divendres, 13 de gener de 2017

Unos cuantos poemas de Angelina Gatell.




“… Es noche casi.
Pinta un camino que me conduzca
a mi destino.”

AG

In memoriam
Hoy se ha ido una mujer comprometida, infatigable, llena de fuerza y a la vez de ternura, una mujer llena de bondad, se ha ido una poeta a la que admiro y una persona a la que tengo un gran cariño. Siempre estará en mi memoria.
Hasta siempre Angelina.

“Elegía imprescindible”


A tu memoria, mi Nuria inolvidable.
A Fabien y a Laurent
Y a Amparo, que te lloró conmigo.

La sombra de tus manos, cedida por la muerte,
prestada a mi corazón,
está en esas orquídeas que cada enero
respiran en mi casa
lo que en ella dejaste: esa herida
que ya no tendrá tiempo de cerrarse
y diariamente sangra.
Ellas, con qué cuidado,
recogen mi tristeza en su blancura
y acercan a mis ojos
la piedra gris,
sabedora de lluvias y de fríos,
desde donde
tu sosiego de estatua me persigue.
Tus manos
entran en mi amargura por los hilos
más frágiles del aire y se deslizan
tranquilas, cariciosas,
hasta posarse en el vacío,
ese foso que siempre me circunda
preservando el verdín de los sillares
con los que, en días tan lejanos,
se edificó la torre que aún resiste.
Las líneas nacaradas de tus dedos,
emborronadas por la ausencia,
denuncian suavemente el atropello
que te llevó a la noche
y dibujan
la soledad que me dejaste,
la esculpen en el friso
en donde se reúne
la hermosa arqueología
de todo
lo que empecé a perder una mañana
del año veintiséis del siglo veinte.

Madrid, 2012
Angelina Gatell
De: “La oscura voz del cisne”
Bartleby Editores 2015©
ISBN: 978-84-92799-90-9
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“… Me arroparon con sombra. Me dieron
pan de sombra amasado
por manos de sombra y condena…”

AG

“Generación”


A mi hermano

Nada está hecho y ya nosotros
abandonamos la tarea.
Más que luchar, hemos soñado.
De nuestros sueños poco queda.

Más que cantar, es el silencio
nuestro destino y nuestra meta.
Más que vivir hemos pasado
sobre el cansancio de la tierra.

Más que sembrar, hemos dejado
henchido el cuerpo de tristeza.
Más que morir, hemos vivido
con tanta oscura muerte a cuestas.

Más que llorar, hemos sufrido
nuestra gran lágrima secreta.
Más que los hierros, es la noche
la interminable cárcel nuestra.

Más que el dolor, es la amargura,
el fruto cruel de la impotencia.
Más que trazar nuestro camino
es el camino el que nos lleva.

Desde el principio comprendimos
que era imposible la luz nueva.
Sombras tan solo, se apagaba
nuestra hermosura en la tiniebla.

Angelina Gatell
De: “Las claudicaciones” – 1969
Reedición en 2010 – Editorial Torremozas
ISBN: 9788478394494
Recogido en: “En Soledad, con ella” – (Antología 1948-2015)
Prólogo de Manuel Rico
Bartleby Editores 2015©
ISBN: 978-84-92799-85-5
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“Meditación”


Que extraño puede ser,
al cabo de los años, el amor,
o la memoria del amor, o el rastro
que deja, al apagarse, la memoria.
Joan Margarit

Amor y desamor como una misma
y ardua asignatura
nunca bien aprendida
Siempre
bordeando peligrosamente
las cifras del suspenso.
Anverso y cruz de una medalla. Filo
donde los sueños sufren
desasistidos. Solos.
Pienso
que sí, que es muy extraño verlo ahora,
sentirlo como a una paloma agónica
pegada a los cristales
en los que la memoria ha puesto sus visillos y todo
es como fue o no fue.
Algunas veces
me adentro en sus espacios
como si fuera el cuadro
de un pintor malogrado.
Recorro sus caminos,
la exaltación de sus paisajes
arrebatados a la sombra,
a los escalofríos, a las dudas…
Tiemblan en ellos los colores, las líneas
ensoñadas.
Tal vez aciertas.
Y en misteriosa veladura
se diluyen figuras que tuvieron
la consistencia incólume del mármol.
Palabras, gestos, actos se disuelven
desamparados, imposibles…
Qué extraño, si, qué extraño.
Acaso nunca
supimos comprender del todo.
Y cuando un día, inesperadamente,
necesitamos hablar de ello,
no tenemos más verdad que el dolor,
y la imprecisión de la palabra.

Angelina Gatell
En “Cenizas en los labios”
Bartelby Editores 2011©
ISBN: 978-84-92799-28-2


“…Pero nunca supiste cuánto duele
cada ventana abierta a la ceniza
o en el haz de la duda…”
AG

“Tu memoria”


Puntual, llegaba a diario la paloma
cruzando el mar, y con tu voz bajaba
a posarse en mis manos.
Me decías:
“Hay nieve en mis ventanas y me ahoga
la soledad. En mi memoria sólo
descansa unos momentos la tristeza
cuando eres tú, sin ti, quien la visita
como evasiva, transparente, sombra”.
Prometías volver cuando el verano
desvelara su flor: “Hemos de vernos
y hablar de tantas cosas…
Aún podemos
regresar a Orihuela…”
Como quema
el cristal irisado del recuerdo…
Yo también estoy sola. En otra nieve.

