LO QUE EL 18 DE JULIO SE LLEVÓ: RELATOS ÍNTIMOS
En la serie de artículos 'Lo que el 18 de julio se llevó: relatos íntimos', las socias y socios de infoLibre comparten sus historias más personales
La Pasionaria y la honestidad
Durante una visita de Dolores Ibárruri (La Pasionaria) a Almuradiel, mi abuelo, Antonio del Campo Megías, militante del Partido Comunista, la alojó en su casa. Él mismo le preparó unos huevos fritos para cenar, mientras mi abuela, ajena a la política, prefirió acostarse temprano. Más adelante, el partido lo obligó a asumir la tesorería del ayuntamiento. Cuando las tropas sublevadas tomaron el poder, Antonio entregó los libros de cuentas y los fondos: todo cuadraba al céntimo. Además de honesto, fue un feminista adelantado a su tiempo: asumía la mitad de las tareas del hogar y, cada vez que cobraba, entregaba el sueldo íntegro a mi abuela para que ella lo administrara.
El valor de las convicciones
Al entrar las tropas franquistas en Almuradiel, ordenaron a todos los hombres del pueblo concentrarse en la plaza central. Una vez allí, les exigieron levantar el brazo con el saludo fascista y cantar el Cara al sol. Mi abuelo permaneció inmóvil: ni saludó ni cantó. Debido a su firme resistencia, fue arrestado y encarcelado en ese mismo instante.
El precio de la concordia
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Durante la guerra, Almuradiel no registró muertes de vecinos de derechas. Cada vez que las milicias planeaban ir a por alguien, mi abuelo lograba que le avisaran para que pudiera esconderse a tiempo. Gracias a ello, los perseguidores se marchaban con las manos vacías. Al finalizar el conflicto, durante su juicio militar, los propios vecinos de derechas testificaron a su favor, logrando que su condena fuera mínima. Lo más doloroso llegó al regresar a casa: algunos de sus antiguos compañeros de izquierdas lo tildaron de traidor. Él jamás aceptó la idea de que se debiera fusilar a alguien por el simple hecho de ser terrateniente o de derechas; siempre prefirió definirse como un "republicano sano". Su rectitud dejó tal huella que, incluso durante la dictadura, los vecinos del pueblo acudían a él de forma habitual para que mediara en disputas locales de lindes, arriendos y tierras.

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