La Carcavilla está a la cabeza de desenterramientos, con un total de 110. Veintisiete palentinos fueron trasladados a Cuelgamuros
Atan solo cinco días de que se cumplan nueve décadas del inicio de la Guerra Civil española (17 de julio de 1936), las fosas comunes continúan siendo una herida abierta en numerosos puntos del país. En la provincia palentina, donde la represión dejó cientos de víctimas enterradas en cunetas, montes y cementerios, la búsqueda, identificación y dignificación de quienes desaparecieron durante el conflicto sigue siendo una tarea pendiente que mantiene vivo el debate sobre la memoria, la verdad y la reparación.
Según los últimos estudios, en territorio palentino hay localizadas un total de 66 enterramientos de este tipo, la inmensa mayoría concentrados en la mitad sur de la provincia, salvo contadas excepciones en lugares como Aguilar de Campoo, Barruelo de Santullán, Cantoral de la Peña, Cervera de Pisuerga u Otero de Guardo. ¿El motivo? Los vecinos del norte pudieron escapar de los sublevados en dirección a Asturias y Cantabria, según explica a Diario Palentino el catedrático de Historia, integrante de la Institución Tello-Téllez de Meneses y miembro activo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Pablo García Colmenares. Como ejemplo de esa huída a las bravas, en la empresa Minas de Barruelo trabajaban en aquel 1936 unos 1.350 obreros, de los que solo quedaron un centenar escasos.
«El resto emigró con sus familias», resume el académico, quien explica que más al sur «también consiguieron huir el alcalde de Dueñas de la época o el de Baltanás, que de no ser así hubieran acabado muertos». Sin embargo, el grueso de la población no se esperaba esa «violencia extrema» con la que se actuó. Además, en la cuenca minera ya tenían la experiencia de la Revolución de 1934, que fue «muy dura», concreta.
De esas 66 fosas, solo 25 han sido exhumadas en estos últimos 90 años. Las razones son diversas, desde falta de financiación y recursos hasta el menguante interés de las familias, al haber fallecido ya los vínculos más directos (hijos, nietos y sobrinos) de quienes perdieron la vida durante la contienda. Y es que, según resume Colmenares, en las grandes esferas políticas sigue existiendo cierto «temor» a «rememorar situaciones conflictivas y dolorosas para la sociedad». «Los que buscaban a sus padres o a sus abuelos ya no están; se ha parado ese afán de dar con los seres queridos que todavía no saben dónde están», incide el presidente de la ARMH, José Luis Posadas.
Un hecho que, advierte, sumado al discurso de ciertos partidos del espectro de la derecha, haya dado como resultado un «repunte de la impunidad» sobre el franquismo. «Nunca ha sido un buen momento para intervenir. También se perdió mucho tiempo en los 80 con el PSOE en el poder, aunque sí hubo una cierta esperanza entre las familias», sostiene García Colmenares, quien rompe una lanza en favor de los historiadores que a lo largo de todos estos años se han dedicado a «verificar la veracidad de los hechos, no a interpretarlos: fue una dictadura y hubo mucha represión. Eso nadie puede dudarlo».
Desde la ARMH se considera, por tanto, que la recuperación de las víctimas del franquismo continúa siendo una «tarea inacabada» en la provincia, donde aún quedan numerosas familias esperando respuestas. «Todavía siguen, 90 años después, sin saber dónde están sus seres queridos. Y eso también es una herida que habría que solucionar», afirma su presidente, quien admite que la actividad de la entidad permanece prácticamente paralizada por la falta de medios, infraestructura necesaria y respaldo económico de las administraciones para continuar las investigaciones. Y es que, aunque asegura que toda la documentación recopilada se ha remitido a la Junta de Castilla y León, considera insuficiente su implicación. «Quiere toda la información que se obtiene de las exhumaciones, pero no pone un euro para tirar para adelante», lamenta.
CUERPOS RECUPERADOS
En estas dos decenas y media de intervenciones han sido exhumados al menos 287 palentinos, según los últimos informes hechos públicos y que RTVE recoge en un mapa interactivo con datos de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, la Junta y Patrimonio Nacional. Son tantos como la población de municipios enteros del tamaño de Antigüedad, Castrejón de la Peña o Calzada de los Molinos. Los hay repartidos por toda la provincia, donde merece especial mención la fosa del antiguo cementerio de La Carcavilla en la capital, hoy reconvertido en parque, zonas de paseo y pistas deportivas, donde se recuperaron los restos de 110 personas, aunque aún quedan más concentrados «en la zona de las canchas».
Allí un sonajero dio la vuelta al mundo hace apenas unos años. Era el pequeño juguete de su hijo Martín (que lo pudo recuperar en 2019) con el que fue enterrada Catalina Muñoz, asesinada en 1936 por un vecino de su pueblo, Cevico de la Torre. Pero esta es solo una de tantas historias familiares que se han enterrado durante estas nueve décadas bajo toneladas de tierra y un silencio solo roto de puertas adentro.
Volviendo a los números, destacan entre las de mayor volumen de exhumados, además de la de la capital, las fosas comunes de Santoyo (25), Baltanás (21), Frechilla (16), Valdespina (16), Villamediana (13) y Cordovilla la Real (12). Completan el listado, por debajo de la decena, Meneses (9), Guaza (8), Villaconancio (8), Cevico De la Torre (7), Venta de Baños (7), Hornillos (6), Villabasta (6), Ventosa (4), Ampudia (3), Cisneros (3), Lomas (3), Villamediana (3), Magaz (2) y Olmos (2), amén de Baquerin y Villarramiel, que la cierran ambos con un exhumado.
Un trabajo que, según lamentan desde la ARMH ha recaído en colectivos como ellos que, si bien han puesto todo su empeño, carecen del personal y los recursos necesarios. En este sentido, ponen como ejemplo a otros países como Alemania, Francia, Argentina, Chile o Sudáfrica, donde esta labor recayó en el propio Gobierno, «reparando errores del pasado para evitar que se repitan». «El Estado se tiene que comprometer con una sociedad y con una población que ha sufrido mucho», subraya García Colmenares.
«No nos atrevemos a sacar unos restos que no tenemos sitio donde meterles», añade Posadas, quien explica que el espacio habilitado para las víctimas en el cementerio de Palencia ya está completo: «No hay más sitio». Tras décadas de trabajo, el presidente considera que el esfuerzo realizado ha permitido devolver la identidad a numerosas víctimas, aunque insiste en que «queda mucho por hacer».
EN CUELGAMUROS
El debate está centrado ahora en el futuro de Cuelgamuros, donde existe cierta «desazón» entre el asociacionismo por la permanencia de símbolos como la Gran Cruz, «vinculados a los victimarios». Sin embargo, desde la ARMH se valora también los pasos dados para convertirlo en un monumento a las víctimas y a la memoria.
Allí reposan 33.500 cadáveres, 27 procedentes de la provincia. Palentinos con nombres y apellidos que realizaron un viaje de no retorno hasta el valle madrileño procedentes de las localidades de Aguilar, Barruelo, Cervera, Dueñas, Espinosa, San Mamés, Saldaña y Vallejo, además de la propia capital.
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