dimarts, 18 de novembre de 2014

Carta de Enriqueta de la Cruz apoyando nuestra peticion de calle de los Republicanos españoles a la alcaldia de Paris. De una súbdita española al ciudadano Hollande y a la ciudadana Anne Hidalgo.




De una súbdita española al ciudadano Hollande y a la ciudadana Anne Hidalgo.


Madrid, 30 de septiembre de 2014

   Estimados señor y señora. Les escribo a ustedes, tras una breve estancia en París, para agradecerles, muy sinceramente, el homenaje a los republicanos españoles durante la celebración de la liberación de París este agosto y el reconocimiento a la bandera tricolor de la democracia y la libertad con la que miles de españoles lucharon junto a las tropas aliadas, junto a los franceses, contra el fascismo, en las duras batallas libradas en toda Europa y África.

   Como se sabe, la lucha contra el fascismo sigue en la tierra; es una lucha internacional que nos compromete a todos los demócratas, a todos los que llevamos grabados en el corazón la triple divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad, divisa por la que trabajamos y que un día en España hicieron realidad los republicanos durante la II República española, breve periodo de tiempo muy fructífero en reformas y avances sociales, culturales y políticos, hijos, en gran medida, de la Ilustración francesa.

   Hace algunos años (2011) estaba yo, como una turista más, disfrutando de la belleza de la capital de Francia, llenando mis ojos con esas tres palabras de tanto significado para mí y mis antepasados, esta triple divisa cincelada en sus edificios públicos, cuando me encontré con un grupo de españoles, descendientes de ese exilio que ocasionó la dictadura de Franco. Había visitado previamente el Panteón de hombres ilustres donde frente al péndulo de Foucault, monumento a la Ciencia, se me representaba la necesidad de que la persona se crezca y no se agache, se supere y no se conforme y no se humille. Estaba escrita esta bella frase: “Vive libre o muere” a los pies de una escultura. Luego, en la plaza del Ayuntamiento me sumé a esos españoles que festejaban y recordaban la liberación de París con la entrada del general Leclerc al frente de La Nueve, pero echamos en falta nuestra bandera, la legítima, la bandera de España. Conversando con estos hermanos comprendí algo clave que no había sintetizado aún pese a seguir investigando en la historia de mi país: que España no está aún liberada. Comprendí que mientras esto no sucediera, iba a ser muy difícil que nuestra bandera tricolor ondeara junto a la americana y la francesa en esos actos de homenaje. Sin embargo, esta presencia fue solicitada por descendientes de estos republicanos españoles y las autoridades francesas han tenido a bien aceptar la propuesta y desde 2012 se incorporó a los actos de la Liberación. Nos sentimos muy honrados quienes comprendemos el gesto y su verdadero significado.

   Los ejércitos aliados se quedaron a las puertas, en Francia, no pasaron los Pirineos y aquí, en mi país, siguen reinando instituciones y reglas fascistas. Tenemos elecciones, pero nunca se rompió con el fascismo. Tenemos una monarquía impuesta por el dictador y por el miedo. La tarea de la liberación de España nos corresponde a los españoles en primer lugar, pero al mundo entero democrático también, como pone de manifiesto el requerimiento de la ONU al gobierno español para que prevalezca la verdad justicia y reparación contra los crímenes franquistas, un requerimiento, por cierto, que ha sido burlado y contestado adecuadamente por esta Organización, dejando de manifiesto que no se respeta el derecho internacional por parte de quienes están al frente del poder en mi país.

   Comprendo las reglas diplomáticas y siento que pudiera comprometerles a ustedes, sin querer, con esta carta de algún modo; me preocupa el apuro que quizá les suponga simplemente leer estas letras. Por eso no me dirijo a un presidente y a una alcaldesa como tales, sino a un ciudadano y a una ciudadana.
El mundo avanzó con audacia. Y el paso cualitativo dado en París, con la presencia de la bandera española tricolor, me anima y me llena de esperanza sobre nuevos posibles pasos a favor del progreso de la humanidad y, por tanto, de los valores democráticos.

