dimecres, 8 de març de 2017

La batería internacional Gottwald en la defensa de Sagunto y Valencia




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Comisión histórica de la AABI
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Sagunto va a hacer justicia a un grupo de voluntarios, en su mayoría checoeslovacos, que defendieron la ciudad y el puerto en los meses de mayo y junio de 1938 frente a los salvajes ataques de la aviación fascista. El 5 de abril de 2017 se abrirá una calle en el Puerto de Sagunto dedicada a esta batería.

La agresión fascista en España llevó a amplios sectores de la población checoslovaca a poner en marcha una potente campaña de solidaridad con la República. El Comité de Ayuda a la España republicana explicó las razones de aquella lucha, utilizando entre otros medios la revista Spanelsko (España, en checo), y logró reunir a más de un millón de miembros que aportaron un apoyo importante, sobre todo entre los trabajadores. Fruto de esa ayuda fue la creación del hospital Jan Amos Kamenski, que se instaló primeramente en el Colegio de las Adoratrices de Guadalajara y después en Benicassim. Con ellos llegó un numeroso grupo de médicos y enfermeras que prestó su servicio en este y otros hospitales.
Las trabas del gobierno Benes dificultaron, pero no impidieron la salida de más de 1300 voluntarios a los que se unieron otros 700 checos de la emigración. La mayoría se integró al principio en las dos primeras BI. Con el tiempo formaron su propio batallón, el Masarik, o -junto con voluntarios del Este de Europa- se encuadraron en la 129 BI. Su buena preparación militar les permitió servir en unidades especiales como en las compañías de ametralladoras, en la aviación y carros de combate, así como en la artillería: las baterías Karl Liebknecht y Májek intervinieron en casi todas las grandes batallas, mientras que la batería antiaérea Gottwald defendió los cielos republicanos en numerosos combates, destacando en la defensa de Sagunto y Valencia.

Formación y recorrido de la batería Gottwald
A finales de 1936 llegó de la URSS una partida de 32 cañones antiaéreos soviéticos de 7,62 cm. mod 1931, seguido en enero por otro envío de 18 cañones de 7,62 y 7,5 modelo 1915. El cañón 7,62 tenía mecanismos para fijar los elementos de tiro y la transmisión automática de éstos a los cañones. Su potencia de tiro era de unos 22 disparos por minuto. Gracias a estas partidas pudieron formarse nuevos grupos de artillería de la DECA (Defensa contra aviones) que se unieron a los ya existentes. Uno de esos grupos estaba destinado a las operaciones militares en curso como la defensa de Madrid y se formó con tres baterías: francesa, alemana (Dimitrov) y checa (Gottwald). Las tres formaron el 1º grupo de batería antiaérea de las BI.
La batería Gottwald se instruyó en Almansa bajo el asesoramiento del capitán ruso Semionov. Los voluntarios se dedicaron con entusiasmo al estudio de los cañones y de las técnicas de lucha antiaérea. El 15 de febrero la batería salió hacia el Jarama en un momento crucial de la batalla. El 16 de febrero volvieron a acercarse desde el oeste los grupos de bombarderos Junker. Los soldados republicanos miraban con expectación para saber dónde se dirigía ese día el “regalo” de las bombas.
De pronto, escribe Artur London, oyeron a su espalda unos penetrantes disparos secos que recordaban el ladrido de los cañones de tanques. En el cielo, de un azul profundo, empezaron a aparecer unas claras nubecillas blancas... Eran los shrapnels de la batería Gottwald que estallaban. En aquel momento de gozosa sorpresa, los soldados ni siquiera se dieron cuenta de que los disparos no daban en el blanco... La compañía no estaba aún preparada para abrir fuego. Pero en cuanto los Junkers se pusieron a tiro, el fuego se abrió sin poner a punto los mecanismos, sólo según la puntería de los tiradores, porque los aviones volaban a baja altura y tenían la esperanza de poder abatirlos. Los aviones, sorprendidos, arrojaron la carga de bombas en el campo.
