divendres, 19 de juny de 2015

Tapia del Cementerio del Este de Madrid.


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Pocos sitios son tan agradables como los cementerios, cuando no hay enterramientos, cuando no hay fusilamientos, cuando sólo se respira la memoria de los seres queridos.
Junto a la Tapia del Cementerio del Este de Madrid es posible, además del recogimiento personal, hablar y escuchar a las personas que, aun en número escaso, coinciden en sentimientos e inquietudes. ´
Un espacio donde no existe la premura ni el desaire y donde se lleva a gala la concordia por pura lógica existencial.
Hoy, se ha detenido allí un hombre que llevaba cuatro claveles rojos. No hacen falta presentaciones, hablamos de lo mismo: “Siempre que vengo a ver a los míos hago primero un alto en esta tapia y dejo prendidos dos claveles.” Sus lágrimas encerradas llevaban también la sal de la satisfacción por un deber cumplido.
Allí quedaron en silencio las buenas vibraciones, el tiempo y unas pocas flores frescas. Hasta mañana.