dissabte, 10 de gener de 2015

La farsa de "Justicia" de guerra franquista se definió por su excepcionalidad, por su irregularidad y por su carácter sumarísimo.



Justicia de Venganza

Los prisioneros que no fueron asesinados in situ o durante las sacas que hicieron en los campos y en las cárceles los pistoleros falangistas y cedistas, tuvieron que enfrentarse a a los juicios de los vengativos rebeldes.
La farsa de "Justicia" de guerra franquista se definió por su excepcionalidad, por su irregularidad y por su caracter sumarísimo. Cual si fueran nazis de la Wehrmacht alemana en territorio francés o polaco, oficiales del ejército franquista sublevado --sin cualificación jurídica ni colegiación alguna-- conformaron los tribunales de urgencia fascistas, y procedieron a abrir y cerrar procedimientos sumarios bajo el chocante epígrafe autonominado de "Ejército de Ocupación. Procedimiento Sumarísimo de Urgencia".
Las parodias de juicios solían ser colectivas, las defensas eran inexistentes o inútiles (en algún caso el abogado --teniente o capitán franquista-- llegó a pedir la misma pena que el fiscal), las pruebas eximentes no se admitían, las declaraciones en descargo del propio acusado eran suprimidas o despreciadas, los avales fueron ignorados y las trágicas condenas se practicaban en serie y seguían una funesta plantilla.
En veintenas o treintenas, los prisioneros entraban en las salas y se les obligaba a guardar silencio a la espera de que los jueces militares accedieran al tribunal. En los pocos casos en los que el secretario del tribunal procedía a hacer lectura de las acusaciones, los presos escuchaban por primera vez cuáles eran los delitos de que se les imputaba. Un oficial franquista al que nunca habían visto ni cruzado con él palabra alguna, se levantaba desganado y pedía para alguno de ellos clemencia, rebajando en sólo un grado la pena solicitada por el fiscal. Y el juez, los jueces, emitían en ese momento su terrible veredicto de muerte. Por su condición de afiliado a sindicato, por su pertenencia al Ejército Popular de la República, por haber escrito en algún boletín interno del batallón, por dibujar una caricatura de Queipo en el periódico mural del instituto, por no ser católico practicante o por haber hecho un simple comentario crítico hacia los golpistas sublevados, los prisioneros eran condenados a terribles penas.