   Esta bandera, que, como sabemos, no se relaciona de ninguna manera con la ocupación nazi, ni sus colores con los de un holocausto, ni con imposiciones contra los derechos humanos como las sucedidas desde el golpe de Estado genocida y hasta nuestros días en España, sino con la libertad, la lucha antifascista, la dignidad del ser humano, la voluntad de los pueblos de ser fraternales, las ideas de la Ilustración, y los mejores ideales a que podamos aspirar, debe prevalecer como símbolo de lo mejor de España.

   Los herederos de esos colores de libertad, de valores de la Ilustración, estamos huérfanos y sometidos, seguimos siendo súbditos a la fuerza de un Régimen impuesto por un dictador y controlado en buena medida por los herederos funcionales de una dictadura, 75 años después de su imposición. Si queremos seguir viviendo cómodamente en nuestro propio país debemos permanecer sumisos so pena de exclusión económico-laboral y social, de represión y de escarnio. Sólo disimulando que vivimos una verdadera democracia, se nos acepta.

   Los demás países democráticos están concernidos también, pues la llama del fascismo prende y amenaza con crecer desde este foco que –como otros en Europa- lo alimenta ya sin careta.

   Mientras los españoles que dieron su vida por la libertad y la democracia en España y fuera de ella, no estén reconocidos debida y plenamente y no se condene la Dictadura y el holocausto oficialmente, mientras no exista otro Nuremberg en España, mientras no se quite el velo y se identifiquen los restos de imposición que dirigen el país, mientras no España no esté liberada, los pueblos libres asociados en las instituciones, vecinos y formalmente coaligados, siguen en peligro.

   Si la liberación, insisto, compete en primera instancia al pueblo español, este pueblo, aún atemorizado, anestesiado y no muy consciente gracias a la represión violenta aún latente y a los engaños de la llamada Transición democrática (verdadero coladero de los represores y criminales en las más altas cotas de poder, de ellos y sus continuadores); necesita -y yo pido- ayuda exterior. Ayuda en el reconocimiento a los demócratas y en el rechazo al fascismo.
   La razón, la justicia y el corazón deben prevalecer. Dos presidentes del Estado español permanecen en suelo francés: Manuel Azaña y Juan Negrín. También el poeta Antonio Machado. También mi propio tío-abuelo, también muchos españoles, esos que, como dijo, el escritor Max Aub, fueron, son, lo mejor de España, ese exilio que hemos de recuperar cuando sea el tiempo propicio, pues sin ellos estamos incompletos. Gracias por acogerles hasta ese momento que, entre todos, debemos ganar.
   Les pido, con el máximo respeto, que continúen en su ayuda para seguir dando pasos en pro de la claridad y la verdad en España, en pro de su liberación, y de un progreso limpio que nos haga hombres libres, iguales y fraternos otra vez.
    Sé que hay iniciativas promovidas por asociaciones en Francia de petición de la concesión de alguna calle, cruce, vía (y/o monumento) que recuerde a los republicanos españoles que lucharon por la libertad al lado de Francia. Yo me sumo a esta petición y les agradezco que allí donde llegue su voz, tengan a bien siempre recordarlos como hombres y mujeres de honor que fueron, repudiando así todo resto de fascismo e imposición.

   ¡Viva la España libre de la que un día hablaron Machado, Albert Camus y Max Aub y hablaron los poetas: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Pedro Garfias, Juan Ramón Jiménez y tantos otros hombres buenos!

   ¡Viva Francia!

   Agradecida por su atención, con mis afectuosos saludos fraternales,
   Firma:
   Enriqueta de la Cruz.
   Periodista, novelista.


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D’une sujette espagnole au citoyen Hollande et à la citoyenne Anne Hidalgo

                                                                            
                                                                                                  Madrid, 30 septembre 2014


Monsieur et Madame,

   Je vous écris, après un bref séjour à Paris, afin de vous remercier, très sincèrement, de l’hommage aux républicains espagnols pendant les célébrations de la libération de Paris ce mois d’août et pour la reconnaissance du drapeau tricolore de la démocratie et de la liberté avec lequel des milliers d’Espagnols luttèrent avec les troupes alliées, aux côtés des Français, contre le fascisme, dans les dures batailles livrées dans toute l’Europe et en Afrique.

