dimarts, 20 de setembre de 2016

Cazarabet conversa con... Lluís Rajadell, autor de “La ternura del pistolero. Batiste, el anarquista indómito”.


http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/batiste.htm



La Librería de El Sueño Igualitario

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Un libro, editado por Comuniter, desde su colección “Es un decir”.
Aquello que nos cuenta la editorial  Comuniter sobre la obra de Rajadell:
Midi Libre, el periódico de referencia en Montpellier, dedicaba su portada del 19 de mayo de 1948 al macrojuicio que se celebraba en la Corte de Justicia de Toulouse contra una célula colaboracionista desmantelada en el sudeste francés. En la fotografía de los acusados que ilustra la información, aparecen tres refugiados españoles. Su líder es el anarquista Juan Bautista Albesa Segura ‘Batiste’, nacido en Valderrobres en 1911 y que fue prototipo del ‘hombre de acción’ anarcosindicalista. El episodio colaboracionista no es más que una de las múltiples caras de un personaje poliédrico que, todavía hoy, despierta los sentimientos más encontrados entre quienes le conocieron.
Murió en 1999 como un honrado hortelano en Perpignan tras una intensa vida al servicio del ideal libertario, combinando la propaganda, el ejemplo personal y la violencia. En los años treinta del siglo XX, fue uno de los fundadores de la CNT en su pueblo natal y uno de los pistoleros con más prestigio en la CNT. Durante la Guerra Civil, lideró un grupo guerrillero dedicado a los sabotajes en campo enemigo y defendió a punta de pistola las colectividades de Aragón.
El arrojo y la valentía que Juan Bautista Albesa derrochaba se contrapesaban con un espíritu solidario que le empujó a crear la colonia infantil de La Beguda en Barcelona, un alojamiento cálido y confortable para doscientos niños evacuados del Aragón republicano. Batiste presumirá de aquel refugio de paz durante el resto de su vida. Una existencia en la que se combinan, a veces de forma retorcida, el idealismo, el pragmatismo, la fuerza y la ternura.
El autor, Luis Rajadell:
Redactor de Heraldo de Aragón en Teruel desde 1989, se inició en la prensa escrita unos años antes como corresponsal del periódico La Comarca en su localidad natal, Valderrobres. Nacido en 1965, trabajó en la explotación agrícola familiar hasta los 24 años, cuando desertó del arado para dedicarse al periodismo. Licenciado en Geografía e Historia, ha publicado los libros ‘Tret de la memòria’, ‘Mort al monestir’, ‘A la vora del riu’ y ‘1956, l’any de la gelada’, todos escritos en catalán, su lengua materna. Cuando, a finales de los años ochenta, se iniciaba en el periodismo, entrevistó al entonces septuagenario Juan Bautista Albesa, un célebre anarquista nacido en Valderrobres. Fue la semilla que treinta años después ha germinado en este libro. 
Lecturas que te pueden ayudar:


Cazarabet conversa con Lluís Rajadell:
DSC_0134.jpg-Lluís este libro tiene mucho del Rajadell periodista (bien pensado, tus anteriores libros, sobre todo el de ‘La Geladadel 56’, también tienen mucho de crónica), pero aquí has tirado mucho de tus labores de periodista. De hecho, es el punto de arranque de todo, el hilo conductor por el que vas más allá de una entrevista y un artículo y te pones a documentarte, investigar y demás: ¿Qué nos puedes comentar?
-Me planteé investigar la vida de Bautista Albesa ‘Batiste’, un célebre anarquista de mi pueblo, Valderrobres, como un trabajo periodístico. Mi profesión es la de periodista. No he pretendido escribir un libro de historia. No soy historiador. He recurrido a los testimonios orales, a la hemeroteca y a los archivos. El origen de todo fue un trabajo periodístico: la entrevista que mantuve con el propio Albesa al final de su vida.
-¿Cómo puede un anarquista terminar abrazando al “colaboracionismo” francés que claudicó y apoyó la invasión alemana de los nazis, los mismos que ayudaron a Franco a derrotar a la República?
-Ni siquiera después de leer la sentencia que condenó a Batiste por colaboracionista, las informaciones de prensa, los testimonios orales y los documentos que abundan en el mismo sentido, sigo sin tener claras las motivaciones que tuvo para acercarse a los nazis. Entre las posibles causas de este acercamiento, podrían estar su delicada situación personal –era padre de una niña de solo cuatro años y estaba al frente de una explotación agrícola semicolectiva que acogía a varios refugiados republicanos-, su voluntad de quedarse al margen de la II Guerra Mundial y su radical anticomunismo. Pero solo son hipótesis.
-¿Todo se justifica por la supervivencia? Porque no me cabe en la cabeza que sea un “hombre de aventura”, uno de esos que quiere, solamente, “vivir al día”, cuando lo más importante debería ser llevar a cabo con la mayor dignidad posible tus ideales…
-La supervivencia personal y la de su familia pudo influir, pero no creo que entendiera su amistad personal con un coronel de las SS de Montpellier como una traición a su ideal de una sociedad libertaria en España.
-Pero cuéntanos, Juan Bautista Albesa Segura, este personaje, este protagonista, tiene más caras y en cada una de ellas un comportamiento, una manera de ser.
-Me sorprende un personaje que utiliza la violencia de forma implacable en algunas circunstancias –como pistolero anarquista en los años treinta, como líder de un grupo guerrillero dedicado a operaciones en la retaguardia franquista o en la represión de la retaguardia republicana- se desvela para proteger a los refugiados republicanos que huyen del Bajo Aragón y, sobre todo, a los más pequeños, para los que pone en marcha una colonia infantil. También es contradictorio que un antifascista de la Guerra Civil se acerque a los ocupantes nazis de Francia. Aunque, como ya he dicho, nunca renunció a su objetivo de una sociedad libertaria.
-Era, además, todo un camaleón en cuanto a la personalidad ¿Es de los que intentaba embaucar?.
-Muchos testimonios lo describen como un hombre de personalidad arrolladora, un hábil polemista y un seductor, intelectualmente hablando.
-¿Qué concepto tenía de la violencia?
.La consideraba un medio útil para sus objetivos y, en muchos casos, imprescindible.
-¿Cómo veía, mirando atrás, sus días vividos? ¿Cómo te lo contaba?
-Solo hablé con él una vez pero me dio la impresión de que no se arrepentía de nada de lo que había hecho. Al contrario, reivindicaba su pasado. En una larga entrevista con los historiadores Encarna y Renato Simoni y en las cartas que remitió al historiador Antonio Téllez, transmite la misma impresión.
-Háblanos un poco del papel que tuvo aquí en España en la guerra?
-En la Guerra Civil, destacó como líder un grupo guerrillero conocido como ‘Grup de Batiste’ que se dedicaba a operaciones tras las líneas enemigas como espionaje, evacuación de republicanos atrapados en Zaragoza, sabotajes, voladuras… Al empezar la guerra formó parte de la columna Carod-Ferrer, que entró en Aragón por Calaceite y empujó a los rebeldes hasta Azuara, a las puertas de Zaragoza. Participó en las batallas de Belchite y Teruel. En la primera de ellas, contribuyó destacadamente a la conquista de la población zaragozana, una victoria pírrica. Terminó la contienda como capitán con la caída de Catalunya.
1017535_1633855100170085_19.jpg-Fundador de la CNT en Vallderrobres ¿cómo se le recuerda en su pueblo natal?
-Como cabría esperar de una trayectoria como la de Batista, es un héroe admirable para muchas personas de izquierdas –aunque no todas- y un demonio para las conservadoras.
-¿Cómo y de qué manera empieza el pistolerismo a formar parte de la vida, además de forma tan activa, de Batiste?
-Varios testimonios orales afirmaron que participó en atracos y otras acciones violentas como hombre de acción de la CNT o la FAI, pero la principal acción documentada fue su participación en el intento de secuestro de Joan March Monjo, primo hermano del ‘banquero de Franco’, Juan March Ordinas. Con varios compañeros anarquistas de Teruel, se desplazó a Mallorca para raptar a March Monjo y pedir un rescate por él, pero la operación se frustró por una delación que partió del seno de la propia CNT. Uno de los secuestradores murió y el resto acabaron en prisión.
-Marcha a Francia, ¿cómo se va adentrando en el colaboracionismo?
-Según se contó durante el juicio al que fue sometido en 1948, un destacado colaboracionista le dijo a Batiste que figuraba en la lista de republicanos españoles a vigilar por los nazis, pero que no le pasaría nada si colaboraba con ellos. Parece que aceptó cooperar con el ejército invasor hasta el punto de que un coronel nazi fue su amigo personal. La colaboración se extendió a otras personas del entorno de Batiste, también exiliados republicanos.
-En tus conversaciones con él notaste, se mostró o te relató algún atisbo de arrepentimiento por alguna decisión tomada en vida?
-No me pareció que se arrepintiera de nada. Aunque también es verdad que en ninguna de las entrevistas –ni la mía ni la de Simoni- se le preguntó directamente por su condena por colaboracionista.
-Un hombre controvertido en las formas y en el fondo. Comprometido, aquí, con el anarquismo, con la idea libertaria; que emplea la violencia y que marcha a Francia y que allí se afianza con el colaboracionismo, pero que deja, aquí una obra que es impresionante porque funda la colonia infantil de La Beguda en Barcelona. Un hombre cromático, casi bipolar en el comportamiento, en el ideario, pero, diría, que más en las formas ¿qué nos puedes reflexionar?
-A pesar de ser partidario del recurso a la violencia siempre que fuera útil al ideal libertario, admiraba a la infancia por su desinterés material, por su franqueza y por su tolerancia y falta de prejuicios. Se desvivía por la colonia de niños que fundó en La Beguda (Barcelona), jugaba con los pequeños y le gustaba mezclarse con ellos. El título de libro evoca esa contradicción.
-El título del libro “La ternura del pistolero” que viaja entre la memoria y el testimonio, evoca a que es algo romántico lo que te llamó la atención. ¿Es así cómo veías a Batiste? Con el paso del tiempo, ahora, ¿cómo lo ves, cómo lo recuerdas?
-Batiste es un producto de una época marcada por las desigualdades sociales abismales, por el analfabetismo y la miseria. Me contó que en sus circunstancias no tenía nada que perder y por eso se hizo anarquista. También pesó su convicción de que la CNT era la única organización capaz de acabar con aquella injusticia. Luego, al analizar su vida, aparecen las contradicciones, la violencia y las críticas de muchos compañeros cenetistas desengañados con el que fue su líder.