Por la tarde, cuando la posición de la batería ya había sido construida, el jefe, el croata-americano Svornic, observó unos puntos negros a gran altura en el horizonte. El telémetro, que medía la distancia sólo hasta 50 km, indicaba que los aviones estaban más allá de ese límite. Luego siguió indicando: 50, 40, 30... Sonó la orden de abrir fuego. Las nubecitas blancas aparecieron esa vez muy cerca de los Junkers negros, las siguientes ya los tocaron. Los aviones se desembarazaron apresuradamente de su carga, hacia la tierra descendían unos paracaídas y detrás de las líneas enemigas, haciendo grandes piruetas, cayó un bombardero. Los demás se alejaron caóticamente. Los sirvientes de la batería Gottwald se abrazaron llenos de alegría. Acababan de derribar un avión enemigo, ¡el primero que derribaba la defensa antiaérea republicana!
En los días siguientes la batería derribó dos aviones enemigos más. Lo mismo ocurrió con las otras dos baterías, francesa y alemana, que abatieron varios aparatos enemigos y, sobre todo, impidieron que su aviación actuara con impunidad en apoyo de sus fuerzas terrestres.
El mismo trabajo hizo el grupo internacional en las siguientes batallas de Guadalajara, Brunete, Belchite y Teruel. La eficacia alcanzada por las baterías antiaéreas internacionales puede deducirse del siguiente testimonio escrito por el capitán Harro Harder, jefe de la 1Escuadrilla de He-51 de la Legión Cóndor, que tenía la misión de destruir las baterías republicanas durante la batalla de Brunete:
El objetivo, los cañones emplazados junto a Villanueva del Pardillo, apenas es visible a través de la humareda. Hago señal a la escuadrilla de dividirse en cuatro patrullas con dos aviones volando en paralelo, a cada una de las cuales se le ha asignado el ataque contra una batería. Descendiendo en picado hacia los cañones, recibimos fuego de todos los ángulos posibles, fuego que persiste a pesar de nuestras continuas ráfagas de ametralladora. Arrojamos las bombas a voleo para evitar que nos acierten. El ataque ha durado solamente ocho minutos, pero es un milagro que hayamos sobrevivido. Todos nuestros aviones están destrozados, casi en pedazos.
La DECA republicana logró alcanzar tal grado de efectividad que Sperrle, el jefe de la Legión Cóndor, tuvo que reducir las salidas diurnas y apostar por los bombardeos nocturnos.
En enero de 1938, durante la batalla de Teruel, la batería 14, alemana-Dimitrov, se quedó en Sagunto atendiendo a la defensa de la fábrica y a finales de enero se trasladó a Barcelona. Mientras tanto, las baterías 12 y 17 (francesa y checa-Gottwald) marcharon a Teruel, donde colaboraron en la defensa de la ciudad hasta que, finalmente, cayó. Estas baterías lograron abatir al menos 9 aviones enemigos (5 bombarderos y 4 cazas).
Tras la batalla de Teruel los fascistas lanzaron, el 8 de marzo de 1938, la gran ofensiva sobre Aragón. El Grupo internacional volvió a intervenir, esta vez con las baterías 14 y 17 (alemana y checa), que se apostaron en Maella para intentar frenar el avance fascista desde Caspe a Gandesa. Durante este periodo lograron abatir 6 cazas y dos bombarderos, si bien las baterías sufrieron numerosos daños.
A primeros de abril la 17 batería (Gottwald) se situó entre Mora y Falset con solo dos cañones. Poco después, el 11 de abril, las baterías 14 y 17 fueron desplazadas a la zona de combates de Castellón, donde protagonizaron una intensa campaña para contener el avance fascista desde Morella a Vinaroz. A partir del 15 de abril las dos baterías intentaron colaborar en la detención del avance franquista hacia Castellón. La batería 17, que solo disponía de un cañón y había perdido el 60% de sus miembros, se vio obligada a integrarse en la batería antiaérea alemana. Esta, que había perdido el 50% de sus hombres, logró mantener sus cuatro piezas.
