divendres, 4 de desembre de 2015

CARTA ABIERTA AL ALCALDE DE CORIA DEL RÍO.


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El sitio donde han desplazado el Monumento a las Víctimas de la dictadura franquista será precioso, Señor Alcalde, cualquier lugar junto al Guadalquivir lo sería, pero esa no es la cuestión. El malestar que ustedes han ocasionado entre muchos ciudadanos, no solo de Coria del Río, y no solo entre los activos miembros del movimiento memorialista, se debe aotras razones menos fáciles de regatear y difíciles de asumir, nos atrevemos a pensar que en el fondo incluso por algunos de ustedes.

Entre esas razones, en primer lugar estaría el porqué. ¿Qué impedía que el Monumento siguiera donde estaba? Y en último lugar, el cómo se ha hecho.

Damos por supuesto que todos estamos de acuerdo en que las elecciones locales son el sistema más democrático que hemos sabido darnos para organizar una localidad y defender los intereses de sus ciudadanos. Pues bien, ningún concejal del anterior Ayuntamiento, el que presidió usted y el que presidió el anterior alcalde, y ningún miembro del actual, que sepamos, ha propuesto nunca dicho cambio. Ningún ciudadano ha llevado a dicha institución donde estamos representados todos, quejas ni propuestas para dicho cambio en los seis años que el Monumento llevaba inaugurado. Ningún partido político lo proponía en sus programas. Es más, usted ha declarado públicamente, que ni usted ni su partido lo habían propuesto y que además no estaban de acuerdo. En definitiva, de 22 concejales, 21 no lo proponen, ni están de acuerdo (no sabemos si también el concejal del PP). Si nadie durante todo este tiempo lo creyó necesario, díganos si no es para llevarse las manos a la cabeza, si no es para calificar esa actuación, como mínimo de kafkiana e irresponsable. Para nosotros sí que lo es, porque han reabierto ustedes heridas innecesariamente.

La Avenida de la Constitución, en la que estaba emplazado, es la arteria principal de Coria, un lugar de paso y un gran Paseo de todos los corianos, un espacio público de esparcimiento y de recreo, un lugar compartido, al igual que las plazas, jardines y parques de la localidad. A nadie se le hubiese ocurrido proponer, cuando se ha remodelado el Parque Carlos de Mesa, una reunión solo con los vecinos colindantes para decidir dicha remodelación, y mucho menos aceptar, por ejemplo, que ellos pudieran decidir sobre la ubicación del samurái Hasekura Tsunenaga, símbolo de una parte de la memoria olvidada de Coria que hoy por suerte se considera recuperada y de lo cual nosotros nos alegramos. La respuesta lógica ante una petición de ese talante hubiese recibido una muy fácil respuesta: “Eso pertenece a la memoria de todos los corianos y un puñado de ustedes no pueden decidir por todos, es un símbolo público que está ahí como homenaje a aquellos hombres y mujeres que un día escribieron páginas de nuestra historia”.
Luego, por favor, no vuelvan a repetirnos esa fácil excusa en la que monótonamente se amparan. Aquella reunión de vecinos no podía suplantar, ni al Ayuntamiento, ni a la totalidad de ciudadanos de Coria.

La realidad que muchos sabemos y que se esconde o no se quiere reconocer, es que el Monumento ha pagado el enfrentamiento entre ustedes y el anterior grupo de gobierno. Viene de las rencillas de anteriores legislaturas, de la salida de varios concejales de las filas del PSOE, de la moción de censura y del odio que entre algunos de ustedes se profesan. Desgraciadamente, el Monumento ha servido para descargar, de una forma pueril, las iras de unos sobre otros. Ha sido, por desgracia, víctima de una triste forma de entender la política.

El Monumento que recuperaba la memoria de los luchadores por la democracia, asesinados por un golpe de estado militar que acabó con las instituciones legalmente elegidas en 1936, el Monumento que públicamente había sido elegido ganador de un certamen de ideas convocado por el Ayuntamiento en el año 2007, se convierte en el ariete para vengarse de las disputas partidistas. Un verdadero, un (permítanos el adjetivo) “monumental” despropósito y, a su vez, una irresponsabilidad mayúscula. Responsabilidad también de todos, pues no hemos sabido salvarlo de esas luchas tan mezquinas.
Es verdad que hasta el último momento nos parecía imposible, nos parecía irreal todo lo que iba saliendo de esa melé. Pensábamos que al final se impondría la cordura. Pues no: “Si él lo puso ahí porque quiso, nosotros lo ponemos donde queramos agarrándonos a ese argumento tan a traspié que nos ha brindado la obra de remodelación de los Paseítos”. No le den más vueltas: ha sido la ausencia de altura política la que no ha permitido tratar de forma racional y justa un problema provocado artificialmente. Y, por supuesto, del que han sabido sacar provecho los sectores más reaccionarios de la localidad.

Es más, si ya habían decidido que no podían dar marcha atrás por creer, erróneamente, que eso les debilitaría, o porque no sabían salir del laberinto en el que se habían enredado, ¿por qué hacerlo como lo han hecho? Ustedes sabían perfectamente la ubicación que siempre ha defendido la Asociación para la Recuperación de la Memoria de Coria del Río, y la defendíais cuando estabais en la oposición. ¿Por qué entonces, con tanto poder como el pueblo les ha dado, no han sido capaces de crear ese espacio de la memoria que propusimos al lado del río también, junto al embarcadero, y que significaba urbanizar una zona muy infrautilizada, creando una Plaza pública con el nombre de Blas Infante? Las respuestas serán para todos los gustos, pero a nosotros se nos antojan dos: o bien fácticamente no tienen tanto poder, o no creen que lo que proponemos merezca ese digno lugar. También podían haber pensado en un emplazamiento dentro del Parque, como el que merece el erigido en memoria de Tsunenaga, una glorieta dedicada a los corianos represaliados, desde los miembros del Centro Popular Instructivo o de la Artística Coriana que escribieron unas de las más bellas iniciativas culturales de nuestro pueblo, pasando por alcaldes y concejales, por el propio Blas Infante y más de doscientos trabajadores cuyo único pecado fue defender la democracia.

Pues no, siguiendo una estrategia secretista, nada transparente y poco participativa, al final, un día antes, comunican el lugar, más bien el “no lugar”. Alejado del núcleo urbano, en un sitio de paso, pero no de encuentro, un lugar que tranquilizará sus conciencias, pero no el lugar que defendemos merecen aquellos demócratas corianos que murieron sin ningún reconocimiento, “sin memoria y sin historia”, hasta que los movimientos memorialistas empezaron a reivindicarlos y a moverse por inscribirlos en las mejores páginas de la historia de este país, y en sus mejores plazas.

Cualquier sitio junto al Guadalquivir es bonito para cualquier cosa, pero esa no era la cuestión, Señor Alcalde. A algunos habrá agradado, pero a nosotros no. Ni en el fondo, ni en las formas, y mientras podamos, seguiremos trabajando porque tanto ellos, como el Monumento que les representa, obtengan el lugar que creemos merecen.


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