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La ternura del pistolero. Batiste, el anarquista indómito. Lluís Rajadell    
250 páginas      23 x 16 cms.
18.00 euros
Comuniter


Midi Libre, el periódico de referencia en Montpellier, dedicaba su portada del 19 de mayo de 1948 al macrojuicio que se celebraba en la Corte de Justicia de Toulouse contra una célula colaboracionista desmantelada en el sudeste francés. En la fotografía de los acusados que ilustra la información, aparecen tres refugiados españoles. Su líder es el anarquista Juan Bautista Albesa Segura ‘Batiste’, nacido en Valderrobres en 1911 y que fue prototipo del ‘hombre de acción’ anarcosindicalista. El episodio colaboracionista no es más que una de las múltiples caras de un personaje poliédrico que, todavía hoy, despierta los sentimientos más encontrados entre quienes le conocieron.

Murió en 1999 como un honrado hortelano en Perpignan tras una intensa vida al servicio del ideal libertario, combinando la propaganda, el ejemplo personal y la violencia. En los años treinta del siglo XX, fue uno de los fundadores de la CNT en su pueblo natal y uno de los pistoleros con más prestigio en la CNT. Durante la Guerra Civil, lideró un grupo guerrillero dedicado a los sabotajes en campo enemigo y defendió a punta de pistola las colectividades de Aragón.
El arrojo y la valentía que Juan Bautista Albesa derrochaba se contrapesaban con un espíritu solidario que le empujó a crear la colonia infantil de La Beguda en Barcelona, un alojamiento cálido y confortable para doscientos niños evacuados del Aragón republicano. Batiste presumirá de aquel refugio de paz durante el resto de su vida. Una existencia en la que se combinan, a veces de forma retorcida, el idealismo, el pragmatismo, la fuerza y la ternura.


Lluís Rajadell
Redactor de Heraldo de Aragón en Teruel desde 1989, se inició en la prensa escrita unos años antes como corresponsal del periódico La Comarca en su localidad natal, Valderrobres. Nacido en 1965, trabajó en la explotación agrícola familiar hasta los 24 años, cuando desertó del arado para dedicarse al periodismo. Licenciado en Geografía e Historia, ha publicado los libros ‘Tret de la memòria’, ‘Mort al monestir’, ‘A la vora del riu’ y ‘1956, l’any de la gelada’, todos escritos en catalán, su lengua materna. Cuando, a finales de los años ochenta, se iniciaba en el periodismo, entrevistó al entonces septuagenario Juan Bautista Albesa, un célebre anarquista nacido en Valderrobres. Fue la semilla que treinta años después ha germinado en este libro.

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