El 25 de abril la batería Gottwald fue retirada a Valencia (el cuartel general del grupo internacional de la DECA estaba en Manises) para su recomposición y el 4 de mayo fue afectada a la defensa de Sagunto. Su nuevo comandante pasó a ser Laco Holdos, que había sido el ayudante del primer comandante Bohuslav Lastovicka.

La batería Gottwald en Sagunto
Esta ciudad tenía una gran importancia estratégica, ya que de allí partía la carretera y ferrocarril a Teruel y Zaragoza, y allí estaba la única fábrica metalúrgica del territorio republicano central, donde un puñado de técnicos y unas obreras jóvenes reparaban tanques y producían municiones de artillería y bombas contra trenes blindados. Así lo explica Artur London:
Sagunto estaba protegido contra los ataques que venían del mar por una batería de costa del tiempo de la Primera Guerra Mundial. Contra los ataques aéreos la protegían los cazas de fabricación soviética que despegaban de un aeródromo cercano cuando no estaban de servicio en otro lugar. Los «moscas» republicanos difícilmente podían enfrentarse con los aviones de bombardeo tipo S 86 del enemigo, dotados de cinco ametralladoras de 12-20 mm, mientras los «moscas» sólo tenían cuatro ametralladoras sincronizadas de calibre 7,62 que disparaban por las hélices. Los «moscas» podían alcanzar bien un objetivo situado a 600 metros, en tanto que los Savoya podían disparar eficazmente con sus cañones de abordo a una distancia de 2.000 metros. Por ello, la defensa antiaérea de tierra de la ciudad tenía importancia mayor. Dicha defensa constaba de una batería de cuatro unidades tipo Skoda 19 de 8 cm. Estos cañones, construidos para la lucha contra los aviones de la Primera Guerra Mundial podían disparar, al máximo, 6 proyectiles por minuto. En el puerto existían dos viejas ametralladoras tipo Hotchkiss sobre bases antiaéreas. La defensa la completaba una unidad de reflectores.
El jefe de la defensa antiaérea de Sagunto era el capitán español Fernández. Era una persona muy capaz, exigente, inflexible, un jefe enérgico, comunista, organizador excelente con gran capacidad de improvisación. La batería Gottwald ocupó su posición en Sagunto, con sus tres cañones, la víspera del 1º de mayo de 1938. El material de la batería se había deteriorado bastante durante el transporte, con el uso constante y porque siempre había sobrepasado la frecuencia de tiro.
En año y medio de guerra, los aviones del enemigo habían realizado más de doscientas incursiones contra Sagunto. Durante el día llegaban escuadrillas normales de cinco trimotores de bombardeo, con una carga de dos toneladas de bombas. Las noches de luna efectuaban los bombardeos principalmente hidroaviones. La ciudad estaba completamente en ruinas. Sus habitantes habían sido evacuados. En las calles llenas de escombros se había despejado sólo un camino que llevaba a la carretera Valencia-Barcelona con desviación en Teruel. La fábrica también había sufrido desperfectos, pero seguía funcionando. Cuando el frente se aproximó a Sagunto, la ciudad se encontró en situación extremadamente difícil. Pero el capitán Fernández no ocultaba su esperanza de que la nueva batería antiaérea de tipo moderno que había recibido sería capaz de rechazar las incursiones enemigas.
A pesar del cansancio que al principio mostraban algunos artilleros que ya tenían experiencias de lucha en los frentes, empezó una preparación intensiva, día y noche, de los cañones y el material. Ya durante la primera incursión, el enemigo fue recibido a distancia máxima con certeros disparos, que resultaron tan eficaces que los aviones atacante s se vieron obligados a cambiar la dirección de vuelo. Los siguientes disparos se sucedieron regular y exactamente; separaban constantemente al enemigo de su objetivo, y tuvo que abandonar su intento. Sólo las explosiones de los proyectiles republicanos testimoniaron el primer encuentro de la batería Gottwald con una escuadrilla de cinco Junkers de bombardeo de la Legión Cóndor.