Angelina Gatell
En “Cenizas en los labios”
Bartelby Editores 2011©
ISBN: 978-84-92799-28-2

“Dime, ¿vendrás conmigo a ver el alma?…”
AG

“Tu casa”


El pedestal del frío alza la casa
que quiso ser la mía.
Me perturba
ver su fotografía entre las páginas,
tibio regazo, de este libro donde
yace el amor que me tuviste
Nada,
si te fijas, parece haber cambiado
en la casa del maestro ni en la fría
heredad de la nieve.
Sin embargo,
sólo en la residencia del recuerdo
su nitidez respira todavía.
Y en mi respiración,
De lo sufrido
poco pudo salvarse. Quizá el fuego
de unas palabras y entre sus rescoldos
vagos indicios de melancolía.

Angelina Gatell
De: “Cenizas en los labios”
Bartelby Editores 2011©
ISBN: 978-84-92799-28-2


“Mi corazón, mi casa, mi memoria…”
J.L. Georgé

“Tu corazón”


Tu corazón, como hoja de invierno
debajo de los cedros y esa nieve
confirmando mi ausencia, son imágenes
de aquella soledad por mí dispuesta.
Pero nunca supiste cuanto duele
cada ventana abierta en la ceniza
o en el haz de la duda.
Siempre quise que te llegara dulcemente escrito
para que comprendieras. Y no pude
sino trazar signos borrosos, pautas
de mi propio desorden.
Recorría
calles desiertas, miedos… No encontraba
más paz que mi vacío…
Es la hora
de la verdad y no sé como decirla.

Angelina Gatell
De: “Tres instantáneas”
En: “Cenizas en los labios”
Bartelby Editores 2011©
ISBN: 978-84-92799-28-2

“… dejará la lluvia su copo cristalino
inútil ya, en las flores que vinieron…”

AG

“Errores”


A Pepa y Héctor Vázquez-Azpiri

Sucederá que un día
me habré ido incluso de mí misma
y extraviada preguntaré
por donde se regresa a ser quien fui.
Me asomaré al espejo sin que encuentre
sino un extraño jeroglífico
nunca resuelto.
Me buscaré en mis actos y llegaré a esa roca
a la que sigo atada frente al mar.
Tú, desventurada Andrómeda,
sabedora de mí tal vez me reconozcas
en la manera
de soportar las ataduras
o de orientar el llanto,
Será sólo un momento. Me indagaré en los sueños,
páramo sin huellas,
ni miguitas de pan o luz transfigurada
que me lleve
al punto de partida,
al justo instante del error
y puedas aún corregirlo.
Aunque sé bien que el mundo seguirá girando
y yo con él, ya incluida en otros seres
en los que irremisiblemente
volveré a equivocarme.

Angelina Gatell
De: “La oscura voz del cisne”
Bartleby Editores 2015©
ISBN: 978-84-92799-90-9
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“Silencio”


Pero debo callar y callar tanto…
Blas de Otero

A Sabina de la Cruz

A veces te bastaba con llegar a mi casa
con aquel ángel fieramente humano en las pupilas.
Traías tu silencio y envuelto en él dejabas
que el tiempo transcurriera
igual que una corriente por los valles,
de la amistad que no precisa
de gestos, ni palabras, ni razones, ni méritos.
Ni siquiera de versos.
El agua,
ejercitada en ser cristal o abeja,
pasaba entre nosotros. Se llevaba la tarde
como una sombra trémula,
navegada
por todo lo no dicho.
Después, dejando el sufrimiento de us labios
al borde de una copa
o de una taza de café vacía,
nos tendías la mano,
(a mí solías besarme levemente),
y te ibas despacio hacia la puerta
donde mi madre,
salía también a despedirte.
Sólo quedaba, atestiguando tu presencia en mi casa,
un periódico muy leído
y aquella intensidad que eran tus ojos

Angelina Gatell
De: “La oscura voz del cisne”
Bartleby Editores 2015©
ISBN: 978-84-92799-90-9
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“… Es noche casi.
Pinta un camino que me conduzca
a mi destino…”

AG

“Decepciones”


A Arturo del Villar

El aire siente el roce de unas alas
que han alzado sus plumas y jadean
convulsas.
Abanico
sin apenas idioma.
Tan solo el estertor de sus varillas.
Siente también el fuego y la violencia
destruyendo a su paso, minuto tras minuto,
lo que fue inmutable o parecía serlo,
en el ámbito
de mi fe sin fisuras.
Ahora,
cercada por mí misma, sometida
a mi propio dominio,
me pregunto
qué va a ser de mí si alguien,
curioso, imprudente, embebido
en su crueldad, abre el cuaderno
en el que anoto, desde hace tantos años,
creencias, esperanzas, certidumbres…
y cae, volátil, corrompido,
un puñado de polvo.