   Comme on le sait, la lutte contre le fascisme continue sur la terre ; c’est une lutte internationale qui nous engage tous les démocrates, tous ceux qui portons dans notre coeur la triple devise : Liberté, Egalité, Fraternité, devise pour laquelle nous travaillons et qui fut un jour en Espagne réalité grâce aux républicains pendant la II République espagnole, brève période très fructueuse en réformes et avancées sociales, culturelles et politiques, filles, dans une grande mesure, de l’Illustration française.

   Cela fait quelques années (le 25 août 2011) j’étais, comme une touriste de plus, en train de profiter de la beauté de la capitale de la France, emplissant mes yeux de ces trois mots si pleins de sens pour moi et pour mes ancêtres, cette triple devise gravée sur ses édifices publics, lorsque je rencontrai un groupe d’Espagnols et de Français, descendants de cet exil que provoqua la dictature de Franco. J’avais visité auparavant le Panthéon des hommes illustres où face au pendule de Foucault, monument à la Science, il m’apparaissait nécessaire que la personne se développe et ne s’abaisse pas, qu’elle se dépasse et ne se résigne ni ne s’humilie. Cette belle phrase était écrite : “Vis libre ou meurs” aux pieds d’une sculpture. Ensuite, sur la place de l’Hôtel de Ville, je rejoignis ces Espagnols et Français qui fêtaient et se souvenaient de la libération de París avec l’entrée du général Leclerc à la tête de La Nueve, mais nous regrettâmes l’absence de  notre drapeau, le légitime drapeau de l’Espagne. En bavardant avec ces frères, je compris quelque chose de capital que je n’avais pas encore saisi en dépit de continuer à faire des recherches sur l’histoire de mon pays : que l’Espagne n’est pas encore libérée. Je compris que tant que cela n’arriverait pas, il allait être très difficile que notre drapeau tricolore flottât près des drapeaux américain et français lors de ces actes d’hommage. Néanmoins, cette présence fut sollicitée par des descendants de ces républicains espagnols et les autorités françaises ont bien voulu accepter la proposition et depuis 2012 il est intégré aux cérémonies de la Libération. Nous nous sentons très honorés ceux qui comprenons le geste et sa véritable signification.
Les armées alliées restèrent à la porte, en France, elles ne passèrent pas les Pyrénées et ici, dans mon pays, sont toujours en vigueur des institutions et des règles fascistes. Nous avons des élections, mais jamais on n’a rompu avec le fascisme. Nous avons une monarchie imposée par le dictateur et par la peur. La tâche de la libération de l’Espagne nous incombe aux Espagnols en premier lieu, mais aussi au monde entier démocratique, comme le souligne l’injonction de l’ONU au gouvernement espagnol afin de faire prévaloir la vérité, la justice et la réparation contre les crimes franquistes, une injonction bafouée, certes, ce à quoi a répondu comme il se doit cette Organisation. Elle a clairement manifesté que les dirigeants de mon pays  ne respectent pas le droit international.
   Je comprends les règles diplomatiques et je regrette que je puisse vous compromettre, sans le vouloir, avec cette lettre,  d’une manière ou d’une autre ; je suis préoccupée par l’embarras que vous cause  peut-être le simple fait de lire ces lignes. C’est pourquoi je ne m’adresse pas à un président et à une maire en tant que tels, mais à un citoyen et à une citoyenne.
   Le monde a progressé audacieusement. Et le pas qualitatif qui a été fait à Paris, avec la présence du drapeau tricolore espagnol, m’anime et me remplit d’espoir sur de nouveaux pas possibles en faveur du progres de l’humanité et donc, des valeurs démocratiques.
Ce drapeau, qui, comme nous le savons, n’a aucun rapport avec l’occupation nazie, ni ses couleurs avec celles d’un holocauste, ni avec des infractions contre les droits de l’homme comme celles survenues depuis le coup d’Etat génocide et jusqu’à nos jours en Espagne, mais avec la liberté, la lutte antifasciste, la dignité de l’être humain, la volonté des peuples d’être fraternels, les idées de l’Illustration,  et les meilleurs idéaux auxquels nous puissions aspirer, doit prévaloir comme symbole du meilleur de l’Espagne.
   Les héritiers de ces couleurs de liberté, de valeurs de l’Illustration, nous sommes orphelins et soumis, nous sommes toujours soumis à la force d’un Régime imposé par un dictateur et contrôlé en grande partie par les héritiers fonctionnels d’une dictature, 75 ans après qu’elle fut imposée. Si nous voulons continuer à vivre confortablement dans notre propre pays nous devons rester soumis sous peine d’exclusion économique-professionnelle et sociale, de répression et de raillerie. Ce n’est qu’en dissimulant que nous vivons une véritable démocratie, qu’on nous accepte.
Les autres pays démocratiques sont aussi concernés, car la flamme du fascisme prend feu et menace de croître à partir de ce foyer qui –comme d’autres en Europe- l’alimente déjà sans masque. Tant que les Espagnols qui donnèrent leur vie pour la liberté et la démocratie en Espagne et à l’extérieur, ne seront pas reconnus comme il faut et pleinement y que l’on ne condamnera pas  la Dictature et l’holocauste officiellement, tant que n’existera pas un nouveau Nuremberg en Espagne, tant que l’on ne lèvera pas le voile et qu’on n’identifiera pas les restes de contraintes qui dirigent le pays, tant que l’Espagne ne sera pas libérée, les peuples libres associés dans les institutions, voisins et formellement unis, courent toujours un danger.