Ese espectáculo se repetía casi a diario, y a la posición de la batería Gottwald llegaban altos jefes militares para observar su actuación. Esa defensa, tan positiva, de Sagunto, que duró varias semanas, tuvo tanta resonancia que la dirección y el comité de la fábrica establecieron contacto personal con la batería. Desde entonces no fue necesario enviar a reparar el material a Valencia: se reparaba en la fábrica de Sagunto, que estaba a kilómetro y medio de la posición de la batería.
Un día, la batería se enteró que durante las incursiones y después de sonar la alarma todos los obreros y obreras permanecían en sus puestos de trabajo. Los voluntarios de la batería pensaron que aquél era un asunto muy serio, pues no podían estar seguros de que, a pesar de sus disparos, no consiguiera el enemigo penetrar hasta la fábrica. Y de hecho, el enemigo penetró una vez.
A finales de mayo, como si no hubiese existido ningún servicio de observación, aparecieron de repente por detrás de la cercana cadena montañosa los aviones enemigos. La batería estaba descansando tras una difícil lucha sostenida durante la noche con los hidroaviones. El observador Marsalek dio la alarma en el último momento, y así fue posible recibir al enemigo en los límites del alcance máximo. Los primeros tres trimotores S 86 (Savoia-Marcheti 81) fueron alcanzados. Pero seguían apareciendo una tras otra las escuadrillas. Esto era para los artilleros como una repetición del combate de Maella. La batería abrió el fuego con sus tres cañones y formó una barrera en abanico contra esa incursión que, según un cálculo rápido, efectuaban varias decenas de aviones de bombardeo. Empezó el momento del tiro directo: primero a una distancia de tres, después de dos, de un kilómetro al fin... Al lado de los artilleros Svitacek, Kumlická y Zelenicky se colocaron los oficiales de la batería; Rudl se colocó cerca de Svitacek, Balla junto a Kumlická y el voluntarioso polaco Mariam, que era casi un niño, al lado de Zelenicky, y superaron su actuación de Maella. Los cañones apuntaban ya verticalmente al cielo.
Mientras tanto, cerca de los cañones explotaban decenas de proyectiles. Delante del cañón de Svitacek una explosión arrancó de raíz un naranjo. De un momento a otro la batería podía ser alcanzada directamente. Los ojos de los apuntadores estaban tan pegados al objetivo que los protectores de goma dura se adherían a sus frentes hasta hacer saltar la sangre. Los cargadores Zajonc, Segín y Miklos introducen los proyectiles en las cámaras de los cerrojos sin pausas; casi cada segundo sale un disparo. Eso no puede durar mucho tiempo... Pero hay que resistir. Hay que proteger la fábrica y sus obreros, que permanecen en sus puestos y creen en los muchachos de la batería Gottwald. Y los muchachos de la batería Gottwald, sin prestar atención a los incesantes estampidos de las bombas, al zumbido ininterrumpido de los motores pesados, en medio de nuevas y nuevas explosiones y de altas columnas de tierra roja que salpicaban de todos lados, resistieron hasta el final de la incursión.
Después del combate todos sentían la alegría, no sólo de haber cumplido bien su tarea, sino también de encontrar vivos a sus camaradas. Todos salieron ilesos de la lucha. Pero todos estaban preocupados por el destino que hubieran corrido la fábrica y sus obreros. Aquella columna de humo ¿no ocultaría una tragedia? Este presentimiento lo confirmaban los rostros de los obreros que venían corriendo hacia la batería. Ellos, a su vez, se preocupaban por la suerte de la batería. Pero aquella vez la larga y terrible incursión había obligado a los obreros a guarecerse a tiempo en los refugios. Y el certero tiro de la batería evitó que la aviación enemiga pudiera apuntar bien para bombardear la fábrica. Los daños materiales eran mínimos y en pocas horas la fábrica siguió trabajando igual que antes de la incursión.
