divendres, 9 d’octubre de 2015

CAPITÁN DEL MADRID, FUE VÍCTIMA DE LAS CÁRCELES FRANQUISTAS: Perico Escobal.

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  • Suyo es el honor de haber sido el primer riojano en acudir a unos Juegos Olímpicos

  • Con 20 años formó parte de la selección que estuvo en los Juegos de París de 1924

MIGUEL ÁNGEL LARA09/10/15 - 12:34.
Perico Escobal jugó en el Madrid, Racing de Madrid, Nacional y en el C.D. Logroñés.
Perico Escobal jugó en el Madrid, Racing de Madrid, Nacional y en el C.D. Logroñés.
Le llamaban El Faquir y tenía fama de galante, exitoso con las mujeres, elegante y gran conversador. Su verdadero nombre era Pedro Patricio Escobal, Perico para sus amigos. Suyo es el honor de haber sido el primer riojano en acudir a unos Juegos Olímpicos. Con 20 años formó parte de la selección olímpica que estuvo en los Juegos de París de 1924. Sin embargo, cuando en 2002 murió olvidado en su exilio neoyorquino apenas hubo referencias en España a un futbolista que fue capitán del Real Madrid, a un hombre al que la Guerra Civil le destrozó la vida y al autor de un libro, Las Sacas, en el que cuenta las atrocidades que sufrió en las cárceles franquistas.
Escobal nació en Logroño el 4 de agosto de 1903 y el fútbol le conquistó pronto. Con sólo 18 años llegó al Madrid desde el Colegio del Pilar, donde inició un camino académico que le llevó a ser ingeniero industrial. Defensa duro, defendió la camiseta blanca en dos etapas y llegó a lucir el brazalete de capitán.
Al estallar la Guerra Civil, Escobal, que había colgado las botas en el C.D. Logroñés, fue encarcelado en el frontón Beti Jai después de que las fuerzas rebeldes del coronel Solchaga dominaran la capital riojana. La militancia del Faquir, que trabajaba en el Ayuntamiento, en Izquierda Republicana, era conocida por todos.
Graves acusaciones
Cuatro días después del alzamiento, un coche de la policía secreta fue a buscarle a la finca propiedad de la familia de su mujer, María Teresa Castroviejo, con la que se había casado el 7 de enero de 1935 en la Iglesia Concatedral de Santa María de Logroño. Les dijeron que no era grave, que le esperaran incluso para comer. Sin embargo, en el Gobierno Civil se encontró con una gravísima acusación: además de ser miembro de Izquierda Republicana (afiliado 961), lo que admitió, se le acusaba de haber viajado a Madrid para organizar la resistencia y esconder armas.
Su Expediente de Responsabilidades Políticas fue incoado en el verano de 1937 y en él se reconoce que no tuvo cargos políticos ni sindicales, pero se recalca su ideología de izquierdas, su vinculación con grupos masónicos, una intensa actividad a la hora de propagar ideas izquierdistas y una agresión física al diputado Albarellos, de Acción Riojana, grupo integrado en la CEDA.
En base a ello quedó detenido "por considerarle contrario a nuestro Glorioso Movimiento Nacional y enemigo de los fines que persigue". En otra parte del expediente se exponía su pasividad ante la quema de conventos en Logroño en 1936, algo que él negó. En Las Sacas relata el horror de la cárceles, las ratas, el hacinamiento, el autobús bautizado como el 28 al que subían a presos que nunca volvían, las bombillas que nunca se apagaban... Su salud era cada vez peor y sus huesos sufrían la llamada enfermedad de Pott, una tuberculosis que ataca a la columna. En junio de 1937 fue traslado a una zona destinada a terminales.
Pero se salvó. El general italiano Gastone Gambara, el enviado por Mussolini para dirigir las tropas de ayuda a Franco, eligió, por casualidad, como residencia en Logroño una casa de la familia de su mujer. Al conocer el caso logró que las autoridades españoles conmutaran la pena de cárcel por un confinamiento en Pedernales, Vizcaya.
A Gambara le causó admiración la respuesta de un Escobal que se sentía muerto a Millán Astray, fundador de la legión, cuando fue a visitarle con la idea de sacarle de la cárcel si renegaba de sus ideas: "Me cago en Franco y en usted". El italiano logró que su embajada tramitara en marzo de 1940 a Escobal documentación para que viajar a La Habana con escala en Lisboa, donde fue presentado a Nicolas Franco, para evitar problemas, como una víctima de la barbarie roja.