   Si la libération, j’insiste, incombe en première instance au peuple espagnol, ce peuple, même effrayé, anesthésié et peu conscient grâce à la répression violente encore latente et aux tromperies de la soi-disant Transition démocratique (véritable passoire des oppresseurs et criminels dans les plus hautes sphères du pouvoir, d’eux et de leurs successeurs) ; a besoin –et je le demande- de l’aide extérieure. De l’aide dans la reconnaissance aux démocrates et dans le refus du fascisme.
La raison, la justice et le coeur doivent prévaloir. Deux présidents de l’Etat espagnol restent sur le sol français : Manuel Azaña et Juan Negrín. Egalement le poète Antonio Machado. Mon propre grand-oncle également, beaucoup d’Espagnols également, ceux qui, comme dit l’écrivain Max Aub, furent, sont le meilleur d’Espagne, cet exil que nous devons récupérer quand ce sera le moment propice, car sans eux nous sommes incomplets. Merci de les accueillir jusqu’à ce moment que nous devons gagner ensemble.
   Je vous demande, avec le plus grand respect, de poursuivre votre aide pour continuer à avancer vers la clarté et la vérité en Espagne, pour sa libération, et pour un progrès net qui fasse de nous des hommes libres, égaux et fraternels de nouveau.
Je sais qu’il y a des initiatives,  promues par des associations en France, de pétition de la concession d’une rue, carrefour, voie (et/ou monument), qui rappelle les Républicains espagnols qui  luttèrent aux côtés de la France. Je me joins à  cette pétition et je vous remercie de vous souvenir toujours des républicains espagnols, là où leur voix s’est faite entendre, comme d’hommes et de femmes d’honneur qu’ils furent, car vous repousserez ainsi tout reste de fascisme et de diktat.

   Vive l’Espagne libre dont parlèrent un jour Machado, Albert Camus et Max Aub et dont parlèrent les poètes : Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Pedro Garfias, Juan Ramón Jiménez et tant d’autres hommes bons !

   Vive la France !

   Merci pour votre attention,
avec mes salutations affectueuses et fraternelles

   Enriqueta de la Cruz
   Journaliste, romancière.

(Traduction : Rose-Marie Serrano)