dimecres, 8 de gener de 2014

Los restos de 22 ciudadrealeños esperan su identificación de la mano de la Agrupación de Familiares y Amigos de Represaliados en Valdenoceda..


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Ciudad Real: 22 almas buscan el descanso de la memoria

 - 2 enero, 2014 – 13:329 Comentarios
Las antiguas dependencias del penal de Valdenoceda (Burgos) aún presentan el desolado y pavoroso aspecto de los lugares marcados por la desgracia y la crueldad. Allí, en la más espantosa de las prisiones de castigo del régimen franquista, murieron de maltrato, hambre y frío 154 personas. Aún hoy buscan el descanso de la memoria los restos de 22 ciudadrealeños que esperan su identificación de la mano de la Agrupación de Familiares y Amigos de Represaliados en Valdenoceda. Desde 2005, esta asociación coordina una campaña de  búsqueda de familiares con los que practicar las pruebas de ADN de los restos encontrados y proceder a la devolución de los cuerpos.
carcel
En Valdenoceda murieron oficialmente 154 personas, y hasta la fecha se han exhumado 116 restos, 22 de ellos de prisioneros procedentes de la provincia de Ciudad Real. Quedan otros 38, que la agrupación espera exhumar cuando se “liberen” nuevas subvenciones dedicadas a la Memoria Histórica. Según relatan los responsables de la agrupación en su página web, la tarea de localizar familias comenzó comenzó a gestarse a finales de los años 90, con los primeros contactos entre familiares de aquellos represaliados. Tras la aprobación de la Ley de Memoria Histórica, y conseguida una primera subvención, en febrero de 2007 se inició la excavación del solar del cementerio y la exhumación, de 116 cuerpos a cargo de un equipo de arqueólogos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y de la Universidad Autónoma de Madrid.
Aún quedan por localizar las familias descendientes de otros 77 presos y la exhumación de otros 38, que presumiblemente se encuentran debajo de enterramientos posteriores.  De los 77 cadáveres localizados, y según los datos del Registro Civil, 22 proceden de diversos pueblos de la provincia de Ciudad Real.
Un infierno en vida
Lo que fuera una fábrica de sedas se convirtió en una de las más temibles prisiones del régimen franqusita, desde 1938 hasta 1943. Según relatan los supervivientes, allí eran trasladados presos de toda España condenados en la mayor parte de los casos, por “adhesión a la rebelión”. Por la cárcel pasaron varios miles de personas y el edificio de tres plantas y con capacidad para menos de 300 personas, llegó a albergar a casi 1.600 presos de una sola vez.
Un caldo aderezado con una sola alubia se convertía en el primer y único plato del día. “La alubia siempre estaba podrida y alojaba un gorgojo en su interior”, han recordado años después algunos presos. Uno de ellos recuerda en sus memorias que, cuando dormía, sus mejores sueños estaban protagonizados “por un simple trozo de pan”. El hambre y las malas condiciones del agua provocaban enfermedades entre los penados. La práctica totalidad de los presos de los que se tiene noticia fallecieron de “colitis epidémica” o “tuberculosis”.
Los castigos del sótano
A las malas condiciones de vida y al hambre se unían los castigos físicos. Cualquier mal comportamiento  era merecedor de un traslado a la celda de castigo. Ésta estaba situada en los sótanos de la cárcel, junto al canal del río Ebro, que antaño sirviera para mover las aspas de la maquinaria de la fábrica textil. La celda siempre tenía agua, y se inundaba cuando el río se desbordaba. El preso debía permanecer quieto, helado de frío y con el agua al cuello, sin ni siquiera poder dormir.
También eran habituales los insectos. “Los presos que sobrevivieron han recordado siempre las manchas oscuras sobre el techo durante el día. Al inicio de la noche, las manchas comenzaban a descender por las columnas y se dirigían en masa hacia los presos. Eran chinches”, relatan.
Según la Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en el Penal de Valdenoceda, “muchos penados fueron sacados de madrugada de su interior y nunca más fueron encontrados”. “En los alrededores se encuentran numerosas cuevas y se cree que muchos presos fueron asesinados y arrojados a su interior, sin dejar rastro para nadie y sin que su ejecución fuera comunicada siquiera a la familia”, aseguran.
En el caso de los fallecidos por hambre o enfermedades, eran los propios presos los que los enterraban. “Durante años, la Agrupación creyó que las condiciones del enterramiento eran muy precarias. Sin embargo, los estudios antropológicos y los trabajos realizados durante la exhumación han confirmado que los presos construían, con sus propios medios, ataúdes de madera. Metían en cada uno de ellos al preso fallecido”,explica la asociación. Tras el cierre de la cárcel, el solar fue abandonado. En 1989, la parroquia se hizo con la propiedad del solar, que fue cedido por Instituciones Penitenciarias para ampliar el cementerio parroquial original.
Este es el listado de los 22 presos ciudadrealeños a la espera de identificaciónpor parte de sus familias:
1.- Antonio Bailón Cuadrado,de Manzanares
2.- Lorenzo Castillo Martín, de Gargantiel
3.- Antonio Contreras Porras, de Almagro
4 Agustín Delgado Sánchez, de Socuellamos
5.- José Estero Navarro, de Socuellamos
6.- José Fernández Yut, de Villar de Puertollano
7.- Modesto Flores Jiménez, de Daimiel
8.-Ciriaco García Gómez, de Anchuras
9.- Eugenio García Quintana, de Valdepeñas
10.- Julián González González, de Almagro
11.- Andrés López Olmo, de Bolaños
12.- Rufino Madrigal Hovillo, de Tomelloso
13.- Bonifacio Olmedo López, de Tomelloso
14.- Mamerto Redondo Muñoz, de Fuencaliente
15.- Marcelino Rodríguez del Prado, de Villamayor de Calatrava
16.- Andrés Romero Gallego, de Terrinches
17.- Mariano Rosa Sánchez, de Puertollano
18.- Teodoro Sánchez Caro, de Picón
19.- Alejandro Sánchez Jara, de Villamayor de Calatrava
20.- Benigno Sánchez Moya, de San Lorenzo Calatrava
21.- Nicasio Urbina Fernández, de Anchuras
22.- Juan José Alcázar Tejados, de Villahermosa
Los interesados pueden ponerse en contacto con la asociación en el correo electrónico valdenoceda.exhumacion@gmail.com