dimarts, 7 de juliol del 2026

El día en que el franquismo asesinó la risa

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Carlos Gómez Carrera, Bluff, convirtió a Franco en objeto de burla desde las páginas de La Traca. El régimen nunca se lo perdonó y acabó llevándolo ante un pelotón de ejecución.


Franco, en una de las viñetas más conocidas de Bluff.

Franco, en una de las viñetas más conocidas de Bluff. / La Traca

Vicent Domingo

Vicent Domingo

València

Francisco Franco, apodado Paco el rana en sus tiempos dorados de dictador inaugurador de pantanos y Cerillita en sus años mozos por lo poquita cosa que era, siempre supo del poder demoledor de la risa. Asesino de rojos, comunistas, sindicalistas y masones, Paca la Culona- como le bautizó el dipsómano Queipo de Llano - tuvo la precaución y la amable deferencia de guardar unos cuantos puestos en las listas de la muerte para quienes, utilizando su ingenio y solo con lápiz y papel, causaron más destrozos en sus filas que los obuses de Vicente Rojo.

Carlos Gómez Carrera, Bluff, fue uno de aquellos dibujantes que con sus caricaturas en el semanario satírico La Traca formó parte de la nómina de artistas que pusieron su creatividad al servicio de la causa republicana. Huido en noviembre de 1936 del Madrid bombardeado por la aviación fascista, Bluff recaló en Valencia donde fue contratado por Vicente Miguel Carceller, editor de La Traca, como dibujante y caricaturista. Dueño de un estilo desenfadado y directo, con unos pocos trazos Bluff conseguía un retrato psicológico devastador del personaje caricaturizado. Así, dibujó a un Franco de rasgos afeminados – larguísimas pestañas y boquita roja de piñón – protegiéndose a la sombra de un racimo de plátanos, recuerdo evocador de unos supuestos escarceos homosexuales en África. Una imagen que iba mucho más de lo que el dictador y sus conmilitones, aguerridos machos todos ellos, podían tolerar. Y por supuesto que no se quedaron de brazos cruzados.

Bluff, dibujando una de sus famosas tiras.

Bluff, dibujando una de sus famosas tiras. / L-EMV

Tras la entrada en Valencia de las tropas del General Aranda el 30 de marzo de 1939, Bluff intentó en vano escapar al extranjero siendo apresado cuando se encontraba en el puerto de Alicante, como otros muchos miles de republicanos que intentaban huir de la represión franquista. Gran parte de ellos acabaron en el campo de concentración de Albatera. Otros, como Bluff, en la Prisión Celular de Valencia.

Bluff fue juzgado en la causa sumarísima 7470-V junto a sus compañeros de redacción. En el sumario y con su habitual verborrea, la justicia franquista calificó a La Traca como un semanario que se dedicaba "de la manera más baja y grosera a insultar a las más altas personalidades de la España Nacional, de la dignidad de la Iglesia y los principios informantes del Glorioso Movimiento Salvador de nuestra Patria". A Bluff lo acusaron de publicar "dibujos de la más baja moral en los que se ridiculizaba al Generalísimo Franco y a los Generales de nuestra Santa Cruzada".

Imagen de Franco observando un racimo de plátanos.

Imagen de Franco observando un racimo de plátanos. / La Traca

Las tiras más polémicas

Pero la guinda que acabó ya por inclinar el fiel de la balanza hacia la sentencia de muerte fueron dos tiras cómicas de Las cosas de Don Canuto, ciudadano peso bruto publicadas los días 20 y 27 de abril de 1940 por Bluff en Redención, la revista del Patronato Central para la redención de las penas por el trabajo. Fue acusado de que las historietas tenían un doble sentido contrario a la España Nacional Sindicalista. En una de ellas dos pescadores reñían por el mismo pez, interpretando las autoridades franquistas que representaban a un requeté y un falangista que se peleaban por el poder. La paranoia del director del Reformatorio de Adultos de Alicante Manuel Guerrero llegó a tal punto que con fecha 8 de mayo de 1940 elevó un informe reservado a Máximo Cuervo – sí, no has leído mal – director general de Prisiones, en donde le informaba que en la última viñeta donde ambos pescadores se pelean "aparecen disimulados puños cerrados, estrellas comunistas de cinco puntas, un gorro frigio y una mano abierta como en el saludo nacional, abatida".

