diumenge, 19 de març de 2017

POR LA RELIGIÓN Y POR LA PATRIA. LA IGLESIA Y EL GOLPE MILITAR DE JULIO DE 1936. Francisco Espinosa. Comentarios de Ángel Viñas.

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Por la religión y por la patria word pressEste libro da cuenta de la participación activa, indecorosa, vil, de numerosos clérigos en el asesinato y persecución que efectuaron los militares, la guardia civil, la policía, la falange y las demás fuerzas “cívicas” en una operación destinada a sembrar el terror en los territorios bajo control de los sublevados y a liquidar físicamente a la “anti-España”. Acumula casos probados que permiten establecer hipótesis generales contrarias a las versiones eclesiales que, ciertamente en mi generación, se nos impusieron a golpes de propaganda que subrayaban las malísimas artes de todos los demonios enemigos de “Dios y de la Patria”.
El libro establece una tipología de las formas de participación de los clérigos en la violencia. La más desaforada y vomitiva fue la directa. Fue la que ejercieron el “cura de Zafra”, Juan Galán Bermejo; el bravo Padre Vicente, capellán castrense de la Legión; el jesuita Bernabé Copado, capellán militar de la columna Redondo; otro capellán legionario, el también jesuita José Caballero; el coadjutor de la parroquia de la Concepción de Huelva, Luis Calderón Tejero; el párroco de Rociana, de la misma provincia, Eduardo Martínez Laorden; el párroco superfascista de Encinasola, Eugenio López Martín; un excapellán de la cárcel de Huelva, Pablo Rodríguez González, etc. Nombres todos que deben formar parte de la historia mundial de la infamia. Otra forma de participación más rastrera si cabe fue más sutil: consistió en dar testimonios falsos sobre el comportamiento de izquierdas y malvados de toda laya de tal forma que su ejecución o su condena a largos años prisión se hacían inevitables.
El libro, para escándalo de eventuales píos lectores, no exonera a la propia jerarquía que demostró un tipo de comportamiento alentado por los señores obispos (a quienes Dios, en su infinita bondad, quizá haya abierto las puertas de su gloria porque el historiador debe cerrárselas). Dejemos la palabra a una de las lumbreras de la Iglesia española, monseñor Eijo Garay, duro entre los duros, fascistizado entre los fascistizados: “Dios está entre nosotros. Dios está con Falange. Y la Falange, que ayuda en los frentes a ganar la guerra y prodiga en la retaguardia la caridad cristiana, salvará a España” ¿Exabruptos de la época? No extrañará que hubiese sacerdotes como Miguel Franco Olivares a quienes le agradara la consoladora tarea de dar tiros de gracia a los ejecutados. Para que llegasen más rápidamente al juicio divino.
Se ha hablado mucho de las charlas radiofónicas de Queipo. Menos de los curas que participaron en tan modernas actividades tan resaltadas, así como la fabricación de informes político-sociales en base a los cuales se fundamentó ulteriormente la represión militar y fascista. Estuvieran basadas en hechos, rumores, inventos o incitaciones militares y policiales que de todo hubo en la Viña del Señor. Un ejemplo: “no puedo precisar si cometió desmanes pero es de suponer por haber sido detenido”.
La purga del magisterio republicano, que tanta atención ha despertado con toda razón en los últimos años, y bajo la responsabilidad última de aquel genio de la literatura patriótica que se llamó don José María Pemán, contó siepre con el apoyo entusiasta de la Iglesia y de sus huestes negras, no en vano jamás perdonaron a la República los intentos de sustraer la enseñanza a su histórico dogal. Finalmente, los autores también abordan el mito del “cura bueno”, de la mano del de Mérida, César Lozano, aunque “bueno solo por un día”, a la vez que enfatizan los casos de religiosos que permanecieron fieles a su ministerio y no dudaron en ayudar a su grey, situándose del lado de la República. Ni que decir tiene que muchos de ellos lo pagaron con la vida.

Artículo original: http://www.angelvinas.es/?p=251. Viñeta de Juan Kalvellido: http://www.kalvellido.net/. El libro “Por la religión y por la patria. La iglesia y el golpe militar de julio de 1936” es obra de Francisco Espinosa

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