Pocas horas después, cuando la batería había consolidado su posición y se estaba completando el municionamiento, se anunció otra incursión. Quince trimotores de bombardeo tipo Ju 52 (Junker 52) se acercaban a Sagunto. La batería tenía muy malos recuerdos de aquellos aparatos. La noche que precedió al combate de Maella habían atacado a la batería en vuelo rasante, y sólo pocos metros delante de la posición fueron rechazados. Pero ahora ya su furia había pasado. En cuanto empezó el fuego de los antiaéreos, los Junkers cambiaron de rumbo y arrojaron su carga sobre un objetivo secundario.
Cesaron las incursiones de día y empezaron las nocturnas. El capitán Fernández fue nombrado jefe de la defensa antiaérea de la región valenciana, y el mando del sector de Sagunto le fue confiado al jefe de la batería Gottwald, Laco Holdos. Esto era para la batería una prueba de confianza. A las manifestaciones de reconocimiento se vino a añadir una carta de felicitación desde Barcelona del inspector general de las Brigadas Internacionales, Luigi Longo (Gallo), y otra, desde la orilla izquierda del Ebro, de la 11 brigada Thälmann, firmada por su jefe Otto Flatter (Ferenc Munnich) y su comisario político Blanco. Cuando el ministro de Justicia y destacado dirigente sindicalista, González Peña, realizó un viaje de inspección desde Barcelona a Valencia, se acercó a la posición de la batería para conocer personalmente a sus componentes. Uno de los jefes de división del frente de Levante y muchos oficiales superiores visitaron también a los miembros de la batería. El fuego de ésta era visible en Valencia. La fábrica de Sagunto dedicó a la batería Gottwald una preciosa bandera. Preciosa no sólo por su seda y oro, sino, y principalmente, por el cariño que en ella pusieron las mujeres que la confeccionaron y la cordialidad con que fue entregada a la batería.
Un Informe, fechado el 1 de julio y firmado por Laco Holdos, sobre la batería 17 aporta los siguientes datos:
Durante el mes de junio la batería ha disparado de sus 3 cañones 1315 disparos. La aviación enemiga se ha presentado casi todos los días para hacer reconocimiento y después con intenso bombardear los objetivos. Los ataques más fuertes que la batería ha rechazado en los días siguientes:
En la noche del 5 de junio: cinco aparatos de bombardeo Junkers y dos hidros, de los cuales uno cayó ardiente dentro del mar a una distancia aproximada de 20 km...
El 12 de junio: 32 aparatos de bombardeo Savoia 81 y 21 cazas Messerschmitt, los cuales sin poder bombardear los objetivos por el intenso fuego de la bat. lanzaron sus bombas por alrededores de la Fabrica, pueblo de Sagunto y de la batería. Esta disparó 283 disparos y ha abatido dos aparatos Savoia 81.
El 13 de junio: la aviación enemiga ha hechos cuatro fuertes ataques contra los objetivos y la bat. que fueron cuatro veces rechazados. Los aparatos fueron obligados a lanzar sus bombas por los alrededores de Sagunto... La bat ha disparado 449 disparos, dos aparatos Savoia 81 fueron abatidos. La bat. fue bombardeada este día dos veces, sin tener víctimas. Una bomba, caiendo dentro de la cocina, ha destruido esta.
