dimecres, 20 de novembre de 2013

Julián Casanova Ruiz. Franco, José Antonio y Durruti


Franco, José Antonio y Durruti

Los tres murieron un 20 de noviembre.

Lo de Francisco Franco, Caudillo por la gracia de Dios, fue en serio. Golpista, protagonista de una guerra de exterminio y dictador sanguinario durante décadas. Con leer los libros de los buenos historiadores es suficiente. Cospedal y Rajoy, por ejemplo, no necesitan hacerlo.

José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador Miguel Primero de Rivera, fundador de la fascista Falange Española, fue un mito e invención forjados tras su fusilamiento en Alicante el 20 de noviembre de 1936. Ni siquiera había salido diputado en las elecciones de febrero de 1936 y su figura vivía a la sombra de otros derechistas como José Calvo Sotelo. Acabada la guerra, en la paz incivil de Franco, sus restos estuvieron casi veinte años en monasterio de El Escorial, tratado con los honores de rey, inextricablemente unido al glorioso pasado imperial español. Después, en la mañana del 30 de marzo de 1959, miembros de la Vieja Guardia de Falange y de la Guardia de Franco se turnaron en el traslado del féretro desde El Escorial al Valle de los Caídos. Lo depositaron al pie del altar mayor de la cripta, bajo una losa de granito con la inscripción “José Antonio”. Era el lugar para su “eterno reposo”, como lo tituló el reportaje del NO-DO.

Durruti no estuvo en los mismos libros y manuales que los dos personajes anteriores, silenciado durante décadas, sin ceremonias fúnebres. Bandolero, pistolero, anarquista puro y héroe: esas son cuatro de las muchas caras con las que ha aparecido en los libros de historia Buenaventura Durruti. En Durruti casi todo es leyenda, alimentada por su muerte en aquel Madrid indefenso abandonado por el Gobierno republicano. La muerte en ese 20 de noviembre de 1936 le libró de los reproches y críticas que los anarquistas recibieron por su actuación en la guerra civil, en la revolución y en la derrota. He escrito en varias ocasiones, tras detalladas investigaciones, que nada extraordinario había aportado Durruti a la historia del anarcosindicalismo. Pero su figura emerge por encima de todas las demás, por encima de quienes levantaron sindicatos, organizaron con tesón a los trabajadores y murieron olvidados por la derrota o asesinados por la dictadura franquista.

Franco, José Antonio y Durruti. Los tres murieron un 20 de noviembre, aunque esa fecha fuera sólo celebrada, siempre con gran boato, por los fieles y epígonos de los dos primeros.