La escritora granadina fue fusilada en el barranco de Víznar poco después que el poeta, a quien conocía.
Durante un tiempo se vestía de hombre para tener más libertad, hasta que acabaron descubriéndola. Aquello se interpretó como una señal de desequilibro. Agustina respondió hablando de "locura social", la de una sociedad incapaz de comprender a quienes se salen de sus normas.

En el mismo camino donde permanecen desaparecidos los restos de Federico García Lorca, descansan los de Agustina González López, una de las figuras femeninas más peculiares de la Granada de entreguerras. Fue escritora, pintora, pensadora y política de corte progresista y feminista. Llegó a conocer y a tener trato con el poeta y se cree que pudo servirle de inspiración para La zapatera prodigiosa, incluso para el personaje de Amelia, de La casa de Bernarda Alba. Como La Zapatera era conocida popularmente, ya que su familia era dueña de una zapatería y en ella vendía sus libros. En cambio, Amelia era el pseudónimo con el que firmaba sus ilustraciones.
Sus ideas progresistas y la libertad que siempre le caracterizaron la pusieron en la diana de los sublevados. No se sabe exactamente cuándo murió, pero sí que fue fusilada en el barranco de Víznar al poco de estallar la guerra. De acuerdo con la documentación a la que ha accedido su principal biógrafa, Enriqueta Barranco Castillo, lo más probable es que el asesinato se produjera entre el 16 y el 18 de agosto, antes de que se procediera a la incautación de sus bienes.
El cuerpo de Agustina tampoco se ha encontrado, aunque a ella nadie la buscó. No tenía hijos, sus padres habían muerto y sus hermanos estaban fuera de la provincia. La falta de familiares directos vivos impide pensar en la posibilidad de identificar sus restos entre los exhumados en el camino de Víznar a Alfacar. "Su cuerpo está prácticamente identificado, se encontró hace dos años y todo apunta a que son sus restos. Se encontraron en la misma fosa que otras muchas mujeres a las que apodaron las costureras, ya que por los objetos que portaban se cree que esta era su profesión", explica Barranco.
Hasta la fecha se han recuperado 194 cadáveres en las cunetas de Víznar a Alfacar. Uno de ellos pertenecía a un niño de 11 años y 40 a mujeres. "Las exhumaciones han servido para confirmar la violencia que sufrieron las fusiladas, mucho más brutal que la ejercida sobre hombres", señala Mireia Capdevila, investigadora del CEDID-UAB y coordinadora del Archivo Histórico de la Fundació Carles Pi i Sunyer.
El archivo de la Real Chancillería de Granada conserva el expediente de responsabilidades políticas que se le abrió a Agustina en 1939. Se le acusó póstumamente de simpatizar con la izquierda y la masonería. Se le impuso, además, una multa de 8.000 pesetas, que pagaron sus familiares. Curiosamente, cuenta la biógrafa, parte de su herencia acabó en posesión de su cuñada, una de las pocas familiares cercanas que conservaba en la ciudad, después de que hermano se hubiera marchado.
El legado de esta intelectual quedó en el olvido hasta hace poco más de dos décadas, cuando Enriqueta Barranco, en colaboración con el investigador Fernando Girón Irueste, dio con ella mientras elaboraba un libro sobre el socialista Alejandro Otero. Tiró del hilo y consiguió reconstruir buena parte de su vida y de su pensamiento. "Lo que me encontré es una mujer librepensadora que había creado su propio partido político, que fue la primera mujer en presentarse a unas elecciones en Granada y que, además, había escrito varios libros", resume.
Por su parte, la catedrática de Universidad de Historia Contemporánea de la Universidad de Granada, Teresa María Ortega López, afirma que "la vida de Agustina González López se mueve entre documentos, testimonios y una leyenda urbana que durante décadas casi ocupó el lugar de la persona real". Aun así, subraya que en los últimos años se ha podido reconstruir gran parte de su vida y obra: "Fue una figura difícil de encerrar en una sola categoría. Escribió ensayos y teatro, dibujó, se interesó por la astronomía, la medicina y la filosofía, participó en ambientes feministas y políticos y se aproximó al espiritismo y a la teosofía. Ese conjunto puede parecer extraño desde el presente, pero formaba parte de una Edad de Plata en la que convivían la ciencia, el reformismo social, las vanguardias y distintas corrientes espiritualistas".