El 14 de junio: la aviación enemiga vino en muchas escuadrillas, total de 40 aparatos de bombardeo Junker y Savoia y 21 Messerschmitts más, atacando la bat de todas las direcciones, bombardeándola.Por el humo de las explosiones de las bombas, la bat no ha podido tirar más que 55 disparos. Por alrededores y muy cerca de la posición cayeron mas de 200 bombas de grande tamaño y bombas incendiarias. Tres bombas cayendo dentro de la posición han destruido los 3 cañones y varias cajas de municiones y las tiendas de campaña. La bat. no tenía ninguna víctima. El mismo día por la tarde se han presentado otra vez más de 70 aparatos de bombardeo Junker y Savoia acompañado por más de 30 cazas Messerschmitt, bombardeando fuertemente la fábrica y los objetivos. La bat. no tiraba, porque tenía ya destruidos sus tres cañones. En este día se han mandado los 3 cañones a Valencia para ser reparados.
El día 15 de junio: la batería ha ocupado nueva posición, teniendo solamente un cañón, el cual fue arreglado durante la noche. Algunos días después vinieron también los otros dos cañones.
El día 20 de junio la batería cambió su posición... La batería durante su estancia en Sagunto ha rechazado todos los ataques contra la Fábrica y puerto y por la misión siempre bien cumplida ha obtenido felicitaciones de mando.
Para las víctimas de bombardeo la bat ha dado 1000 pesetas y cada domingo ha dado también al comité de S.R. (Socorro Rojo) de Sagunto 100 raciones de pan. En la cocina de la bat han comido regularmente varias pocas familias de Sagunto y durante la evacuación de dicha plazas las ha ayudado.
Tras la caída de Castellón, el 14 de junio, y de Villareal, Sagunto quedaba a solo unos 30 kilómetros de la línea del frente. El mando franquista pretendía continuar la ofensiva por la costa, pero cada vez encontraba una resistencia más dura, sobre todo en la sierra del Espadán. “Sin pánico ni desorden, comenta Vicente Rojo, el frente se rehace y, en una laboriosa batalla que se riñe en la cuenca del río Mijares quedaba por fin detenido el avance enemigo”. Pero no cesaron los intentos por reducir las defensas costeras y destruir Sagunto como se ha visto en el anterior informe. Artur London pinta un cuadro aún más vívido de la acción del 14 de junio:
...Esta vez los aviones atacaron a una altura de 4.800 m, mientras en mayo habían atacado a 3.200. A tal distancia, el tiro directo, tanto más cuanto que el material estaba ya muy gastado, tenía pocas probabilidades de ser eficaz. Pero a pesar de todo, lo fue. Más de un avión se deshizo de su carga antes de tiempo. En las densas nubes de polvo que levantaban, los cañones sólo aproximadamente podían disparar. El atacante, mientras tanto, bombardeaba metro por metro el espacio en el que adivinaba la posición de la batería. En el momento justo se escuchó la orden: '¡A los refugios!' Apenas pronunciada, una bomba de 200 kilos cayó exactamente en el centro de la batería y destruyó los tres cañones. Los servidores de los cañones quedaron ilesos, pero los snaiper ardiendo incendiaron las cajas de municiones. Los hombres, con mantas en las manos, se lanzaron sobre las cajas entre el ruido de los motores, el estallido de las bombas... A la orden de ¡Apaguen! salieron del refugio, los primeros: Imre Szabó, Dvorak, Ladislav Novak, Urban, Kocman, Svornic y Marsalek, el telefonista Gazda, Baroch... Todos se abalanzaron sobre las cajas ardiendo que de un momento a otro podían estallar. La fábrica sufrió esa vez graves daños, y por milagro se salvó de ser destruida la parte principal.
...Un año más tarde, los alemanes de la Legión Cóndor describían en un libro titulado Deutscher Kampfer in Spanien las luchas de Levante y reconocían haber sufrido allí grandes pérdidas en el verano de 1938. Los últimos días de junio transcurrieron en Sagunto tranquilamente. Por el contrario, desde la costa hasta los montes de Teruel, la ofensiva enemiga estaba en pleno auge.