Una de las famosas tiras de Bluff que se usaron para condenarle a muerte.

Una de las famosas tiras de Bluff que se usaron para condenarle a muerte. / Bluff

Máximo Cuervo, diligente funcionario y eficaz aprendiz de verdugo, remitió a su vez con fecha 11 de mayo al Auditor de Guerra escrito en el que calificó tales historietas como una "persistencia en la adhesión a la rebelión y una excitación constante valiéndose del mismo periódico de los reclusos para hacer propaganda roja". En la misma carta refleja su ferviente petición al Auditor de que "este nuevo delito sea juzgado con la severidad inexcusable que es necesaria para el mantenimiento de la disciplina".

Tales “delitos” llevaron a Bluff ante un pelotón de ejecución. Firmaron la sentencia en Consejo de Guerra el 10 de junio de 1940 el comandante Claudio Merino Napal, como presidente del Tribunal, los vocales capitanes Fernando Oses, Francisco Gómez y José Coma y el vocal ponente alférez Úbeda Floran. La guerra había acabado hacía más de un año. No obstante, la maquinaria del terror de los vencedores seguía perfectamente engrasada.

Pero la muerte física de los vencidos nunca fue suficiente para los matarifes franquistas. Era necesaria además su aniquilación moral y económica. En el Archivo Histórico del Reino de València se custodia el expediente de responsabilidades políticas número 314 de 1944 que el Juzgado número 4 de Valencia incoó contra Bluff, Vicente Miguel Carceller y José María Carnicero, otro ilustrador republicano que, aunque sufrió tres años de prisión en el Monasterio de San Miguel de los Reyes, tuvo la suerte de conservar al menos la vida.

Los tres, condenados por el delito de Adhesión a la rebelión militar del artículo 238 del Código de Justicia Militar en la causa 7470-V, sufrieron asimismo la persecución de sus bienes en aplicación del no menos abyecto artículo 219 del mismo Código. A Bluff no le pudieron encontrar propiedades a su nombre e investigaron a su esposa Corito y su hija Maruja de las cuales se determinó en oficio de la Jefatura Superior de Policía de Valencia unido al expediente y fechado el 29 de mayo de 1944 que "al parecer se hallan en Estados Unidos de América". El expediente de responsabilidades políticas de Bluff fue sobreseído el 30 de enero de 1945 en auto del magistrado-presidente Luis Zapater Rodríguez ante la falta de bienes confiscables.

Cuento dedicado a su hija Marujita, mientras él estaba en prisión.

Cuento dedicado a su hija Marujita, mientras él estaba en prisión. / Bluff

Bluff fue fusilado junto a su amigo Carceller el 28 de junio de 1940 en las tapias del Cementerio de Paterna y su muerte inscrita en el Registro Civil de la localidad el 29 de junio de 1940 por Vicente Benlloch Senent, Juez suplente y encargado del Registro.

A diferencia de Carceller, cuyo cuerpo fue recuperado por sus familiares y enterrado en un nicho en el cementerio de Paterna, el cuerpo de Bluff fue arrojado a una fosa común, la fosa 114 conocida como la fosa de la Cultura. Tras un largo proceso, sus restos fueron localizados, identificados genéticamente y finalmente entregados el 2 de febrero de 2025 a Lamberto Ortiz quien representaba a su hija Olivia, a la que Bluff se refería cariñosamente como Marujita, residente en Hawái. Actualmente sus restos reposan en un columbario del cementerio de Paterna. En el proceso de localización de la familia y recuperación de la memoria de Bluff tuvo un papel destacado el cineasta valenciano Ricardo Macián.

Cierto es que la barbarie que resultó de la aplicación de una falsa justicia ejercida por militares disfrazados de jueces se cebó fundamentalmente en sindicalistas, jornaleros, agricultores, maestros y políticos. Al fin y al cabo, fueron ellos, mujeres y hombres, quienes construyeron la República con sus propias manos y los rebeldes se dieron buena cuenta de que siempre lo recordaran.

Pero no menos cierto es constatar que los verdugos no se olvidaron de asesinar a la cultura, a la ciencia, a cualquier atisbo de inteligencia que tuviera la osadía de oponerse a su fuerza bruta. Peset Aleixandre, Carceller, Bluff nos interpelan constantemente con su ejemplo. No olvidarles es nuestro deber y también nuestro derecho.