La catedrática considera que el olvido de este personaje se debe a la confluencia de "varios silencios superpuestos". El primero, la represión franquista, "que dispersó su obra y volvió peligroso recordar a una mujer relacionada con el feminismo, las izquierdas y la heterodoxia religiosa". En segundo lugar, señala el antifeminismo, que hizo que su conducta, que podría haber sido calificada de "bohemia", se viera como un desorden mental. Por último cree que ha sido víctima de una historia cultural "construida durante mucho tiempo alrededor de autores varones".
El Ayuntamiento de Víznar, el pasado 14 de junio, en el Día de la Memoria Histórica y Democrática, organizó un acto en recuerdo de los miles de asesinados durante la Guerra Civil que aún yacen en sus inmediaciones. Este año el evento homenajeó a las mujeres fusiladas en el barranco, cuyas historias se van desentrañando poco a poco. Ese mismo día se inauguró una plaza dedicada a Agustina González, en un barrio dedicado a los poetas de la Generación del 27, a la que ella habría pertenecido si la hubieran dejado.
¿Qué se sabe de la vida de Agustina?
Cuando La Zapatera fue asesinada tenía 45 años. Ya entonces era de sobra conocida en la ciudad de Granada, aunque su fama era lo que se podía esperar de la época. Desde bien joven tuvo que escuchar una pila de insultos, desprecios y vejaciones. "A pesar de las críticas ella se valoraba mucho y tenía un elevado concepto de sí misma. Llegó a escribir una carta a Alcalá Zamora, el presidente de la República, pidiéndole que la nombrara ministra sin cartera", relata González.
"Conducta tal resultaba intolerable. La Zapatera era una mujer independiente, independiente también en cuanto a sus medios económicos, y la desaprobación social, apenas refrenada, tenía que desahogarse mediante burlas más o menos sangrientas…", así la describió Francisco Ayala en sus relatos sobre Granada. El escritor la recordaba ofreciendo sus "opúsculos" –como llamaba a sus libros– en la librería familiar de la calle Mesones, todos ellos repletos de "ideas extravagantes" y entrando sola a los cafés y restaurantes.
Es probable que muchos de sus escritos fueran destruidos tras su muerte, pero algunos se conservan. Se sabe que publicó dos obras de teatro: Cuando la vida calla, comedia en tres actos, y Los prisioneros del espacio. Solo la primera de ellas fue estrenada. También autopublicó algunos ensayos: Idearium futurista, Las leyes secretas y Justificación, en el que quiso explicar los motivos de su conducta tan criticada.
Según relata en este último libro, desde muy pequeña tuvo que enfrentarse a sus padres y hermanos para poder leer y estudiar. Lo que más le interesaba era el teatro y la ciencia, sobre todo la astronomía. "Desde muy joven sentí el ansia de libertad, no de una libertad licenciosa ni destructora, sino de la libertad del pensamiento y de la acción consciente. La sociedad en que me ha tocado vivir no perdona a la mujer que se sale del molde prefijado", escribió.
En ese mismo ensayo, según recuerda Ortega López, admite que durante un tiempo se vestía de hombre para tener más libertad, hasta que acabaron descubriéndola: "Se interpretó aquello como una señal de histeria o desequilibro. Agustina respondió apropiándose irónicamente de la acusación y habló de 'locura social'. No era ella quien estaba loca, venía a decir, sino una sociedad incapaz de comprender a quien se adelantaba a sus normas".
Una de las facetas más curiosas de La Zapatera es la de política. Estuvo vinculada a la masonería y las ideas teosóficas. Gracias a ello, entró en contacto con algunos intelectuales, como los socialistas Alejandro Otero y Rafael García Duarte. Más tarde, en 1933, sería la primera mujer de Granada en presentarse a unas elecciones como candidata, además, con su propio partido: el Partido Entero Humanista, con el que consiguió nueve votos en la ciudad de Granada y seis en otros pueblos. "El resultado fue mínimo, pero la candidatura posee un enorme valor histórico porque se trataba de una mujer. Una mujer granadina que construyó un programa propio y reclamó públicamente un lugar en la representación política", concluye la catedrática.




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