La batería Gottwald colabora en la ofensiva fascista de julio sobre Valencia
Para conseguir la conquista final de Valencia, el mando fascista inició una nueva ofensiva sobre el eje Teruel–Segorbe–Sagunto que apuntaba a la conquista de Valencia antes del 25 de julio. La ofensiva comenzó el 5 de julio y logró al principio una fuerte penetración, pero pronto chocó con la línea defensiva XYZ. Todos los ataques se estrellaron en este bastión republicano que permitió fijar la línea desde la Sierra de Javalambre hasta Viver y desde la Sierra del Espadán hasta Almenara y la costa. Precisamente para colaborar en ese esfuerzo la batería Gottwald recibió la orden, el 27 de junio, de dejar la defensa de Sagunto y trasladarse a las primeras líneas de la Sierra Espadán, luego a Sarrión-Manzanera. Finalmente, el 10 de julio el grupo internacional antiaéreo dejó el frente y se trasladó a Valencia.

La batería Gottwald pasa a la defensa de la ciudad de Valencia
Hacia el 25 de julio de 1938 cedió la ofensiva franquista al estrellarse con la resistencia republicana en la línea XYZ. Simultáneamente el ejército republicano iniciaba la ofensiva del Ebro; ello dio un cierto alivio a la zona levantina. Artur London describe el ambiente que se respiraba en su capital:
En el puerto de Valencia había muchos barcos hundidos. El capitán Fernández, ex jefe de la defensa antiaérea del sector de Sagunto y jefe entonces de la defensa antiaérea de la región valenciana, ordenó a una batería que ocupara su posición de tiro a la orilla derecha del Turia y a la batería Gottwald la orilla izquierda, entre barracas, casas campesinas como las que conocemos por las novelas de Vicente Blasco Ibáñez. En su posición Malvarrosa, la batería Gottwald, junto con una batería alemana y con la ayuda de algunos lanzafuegos, cumplía una misión semejante a la de Sagunto: la de una unidad antiaérea internacional que debía defender el puerto de Valencia. Cumplía ese cometido en condiciones cada vez peores por lo que respecta al estado del material y por la tensa situación política, ya que durante cierto tiempo podía temerse una intervención armada de la «quinta columna» valenciana. Pero la batería Gottwald mantenía contacto constante con la delegación de las brigadas internacionales para la región Centro-Sur.
El comisario de la batería Ivan Jaksis estaba regularmente en comunicación con las organizaciones del Frente Popular, el comité provincial del Partido Comunista y la organización de Mujeres Antifascistas, cuya dirección valenciana había patrocinado a la batería. Las representantes de las mujeres valencianas venían a la posición de Malvarrosa y en sus charlas informaban a los voluntarios sobre la labor que desarrollaban. Sus relaciones con los voluntarios eran muy cordiales, porque en la ayuda heroica de los voluntarios veían un acto de gran nobleza de aquellos hombres que habían venido de países lejanos para defender los derechos del pueblo español, dispuestos a entregar sus vidas por su justa causa. Iban conociendo así la historia de sus vidas.
Por ejemplo la de Petr Purdek, de Detva, que durante muchos años desde los bosques de Canadá estuvo enviando a su esposa la mayor parte de su salario ganado con su duro trabajo. Cuando estalló la guerra de España, con el último cheque de dólares que envió a su mujer le explicaba que era preciso dar prioridad a la lucha por el bienestar del pueblo español que estaba por encima de los intereses personales. Con Purdek, de Detva, luchaban Josef Krizan, completamente sordo a consecuencia de los disparos de cañón, pero siempre en su puesto, y Pavel Balciar. Había padres de familia como Formánek, Brázda, Harabis, Vlach y otros.
Después de aquellas visitas a Malvarrosa salían con mayor decisión aún hacia sus ametralladoras del puerto, entre casas en ruinas sobre las que seguían cayendo las bombas en las incursiones diurnas y nocturnas del enemigo, Vaclav Kosek, Ladislav Vlasil y Frantisek Svrcek. Las mujeres valencianas, y por ellas también la población, conocieron mejor a la batería Gottwald. Y cuando los mineros de Sagunto llegaron a la posición de Malvarrosa para entregarle solemnemente una bandera, la organización de Mujeres Antifascistas hizo otro tanto.
