es concreto, determinándose en forma clara los antecedentes y actuación del encartado. Se leen los informes de la Policía y la Guardia Civil; también se citan declaraciones de algunos testigos, entre ellos Armenteros, Capitán Bravo [sic], señor Sánchez Cañete y un funcionario del Ayuntamiento. Cuando tiene lugar la lectura del informe de la policía se hacen en él alusiones a la vida privada del encartado y éste, entonces, se levanta de su asiento para decir que lo que es leído es «canallesco y falso». Pretende continuar, mas es invitado por aquél a sentarse, debiendo exponer lo que desee cuando le llegue su vez. Dice entonces Companys que nada manifestará entonces y se sienta […].
El defensor, en forma muy breve y concisa, estima que su patrocinado es autor en todo caso del delito de auxilio a la rebelión con atenuantes, por lo que considera debe imponérsele la pena de veinte años y un día. Basa su informe en el hecho de que aquél ningún mal hizo directamente y siempre que pudo evitar sufrimientos a los perseguidos los realizó [sic].
Al terminar el defensor su informe, se dirige al procesado el presidente por si desea hacer alguna manifestación, levantándose éste y dice: «La historia nos juzgará a todos; moriré por mis ideales, pero sin rencor».
A continuación, es despejada la sala, para deliberar en sesión secreta el Consejo. Pasa algún tiempo y no se reanuda la vista, por lo que los asistentes, que aún esperaban una nueva llamada abandonan el Castillo.
En el día de ayer, Companys vuelve a recibir la visita de sus hermanas y habiendo entrado en capilla en las últimas horas de dicho día se despiden del mismo aquéllas en forma serena […].
En el Castillo se hacen los preparativos para llevar a cabo la ejecución, que tendrá lugar en el día de hoy. Des de las últimas horas de la tarde se establece por las afueras de Asalto [sic] servicios de vigilancia en los alrededores del Castillo y carretera que va al cementerio de Casa Antúnez [Can Tunis]. Llegan los forenses y el piquete de ejecución. Las personas que se mueven en las inmediaciones del sentenciado no duermen en toda la noche. Este sigue tranquilo y es asistido por dos capellanes militares, con los cuales conversa sobre materia de religión, admitiendo ha sido, en su vida, dominado por un confusionismo absoluto sobre tales extremos, mas reconoce es un gran pecador. Admite la preparación que le ofrecen los sacerdotes para recibir las Sagradas Formas. En la madrugada se dice misa, que es oída por el condenado a muerte; éste confiesa y comulga. Terminada esta ceremonia, conversa con los que le acompañan, principalmente con los dos sacerdotes, que no se separan de él ni un momento; el defensor también le asiste en estos sus últimos momentos.
Dan las seis, la hora señalada para la ejecución, pero aún es de noche. Se espera un poco más y veinte minutos después, según el reloj de la Plaza de Armas, se organiza la fúnebre comitiva. Companys sale de su alojamiento fumando un pitillo y sereno. Se inicia la marcha desde el rastrillo de entrada en el patio del castillo; rompe aquella un soldado, llevando un crucifijo en alto; siguen otros dos, alumbrando el camino con dos potentes faroles de gasolina; a continuación marcha el condenado con los dos sacerdotes y el defensor, seguidos por el juez de la fortaleza y diversos oficiales; cierra la marcha un piquete de la Guardia Civil el mando de un oficial. Domina el silencio más absoluto y así se llega al pasadizo subterráneo que, descendiendo desde la explanada norte del castillo, comunica ésta con el foso que da a la Exposición. El descenso se realiza lentamente y de uno en uno. Al llegar abajo sólo se oye hablar animadamente al reo con los sacerdotes; incluso sonríe. En sus últimos pasos es invitado por sus confesores a que se desprenda de todo sentimiento material y eleve su alma a Dios.
Por fin se hace alto, se despide de sus acompañantes inmediatos y es conducido cerca del muro. Su marcha es decidida. Empiezan a romper las primeras claridades del nuevo día. Los zapatos blancos que lleva el condenado, así como el pañuelo del bolsillo, destacan claramente en la oscuridad. Mira de frente al pelotón, sin titubeos, y al dar el oficial que manda el piquete la voz de firmes a sus fuerzas, levanta, se oye la voz de apuntes y fuego [sic]. La sentencia ha sido cumplida. Se acerca el oficial y dispara un tiro de gracia, que repite. Los forenses proceden a reconocer el cadáver, el cual es colocado en una camilla y cubierto por una manta colorada. Se le transporta a la ambulancia que le ha de conducir al cementerio.
Y así terminó su existencia el que en vida fue Lluís Companys i Jover.
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Extracte del summari judicial on es condemna a mort al president Companys
Fullet que circulava per Barcelona explicant la detenció i execució del president Companys (28 de novembre de 1940):
Tras la derrota del ejército francés tuvo lugar la ocupación de casi toda Francia […]. Companys demoró su huída para buscar a su hijo, que había desaparecido tras un ataque aéreo. Después ya fue demasiado tarde […] En el villorrio de Le Baule les Pins (Loire Inf.) fue detenido por la policía alemana e internado en la “Santé” de París, donde se le maltrató en diversas ocasiones. Su alimentación consistía en pan y agua. Se le traslado posteriormente a una prisión de la Gestapo, en donde arreciaron los malos tratos y los interrogatorios. Se le quitaron todos los objetos de uso personal. A medio vestir hubo de fregar la cocina de la cárcel, azuzado a golpes. Se le decía: “No se dice que los alemanes somos unos brutos. Ya te lo demostraremos”.
A finales de agosto fue entregado a las autoridades españolas […]. Se le traslado a Madrid vía Hendaya y se le internó en los sótanos de un edificio público. Tampoco tenía mantas. El trato y los interrogatorios fueron malos, pero no tanto como en el caso de la Gestapo. Se le dio permiso para escribir a su familia y para obtener comida y objetos personales, pero sus cartas no llegaron a su destino, pues fueron confiscadas.
El 4 de octubre se le trasladó a Barcelona por Zaragoza y se le internó en el Castillo de Montjuich. Hizo el viaje esposado. En Cataluña no recibió malos tratos. La noticia del encarcelamiento de Companys se extendió como un reguero de pólvora en toda Cataluña […], produciendo pena y compasión generales. La población se negó a creer la noticia.
El 7 de octubre se le leyó la acusación. Fue en la misma fecha en la que se había encontrado, también en Montjuich en 1934. La acusación se basaba en que Companys había luchado con todo su prestigio contra el triunfo de la causa nacional, en que se había hecho cargo del poder ilegalmente y en que había incitado a la rebelión […]. El 14 se reunió el Consejo de Guerra para juzgar a Lluís Companys. El 15 de octubre, a las 6:30 de la madrugada, se le fusiló en los fosos del Castillo, poco después de darle conocimiento de la sentencia. A lo largo de todo su calvario, Companys mantuvo siempre su fortaleza de carácter, lo que incluso llegó a impresionar a sus enemigos. Esperaba un final así, pero lo aguardaba con seriedad, gallardía y serenidad. Poco antes de su muerte pidió permiso para descalzarse, con el fin de tocar con sus propios pies la tierra catalana al morir, afirmando: “Moro per Catalunya i per la República. Sóc feliç de morir a Catalunya i si hi ha alguna cosa que em pesa és només que ja no podré fer res pels meus ideals. Que tinguin valor els qui encara queden, esperança i fermesa. Visca Catalunya!”.













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