dimarts, 22 de gener de 2013

El abuelo. Primeras preguntas.

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MARTES, 22 DE ENERO DE 2013

El abuelo. Primeras preguntas.


Me enteré que el abuelo había estado en la cárcel siendo muy niña. Por aquel entonces yo no sabía nada de la Guerra, la represión ni de la mano del infame que meció ambas por el camino del desamparo y la tragedia.
 
Rescaté la frase que me desvelaba una parte del pasado del abuelo de una conversación de mayores y la atesoré como el mayor de los secretos, junto al espacio guardado para las preguntas. Allí permaneció varios años, creciendo conmigo, madurando y preparándose para salir a la trinchera de la vida.
 
Muchas veces se asomó al precipicio de mi lengua cuando acompañaba al abuelo en sus quehaceres cotidianos, en las calurosas tardes sin siesta que el abuelo cambiaba por la lectura de la única prensa que llegaba al pueblo: El diario “Ya”; en los paseos al solaz de la tarde; en las tertulias que compartía todos los domingos que su entrañable amigo, mientras yo jugando con cualquier cosa, le observaba por el rabillo del ojo. Cada movimiento de mis párpados era una pregunta que nunca fue formulada. Se fue sin contarme aquello que siempre he querido saber con su voz y sus palabras.
 
En la adolescencia recibí un pequeño anticipo como respuesta por parte de la familia. Me contaron que el abuelo acabó en la cárcel al terminar la Guerra porque un amigo y vecino le había denunciado por no ir a la Iglesia. Incluso me dieron el nombre del acusador, al que coloqué desde aquel momento en la lista de los malos y retiré el saludo. Sin embargo, el abuelo seguía hablándose con él.
 
El abuelo murió un mes de mayo, antes de cumplir ochenta años y de que el pequeño dictador abandonara el mundo que nunca debió acogerle Yo ya era una adolescente y con la llegada de eso que llaman democracia, comencé a entender muchas cosas y a preguntarme el doble de lo que entendía.
 
Intuía que el injusto encarcelamiento de mi abuelo le generó a él y a toda la familia un sufrimiento de por vida. También intuía que este hecho había marcado la existencia de mi padre y de una gran parte de la familia. También marcó la mía.
 
Pero también sabía, casi con absoluta certeza que algún día, no sabía cómo ni de qué forma, yo llegaría a conocer la verdad.
 
Cuando, como, quien y porqué.
 
Continuará …