dilluns, 20 de març de 2017

La sombra de la guerra es alargada (2)

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domingo, 19 de marzo de 2017

Los inicios de la aviación militar en España fueron complicados: 
tumba de teniente fallecido en accidente de aviación en 1925.

Vitoria-Gasteiz se vincula estrechamente al desarrollo de la aviación española y a la guerra de Marruecos. Para conocer esa década de 1910 y 1920 aconsejamos vivamente la lectura de las memorias del vitoriano Ignacio Hidalgo de Cisneros, Cambio de rumbo, toda una joya bibliográfica trufada de análisis sagaces y un sentido del humor poco usual por estos lares. El recinto funerario de la familia recoge gran parte del siglo XX. La tumba de su hermano Fermín nos recuerda que éste falleció heroicamente en 1919 en un combate en unos peñascos rifeños. 

Tumba de Fermín Hidalgo de Cisneros.

El propio Ignacio combatió ametrallando desde el aire a las tropas de Abd-el-Krim. Pero no sólo eso. Él mismo reconoce en sus memorias que fue el primer aviador que utilizó medios químicos en una guerra colonial. Esta historia de la iperita sigue siendo un tabú que escuece a muchos historiadores militares patrioteros. La evolución ideológica de este hombre es muy curiosa; de ferviente republicano (como buen aviador) pasó a militar en el partido comunista, fue el jefe de la aviación del Ejército Popular y acabó en Bucarest emitiendo soflamas desde Radio Pirenaica. Con la vuelta de la democracia, sus restos fueron repatriados a su ubicación actual. La inscripción funeraria reza: HÉROE DEL PUEBLO ESPAÑOL.

Estela funeraria de Ignacio Hidalgo de Cisneros.

Los oficiales africanistas que hicieron carrera en la conquista del territorio rifeño fueron los directos responsables del golpe de Estado de julio de 1936. A algunos de ellos la asonada no les salió bien, sobre todo a aquellos que quedaron sitiados en sus cuarteles en contextos urbanos. En Barcelona, Agustí Centelles fotografió la toma de las calles por el pueblo en armas que derrotó a los militares que intentaban ocupar los centros neurálgicos de la ciudad. Uno de aquellos golpistas fracasados fue el general de artillería Justo de Legorburu Domínguez Matamoros, que ya había ascendido a coronel en 1931 por su méritos en el Rif. Tras resistir en el cuartel barcelonés de Sant Andreu, fue hecho prisionero. Corrió la misma suerte que Goded. Tras un juicio de guerra sumarísimo en el buque prisión Uruguay, fue fusilado por traidor a la patria el 1 de septiembre de 1936. En 1924 había publicado en Bilbao la obra Un problema nacional. La industria y la guerra.

Tumba de Justo de Legorburu: dio su vida por Dios y por España.

Mientras en otras zonas del Estado a estos golpistas les salía el tiro por la culata, en otras, como casi toda Álava, tardaron un santiamén en hacerse cargo de la situación. De hecho, la primera corporación municipal en constituírse en la España nacional fue precisamente la de Vitoria-Gasteiz. Se procedió de inmediato al desmantelamiento del Estado republicano, siendo detenidas las principales autoridades de la ciudad y de la provincia. Uno de estos hombres fue el empresario e industrial Tedororo González de Zárate, militante de Izquierda Republicana y alcalde de la ciudad. Fue detenido por requetés el 17 de septiembre de 1936 en su fábrica de hielos y gaseosas La Favorita.

Teodoro González de Zárate.

Tras meses de cautiverio fue asesinado en la masacre del puerto de Azazeta el 31 de marzo de 1937. La orden partió del propio general Mola que quería así asegurar a retaguardia el día que comenzaba la ofensiva sobre Bizkaia. Todo un aviso a navegantes y un preludio de lo que vendría después. La matanza de Azazeta causó estupor entre la propia gente de orden vitoriana. Las viudas de estos prohombres incluso se desplazaron a Burgos para trasladar su queja al Generalísimo. Por supuesto, no fueron recibidas.

Panteón familiar.