dissabte, 23 de maig de 2015

Hoy nos ha dejado Felipe Matarranz “Comandante Lobo”, uno de los últimos guerrilleros.


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Felipe Matarranz González “el Lobo”
Histórico guerrillero artur-cántabro. Hijo de Ángeles y de Felipe tuvo cuatro hermanos llamados: Antolina, Cosme, Salvador y Ángel. Felipe “el Lobo” nació en La Franca (Ribadedeva) el día 2 de septiembre de 1915. Su padre era minero y tuvo que trasladarse a Somorrostro en busca de mejores condiciones laborales. A causa de las huelgas mineras, años más tarde su familia decide fijar su residencia en Mieres y posteriormente en Torrelavega, dónde pasará su niñez. Allí cursará sus estudios primarios y tres años en la Escuela de Artes y Oficios, especializándose en el oficio de ebanista-tallista.
Con catorce años comienza a tener inquietudes políticas ingresando en” Los Pioneros” y más adelante en las Juventudes Comunistas, militancia que comparte con la del Socorro Rojo Internacional. Pronto empieza a implicarse en la vida política, difundiendo periódicos y folletos de propaganda, llegando a participar en varias huelgas del ramo de la madera, de cuyo comité de huelga formaba parte. La lucha social se incrementará durante el denominado “bienio negro” (octubre 1934-febrero 1936) en el que sufrirá persecución política, resultando detenido en varias ocasiones.
El 17 de julio de 1936 al enterarse del alzamiento militar que tenía lugar en África, ocupó el Ayuntamiento de Torrelavega junto a un grupo de militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas. Al día siguiente solicita su ingreso en las Milicias Populares, siendo elegido jefe de su grupo. En agosto de ese mismo año se trasladó a Asturias formando parte de una columna enviada desde Santander integrada por soldados y voluntarios, a los que acompaña el diputado Bruno Alonso, responsable del departamento de Defensa de esa provincia. En las jornadas siguientes combatirán a las columnas gallegas en el frente Occidental de la región, estacionándose más tarde en el sector de La Argañosa (Oviedo). En éste último lugar “el Lobo” resultó herido en la pierna derecha por una bala y según cuenta en su biografía “se ató un pañuelo para tapar la hemorragia y siguió luchando”.
De regreso a Cantabria, el 23 de septiembre de 1936 se enroló en un batallón de voluntarios desplegado en el frente del puerto de Los Tornos. Volvió a resultar herido el 10 de octubre , esta vez de forma más grave, al ser alcanzado por una bala que le salió por los riñones. Ese mismo día fue propuesto para sargento por haber tomado junto a tres milicianos más la posición denominada Las Cabañas de Noceco. El 28 de noviembre regresó al frente tras pedir el alta de forma voluntaria. El 2 y 6 de diciembre estuvo en los combates por la posición de La Cabra. El día 1 de mayo de 1937 participó en los de Cilleruelo de Bricia conquistando Somarriba de Quintanilla de Rucandio. También intervino en las operaciones de Espinosa de Bricia (4, 5 y 6 de mayo de 1937) donde por su actuación fue propuesto para teniente.
Al comenzar la ofensiva del ejército rebelde sobre Santander, Matarranz estaba acantonado en el puerto de Carrales. Tras quince días de lucha se retira junto con el resto de las tropas republicanas hacia el Castro de Bricia. De 130 hombres que integraban su compañía a esas horas sólo quedaron 12. Escaparon de la noche a través de las líneas enemigas y continuaron combatiendo en Bárcena de Pie de Concha, Alceda, Ontaneda, Fuente Viesgo y Las Presillas, donde es hecho prisionero. Se fuga e intenta alcanzar Asturias, pero al no poder llegar se queda en Cantabria, donde es hecho prisionero de nuevo, escapándose el 6 de septiembre de 1937.
Tras permanecer durante un tiempo escondido en una casa, decide emprender camino a pie hacia Francia, pero es detenido al llegar a Torrelavega. El 30 de diciembre de 1937 le someten a un primer consejo de guerra en el que se le declara culpable de “auxilio a la rebelión” condenándole a muerte. Esta será la primera de las dos sentencias a la última pena que sufrirá, conmutándose ambas por otra de 30 años de prisión gracias a un indulto del dictador.
En julio de 1942, queda en libertad condicional y se establece en La Franca (Ribadedeva). Allí retoma el contacto con el Partido Comunista y en 1943, cuando ya forma parte del Comité Provincial de Santander, es apresado en una redada, quedando en libertad unas horas más tarde. Es en ese momento cuando decide unirse a la guerrilla astur-montañesa, manteniéndose en la clandestinidad por los montes de Asturias y Cantabria hasta que el 25 de noviembre de 1946 es sorprendido por la Guardia Civil en una reunión con otros miembros de la Brigada Machado. Tiene la suerte de poder escapar durante el tiroteo, dejando a un compañero muerto y a otro herido, pero comete el error de regresar a su casa de La Franca, donde es capturado el 26 de noviembre.
Una vez apresado permanece durante cuatro meses incomunicado, sufriendo interrogatorios y numerosas torturas. Es de nuevo juzgado en Consejo de Guerra Sumarísimo y condenado a seis años. En su dilatada vida de prisionero pasará por las cárceles de Llanes, Santander, Torrelavega, León, Oviedo, Palencia, Madrid, Alcalá de Henares y Burgos. Al quedar en libertad condicional en julio de 1952, como no podía ser de otra manera, se pone inmediatamente en contacto con el Partido Comunista en la clandestinidad, colaborando con esa formación hasta que fue legalizada en 1977.
Dentro de la vida civil trabajó en Dragados y Construcciones desde 1960 consiguiendo el puesto de encargado general hasta el fin de su edad laboral. Tras su jubilación se afincó en La Franca y más tarde en una residencia de Colombres, falleciendo el día 23 de mayo de 2015.
Baluarte de la Memoria Histórica, tomó parte en todos los actos a los que fue invitado. Con más entusiasmo que nadie, a pesar de su avanzada edad, nunca puso una mala cara. Nunca protestó por tener que subir un monte a inaugurar un monolito. Siempre estuvo en primera línea de la Memoria. Esa vanguardia que aunque a partir de hoy tenga un hueco importante nunca se debilitará gracias a las enseñanzas de maestros como “el Lobo”.
Para los memorialistas “el Lobo” siempre estará vivo…
Honor y Gloria para los luchadores antifranquistas

Hoy nos ha dejado Felipe Matarranz “Comandante Lobo”, uno de los últimos guerrilleros: hasta siempre camarada