La Secretaría de Estado de Memoria Democrática declara La Camocha como lugar de Memoria por su papel en la lucha obrera durante el franquismo y su vinculación con el origen de Comisiones Obreras.

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"La mina de La Camocha, dicen que va baxo el mar y que a veces los mineros sienten las foles bramar" dice una canción popular asturiana. No era tan hondo el pozo que durante 72 años dio trabajo a buena parte de la región, pero sí era el único de todo el Principado en estar a orillas del Mar Cantábrico, a pocos kilómetros de la ciudad de Gijón.
La Camocha abrió sus puertas en 1935 y fue el cobijo de muchos mineros represaliados tras la Revolución de Asturias del 34. Llegaron organizados, con una historia de lucha y sindicalismo a sus espaldas. Fue el germen de lo que más tarde significó esta mina, conocida por ser el epicentro del mito fundacional de las Comisiones Obreras y uno de los lugares más representativos de la lucha social contra el franquismo.
El 31 de diciembre de 2007, tras una serie de escándalos y denuncias por mala gestión, cesó su actividad y acabó en el olvido. Hoy en día queda un gran solar, algunos edificios abandonados y el icónico castillete de hierro. Este año las actividades culturales de las fiestas patronales del poblado colindante giran en torno a su pasado minero. En este vecindario, que comparte nombre con su mina, es difícil encontrar una familia que no haya estado ligada al carbón.
El consejero de Derechos Ciudadanos del Principado de Asturias, Ovidio Zapico, recordó durante el acto de reconocimiento que el Gobierno de Asturias defendía desde hace años esta iniciativa. "Es un espacio muy significativo, clave en la historia del movimiento obrero, en la resistencia contra la dictadura y en las luchas por los derechos laborales y sociales", aseguraba, mencionando también su vinculación con CCOO.
¿Nació Comisiones Obreras en La Camocha?
Se trata más bien de un mito o un relato que pone fecha de inicio a un proceso que fue complejo y en el que hubo muchas partes involucradas. Toño Huerta, presidente de la Fundación Juan Muñiz Zapico y autor del informe de Justificación Histórica, que ha logrado el reconocimiento del Ministerio de Memoria, lo explica en detalle. El experto reconoce que ya existían otras comisiones, pero lo peculiar de La Camocha es que logró perdurar en el tiempo.
Las comisiones empiezan a surgir en los años cincuenta. Eran pequeñas y tenían un fin concreto. Cuando se lograba, desaparecían. En Gijón no fue así y esta es una de las claves que la ubican como origen del sindicato obrero. Mejoras salariales, de condiciones, horarios, seguridad… serán demandas permanentes que irán acompañadas de logros importantes. La comisión acabó cobrando tanta fuerza que se convirtió en interlocutora de los trabajadores durante la huelga de brazos caídos de 1957, sobrepasando al sindicato vertical.
"En esta huelga se dice 'bueno, vamos al puesto de trabajo, pero no hacemos nada'. Era una forma de intentar esquivar la legislación, por llamarla de alguna manera, porque los mineros desde 1946 tenían un régimen casi militar y te podían acusar de sublevación por ir a la huelga. Se jugaban el tipo", relata el experto. De hecho, otra movilización en 1958 acabó con una fuerte represión, la declaración del estado de excepción en Asturias y el destierro y despido de centenares de trabajadores.
A pesar de la experiencia traumática, en 1962 se repiten las grandes protestas del carbón y la mina gijonesa vuelve a cobrar protagonismo. El seguimiento de la llamada "huelgona" fue masivo y, en La Camocha, se consiguieron algunas de las demandas de los trabajadores. "Termina con un cierto acuerdo, pero se incumple y se vuelve al conflicto en los meses siguientes. Ese verano hay otra vez una represión muy fuerte", sigue relatando Huerta. Además de encarcelamientos, algunos mineros son expulsados de la provincia. "A pesar de todo, siguieron ahí, como germen de las comisiones, ya en el punto de mira del Régimen", añade.
El último gran hito histórico de esta mina se produce en 1977, tras la muerte de Franco y poco antes de que se legalizaran los sindicatos. En 1977 esta explotación se suma a una nueva huelga que se prolonga más de 100 días y termina con la desaparición del sindicato vertical. Aún con los sindicatos sin legalizar, UGT y CCOO pasan a ser los representantes de los mineros gijoneses.
Huerta nombra a cinco hombres, los cinco detrás de la fundación de esta comisión histórica. Uno de ellos es Casimiro Bayón, un destacado militante comunista. Otro es Gerardo Tenreiro, curiosamente, de origen falangista y antiguo combatiente de la División Azul. El tercero fue Francisco, el "Kiku", vinculado a las Juventudes Obreras Católicas. El cuarto es Pedro Galache, sin afiliación conocida, y hay un quinto del que no se sabe su nombre. Este pequeño y heterogéneo grupo, además de prácticamente desconocido fuera de las fronteras de La Camocha, encabezó una organización laboral histórica.
"Es un conjunto de eslabones. Primero está la Revolución del 34, más tarde las protestas del 57. Luego los hijos de estos mineros participarían en las movilizaciones del 62 y el 77. Y ya, en la actualidad, estamos los nietos y bisnietos de estos trabajadores, que tenemos la obligación de seguir con su testigo y, sobre todo, de reconocer su papel en la construcción de la democracia que disfrutamos ahora. Aquí nadie regaló nada. Hubo represión, hubo muertes y hombres en las cárceles", concluye el experto.
El próximo mes de octubre está previsto que se organice un nuevo acto en recuerdo de los obreros que conforman la historia de Memoria de esta explotación. Huerta espera que, como en homenajes anteriores, los vecinos y los pocos testigos de aquella época que siguen con vida puedan participar.
La incógnita a futuro es qué pasará con los restos de la mina. Además del castillete -la estructura de metal más visible- se mantienen algunos edificios o, por ejemplo, la sala de máquinas, pero el estado es de abandono. Además, tras su atropellado cierre, la propietaria ahora es la entidad concursal. Huerta apunta a que, una vez conseguida la declaración de Lugar de Memoria, se ha dado un gran paso para lograr la dignificación de La Camocha, aunque queda un largo camino por delante.



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