Angelina Gatell
De: “La voz oscura del cisne”
Ed. Bartleby – Colección Poesía – 2015©
Director de la Colección Manuel Rico
ISBN: 978-84-92799-90-9
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“… Firmes están los muros sobre el suelo.
La patria espera sin temor el día.”

AG

“Fosas”


(Memoria histórica)

No dejéis que el silencio, como fría argamasa,
apague la memoria de aquellos que quedaron
hundidos en la tierra, en la linde del alba.
No dejéis que sus huesos, pulidos por el barro

permanezcan secretos. Izadlos como antorchas,
coronad con sus llamas el fuego que tuvimos
cuando todo era espanto, cuando todo era sombra.
Ellos fueron su amparo, su razón, su sentido.

Recobradlos. Traedlos hasta nuestro presente.
Dad al aire sus nombres como ramas crecidas
en la entraña secreta. Recordad que nos dieron

claridad y conciencia. No dejéis que la muerte
señoree el olvido ni su luz aterida
pues de ella crecimos. Somos sólo su efecto.

Angelina Gatell
De: “Noticia del tiempo” (Cien sonetos de ayer y de hoy)
Prólogo de Manuel Rico
Ed. Bartleby – Colección Poesía 2004©
ISBN: 978-84-95408-34-1
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A MI HIJO EDUARDO QUE CUMPLE SUS VEINTE AÑOS EN LA PRISION DE CARABANCHEL

Hoy se cumplen veinte años y aún me dura
el calor de su cuerpo en mis entrañas.
Nadie me dijo entonces qué alimañas 
me rondaban golosas mi cintura.
Nadie nombró los yunques del espanto
donde su corazón se forjaría,
ni qué herrero del terror podría
templar sus herramientas con mi llanto.
Nadie nombró tampoco la impotencia
que ataría mi sangre desolada
al pie del alto muro carcelario.
Ni qué cegado grito de inocencia
sería la bandera más airada
en las manos del hijo prisionero.

Madrid, 19 de junio de 1975
ANGELINA GATELL

Recogido en "Noticia del tiempo".
Bartleby Editores. Madrid. 2004.



A quien corresponda. Angelina Gatell.




A QUIEN CORRESPONDA



devuélvenos
también
nuestros cadáveres,
enséñanos
también
los asesinos.

Ángel González


Una vez más quiero volver al tiempo
del que siempre hablaré
porque le pertenezco
como el azul al mar,
como la luz al alba.

Y quiero
bajar a su memoria
como quien baja
al sótano que guarda
objetos, actos, versos, actitudes,
días, que con frecuencia hojeo
como páginas,
y con ellas pegadas a los dedos
salgo a la calle, aparto con denuedo
la oscuridad y pregunto,
-por si alguien lo supiera-
dónde están los cadáveres,
desde dónde nos mira
la ausencia de sus ojos,
en qué lugar esperan
la cercanía de una rosa,
su fragancia vedada por la ira,
el aire
que disipe el silencio.

Y pregunto también
los nombres de los asesinos,
aunque los sepa bien, sílaba a sílaba,
pero los quiero dichos en voz alta,
a gritos,
no guardados con celo en sus estuches
de dorada penumbra
desde el instante mismo en que el invierno
dejó caer su frío sobre el suelo
que ya nunca fue patria,
sino desgarradura.

Muy pocos saben de qué hablo.

Sin embargo, no falta quien se aleje
obviamente molesto.

Y están los que, confusos,
se llevan a los labios
el índice gastado por el miedo
y se alejan también
aunque más lentamente,
no sé, quizá afligidos.

Otros, susurran evasivos: hace
ya tanto tiempo
... Y vuelven la cabeza,
como si alguien de pronto los llamara.

También los hay que opinan sin sonrojo,
como haciendo equilibrios
sobre el filo de la conciencia,
que sería mejor dejarlo todo
dormido en el sosiego,
cubierto de benignos crisantemos
y así nadie podría
dañarse con su roce.

Después se van a Roma y, conmovidos,
debajo de los pórticos
donde Bernini,
hace ya más de cuatro siglos
guardó la luz del mármol,
recogen, con unción, sin miedo a herirse,
los nombres trémulos de gracia
de otros cadáveres,
los guardan en sus dijes con cuidado
y sonríen en paz.

No consigo entenderlo. Escucho. Miro.
Me quedan ya muy lejos las palabras
que con el tiempo cambian de sentido,
y acomodan sus dúctiles metales
a la oscilante
valoración de los conceptos.
Y más lejos aún, mucho más lejos,
perdida entre la niebla,
la luz que fue habitada por la idea,
o el aroma, no sé, tal vez por nada.

No consigo entenderlo.
Reúno amargamente mis preguntas
y releo las páginas
donde mi tiempo amarillea y sufre.
Como yo está cansado. Y como yo no entiende.
Y como yo, se niega a ser destruido
por esa desmemoria
más grave que el olvido porque en ella
crece y se ramifica,
estercolada por la indiferencia,
la planta obscena
de la conformidad y el beneplácito.

Angelina Gatell
(Poema leído en la Biblioteca Nacional, Madrid, 27 de septiembre 2008)