Desde comienzos de 1938 formaban parte de la batería unos doce voluntarios de nacionalidad polaca. Famosos por su tenacidad, abnegación y disciplina, se distinguían también por su firmeza política. A petición suya, formaron con ellos un servicio de uno de los cañones. Desde el verano de 1938 hubo en la batería Gottwald un cañón de grueso calibre puramente «polaco». En la memoria de sus servidores sigue siempre imperecedero el recuerdo del joven apuntador, el benjamín de la batería, Mariam, y el de Zajonc y muchos más. Siempre que se habla de la batería Gottwald es preciso recordar los nombres de todos aquellos voluntarios polacos, mineros en el norte de Francia. En la crónica de la lucha de la batería Gottwald deben figurar siempre esos nombres y el del voluntario eslovaco Baskovic, de sesenta años de edad, así como los de algunos voluntarios franceses, rumanos y alemanes, de grandes cualidades políticas y morales.
Sobre la actividad de la batería Gottwald en Valencia puede decirse que, junto con la batería alemana, cumplió bien las misiones que le encomendaron. A pesar de que el material estaba ya muy gastado, su tiro era certero y suscitaba la admiración de los jefes superiores. En Valencia, la batería obligó a los Savoia italianos a volar a 6.500 metros y en vuelos de máxima velocidad, de tal modo que no pudieran bombardear con exactitud el puerto. Durante los cuatro meses que duró la defensa del puerto de Valencia no fue alcanzado por la aviación enemiga ni un solo barco de los que entraron en él. Además de las felicitaciones de los altos mandos, la batería también recibió una escrita por Giuliano Pajetta (Camen), delegado de las brigadas internacionales para la región Centro-Sur.
Milos Ruppeldt publicó en el periódico de Bratislava, después de la liberación de Checoslovaquia, un episodio que es exponente del gran recuerdo que dejó en Valencia la batería Gottwald. Este periodista pudo escapar del Estado eslovaco fascista en el año 1943 a Inglaterra, vía Madrid. Llegó a Valencia con la idea de embarcar secretamente allí. Pero no conocía a nadie en Valencia y se encontraba absolutamente sin dinero. Fue a ver a los cargadores del muelle, les contó su situación y les pidió ayuda. Cuando los trabajadores se enteraron de que era checoslovaco lo acogieron cordialmente, con brillo en los ojos. “¿Conoce al capitán Laco?” (pronunciaban Laco, dando a las c el sonido castellano y no el de s que tiene en checo). Ruppeldt no había oído nunca ese nombre. Los trabajadores portuarios le explicaron que se trataba del jefe de la batería Gottwald, Laco Holdos, al que debían -dijeron- no haber sido deshechos por las bombas fascistas en 1938. “Te ayudaremos porque eres checoslovaco”. Y le ayudaron.
El 24 de septiembre fueron retirados los voluntarios internacionales. En las tierras valencianas se inició un lento periodo a la espera de que la Comisión Internacional para Retirada de los Voluntarios fuera investigando el número de voluntarios y preparando su evacuación. En la zona central el proceso fue más lento y finalmente la mayor parte de los cerca de 2.000 voluntarios pudo trasladarse a Cataluña en la noche del 17 al 18 de enero de 1939.
La mayoría no fue admitida en Francia al carecer de visados a sus países respectivos, por lo que durante unas semanas se incorporaron a la defensa de Cataluña y, finalmente, al cruzar la frontera en febrero, fueron internados en campos de concentración. Solo unos pocos se quedaron en la zona central, y la mayor parte de ellos pudo embarcar en los últimos barcos de refugiados, entre ellos el Stanbrook. En los años siguientes los voluntarios checos e internacionales prosiguieron su lucha contra el fascismo iniciado en España. España había sido su escuela de combate.