dimarts, 18 de juliol de 2017

EL PAREDÓN DE LA REPRESIÓN SERÁ DECLARADO BIEN DE INTERÉS CULTURAL. Paterna (València) albergará un centro para la memoria histórica

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13/07/2017 - 
VALÈNCIA. Es poco menos que una pared vieja. Si alguien no sabe su historia, puede pasarle hasta desapercibida. Está junto a una carretera asfaltada, si bien tradicionalmente se llegaba a ella desde el cementerio por una senda de tierra a la que se conoce como el camí de la sang, el camino de la sangre. A la conclusión de la Guerra Civil, delante de esa pared fueron puestas más de 2.000 personas para ser fusiladas. Es el paredón de España, el pedazo de tierra donde más se concentró la represión franquista en la Comunitat. Ahora es un bien de relevancia local y desde septiembre la Generalitat está estudiando su expediente para convertirlo en Bien de Interés Cultural.
La intención es dignificar el espacio, darle sentido histórico y, posiblemente, transformarlo en un memorial o centro de interpretación de la Guerra Civil y de la subsiguiente represión franquista, que llenó España de fosas comunes; un espacio laico para el recuerdo de todas las víctimas de la guerra. Así lo anunció el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, durante su visita a los trabajos de exhumación que se están realizando en el cementerio de Paterna en la infame fosa 113; una visita especialmente significativa porque es la primera de un presidente autonómico a una fosa común. La exhumación, subvencionada por la Diputación de Valencia, está impulsada por un colectivo ciudadano liderado por Santi Vallés y la está realizando el colectivo de arqueólogos ArqueoAntro que encabeza Miguel Mezquida.


Decía Puig este jueves que la recuperación de la Memoria Histórica “es una reivindicación colectiva”; “de país”, añadía. Y lo decía mirando al Gobierno central, que no se ha implicado en esta tarea. Lo decía también poniendo como ejemplo la Ley de Memoria Democrática o el trabajo de la corporación provincial apoyando la exhumación de las fosas de Paterna. Junto al presidente de la corporación, Jorge Rodríguez, Puig visitó primero las fosas del cementerio y después el paredón. A su lado, haciendo las funciones de Ovidio en los infiernos, Vallés, quien iba explicándole al presidente los pormenores de los trabajos, ya muy avanzados, que han servido para rescatar los cadáveres de al menos medio centenar de represaliados.
Acompañados por el acalde de Paterna, Juan Antonio Sagredo, y de dirigentes socialistas como el acalde de Mislata, Carlos Fernández Bielsa, o el de Rocafort, Víctor Jiménez Bueso, Puig y Rodríguez hablaron con Vallés, quien les fue relatando cómo había sido el proceso hasta llegar al punto actual, en el que decenas de familias valencianas están cerca de cerrar unas heridas que llevan más de setenta años abiertas. Y es que, como apuntó Vallés, “no se entiende que digan que esto es reabrir heridas; esto es cerrarlas”.


“Lo que se hizo fue una posguerra criminal”, aseguraba Puig en un receso de la visita. “Un país no puede tener futuro si no sabe recomponer su pasado adecuadamente, y a nosotros nos gustaría que el Gobierno de España tuviera una actitud mucho más razonable en cuanto a la memoria histórica. No es posible mirar hacia el futuro con esperanza si no somos capaces de reconocernos y de reparar lo que fue una agresión sin límites contra la libertad. Tenemos que enseñar lo que pasó, reflexionar sobre ello y asumir el pasado para que jamás vuelva a pasar”, subrayó.
En este sentido, el presidente anunció que la partida de los presupuestos de la Generalitat destinada a la memoria histórica para el próximo año permitirá que exista una acción “permanente” desde el Consell sobre esta materia. Igualmente, mostró la intención de colaborar con otras instituciones para erigir en Paterna un memorial o centro de interpretación para todas las víctimas del franquismo, “porque es la única manera de que no se olvide para siempre lo que pasó”. Un memorial que a buen seguro se habilitará junto al paredón, para que ese pedazo de tierra, a partir de ahora, pueda ser identificado como lo que fue: el patíbulo que emplearon los fascistas para liquidar a todos los que no pensaban como ellos. “No se puede permitir que desaparezca el relato histórico, porque sin relato histórico no somos nada”, concluyó Puig.